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BRASIL: NUEVAS PRUEBAS SOBRE
CORRUPCION GOBIERNO “LULA”
La corrupción del gobierno brasileño presidido por Luiz Inácio Da
Silva (alias “Lula”) y del Partido de los Trabajadores (PT), que
sustenta su política, denunciada el 14 de junio de 2005 por el
congresista Roberto Jefferson, adquirió características más amplias
tras conocerse otros hechos sobre la forma como eran comprados diputados
y dirigentes políticos y la actuación del empresario y publicista
Marco Valerio Fernandes, figura clave en el pago de los sobornos.
Para “Lula”, que recibió más de 50 millones de votos porque una de
sus promesas electorales fue el combate contra todo tipo de corrupción,
la situación continúa siendo “muy grave” y por eso al inaugurar el
XII Encuentro del Foro de Sao Paulo, movimiento que agrupa a los
partidos latinoamericanos de izquierda, afirmó que “será implacable
para combatirla”, aunque hizo otra afirmación que despertó
suspicacias: “sería impensable gobernar el país durante cuatro años
y no tener problemas”.
La influyente revista “Veja” dio a conocer el 2 de julio de 2005
nuevas denuncias sobre el escándalo en el que están comprometidos
diversos e importantes líderes del PT y la forma dolosa y corrupta como
operaba Fernandes, a su vez favorecido por ministerios y otros
organismos públicos lo que el ha valido incrementar escandalosamente su
patrimonio personal, y quien será investigado por supuesto
enriquecimiento ilícito con dinero público.
Uno de los dirigentes políticos más comprometidos con la corrupción,
el tesorero del PT, Delubio Soares, quien ha vivido bajo el amparo de
“Lula”, volvió a quedar como un “mentiroso y un calculador”,
tras haber llorado durante tres ocasiones en un acto sindical celebrado
en la localidad de Goiania el primero de junio –un día antes de la
publicación de “Veja”- y en el cual negó las operaciones
fraudulentas de Fernandes, que fueron plenamente demostradas por la
revista con documentos bancarios incluidos.
Soares acudió al tópico de acusar a sus rivales políticos, en este
caso la derecha, de querer “derrocar al presidente `Lula`” , y dijo
que él era inocente al igual que su partido, de los sobornos
denunciados por el presidente del Partido del Trabajo de Brasil (PTB),
Roberto Jefferson ante el Congreso y la opinión pública por la compra
de diputados de los Partidos Progresista (PP, conservador) Y Partido
Liberal (PL, derechista, al que pertenece el vicepresidente brasileño,
José Alencar) y del propio PTB, para votar a favor proyectos
presentados por el ejecutivo.
“Voy a hablar con la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI)
en la Comisión de Ética de la Cámara de Diputados, y quiero que me
convoquen para mostrarle a Brasil que el PT no compra diputados, que no
compra votos y que tiene un proyecto político para gobernar al país”,
dijo el corrupto tesorero del partido gubernamental, que es minoritario
en el Parlamento y que por esa razón acudió a prácticas fraudulentas
para que las leyes gubernamentales se aprobasen con votos de
legisladores comprados.
De acuerdo con las denuncias de Jefferson, era el propio Soares el
encargado de realizar mensualmente los pagos a los corruptos
congresistas, equivalentes a 30.000 reales (12.500 dólares).
Cuando no se tiene razón para justificar una actitud ética y moral,
entonces se recurre al tópico de “matar al mensajero” y por eso el
corrupto Soares se dedicó también durante su discurso a atacar a los
medios de comunicación que se han hecho eco de las denuncias, y
especialmente, a “Veja”, y los diarios “Folha de Sao Paulo” y
“O Estado”, también de Sao Paulo.
El tesorero corrupto, encargado de repartir mensualmente el dinero de
los sobornos que transportaba Fernandes en “maletines”, dijo –sin
siquiera avergonzarse- que esos medios de comunicación querían
“abrir un juicio político que desemboque en la destitución del
presidente”, a sabiendas que ello no es cierto porque él,
especialmente, es uno de los principales causantes de la amplia crisis
abierta en Brasil, junto con el recientemente sustituido
“superministro” José Dirceu, y el presidente del PT, José Genoino.
Tras una brillante y minuciosa investigación periodística, la revista
“Veja” contribuyó a destapar mucho más el escándalo y demostró
que Fernandes, otro de los principales engranajes de la corrupción,
para triunfar en su acción delictiva, avaló con su firma un préstamo
de 2,4 millones de reales (un millón de dólares a favor del PT) y que
otorgó en 2003 el Banco de Minas Gerais.
Desde luego, este no fue un acto de lealtad política hacia el PT o
hacia “Lula” de ese corrupto empresario sino el comienzo de una
serie de triquiñuelas para verse favorecido, ilícitamente, con
contratos del Estado y de otras instituciones vinculadas con el gobierno
del ex trabajador metalúrgico que, de acuerdo con las denuncias, conocía
la “trama de corrupción” y no hizo nada para evitarla y castigar a
los culpables, porque en la cúpula delictiva estaba su “mano
derecha” José Dirceu.
