|
GRAN BRETAÑA: NADIE DEBE DAR
NINGUNA TREGUA AL TERRORISMO
El nuevo y salvaje acto terrorista realizado el 7 de julio de 2005 en
Londres por los mal nacidos que se escudan en el islamismo y que ha
dejado, al menos, 50 muertos y más de 700 heridos, de los cuales 22 se
encuentran en gravísimo estado, debe servir para que nadie ofrezca la más
mínima tregua a esos inhumanos criminales encabezados por el
sanguinario saudí Osama Ben Laden.
Este horrible y dantesco espectáculo que vivió Londres debería servir
de forma definitiva para que los verdaderos demócratas, no los que se
escudan tras los atentados, los festejan y obtienen ventajas políticas,
se unan de verdad para atacar de raíz ese perverso mal que se ha
apoderado del mundo y del que ningún país se encuentra exento de
sufrir uno similar.
La capital británica mostró ese “jueves sangriento” dos caras
diferentes. Una primera, cuando se despertó radiante, eufórica para
celebrar el gran triunfo alcanzado el día anterior sobre Francia -54 a
50 votos- que le permitió obtener en Singapur la sede de los 30 juegos
olímpicos de 2012 por elección del Comité Olímpico Internacional
(COI) y, una segunda, de máxima tristeza, de luto y de dolor, al sufrir
una matanza terrorista, cuyos responsables son las carniceras hienas de
Al Qaeda.
El número de muertos sigue siendo difícil de precisar, como en las
grandes tragedias, porque las cuatro bombas que explotaron en túneles
de tres líneas del Metro y en un autobús, que estaban repletos de
pasajeros, tenían un amplio poder destructivo y aunque desde el mismo
instante en que se registraron se empezó a trabajar con eficacia y tesón
en el rescate de cadáveres y heridos, el gobierno británico no ha dado
a conoce oficialmente el balance definitivo, porque todavía continúan
las respectivas labores.
El criminal acto se realizó, además, en momentos en que los Jefes de
Estado y de Gobierno del Grupo 8 (G-8), integrado por los sietes países
más poderosos del mundo –Estados Unidos, Alemania, Canadá, Francia,
Gran Bretaña, Italia, Japón, más Rusia, iban a iniciar una importante
Cumbre en Greneagles (Escocia), con dos temas muy importantes para el
futuro del mundo: el combate a la pobreza con el otorgamiento de
recursos a los países más necesitados, especialmente africanos, y el
cambio climático.
Precisamente, los participantes en la Cumbre resolvieron no suspenderla
para no permitirle al nauseabundo terrorismo islamista obtener otra
victoria, como la lograda también un jueves, el 11 de marzo de 2003,
cuando con su mortal atentando en Madrid –de similares características
al de Londres- influyó decisivamente en las elecciones generales
celebradas el 14 del mismo mes en España.
“Condenamos enérgicamente estos bárbaros ataques. Nos une nuestra
determinación de hacer frente y derrotar este terrorismo”, señalaron
los líderes mundiales del G-8, mientras en una declaración pública,
el presidente de Estados Unidos, George Bush, afirmó que “es una
guerra contra el terror para todos nosotros y no vamos a ceder ante
ellos. Los encontraremos, los llevaremos ante la justicia y al mismo
tiempo vamos a extender la ideología de esperanza y compasión que
aplastará su ideología de odio”.
Asimismo, el G-8 expresó su firmeza a través del comunicado, al
indicar que “no permitiremos que la violencia cambien nuestras
sociedades y nuestros valores, ni dejaremos que frene el trabajo de esta
Cumbre. Continuaremos nuestras deliberaciones en interés de un mundo
mejor”.
Una vez más, el primer ministro británico, Tony Blair, demostró su
liderazgo y firmeza y tras abandonar la sede de la Cumbre para estar
junto a su pueblo y coordinar todos los esfuerzos, hizo una declaración
de Estado en donde señaló que “no permitiremos que la violencia
cambie nuestras sociedades ni nuestros valores”, al tiempo que no dudó
en señalar al islamismo como el autor de la masacre.
“Están intentando usar el asesinato de gente inocente para asustarnos
y para que no hagamos lo que todos queremos hacer. Cuando intentan
intimidarnos, no nos intimidarán. Cuando intentan cambiar nuestro país
o nuestra forma de vida con esos métodos, no nos cambiarán. Hoy ha
sido un día triste para el pueblo británico, pero nos mantendremos
fieles a nuestro estilo de vida”, declaró Blair.
