ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


COLOMBIA: CRECEN LAS DIVERGENCIAS CON ECUADOR

El nuevo gobierno ecuatoriano, instalado el 20 de abril de 2005 y presidido provisionalmente por el médico Alfredo Palacio tras la destitución del ex dictador Lucio Gutiérrez, no ha encontrado mejor camino para su gestión que enfrentarse con los gobiernos de países vecinos y con Estados Unidos debido al poco tacto y la incapacidad de diálogo que muestran varios de sus ministros.

La relación con Colombia se hace cada día más difícil debido a la imprudencia de los ministros de Gobierno (Interior), Mauricio Gándara, y de Relaciones Exteriores, Antonio Parra, que han insultado, incluso, al presidente de su vecino país, Álvaro Uribe Vélez, al igual que han tenido palabras mal sonantes y declaraciones lamentables contra los gobiernos de Alejandro Toledo (Perú), y George Bush (Estados Unidos), que han exigido públicamente respeto.

Parra, prácticamente una versión, pero multiplicada por diez, del ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, conocido en el mundo diplomático como “Curro Desatinos”, un día sí y otro también, desde Quito, no hace sino “envenenar” las relaciones entre ambos países y sus siempre desafortunadas declaraciones sólo sirven para tensar la situación, lo que obligó al ministerio colombiano de Relaciones Exteriores a expedir, el 30 de junio, un comunicado en donde indicó que “ningún gobierno puede ser neutral ante la agresión del terrorismo”.

El propio mandatario provisional ecuatoriano, el mismo 30 de junio, declaró que “frente al problema (de seguridad en la frontera) que nosotros tenemos que confrontar ahora, es necesario que lleguemos a entendimientos claros”, añadiendo que “yo le he expresado mi solidaridad al presidente Uribe”.

Todo empezó a “torcerse mucho más”, a raíz de la acción terrorista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) del pasado 25 de junio, que atacaron la base militar colombiana de Teteyé (en el departamento de Putumayo, fronterizo con Ecuador), en la que murieron 19 soldados.

Los ministros Gándara y Parra, que en diversas oportunidades, antes de este hecho terrorista, habían realizado declaraciones contrarias a la amistad con Colombia, aprovecharon esta infeliz circunstancia para “volver a insistir en ellas” e, incluso al canciller ecuatoriano se le ocurrió la “brillante idea” de afirmar que su gobierno iba a exigir visas de entrada a los colombianos, al igual que repatriaría a las personas que se encuentren en calidad de ilegales.

“Si son emigrantes ilegales, habrá que ponerlos en frontera”, dijo Parra. Aparentemente en Ecuador viven unos 500.000 colombianos, y la mayoría se encuentra en estado ilegal y otros 30.000 en espera que se les conceda el estatus de refugiados. La pregunta es muy clara: ¿Si Parra piensa así, que ocurriría si España adoptase con los miles de ecuatorianos que se encuentran en este país viviendo ilegalmente esa misma postura y ordenara repatriarlos totalmente? No cabría, en sana lógica, ninguna protesta formal del gobierno de “carambola”, que piensa de esa manera tan absurda. 

Desde el mismo momento en que asumió el poder, Palacio se mostró contrario al “Plan Colombia” que el gobierno de Uribe Vélez con la ayuda económica y logística de Estados Unidos está realizando desde hace tres años en su lucha para combatir a las bandas terroristas y del narcotráfico. Este programa se puso en práctica durante el último año de mandato del ex presidente Andrés Pastrana Arango.

Además de señalar Palacio que su nuevo gobierno iba a reclamar por los presuntos daños ocasionados por las fumigaciones que se están realizando en Colombia en desarrollo de ese plan, los ministros Gándara y Parra se le unieron para protestar por lo que han calificado de “descuido” a los desplazados, la falta de vigilancia en la frontera y el peligro que representan las acciones de las Farc.

El canciller Parra, que originó la respuesta oficial colombiana, en sus declaraciones del 30 de junio, no expresó su respaldo al gobierno de Uribe por la acción terrorista que las Farc llevan a cabo en Colombia sino que dijo, en un desafortunado lenguaje diplomático (al parecer, como dice la oposición ecuatoriana, “no lo conoce porque nunca ha tenido ni la menor idea de lo que habla”), que Ecuador “no estaba ni con uno ni con otro”.

