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ORIENTE MEDIO: ABBAS QUIERE GOBERNAR
CON TERRORISTAS
Una mala noticia para alcanzar la paz en el Oriente Medio suministró el
pasado 2 de julio de 2005 el presidente de la Autoridad Nacional
Palestina (ANP), Mahmud Abbas (alias “Abú Mazen”), al anunciar que
ha invitado al grupo terrorista Hamás para que se integre a su
gobierno, porque su gran finalidad desde que asumió el poder el 15 de
enero de este año, es lograr la paz con Israel.
El hecho que Abbas quiera gobernar junto con los sanguinarios
terroristas de Hamás sin que éstos, previamente, declaren el fin de
sus hostilidades contra Israel y lo reconozcan como Estado, hace
imposible pensar que las negociaciones que se adelantan para poder
iniciar con seguridad la “Hoja de Ruta”, diseñada como el más
ambicioso plan de paz para la martirizada región por Estados Unidos,
Rusia, la Unión Europea (UE) y la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), puedan concluir exitosamente.
La decisión de Abbas, según informaron círculos políticos y
gubernamentales palestinos, busca asegurarse el “control pacífico”
en la Franja de Gaza, una vez que finalice la evacuación de los colonos
y ejército israelíes, que está prevista para comenzar el 17 de
agosto, tras haber decidido el gobierno hebreo aplazarla durante dos días.
Abbas prometió que habrá orden “durante la toma de poder de Gaza”
y anunció “medidas severas” para controlar a los milicianos y
terroristas en caso que pretendan atacar a los soldados y colonos judíos
que se retiren de la zona y, así mismo, manifestó que no va a
“permitir una usurpación de tierras tras esa retirada”.
La dificultad para alcanzar ese objetivo de continuar dialogando estriba
en que Israel no va a aceptar la integración del movimiento integrista
y asesino en el gobierno con el cual debe negociar la paz. Ya ocurrió
cuando la ANP la presidía Yaser Arafat, indudablemente el terrorista
palestino número uno, que siempre celebró los atentados de los tres
grupos, a los que apoyó porque era el principal interesado en sabotear
todo esfuerzo para suscribir una paz duradera, y por lo cual el gobierno
israelí siempre lo consideró su “gran enemigo”.
“Hamás es una organización terrorista asesina responsable de
innumerables actos de violencia sin sentido contra civiles inocentes”,
declaró en Jerusalén el portavoz israelí del ministerio de Asuntos
Exteriores, Mark Regev, quien hizo una terminante aclaración: “Hamás
no es un socio nuestro en ningún tipo de proceso político. Son parte
del problema, no parte de la solución”, por lo que es difícil que
Abbas y el primer ministro judío, Ariel Sharon, vuelvan a reunirse para
explorar las posibilidades de paz, de persistir la oferta del presidente
de la ANP.
La decisión de integrar a Hamás en el gobierno viene desde el mismo
momento en que “Abú Mazen” asumió las presidencias de Al Fatah, el
partido político gubernamental, y de la ANP. La nueva oferta la efectuó
el mandatario palestino el pasado 29 de junio, después que la banda
terrorista pidiese la creación de “un comité islámico especial”
encargado de supervisar la transferencia de poder en la Franja de Gaza.
La solicitud para crear dicho comité no pareció gustar mucho a Abbas,
quien resolvió realizar una segunda invitación para que Hamás entre a
formar parte de su gobierno, como así lo confirmó el primero de julio
el líder de esta agrupación en Cisjordania, jeque Hasan Yousef, quien
declaró a los periodistas que “estamos estudiando seriamente esa
oferta”.
En mayo pasado, el presidente de la ANP invitó a Hamás a formar parte
de su gobierno, pero únicamente encontró rechazo porque estaba
condicionada a que la banda terrorista aceptara una postergación de las
elecciones parlamentarias previstas para el próximo 17 de julio.
La negativa de Hamás y posteriores acontecimientos en el proceso
negociador con Israel, entre ellos las victorias de la banda terrorista
en las elecciones municipales en varios distritos de Cisjordania y Gaza,
determinaron que, finalmente, el gobierno presidido por Abbas decidiese
postergar estos comicios que, posiblemente, se celebrarán a finales de
diciembre o en enero próximo.
Otro dirigente de la banda asesina, su portavoz en Gaza, Sami, Abu Zhuri,
no negó la posibilidad de una aceptación a la propuesta de Abbas, pero
aclaró que “estamos a favor de crear y participar en un organismo que
tenga autoridad nacional y en el que estén representados todos los
grupos, aunque dicha entidad no tiene por qué ser necesariamente el
gobierno”.
