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G-8: 50.000 MILLONES DOLARES
PARA COMBATIR POBREZA
La financiación para buscar una disminución de la pobreza y aliviar
las difíciles condiciones en que viven los habitantes de los países
menos desarrollados, especialmente los africanos, tendrá una
considerable ampliación equivalente al ciento por ciento de la actual,
que pasará de 25.000 a 50.000 millones de dólares hasta 2010, de
acuerdo con lo decidido el 8 de julio de 2005 por el “Grupo de los
8” (G-8), en la Cumbre celebrada en la localidad escocesa de
Greneagles.
Eso sí, para recibir una mayor ayuda en los próximos años, existe
para los países africanos una clara condición, que el G-8 considera
totalmente indispensable y básica: que sus gobiernos no sean corruptos.
Simultáneamente, se reiteró la condonación de la deuda equivalente a
33.000 millones de dólares para 18 países, en su mayoría del
“continente negro”, que fue acordada el pasado 11 de junio durante
la reunión de los Jefes de Estado y de Gobierno de Estados Unidos,
Alemania, Canadá, Francia, Gran Bretaña, Italia más Rusia, celebrada
en Londres.
Esa cuantiosa deuda de 33.000 millones de dólares pesa como una loza
sobre las pobres economías de los 18 países –Benín, Bolivia,
Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Guayana, Honduras, Madagascar, Malí,
Mauritania, Mozambique, Nicaragua, Níger, Ruanda, Senegal, Tanzania,
Uganda y Zambia- y ha sido contraída por ellos con el Fondo Monetario
Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Africano de
Desarrollo (BAD).
El primer ministro británico, Tony Blair, fue muy claro en que la nueva
ayuda no irá a parar a los países gobernados por corruptos que,
desafortunadamente, en África son bastantes. Ese incremento “tiene
como condición el compromiso de los líderes africanos con la
democracia, el buen gobierno y el imperio de la ley”, lo que servirá
para que vaya desapareciendo paulatinamente la inmensa cantidad de
dictadores que ahora ejercen el mando y que no gobiernan para beneficio
de sus pueblos sino en provecho personal.
La Cumbre, en la que a juicio del anfitrión Blair, se logró “un
progreso verdadero y realizable, aunque no todo lo que todos querían”,
también acordó conceder una ayuda de 3.000 millones de dólares a la
Autoridad Nacional Palestina (ANP) para paliar la difícil situación
económica por la que atraviesa.
Para el primer ministro británico la ayuda que se otorgará a la ANP en
los próximos años es consecuencia del compromiso que el G-8 adquirió
con el nuevo gobierno presidido por Mahmud Abbas (alias “Abú Mazen”)
y que permitirá que “dos Estados, Israel y Palestina, dos poblaciones
y dos religiones, vivan lado a lado en paz”.
El infame terrorismo de los miserables fanáticos islamistas no logró
opacar, como lo pretendían con el criminal atentado realizado en
Londres el 7 de julio, las deliberaciones de la reunión en la que los líderes
de los países más ricos del mundo se mostraron dispuestos a aunar
todos los esfuerzos para combatirlo.
“Es imperativo reducir la amenaza de aquellos que practican el
terrorismo. Hemos tenido considerable éxito, pero debemos seguir
haciendo esfuerzos”, afirmó el G-8, que reiteró el comunicado
expedido el día anterior cuando sus miembros señalaron que
“condenamos enérgicamente estos bárbaros ataques. Nos une nuestra
determinación de hacer frente y derrotar este terrorismo”.
Blair dijo que “hablamos hoy a la sombra del terrorismo, pero no
opacará lo que vinimos aquí a lograr” y destacó que la mitad del
dinero “irá a África, lo que implica doblar la ayuda para este
Continente a partir de 2010”, a la vez que marcó la diferencia entre
lo que significa hacer contribuciones eficaces para combatir la pobreza
y las miserables acciones de los fanáticos islamistas, a quienes desde
muy pequeños se les enseña para que el odio hacia Occidente los
conduzca a cometer los atentados terroristas.
