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SIDA: AVANCE MENOR TRATAMIENTO A
VELOCIDAD AUMENTO INFECTADOS
A pesar del aumento en el año 2004 del número de personas que están
recibiendo en el mundo en desarrollo atención médica para combatir el
Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), su avance es menor a la
velocidad con la que aumenta la cifra de infectados, de acuerdo con un
informe publicado en Ginebra el 29 de junio de 2005, que ha puesto
nuevamente en evidencia que una lucha más eficaz contra la pandemia es
cada día más necesaria y urgente.
El director del Departamento del Virus de Inmunodeficiencia Humana
(VIH)-SIDA de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Jim Yong Kim,
al presentar el informe, declaró a los periodistas que “nunca antes
se había introducido en el mundo en desarrollo a tan gran escala una
terapia compleja contra una enfermedad crónica”, aunque únicamente
una de cada seis personas enfermas “tiene acceso al tratamiento que
necesita”.
Esto significa, en cifras porcentuales, que sólo el 15 por ciento de
los 6,7 millones de enfermos de SIDA que viven en los 49 países más
pobres –un millón- recibe el tratamiento adecuado, por lo que el
informe que también suscribe el Programa de Naciones Unidas contra el
SIDA (ONUSIDA) expresa tajantemente que el acceso para combatir
directamente la enfermedad “sigue siendo insuficiente para cubrir las
necesidades”.
El pasado 4 de marzo ONUSIDA dio a conocer, también en Ginebra, un
informe titulado “El SIDA en África” en donde aseguró que si los
esfuerzos para combatir la pandemia no se incrementaban, “el peligro
de extensión será mucho mayor y causará en los próximos 20 años
millones de muertos y originará también otro considerable aumento de
huérfanos”.
De acuerdo con las cifras divulgadas, en ese continente existen
actualmente más de 11 millones de menores de edad huérfanos, pero en sólo
dos décadas esta cifra, según el organismo de la ONU, “puede llegar
hasta los 27 millones” en caso que no se tomen “medidas más
importantes y se destinen mayores fondos para la lucha contra la
enfermedad”.
Según lo afirmado por Kim, parece poco probable que “los avances
conseguidos en todo el mundo alcancen el ritmo requerido para lograr la
meta fijada por la OMS y el ONUSIDA de llegar a tres millones de
personas (que reciban el tratamiento adecuado) al final de 2005”.
Ambas organizaciones, a principios del este año, pusieron en marcha la
iniciativa “Tres millones para 2005”, pero debido a las razones económicas,
principalmente, así como a las técnicas, la carencia de personal
cualificado y en muchísimos países en vías de desarrollo,
desafortunadamente, a la ineficacia de los propios sistemas sanitarios,
se origina que al concluir el primer semestre del año, ese objetivo sea
difícil de alcanzar.
Este plan fue aprobado por los 192 Estados miembros de la OMS como “un
paso intermedio hacia el objetivo de asegurar el acceso universal al
tratamiento antirretroviral (ARV) para todas las personas que lo
necesiten”, aunque Kim aclaró que “si bien en algunos casos se han
cumplido o superado las expectativas sobre el apoyo político,
financiero y técnico a la expansión de los tratamientos, en otros aún
no se reúnen plenamente las condiciones previas requeridas para tener
una respuesta exitosa”.
De todas maneras, y ese es uno de los puntos positivos, el número de
personas que está recibiendo el tratamiento con antirretrovirales
registra un aumento en todo el mundo, al igual que el ritmo de expansión
“también se acelera progresivamente”.
Lo que ocurre es que, especialmente en África y Asia, así como en
varios países latinoamericanos e, incluso algunos de Europa, los
programas de prevención no cumplen totalmente su cometido y muchas
veces no llegan a la mayoría de la población, además que las cifras
de homosexuales –el colectivo más propenso al SIDA- continúa en
aumento en todo el mundo ante la decisión de muchos gobiernos, como en
el caso de España, de convertir legalmente las relaciones entre
personas del mismo sexo en matrimonio y a que cada día “salen
millares y millares del armario”, es decir declaran su condición
homosexual.
