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UE: CARTA MAGNA LOGRA APOYO DE
LUXEMBURGO
Después de los aparatosos reveses que la Constitución Europea sufrió
en Francia (29 de mayo) y Holanda (1 de junio), el pequeño Luxemburgo,
uno de los países más pequeños y ricos de la Comunidad aunque con una
mínima población apta para votar, invirtió la tendencia negativa y
otorgó un rotundo triunfo al “sí” en el referendo celebrado el 10
de julio de 2005 al ganar con el 56,52 por ciento (109.494 sufragios),
frente al 43,48 del “no” (84.221), lo que significa que la victoria
se alcanzó con una ventaja de 25.273 votos.
Para el primer ministro luxemburgués y ex presidente de la Unión
Europea (UE) hasta el pasado 30 de junio, Jean Claude Juncker, esta
victoria del “sí” demostró el “firme carácter pro-europeísta”
de su país y, además, a él personalmente, le garantizó la “gran
satisfacción de seguir presidiendo el gobierno”, pues había
prometido renunciar si ganase el “no”.
Aunque en Luxemburgo falta el trámite parlamentario para completar el
apoyo a la Carta Magna, que se considera será igual de rotundo, son ya
quince los países, de los 25 que integran el “Club Europeo”, los
que la han votado y el “sí” ha sido claro vencedor en trece de
ellos, aunque en Francia, con el 54,86 por ciento, y en Holanda, con el
61,60 por ciento, el “no” hizo sonar todas las alarmas, porque
indudablemente son dos de los países más poderosos, y esas negativas
sigue teniendo en la “cuerda floja” a la Constitución comunitaria.
“El claro apoyo de los luxemburgueses, tras el doble `no` de franceses
y holandeses, nos permite mantener el Tratado Constitucional en la
agenda de la Unión”, declaró Juncker durante una rueda de prensa,
tras conocerse el resultado oficial de la votación, en la que
participaron activamente 193.715 de los 223.000 inscritos en el censo
electoral, votando unos por el “sí” y otros por el “no”.
También Luxemburgo se convirtió en el segundo miembro de la UE, tras
España, en aprobar el Tratado Constitucional a través del referendo.
Además de estos dos países, lo han ratificado por decisión de sus
respectivos parlamentos, Austria, Alemania, Chipre, Eslovaquia,
Eslovenia, Grecia, Hungría, Italia, Letonia, Lituania y Malta.
El primer ministro del Gran Ducado, afirmó también que el largo
proceso de construcción de la Unión Europea ha sufrido a lo largo de
su historia diversos avatares y en algunas ocasiones se ha puesto en
peligro, como ocurrió cuando Dinamarca, inicialmente, “rechazó el
Tratado de Maastrich”, o cuando en Irlanda ganó el “no”, en
“una primera convocatoria, para oponerse al Tratado de Niza”.
Desde Lisboa, el presidente de la Comisión Europea (CE), el portugués
José Manuel Durao Barroso, destacó el amplio apoyo que le otorgaron
los luxemburgueses a la Carta Magna, aunque destacó que “el futuro de
la Constitución es incierto”, por lo que se requiere, a su juicio, de
“una reflexión profunda sobre el futuro y la finalidad de nuestra Unión”.
Destacó, empero, que el resultado obtenido en Luxemburgo constituye
“una fuerte señal, ya que significa que una mayoría de los Estados
miembros considera que el Tratado constitucional responde a sus deseos y
abre la vía a una Europa más democrática, más transparente, más
eficaz y más fuerte sobre la escena mundial”.
El pasado 6 de junio, el primer ministro británico, Tony Blair, lleno
de temor le hizo una espectacular y dolorosa zancadilla a la democracia
tras los resultados adversos de Francia y Holanda, y en decisión
sorprendente, decidió posponer la celebración del referendo sobre el
Tratado Constitucional, que tenía previsto celebrarse en abril de 2006.
Además de Gran Bretaña, los gobiernos de Dinamarca, Irlanda, Polonia,
Portugal y República Checa, adquirieron el compromiso de aprobar la
norma constitucional a través de referendos, mientras Bélgica,
Estonia, Finlandia y Suecia lo harán recurriendo a la vía
parlamentaria. Sin embargo, aún no están claras las fechas en que los
ciudadanos serán convocados a las urnas, en los seis primeros países
citados.