Ya el día anterior en Singapur, Blair había demostrado su capacidad de
convicción y el poder de su palabra para asegurar el apoyo de los
miembros del COI a Londres, ciudad que presentó más un proyecto
virtual que real para celebrar los juegos olímpicos dentro de siete años,
y luego a raíz del atentado, con amplia serenidad, pero completo
dominio de la situación, dirigir eficazmente las operaciones de las
fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, de los distintos ministerios
y del sector sanitario.
La ciudad, como es apenas lógico, quedó paralizada y en los rostros
ensangrentados de decenas de personas aparecía la huella de la gran
tragedia. En metros y el autobús de dos pisos que quedó partido, las
escenas de pánico y terror de inocentes, era el testimonio de lo que
ocurría, mientras el mundo se volcaba en la mayor condena para las
ratas inmundas, que necesariamente tienen que ser perseguidas por las
autoridades de todos los países que anhelan la paz, para recibir su
merecido castigo.
En Londres residen millares de islamista y la gran mayoría sabe quienes
fueron los autores del criminal atentado porque “todos se tapan con la
misma cobija” y aunque Blair trató de exculpar a la que se ha
convertido en el mundo en una “peligrosa colonia” al decir que
“esa gente actúa en nombre del Islam, pero la inmensa mayoría de los
musulmanes son decentes, que aborrece cada segmento de este acto de
terrorismo, tanto o más que nosotros”, la verdad, como se está
demostrando en otros países (Afganistán, Irak, Siria, Líbano y, en
España, especialmente), es totalmente diferente al concepto positivo
que emitió.
Como sucedió en Madrid en la antevíspera de los comicios generales del
14 de marzo de 2003 que otorgaron el triunfo al Partido Socialista
Obrero Español (PSOE), en Londres los atentados se fueron sucediendo en
cadena, tras la primera explosión ocurrida a las 7,51 GMT en el túnel
de las estaciones del Metro entre Moorgate y Liverpool Street y la última
a las 8,17 GMT en el túnel de las estaciones Egdware Road y Paddington.
Los cobardes y fanáticos islamista a través de la Organización
Secreta del Grupo de Al Qaeda de la Organización Yihad en Europa
asumieron la responsabilidad del atentado en un mensaje de Internet, en
donde expresaron que “Gran Bretaña está ahora ardiendo de miedo”,
a la vez que Dinamarca e Italia “y todos los gobiernos cruzados”
fueron advertidos que “recibirán el mismo castigo si no retiran sus
tropas de Irak y Afganistán”.
Precisamente este atentado pone de presente la necesidad para que los países
democráticos, que creen y respetan la libertad, que no sean favorecidos
por el terrorismo, se unan totalmente para combatir esta amenazante
plaga y para que extremen sus medidas de vigilancia y evitar así que el
miedo se apodere de sus propios conciudadanos.
Ciertamente Londres y el gobierno británico fueron arropados
arrolladoramente por los principales líderes del mundo, empezando por
el de la Iglesia Católica, el Papa Benedicto XVI, pero aquellos pusilánimes
Jefes de Estado o de Gobierno o los dirigentes políticos que no tienen
fe ni convicción para luchar contra los desalmados, deben terminar con
su aberrante hipocresía y no seguir expresando una “solidaridad que
no sienten”, puesto que viven y actúan atraídos por los terroristas.
En España y Francia hay centenares de ejemplos.
Ese gran apoyo se hizo más notorio y elocuente cuando la oposición
conservadora cerró filas en torno al actual gobierno británico, tal
como lo hizo la demócrata en Estados Unidos el 11 de septiembre del
2002. Estas actitudes dejaron patente que primero está la Patria y el
dolor de las víctimas de los actos criminales antes que los réditos
políticos y personales. En ambas naciones los teléfonos móviles
funcionaron únicamente para apoyar y coordinar acciones de salvamento
de personas o de la correspondiente prestación de auxilios para quienes
los necesitasen.
Ningún país puede “bajar la guardia” en la lucha contra el
terrorismo, que debe ser continua e, incluso, intransigente, para enviar
a los cementerios o a las cárceles a una minoría de asesinos, de
gentes sin Dios ni Ley. Esos son los lugares adecuados para ellos. No
debe haber ninguna compasión porque esos miserables no la tienen con
nadie. Solo actúan para ocasionar dolor y sufrimiento y, como lo dijo
Bush, “tienen tanta maldad en sus corazones, que arrebatan la vida de
gente inocente”.
|