|
IRAN: NEGRAS PERSPECTIVAS TRAS
VICTORIA DE ULTRAEXTREMISTA
La victoria electoral alcanzada el 24 de junio de 2005 en Irán por el
ultraconservador Mahmud Ahmadineyad enrarece mucho más el ambiente
mundial y además de la natural inquietud, se abren unas muy negras
perspectivas dado los antecedentes del nuevo presidente, que muy
seguramente radicalizará aún más el régimen fanático e islámico
que se instauró en 1979.
Ahmadineyad, de 49 años, será el sexto presidente de la República Islámica
de Irán y el primer laico en asumirla, tras su contundente victoria del
día 24, en segunda vuelta, sobre el ex presidente Alí Akbar Hashemí
Rafsanyani, de 70 años, que gobernó el país entre 1989-1997, al que
derrotó con un total de 17,2 millones de votos a favor contra 10.0 de
su rival.
Aunque en su primera declaración pública, el sucesor del clérigo
Mohamad Jatami, de quien se decía que era un reformista, lo que no se
vio durante sus ocho años de gobierno, porque fue un radical extremista
y antidemocrático, Ahmadineyad afirmó que su nuevo gobierno será el
de “la paz y la moderación”, en Occidente no se considera que pueda
convertirse en un dignatario que buscará ni paz ni trabajará por la
reconciliación.
Esa desconfianza sobre su gestión es apenas previsible porque también
el presidente electo y actual alcalde de Teherán declaró que “no
hicimos la revolución para tener una democracia”, lo que significa
que Irán continuará siendo un país extremista y el gran violador de
los Derechos Humanos, además de un rotundo enemigo de la paz por su
insistencia en la fabricación de armas nucleares.
“Nuestra energía nuclear es fruto del propio esfuerzo de los iraníes
y continuaremos con esa tecnología con fines pacíficos para utilizarla
en la generación de electricidad, además de para objetivos médicos y
agrícola”, anunció el mandatario electo, quien al igual que su
antecesor está mintiendo porque la misma Organización Internacional de
Energía Atómica (OIEA) ha reconocido que es posible que este país
cuente ya con bombas atómicas y que continúa enriqueciendo plutonio y
uranio. Y, generalmente, este plan no se diseña, precisamente, con
“fines pacíficos”.
Incluso, el nuevo presidente anunció que las negociaciones que se
adelantan desde al año pasado con la Unión Europea (UE), la que ha
prometido colaboración económica y tecnológica si ese país suspende
su programa de energía nuclear, continuarán desarrollándose, pero
advirtió que “éste diálogo debe ser mutuo y nosotros vamos a
defender los derechos del pueblo de Irán”.
Ese temor a una mayor radicalización del nuevo régimen islámico,
ahora en manos de un ultraconservador, pone en peligro las necesarias
negociaciones sobre el programa nuclear que fracasaron durante el
gobierno presidido por Jatami, porque éste clérigo antifeminista y fanático,
incluso, se alió con uno de los regímenes más terroristas del mundo,
el presidido en Siria por Bachar el Assad, para sembrar de dudas sus
verdaderas intenciones y para hacerse fuerte en una región de por sí
ya dolorosamente martirizada por gobiernos como los suyos.
Los países árabes, en su gran mayoría, y especialmente los de
tendencia hacia Occidente, se mostraron nerviosos ante el triunfo de
Ahmadineyad por el fanatismo político que ha mostrado y porque creen
que algunos símbolos de apertura que tibiamente se impusieron en el
gobierno que ya pronto cesará, van a desaparecer cuando él asuma la
presidencia iraní.
Aunque durante la rueda de prensa Ahmadineyad afirmó que durante su
gobierno “las relaciones con los vecinos árabes será el tema
principal de Irán en sus relaciones internacionales”, en lo que se
refiere a Estados Unidos, sus primeras declaraciones fueron para indicar
que serán de enfrentamiento.
En efecto, al arremeter contra la primera potencia mundial, Ahmadineyad
se mostró como un enemigo natural del gobierno presidido por George
Bush y señaló que “le hemos dado jaque mate” porque a su juicio, y
a pesar que el porcentaje de votantes fue inferior al 50 por ciento del
censo, “con la extensa participación, hemos destrozado todas las
previsiones mundiales”. Para el candidato triunfador, “la política
de Irán respecto a Estados Unidos ya ha sido anunciada en repetidas
ocasiones”, lo que hace suponer que siempre buscará enfrentamientos y
desacuerdos.