Los dirigentes de Hamás quieren también que otras bandas terroristas
como las de Yihad Islámica y los Mártires de Al Aqsa, brazo armado del
partido Al Fatah, formen parte de la entidad que proponen, pero Abbas
desea “maniatar” un poco al enemigo más encarnizado y el que le está
creando los mayores problemas a nivel nacional e internacional en la
misión de búsqueda de una paz definitiva que le permitiría a
Palestina convertirse en un Estado propio, con fronteras claramente
delimitadas.
Para el negociador palestino, Saeb Erekat, la idea de Abbas, que no es
la primera vez que la expone, es buena porque “nuestra política es
una política de una (sola) Autoridad” y por esta poderosa razón
“acogemos a todos los partidos políticos a participar”. El propósito
puede tener buenas intenciones pero lo que no se puede es decir a
Israel: “ustedes tienen que aceptar como sea que este grupo (criminal,
terrorista y el más peligroso rival del Estado judío y de la paz)
forme parte de nuestro gobierno y con ellos deben discutir también la
Hoja de Ruta”.
Al Fatah, por su parte, exigió a Abbas que la salida israelí de la
Franja de Gaza “forme parte de un plan para la retirada del ejército
judío de Cisjordania, incluida Jerusalén oriental”, según precisó
su portavoz, Nabil Shaat, tras la reunión de cuatro días celebrada en
Amman y que concluyó el dos de julio y en la que también participaron
el primer ministro palestino, Ahmed Qurea (alias Abú Alá”) y el jefe
de la oficina política de la Organización para la Liberación de
Palestina (OLP), Faruk Qadumi.
El comité ejecutivo del brazo político de las Brigadas de los Mártires
de Al Aqsa, propuso que las aplazadas elecciones palestinas se celebren
el próximo 20 de enero y pidió a Hamás y a la Yihad Islámica que
participen en “un gobierno de unidad nacional”, a la vez que autorizó
a Abbas y a Qurea para iniciar conversaciones con “los grupos
palestinos” y así poder formar ese “frente nacional”
gubernamental.
Asimismo, Al Fatah solicitó al gobierno una adecuada reorganización de
los organismos de seguridad palestinos, que realizan su labor dentro de
un enorme caos, para que sean capaces de “aplicar la ley, proteger a
los ciudadanos y garantizar la independencia del Poder Judicial”. Una
petición que hubiese ocasionado el “corte de cabezas” en épocas de
Arafat.
Los ataques armados palestinos, a pesar de la solicitud de Abbas para
que no sigan ejecutándose, continuaron el pasado primero de julio, con
el lanzamiento de dos nuevos cohetes contra la localidad israelí de
Sderot, vecina a la Franja de Gaza, sin ocasionar víctimas mortales.
Igualmente, hubo otros ataques armados, desde territorio palestino,
contra varios puestos militares judíos en el norte del territorio
ocupado y en la sureña zona de Rafah, sin que se registrase heridos o
muertes.
El problema que deberá afrontar el gobierno palestino es que Israel ya
expresó su disposición a no retirarse de la Franja de Gaza si no cesan
los ataques armados de las bandas terroristas palestinas, porque como lo
declaró el pasado 20 de mayo el ministro israelí de Defensa, Shaul
Mofaz, “no permitiremos a las organizaciones terroristas que fijen el
orden del día en Israel y no permitiremos que nadie ponga en peligro a
nuestros ciudadanos”.
Una gran parte de los gobiernos democráticos del mundo es consciente
que a las tres grandes bandas criminales palestinas no les agrada que se
alcance la paz con Israel porque ellas viven, precisamente, del
terrorismo. “Tienen un negocio que les permite a sus dirigentes
ingresar grandes cantidades de dinero para su propio beneficio personal
y por eso siempre están decididos a sabotear todos los esfuerzos que se
encaminen a poner fin a la contienda palestino-israelí”, como lodito
el embajador de un país occidental.
Puede ser que Abbas pretenda con su invitación a Hamás, que el más
poderoso de los grupos terroristas palestinos cambie su política y
colabore en el plan del gobierno de la ANP para así alcanzar dos
objetivos inmediatos: el cese de los atentados de esa organización
criminal, por una parte, y la colaboración económica mundial para
hacer frente a la difícil situación que ahora se vive en esa región
palestina, por otra. Pero a Israel, desde luego, la oferta de Abbas, no
le ha hecho ninguna gracia y eso puede hacer peligrar, una vez más, las
esperanzas para alcanzar la paz a través del diálogo.
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