“La gran diferencia –dijo el primer ministro- está en salvar
millones de vidas con las ayudas que hemos acordado y matar a inocentes
con los ataques terroristas”, porque “nada de esto (la contribución
económica para combatir la pobreza) cambia el mundo mañana. Es el
principio, no el fin”.
Haciendo una nueva comparación con las acciones inhumanas de los
terroristas, Blair dijo que “nada de esto equivaldrá al mismo impacto
horroroso que la crueldad del terrorismo. Pero tiene un orgullo y una
esperanza y humanidad en su corazón, que pueden disipar la sombra del
terrorismo e iluminar el camino hacia un futuro mejor”. Es decir, el
primer ministro quiso hacer con esa declaración, un canto a la paz, que
únicamente se logrará cuando los gobiernos democráticos, de cualquier
signo político, se comprometan entre sí honesta y no hipócritamente
para combatirlo decididamente.
También en el marco de la reunión, los dignatarios de los ocho países
se mostraron dispuestos a frenar el calentamiento de la tierra a través
de diversas acciones, lo que constituye un marco de esperanza para el
mundo dadas las actuales condiciones que se están afrontando en contra
de los mismos intereses de quienes habitan la tierra.
En una declaración final, el G-8 se mostró decidido a “actuar ya
para comenzar a frenar y –en tanto que la ciencia lo justifique-
detener y revertir el aumento de la emisión de gases de efecto
invernadero”, que son los causantes del calentamiento que se registra
y avanza cada año en la tierra.
Las posiciones de Estados Unidos, China e India en relación con el
“Protocolo de Kioto”, que no han suscrito, van a poder ser
replanteadas en el futuro para que pueda negociarse otro acuerdo, porque
existe plena conciencia que el calentamiento de la tierra es peligroso y
debe terminarse con el efecto que lo está originando.
En relación con el problema que registra la humanidad por el peligroso
calentamiento de la tierra, “las economías desarrolladas del mundo
tienen la responsabilidad de actuar” para combatir los efectos
negativos y permitir tener mayores y mejores esperanzas en el más
inmediato futuro, señaló la declaración final.
La colaboración y ayuda que se prestarán a África tendrán extendidos
otros brazos que permitirán una sustancial mejoría en la educación y
la sanidad, además de colaborar de lleno en la lucha contra el Síndrome
de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida), que tiene en ese continente el más
elevado número de infectados y casi ningún recurso económico para
combatirlo.
Además de la ayuda a las fuerzas africanas para sus labores en pro del
“mantenimiento de la paz” con la financiación en el adiestramiento
de otros 25.000 soldados adicionales a los 75.000 actuales, se estimulará
el crecimiento de la economía, especialmente en su capacidad de
infraestructura con el gran objetivo que puedan aumentar sus relaciones
comerciales a través del incremento de sus propios productos.
Los subsidios, que más que favorecer a los países poderosos han
contribuido a incrementar la corrupción, deben ser “eliminados” a
juicio del G-8 porque, además, están perjudicando seriamente a las
naciones pobres y en desarrollo de África, América Latina y Asia,
cuyas exportaciones se ven lastimadas porque hacen caer los precios de
sus productos.
“Eliminar todas las formas de subsidios a la exportación en una fecha
creíble”, ha sido el propósito de los participantes en la Cumbre,
que tanto en Estados Unidos como en Europa se otorgan a sus agricultores
en claro detrimento de los países pobres. En su declaración final, el
G-8 expresó que “para la agricultura, nos comprometemos a reducir
sustancialmente los apoyos que perjudican el funcionamiento del mercado
y a mejorar el acceso al mercado”.
Es indudable que, como dijo Blair, “no se ha logrado todo lo que hubiéramos
querido”, pero también es cierto que esta Cumbre, celebrada dentro
del angustioso marco del terrorismo, ha generado espíritus y acciones más
generosas entre los dignatarios de los países integrantes del Grupo,
que adquirieron una mayor conciencia y se dieron cuenta que no se puede
seguir esquivando a la pobreza, porque está contribuyendo a crear un
peligroso campo de cultivo para el terrorismo, la corrupción y la
delincuencia. Aún hay tiempo para frenar su incremento y para facilitar
a las personas una vida digna del ser humano.
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