ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


BRASIL: LA CORRUPCION SACA DEL GOBIERNO A DIRCEU 

La amplia corrupción denunciada por el presidente del Partido del Trabajo de Brasil (PTB), Roberto Jefferson, el pasado 14 de junio de 2005, obligó al Jefe del Estado, Luiz Inácio Da Silva (alias “Lula”) a presionar a su “mano derecha”, José Dirceu, para que dimitiera en vista de su más que probable participación directa en la “cadena delictiva” de la que, al parecer, no tiene vinculación directa el propio mandatario, aunque sobre esto existan muchas dudas, cuando no fundadas sospechas. 

“Lula”, precisamente, ante la magnitud de las denuncias y su impacto a niveles nacional e internacional, solicitó el 16 de junio, crear una comisión de “Manos Limpias”, al estilo de la italiana, para combatir con decisión la corrupción política en su país y así poder castigar ejemplarmente a sus responsables. 

Durante un mensaje televisado a todo el país, el mandatario se defendió de las acusaciones y afirmó que “si hay un gobierno que ha sido implacable en el combate a la corrupción desde el primer día, es el mío”, al tiempo que destacó que “nunca como ahora Brasil vio tanta gente importante y poderosa presa por corrupción o por fraude contra las arcas públicas”. 

El presidente dijo que durante su gobierno, que comenzó el primero de enero de 2003, han sido detenidas 1.006 personas acusadas de corrupción, y dijo que entre las numerosas medidas acordadas para combatirla se utilizaban unas “auditorías sorpresas en los municipios”, para vigilar las acciones de los funcionarios, especialmente de los encargados del manejo de los dineros públicos. 

Para el jefe del ejecutivo brasileño “muchas cosas ya cambiaron” durante sus dos años y medio de gobierno, y mencionó que “la economía está en orden, las exportaciones crecen, el comercio y la industria continúan creando empleos y una gran cantidad de proyectos sociales se extiende por todo el territorio nacional”. Es decir, que hizo un amplio inventario con el objeto que sus conciudadanos se pusieran a pensar en cosas diferentes al tema concreto de la corrupción. 

Si bien “Lula” dedicó la mayor parte de su intervención de diez minutos a defender lo que “ha hecho su gobierno”, porque dijo que empezaban a “verse los resultados de su obra administrativa” tras “arreglar la casa” y la cual persigue “fortalecer a Brasil y proteger a los brasileños más pobres e impulsar el crecimiento económico”, no existe mucha claridad en los ambientes políticos sobre la causa por la cual no “cortó la cabeza ministerial” de Dirceu cuando se produjo el primer escándalo de corrupción hace 16 meses, o por qué desconocía la nueva acción delictiva en la que estaba involucrado directamente su “mano derecha”. 

No obstante, las denuncias sobre corrupción en su gobierno no son recientes, porque antes que Jefferson volviera a hacer pública la participación de Dirceu es los escándalos corruptos, este “superministro”, que ejercía el cargo de Jefe de la Casa Civil y actuaba como la “sombra” del mismo mandatario, ya se había visto envuelto en otros, siendo el más sonado el ocurrido en febrero del año pasado, cuando Waldomiro Diniz, uno de sus hombres de confianza, fue destituido tras comprobarse una directa relación con la mafia de la lotería y el cobro indebido de comisiones para él y para el Partido de los Trabajadores (PT), que preside “Lula”. 

El 14 de junio, Jefferson, un antiguo aliado político de “Lula”, hizo ante una comisión del parlamento una amplia exposición sobre la forma como vienen operando en Brasil las redes de corrupción, encargadas de comprar y financiar a políticos, y describió con “espeluznantes detalles” –como los calificó la prensa- la forma como eran sobornados los diputados de la oposición para que votaran a favor los proyectos del gobierno. Muy al estilo de lo que hacía Vladimiro Montesinos en Perú durante el gobierno del corrupto presidente y ahora fugitivo Alberto Fujimori. 

Las afirmaciones detalladas de Jefferson, que involucraban en la trama delictiva directamente a José Dirceu, obligó al mandatario a “cortar en carne propia”, una expresión que empleó durante su discurso a la nación, y el “superministro” se vio obligado a dimitir tras la solicitud que le hizo el presidente, pues de lo contrario, saldría cesado del gabinete. 