Coincidencialmente han sido los dos países más pequeños del “Club
de los 25”, Luxemburgo –rico y con una renta per cápita de 52.600
euros anuales- y Malta –pobre y con una renta muchísimo más baja-,
los que han aportado sus bombonas de oxigeno para que el Tratado Europeo
pueda respirar algo mejor tras la peligrosa pleuresía que le
ocasionaron los “noes” franceses y holandeses, y que la tiene
moribunda.
Si en Luxemburgo hubiese triunfado el “no”, indudablemente la UE
habría tenido que extender inmediatamente el “certificado de defunción”
a la Carta Magna, a pesar del optimismo del ministro de Asuntos
Exteriores del Gran Ducado, Jean Asselborn, quien declaró –contra la
opinión mayoritaria- que la “Constitución no está muerta, está
resfriada, pero Luxemburgo le ha servido una taza de té para
curarse”.
Su diagnóstico, desde luego, está totalmente equivocado, porque el
Tratado “no está resfriado” sino que se encuentra sufriendo una
grave enfermedad pulmonar. Es como si un médico neumólogo, que tiene
que saberlo porque es especialista en ello, dijese que una persona que
sufre pleuresía, únicamente padece una tifoidea y le receta las
medicinas y el tratamiento para curar ésta y no la que de verdad padece
la Constitución política de la UE.
El mismo Juncker reconoció, a pesar de lo exultante que se mostraba
ante los electores tras la victoria del “sí”, que “Europa sigue
en crisis, pero tras el resultado de hoy (por el 10 de julio), se ven
claros en el horizonte”. Para el dirigente gubernamental algo quedó
muy bien definido: Luxemburgo está contribuyendo a la salvación de la
Comunidad y por eso afirmó que “comprenderán que me felicite de lo
que ha hecho este pequeño país pero gran nación”.
No obstante, debe tenerse en cuenta que por el carácter obligatorio del
voto, hubo una elevada cantidad de sufragios que alcanzó a 29.285, que
fueron blancos o nulos, lo que en cierta manera también pone de
presente que la victoria del “sí” no fue tan espectacular como
Juncker y su gobierno la quieren vender ante la UE. Quienes no se
definieron por una u otra opción demostraron que no están “muy
interesados” en el tema, a pesar de la intensa campaña gubernamental
que hubo a lo largo de las últimas semanas para convencerles de la
utilidad de votar por el “sí”.
Aunque con una mínima cantidad de votos, pero en proporción a su tamaño,
Luxemburgo lo que sí logró con el triunfo del “sí” fue detener el
efecto “dominó”, a lo que también contribuyó recientemente Malta,
y evitar que el ejemplo negativo francés y holandés hubiese continuado
su imparable camino para llevar a la Constitución Europea cuesta abajo
con una mayor rapidez.
El Tratado en el que Francia tuvo, precisamente, un papel preponderante
porque su “paternidad” pertenece al ex presidente galo Valery
Giscard D`Esteing, tendrá que ser renegociado, así haya una mayoría
de Estados que la aprueben, porque debe contar con la unanimidad para
poder regir en la UE.
La Carta Magna fue aprobada por los Jefes de Estado y de Gobierno de los
“25” en junio de 2004 y firmada en octubre del mismo año en Roma,
quedando sujeta a lo que dijesen posteriormente cada uno de los
gobiernos al ratificarla, bien a través de referendos o de los
Parlamentos. Ninguno de ellos pensaba, ni por asomo, que el “no”
triunfaría en cualquiera de sus países.
En la Cumbre celebrada los pasados días 17 y 18 de junio en Bruselas,
ante los negativos resultados de Francia y Holanda, se decidió ampliar
la fecha en que todos los 25 miembros de la UE debían ratificar la
Carta Política, que había sido fijada para el 11 de noviembre de 2006.
La renegociación, dijeron fuentes comunitarias, “no podrá abrirse
hasta el año 2007”, una vez que en aquellos dos países se realicen
las respectivas elecciones.
Esto significa que el “periodo de dificultades” por el que está
atravesando el organismo comunitario y que afecta a los 25 actuales
miembros así como a una posible nueva ampliación, continuará latente
y que todavía no puede preverse lo que ocurrirá en los diez países
que todavía no han ratificado la Constitución. Siguen, pues,
“vivitas y coleando” la incertidumbre y la enfermedad, así como la
gran necesidad de realizar esfuerzos especiales para convencer a los
euroescépticos de las bondades de fortalecer la Unión.
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