La “cadena de mentiras” en la que, incluso, ha participado el
presidente, se hizo mucho más patente cuando Fernandes negó que
hubiese sido fiador de dicho préstamo, pero la investigación de
“Veja” demostró, con documentos aportados por el Banco Central
(emisor), que el publicista había sido, en efecto, el avalista del
dinero que se utilizó para la campaña electoral de “Lula”. En esa
misma operación con el Banco de Minas Gerais también figuraban como
avalistas Genoino y Soares.
Además de la revista “Veja”, otros medios de comunicación han
“hurgado en las actividades desempeñadas por Fernandes y comprobado
el inusitado enriquecimiento de este publicista tras haber asumido
“Lula” la presidencia, hasta el punto que su fortuna registra un
crecimiento calculado en no menos del 60 por ciento durante los dos años
y medio del actual gobierno.
Esas investigaciones sobre la fortuna personal de Fernandes precisan que
mediante “oscuras operaciones que involucrarían a empresas y
organismos públicos”, de apenas tener un patrimonio de 230.000 reales
ahora alcanza a 14 millones de reales (cinco millones de dólares), lo
que no ha podido ser suficientemente explicado y aclarado por el
corrupto publicista.
El propio Soares se vio obligado, ante la publicación documentada de
“Veja”, a expedir una nota oficial para reconocer que es cierto que
Fernandes había sido fiador de ese préstamo. Durante su discurso de
Goiania, llegó a “jurar” que todo era mentira y que ese empresario
nada tenía que ver, porque esa denuncia era producto de la “campaña
orquestada” por la prensa para perjudicar al gobierno brasileño.
“Mis informaciones fueron incompletas y por lo tanto inexactas”, se
vio obligado a decir públicamente el mentiroso y corrupto Soares. ¿Cómo
es posible, se preguntó la oposición brasileña, que si este
personajillo participó también como avalista, hubiese tenido la
desfachatez de negar que también participó en la operación Fernandes
como primer fiador?
“El partido, a principios de 2003, contó con el aval de Fernandes
para obtener un préstamo de 2,4 millones de reales (1 millón de dólares)
ante el Banco de Minas Gerais”, dijo textualmente el comunicado de
Soares, a quien el mismo “Lula”, de acuerdo con lo dicho por varios
dirigentes de la oposición política, obligó a escribirlo. Además se
dice que le quedan pocos días al frente de la tesorería porque deberá
responder ante la justicia, junto con Dirceu, Fernandes y Genoino, entre
otros, por el pago de los sobornos.
Lo grave de todo fue, que además, el PT no canceló oportunamente las
cuotas del préstamo y se vio obligado a refinanciarlo, por lo que tuvo
que abonar una cuota de 100.000 dólares que pagó Fernandes
directamente de su bolsillo, aunque Genoino declaró que “el préstamo
es absolutamente legal y forma parte de las reglas comerciales”. No
obstante, obligó a su compañero de corrupción a que en su carácter
de tesorero, presente todos los documentos a la prensa.
La misma denuncia de “Veja” indicó que entre las actividades que
desarrolla el corrupto Fernandes figura la propiedad de una empresa de
publicidad que tiene como principal fuente de ingresos los contratos con
el gobierno Federal que preside el PT. Es decir un auténtico “tráfico
de influencias”, por lo que se sospecha que el pago de la deuda con el
Banco de Minas Gerais debió salir de las arcas públicas a través de
acciones delictivas encubiertas con la agencia publicitaria.
Se informó, además, que esa empresa maneja millonarios contratos con
el Ministerio de Deportes, la Compañía de Correos y la Cámara de
Diputados que hasta 2004 presidía un dirigente político del PT.
Actualmente se realiza una investigación contra la empresa de Correos
por presuntos sobornos a cambios de licitaciones, y la causa por la cual
otra empresa propiedad de Fernandes tiene un contrato con el estatal
Banco de Brasil por 105 millones de reales (30 millones de dólares).
La popularidad de “Lula”, como consecuencia de este escándalo,
sufrió un fuerte descenso y ya menos del 30 por ciento de sus
compatriotas tiene confianza en el presidente y en la acción de su
gobierno. Es la corrupción y no la presunta existencia de “fuerzas
internas y externas que quieren interrumpir el proceso” iniciado por
Da Silva, como equivocadamente lo denunció en el Foro de Sao Paulo el
senador uruguayo de izquierda Carlos Baraibar, elegido por el Frente
Amplio, y el cual no goza de aprecios especiales en su país, porque se
le acusa también de participaciones en turbios actos políticos.
Si en 30 meses de gobierno “Lula” no ha sido capaz de realizar con
seriedad la lucha contra la corrupción, ahora cuando ese cáncer ha
salido a la luz pública con mucha fuerza, la oposición política,
empresarial, sindical y estudiantil brasileñas considera que le va “a
costar muchísimo” enfrentarlo porque “está regado por casi todo el
cuerpo legislativo y gubernamental” y van a faltar muchos bisturís
para operarlo con relativo éxito. Su debilidad le está saliendo muy
cara a él y al país.
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