Pero la situación personal y política de “Lula”, a pesar que el presidente del PTB lo quiso exculpar de la trama corrupta, sigue siendo “muy comprometida”, porque Jefferson afirmó ante la comisión de ética del Congreso, que hubo reuniones en su propia casa en las que participaron el presidente, Dirceu y el ministro de Coordinación Política, Aldo Rebelo. 

Además, señaló los nombres propios de quienes eran los encargados de transportar los maletines con dineros de los sobornos: El tesorero del Partido de los Trabajadores (PT), Delubio Soares, y el secretario del mismo partido, Silvio Pereira, a los que “Lula” también debería haber destituido. 

El diputado denunciante dijo también que “Dirceu estaba informado absolutamente de todo lo que pasaba, al igual que el presidente del PT, José Geonino”, por lo cual quedó patente que la cúpula de la agrupación que sostiene políticamente al mandatario está, igualmente, comprometida en el delito, lo que determinó que el Diario Jornal do Brasil, escribiese en un editorial que “guste o no, la intervención del presidente del PTB sacó a la luz las vísceras de un sistema político podrido”. 

Mientras Dirceu, un ex guerrillero entrenado en Cuba, dijo que volverá al Congreso en su calidad de diputado para “defenderse” de las acusaciones aunque afirmó, al renunciar, que “nunca supo de la existencia de un sistema de sobornos como el denunciado por Jefferson”, el presidente nombró para sustituirle a Dilma Rousseff, otra ex guerrillera de izquierda, que permaneció encarcelada tres años por subversión del orden público durante el régimen militar y que ocupaba el cargo de ministra de Minas y Energía en el actual gobierno. 

En su época de clandestinidad a Rousseff se le conoció también como Estela, Patricia o Wanda, y durante sus años de prisión, los carceleros la denominaban “papisa de la subversión” o “Juana de Arco de la guerrilla”. A nivel político en Brasil se le “teme mucho” y existen diversas dudas sobre si su capacidad de buena gestora podrá servirle para ocupar un cargo de tantas exigencias políticas. 

Además de la dimisión de Dirceu, el mandatario brasileño cesó a Rebelo y al ministro de Previsión Social, Romero Jucá, también acusado de corrupción. Es decir que a sabiendas o no de lo que estaba ocurriendo, “Lula” se encontraba rodeado de “pícaros y ladrones”, tanto en el gabinete como en la cúpula de su Partido de los Trabajadores, a los que no les importó nada el compromiso que el Jefe del Estado había adquirido en su programa electoral de luchar denodadamente para combatir la corrupción. 

Esto hace mucho más cierta la afirmación de Jefferson en el Congreso, sobre que “Lula” era un “presidente secuestrado por la cúpula del gobierno y del PT” y por eso es necesario que como fundador de ese grupo político también cese al presidente, José Geonino, que está igualmente salpicado por la corrupción y era un amplio conocedor de la forma como operaba para la compra de diputados de oposición, que recibían indecentemente 30.000 reales (13.500 dólares) extras mensuales para apoyar al presidente. 

Jefferson, dedicado a la política a pesar de ser un abogado criminalista, que cuenta en su partido con 48 diputados, reconoció haber recibido 1,3 millones de dólares para las campañas electorales de su agrupación. Les fueron entregados con la aprobación de Dirceu, por el tesorero y el secretario del PT, por lo que se encuentra acusado de un “delito electoral”, y puede ser que antes de finalizar este año sea condenado a una pena de cárcel. 

La aparición de otro “Rasputín”, ahora en Brasil, tan corrupto o más que Vladimiro Montesinos, en Perú, vuelve a poner sobre el tapete la necesidad que los dirigentes políticos aspirantes a presidir los gobiernos de América Latina y que no tienen, como ocurrió en el caso de “Lula”, antecedentes delictivos, estén obligados a extremar mucho más las medidas para escoger a los más directos colaboradores y evitar así situaciones tan bochornosas como las que ahora afronta el mandatario brasileño. 

Todos estos escándalos surgidos en los últimos años en América Latina, requieren también la activa intervención judicial y que los habitantes de sus distintos países no depositen más sus votos por personas sospechosas de corrupción o que no tengan una intachable conducta. El binomio justicia-pueblo debe ser guardián vital para que la democracia no siga siendo manchada por inescrupulosos como Dirceu, Montesinos, Fujimori, Carlos Menem, Hugo Chávez, Fidel Castro, un largo etcétera, y sus alegres amigos.

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