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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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ISRAEL: AMPLIA VICTORIA DE SHARON ¿IMPEDIRA LA PAZ?
La
amplia victoria electoral obtenida por Ariel Sharon,
que le permitirá, posiblemente, continuar rigiendo
los destinos políticos de Israel, pondrá a prueba,
nuevamente, a la paz en el conflicto con los
palestinos, que tánta muerte y desestabilidad ha
originado en el Medio Oriente.
Aunque propuso a los jefes de las otras
formaciones políticas formar con ellas un
"gobierno de unidad nacional contra la furia
homicida" de los militantes palestinos, es difícil
que el líder del Likud logre llevar adelante ese
plan, porque los laboristas -grandes derrotados en
las elecciones del martes- no desean compartir
responsabilidad política alguna con él.
Sharon alcanzó 37 escaños, mientras el Partido
Laborista, comandado por Amram Mitzna, sólo pudo
obtener 19, lo que le impide, matemáticamente,
intentar la formación de un gobierno en coalición
con otros grupos políticos. Perdió 7 escaños en
este nuevo proceso electoral.
Con
esta aplastante victoria que, sin embargo, no le
alcanza para gobernar por su propia cuenta, Sharon
se convirtió en el primer político, desde David
Ben Gurión, en 1961, en convocar unas elecciones
tempranas y ganarlas.
Antes de reconocer su derrota, Mitzna afirmó que
iba a luchar "contra Sharon desde la bancada
opositora", descartando así la idea de
integrar a su partido en un gobierno de unidad
nacional.
"Sharon espera que apuntalemos su gobierno,
aunque lo que vamos a hacer es intentar
derrocarlo", declaró el vencido líder
laborista, a quien ya muchos de sus partidarios
empiezan a pedirle la dimisión por su
"aplastante derrota".
La
victoria de Sharon no sólo inquietó a los
laboristas, sino que se extendió hasta el propio
Yasser Arafat, líder de la Autoridad Nacional
Palestina (ANP), que presagió que la situación
actual en vez de mejorar, se deteriorará mucho más.
Arafat, sin embargo, se olvida que él es otro
de los principales causantes de la guerra que tiene
enfrentados a israelíes y palestinos y que
también su pasado terrorista -al igual
que el de Sharon-
ampliado ahora por su
fobia hacia los sionistas, hace imposible buscar y
obtener una "paz sincera", según dicen
dirigentes políticos árabes que, sin embargo, lo
respaldan.
"El que nace terrorista, muere
terrorista", dicen los dirigentes de Likud
refiriéndose a Arafat, pero se olvidan del también
belicoso pasado de su líder Sharon.
Para formar gobierno, si los laboristas no aceptan
integrarse al que propone Sharon, el dirigente
israelí podría verse obligado a buscar alianzas
con los partidos ultranacionalistas que son enemigos
declarados y confesos de alcanzar la paz con los
palestinos e, incluso, de aceptar los planes
propuestos para lograrla por Estados Unidos, el
principal aliado de Israel.
"Las diferencias entre nuestros partidos se
quedan pequeñas frente a la amenaza del terrorismo
asesino de las facciones palestinas y frente a la
crisis económica que desgarra la sociedad israelí",
dijo Sharon para justificar la formación de una
amplia coalición de Unidad Nacional, ya que no
quiere recurrir al apoyo de los ultranacionalistas.
El
periodista Yosef Lapid, que con su movimiento político
Shinui (Cambio), se convirtió en la tercera fuerza
política -con 17 escaños-, afirmó que "no se
unirá a una coalición de gobierno que incluya a
partidos ultraortodoxos".
"Lucharemos contra la imposición religiosa,
alistaremos en el Ejército a todos los judíos y
lucharemos contra la corrupción", dijo Lapid.
Podría, por tanto, surgir una gran paradoja: que el
triunfo de Sharon se convirtiese, inesperadamente,
en una derrota. Al no querer pactar con los
ultranacionalistas, no contar con el apoyo de los
laboristas ni de Cambio, en un Parlamento de 120
miembros, se vería obligado a convocar nuevas
elecciones, para tratar de buscar un mayor apoyo que
le permitiese acercarse a la mayoría absoluta.
Es
una difícil tarea que tendrá que afrontar y
que le ha sido impuesto por los propios votantes
israelíes: los que le apoyaron y los que no. Su
victoria, sin embargo, deja claro que en Israel se
prefiere su actitud bélica antes que ceder
posiciones a quien consideran su enemigo número
uno: Yasser Arafat.
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