En forma similar, el actual “jefe supremo” islamista de Irán, el
ayatolá Alí Jamenei –sucesor de Ruhollah Jomeini, el diabólico
ayatolá asesino y consumado terrorista de los años 70 y 80 del siglo
pasado- afirmó que la victoria del candidato laico había sido una
“profunda humillación para Estados Unidos”. Esto demuestra que
mientras esa banda de radicales siga mandando en Irán, no habrá
posibilidad de llegar a acuerdos pacíficos de ninguna especie.
Estados Unidos, al conocer la victoria del actual alcalde de Teheran, se
pronunció a través de un portavoz del Departamento de Estado, quien
dijo que “con la conclusión de la elección en Irán, no hay nada que
nos persuada en nuestra opinión de que está desfasado con el resto de
la región y con las corrientes de liberación y de libertades que son
tan evidentes en Irak, Afganistán y Líbano”.
El gobierno de Bush continuará apoyando, según la misma fuente
informativa, a “quienes buscan una mayor libertad para el pueblo iraní”,
mientras la Unión Europea dijo estar dispuesta a “trabajar con
cualquier gobierno iraní que se muestre dispuesto a avanzar en
cuestiones tales como los Derechos Humanos”.
Otro hecho importante para saber hacia donde se dirigirá la acción del
nuevo régimen iraní está referido a la forma entusiasta como la banda
terrorista chií-libanés “Hezbulá”, que sigue las orientaciones
del sanguinario régimen de Siria, recibió la victoria del candidato
ultraconservador, al que ofreció su “absoluto respaldo”.
“El pueblo iraní ha decidido enfrentarse con sus enemigos, en
particular con los norteamericanos que pretenden desestabilizar Irán”,
declaró en Beirut el secretario general adjunto de la banda integrista
y criminal, jeque Naím Qassem, quien consideró también que los iraníes
“dieron prueba otra vez de vitalidad frente a los desafíos”.
Para Ahmadineyad, “todos los que no busquen la enemistad con Irán serán
atendidos”, porque en su gobierno “queremos desarrollar las
relaciones justas y mutuas con todos los países y con todas las
naciones”. Ojalá que ello sea así y que este extremista conservador
impida que su país siga actuando conjuntamente con Siria en el apoyo e
introducción de terroristas al vecino Irak para evitar que pueda
consolidarse la democracia tras la destitución de Sadam Hussein, otro
tristemente célebre terrorista, derrocado por la coalición
anglo-norteamericana tras la segunda guerra iniciada en marzo de 2003.
Para muchos gobernantes mundiales, el triunfo de Ahmadineyad constituye
un “golpe de gracia” a los ocho años de “esfuerzo reformista” y
una especie de “viraje hacia la senda más reaccionaria y la
interpretación más estricta del régimen teocrático”, aunque a
decir verdad durante el gobierno de Jatami, fue muy poco lo que se avanzó
socialmente y menos en lo relacionado con los Derechos Humanos, que
siguieron siendo brutalmente violados y aplastados.
Ahora habrá que tener una paciencia mayor a la de Job para conocer la
formación del nuevo gobierno, pero nadie cree que el pueblo iraní, que
desde la destitución del Sha de Irán, Reza Pahlavi, está ansioso por
conocer la verdadera democracia, la vaya a experimentar con el nuevo
presidente, porque este en una manifestación de intenciones dijo que
“buscará instaurar una sociedad islámica ejemplar, desarrollada y
potente”. El islamismo ha dado muestras absolutas de ser totalmente
antidemocrático.
No debe olvidarse que el ayatolá Alí Jamenei seguirá manejando el
poder en la sombra y que no va a permitir ninguna clase de avances de
orden social y económico, porque a los clérigos que tienen ahora la
“sartén política por el mango” no les interesa que sus ciudadanos
experimenten progresos ni que dejen de ser analfabetas. Todos los
recursos económicos que Irán pueda obtener, ya se sabe que irán
destinados al programa de fabricación de armas nucleares, porque así
mantendrán bajo el permanente terror al mundo.
La victoria de Ahmadineyad y la línea dura que preconizó durante su
campaña electoral, y que reiteró después de su triunfo, no auguran
para el mundo posibilidades de reconciliación ni un espíritu de
moderación en el manejo de las relaciones internacionales, sino todo lo
contrario.
Las libertades públicas, los Derechos Humanos y la democracia continuarán
siendo pisoteadas en Irán bajo la tutela de un gobierno ultraderechista
y de unos clérigos extremistas, amigos de la violencia y siempre
dispuestos a apoyar a los grupos terroristas islámicos, a la vez que
totalmente despreocupados por el progreso o modernización de su país.
|