Esta es la misma postura mantenida por el ex dictador Gutiérrez, al que las Farc ayudaron económicamente durante su campaña electoral, contribuyendo con una buena cantidad de dinero, lo que hace prever que Parra también haya podido ser favorecido por la banda criminal con donaciones económicas, según dirigentes de la oposición ecuatoriana.

Las manifestaciones de Parra prácticamente están “calcadas” de las que ha pronunciado en diferentes oportunidades el dictador venezolano, Hugo Chávez, que ha convertido su país en un “santuario” para los terroristas de las Farc y del Ejército de Liberación Nacional (Eln) y a las cuales también, según denuncias de los gobiernos colombianos, ha prestado apoyo económico.

Tales declaraciones, según miembros del gobierno colombiano, significan que también Ecuador “reconoce la beligerancia de las Farc”, cuando esta organización es reconocida internacionalmente como terrorista y todos los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), deben compartir el criterio que ambas entidades han expresado sobre el estatus de la banda criminal.

Las palabras de Parra son mucho más graves, porque además de desempeñar una posición encargada de manejar las relaciones internacionales, demuestran que el gobierno del que forma parte, al igual que lo ha hecho el dictador Chávez, otorga un tácito reconocimiento a una banda terrorista.

En el comunicado de la cancillería colombiana se destaca que “no se puede poner en igualdad de condiciones a un gobierno legítimo y al terrorismo”, añadiendo que “lo que resulta imperativo es la cooperación entre los diferentes Estados en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”. 

Parra no debe olvidar que él no pertenece a un gobierno legítimamente elegido en las urnas sino que llegó a su cargo de ministro, como Palacio lo hizo a la presidencia, debido a una “carambola” ante la destitución, por otra parte muy merecida, de quien con sus actitudes bochornosas estaba manchando la presidencia de la república y al mismo Ecuador. ¿Con su permanente forma de atacar a sus países vecinos, es como pretende Parra que el mundo reconozca la validez de un gobierno no surgido de la misma democracia?

El presidente Palacio dijo que se reunirá con su colega colombiano el próximo 7 de julio en San José de Costa Rica durante la cumbre de los países latinoamericanos productores de banano y que entonces “hablaremos de estos temas en la medida en que sigan vigentes y trascendentes y de otros importantes que tenemos con Colombia”.

Los comandantes de las Fuerzas Militares de Colombia, general Carlos Alberto Ospina, y Ecuador, vicealmirante Manuel Zapater, se reunieron el 30 de junio y descartaron la realización de operaciones conjuntas para contrarrestar las acciones terroristas de las Farc.

“Cada fuerza armada operará en el sector que le corresponde en su país, respetando la soberanía”, afirmó Zapater, mientras que Ospina expresó que “se buscará más seguridad fronteriza a través de la coordinación y el intercambio de información porque no hemos planteado un trabajo conjunto, pues lo que tiene que haber es coordinación para evitar malos entendidos”.

Es necesario, desde luego, que las respectivas fuerzas armadas intensifiquen sus controles y tomen las mejores medidas de defensa porque si bien el terrorismo está afectando hoy cruelmente a Colombia, Ecuador no puede presumir que nunca tendrá que afrontar una situación similar, máxime cuando el ex dictador Gutiérrez anunció que regresará clandestinamente al país para “recuperar la presidencia” y que este ha sido un “excelente amigo” de la cúpula de las Farc.

La actuación de varios de los ministros del régimen presidido por Palacio está siendo muy cuestionada en Ecuador y la “banda de los forajidos”, como denominó Gutiérrez a quienes contribuyeron a su destitución, la cual sigue actuando ahora más unida, se encuentra especialmente insatisfecha por los resultados alcanzados en los 70 días que lleva el gobierno provisional, hasta el punto que ha pedido la destitución, precisamente, de Gándara y Parra, a los que califica de “ineficaces” y no “aptos” para alcanzar el cambio socio-económico y político que el país necesita con urgencia.

Portada - Indice