Según informó Kim, en el África subsahariana, la región en donde la
pandemia ha originado el mayor número de muertes, a lo largo de 2005,
al menos 500.000 personas reciben el adecuado tratamiento. Esa cifra, añadió,
representa más que el triple de junio de 2004 y casi el doble desde que
comenzó el presente año. En Asia, el segundo continente con la mayor
cifra de enfermos también la cifra se ha triplicado en relación con
junio del año pasado y 155.000 personas reciben ahora la medicación
requerida.
Las cifras de las dos regiones más afectadas en el mundo por la
enfermedad, están lejos de aproximarse al objetivo de los tres millones
de personas al finalizar 2005, porque en los primeros seis meses ni
siquiera se alcanzó la estimada para que 1,6 millones de infectados
recibieran el tratamiento con ARV.
Para el responsable de la OMS Ties Boerma, uno de los autores del
informe, la situación actual exige acelerar el acceso a “tratamientos
capaces de salvar vidas, no sólo como medio para tratar a los millones
de personas que lo necesitan sino también para prevenir otras tantas
infecciones adicionales”, por lo que es indispensable que la cooperación
de todos los países no decaiga en ningún momento.
Durante la presentación del informe, el Director General de ONUSIDA,
Paul de Lay, volvió a insistir en que el más grave problema para poder
combatir exitosamente la enfermedad y empezar a disminuir la cifra de
nuevos infectados, tiene carácter económico. Para este funcionario, es
necesaria y urgente la “colaboración económica”, porque sin ella
“es imposible facilitar el acceso a los tratamientos”.
“Los países más afectados nos piden que la recepción de ayudas sea
previsible y sostenible en el tiempo para poder desarrollar planes a más
largo plazo”, dijo de Lay, quien señaló que “para prevenir y
tratar la enfermedad” se necesitan hasta el año 2009 no menos de
55.100 millones de dólares.
Por su parte Kim, al referirse a las necesidades económicas, subrayó
que los 49 países pobres comprometidos en la lucha contra el SIDA
“necesitan compromisos a largo plazo y no donaciones anuales”, y que
básicamente hasta el año 2007 las exigencias de dinero están
presupuestadas en 45.000 millones de dólares.
Existe, sin embargo, un déficit de 18.000 millones, según la OMS,
porque los fondos que han sido entregados o comprometidos por los países
que los donarán para esa lucha entre 2005 y 2007 únicamente alcanzan a
27.000 millones de dólares. Además, es posible, como ha ocurrido en
otras ocasiones, que las promesas de contribución no se cumplan en su
totalidad, lo que agravaría mucho más el problema.
Es verdad que los precios de los medicamentos antirretrovirales han
bajado considerablemente porque actualmente cada paciente debe pagar 160
dólares anuales, cuando hace cinco años costaban 10.000, pero siguen
siendo cifras demasiado altas teniendo en cuenta el poder adquisitivo de
los habitantes de África o Asia, especialmente, o los de algunos países
latinoamericanos y del caribe, así como los bajos presupuestos
destinados a la salud.
La OMS explicó, por su parte, que la variación de precios es
significativa, pues mientras en los países más pobres alcanzan a 167,9
dólares anuales por persona para los medicamentos de primera generación
y de 613,2 dólares para los de la segunda, en los de ingreso medio están
fijados en 1700,9 dólares y 6161,3, respectivamente. Una diferencia
abismal.
En su amplio informe, también Kim se refirió a lo que calificó como
“segundo problema” y el cual está relacionado con la asistencia técnica,
debido a la carencia de “suficiente personal cualificado y material
para tratar la enfermedad”. Los recursos propios en África y Asia son
escasos para formar profesionales que puedan prestar una ayuda eficaz y
muchas veces se echa de menos esas carencias, especialmente en la región
subsahariana.
Si en 2004 un total de 4,9 millones de personas resultaron infectadas,
los organismos de la ONU y la propia OMS consideran que la cifra puede
ser, en el presente año, similar, lo que demuestra la gravedad del
problema, porque en caso de no poderse combatir con celeridad y precisión,
para dentro de 20 años –en 2025- la cifra de infectados en el mundo
alcanzará la escandalosa cifra de 80 millones de personas. Sería
sumamente lamentable que los gobiernos y la propia ciencia no fueran
capaces de frenar su expansión.
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