ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


COLOMBIA: LEY DE “INJUSTICIA Y ANTIPAZ” FAVORECE IMPUNIDAD TERRORISTAS 

El Congreso colombiano, atendiendo con increíble fidelidad al gobierno del presidente, Álvaro Uribe Vélez, creó un auténtico océano de impunidad para favorecer a los terroristas a través de la Ley de Justicia y Paz, que aprobó el 22 de junio, y que será la tabla de salvación para la banda criminal y narcotraficante de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc). 

Contra la opinión sensata de la propia comunidad internacional encabezada por Estados Unidos y la Unión Europea, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la Corte Penal Internacional (CPI), además de numerosas Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y de Defensa de los Derechos Humanos, el Parlamento del país de América Latina más castigado por la violencia narcoterrorista, dio vía libre para que quienes han infringido la ley y cometidos delitos de lesa humanidad no tengan el merecido castigo ni paguen adecuadamente por sus crímenes. 

Por eso, el Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, uno de los promotores, junto con el presidente Uribe Vélez, para que se aprobase una “ley inocua” y que sólo buscaba favorecer a sus “amigos”, se declaró “muy orgulloso” en el mismo instante en que un Congreso corrupto le dio su aprobación a la ley. 

Los jefes y demás miembros de las Auc ahora, y en el futuro los de las otras bandas narcoterroristas que entreguen sus armas, a pesar de haber cometido crímenes de lesa humanidad, traficar con drogas y utilizar el secuestro, de acuerdo con la nueva ley de “Injusticia y Antipaz”, únicamente deberán cumplir, como máximo, ocho años de prisión en lugares de reclusión alternativos a las cárceles. Es decir, vergonzosamente el gobierno y el congreso colombiano han establecido la impunidad como principal arma para combatir al narcoterrorismo y tampoco no purgarán sus penas en las prisiones construidas para los criminales. 

Además, esa aprobación servirá para que el gobierno colombiano explote la “vía turística” en detrimento del erario público, porque Restrepo, quien calificó la absurda ley como “un instrumento para lograr la paz”, anunció que muy pronto emprenderá giras por varios países, acompañados por los ministros de Interior, Sabas Pretelt, y de Relaciones Exteriores, Carolina Barco, y de una comisión del Congreso, “para explicar a la comunidad internacional el alcance y los objetivos de la ley”. Es decir lo inexplicable, ¿porque para que están las embajadas y demás organismos diplomáticos? 

El influyente diario “The New York Time”, en un amplio editorial publicado el 23 de junio, afirmó que la “Ley de Justicia y Paz otorga generosas concesiones” a los miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), grupo paramilitar de extrema derecha, creado a finales de la década de los años 80 del siglo pasado por empresarios, hacendados e, incluso, miembros de las Fuerzas Armadas, para combatir a las bandas narcoterroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y Ejército de Liberación Nacional (Eln), pero que degeneró en las mismas prácticas criminales que éstas dos. 

Para el diario estadounidense, con la ley aprobada, los comandantes paramilitares “a cambio del desarme, podrán escapar de penas severas o de ser extraditados a Estados Unidos”, al tiempo que publica una declaración del senador Jimmy Chamorro, en la que sostiene que “Esta Ley no brinda ni justicia ni paz. Debería llamarse como realmente lo es: ley de impunidad e inmunidad”. 

“Queremos ver a los grupos armados desmovilizados, pero esta ley recompensa a algunos de los peores terroristas de Colombia y a traficantes de drogas sin asegurarse que sus organizaciones criminales serán desmontadas”, afirmó el líder demócrata del Congreso, Patrick J. Leahy, citado por el mismo diario. 

La aprobación de la ley tiene previos antecedentes respecto a las relaciones del actual gobierno y de los congresistas con la banda terrorista paramilitar, ya que Uribe Vélez, cuando era gobernador del departamento (provincia) de Antioquia tuvo magníficas relaciones con quienes en la década de los años 90 eran los principales jefes de la siniestra organización, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, y recientemente uno de los nuevos jefes, Vicente Castaño, quien al parecer ordenó la muerte de su propio hermano Carlos, anunció que en el Congreso, al menos el 35 por ciento de sus miembros tienen relación directa con las Auc. 

Vicente Castaño, en declaraciones realizadas el pasado 6 de junio a la revista “Semana”, destacó: “creo que podemos afirmar que tenemos más del 35 por ciento de amigos en el Congreso. Y para las próximas elecciones (de 2006) vamos a aumentar ese porcentaje de amigos”. El Parlamento no hizo ninguna declaración institucional desmintiendo al jefe terrorista, lo que significa que la afirmación de Castaño es absolutamente cierta. 

La Conferencia de Donantes, presidida por la Unión Europea (UE) e integrada por 24 países, durante su reunión de Cartagena de Indias, finalizada el 5 de febrero de 2005, pidió a Uribe Vélez la aprobación de una ley de Verdad, Justicia y Reparación que evitara la impunidad para quienes entregasen las armas y se desmovilizaran, porque debían ser castigados por los crímenes cometidos, a lo que se comprometió el gobierno. La nueva ley, sin embargo, nada tiene que ver con ese compromiso, por lo que la ayuda económica que dicha Conferencia otorga a Colombia para el proceso de paz puede ser, posiblemente, suspendida. 

El pasado 30 de marzo, la Corte Penal Internacional (CPI) expresó al gobierno colombiano su preocupación por la elevada cifra de asesinatos, secuestros y desplazamientos de personas, y pidió a Uribe un informe acerca de sus investigaciones para castigar a los autores de crímenes de lesa humanidad, al tiempo que mostró preocupación porque la ley de Justicia y Paz que se discutía por entonces en el Congreso llevaba visos de parcialidad para favorecer la impunidad de los terroristas. 

La ONU, por su parte, el 14 de mayo pasado, a través de su Comisionada de Derechos Humanos, Louise Arbour, declaró públicamente que el proyecto presentado por el gobierno y que el parlamento estudiaba “no ofrece los incentivos suficientes para que los responsables de crímenes de lesa humanidad revelen toda la verdad y reciban el merecido castigo”. 

Las Auc, el 15 de junio durante la desmovilización de 465 terroristas del bloque “Héroes de Tolova”, que dirigía Fernando Murillo Bejarano (alias “Don Berna” o “Adolfo Paz”), quien se encuentra detenido, desmintieron a Castaño a través de otro de sus jefes, Iván Roberto Duque (alias “Ernesto Báez”), sobre su participación en política. 

“Juramos que no habrá participación armada en el proceso electoral, pues vamos a respetar la democracia y cualesquiera sean los resultados de los debates en el Congreso sobre la ley de Justicia y Paz, los acataremos pues estamos por encima de eso. No queremos intimidar a nadie y que los congresistas de Colombia sepan que esta organización no ejercerá presión armada ni participará en las elecciones del año entrante”, afirmó “Ernesto Báez”. No hay nadie que sensatamente pueda creerle. 

Tanto “Don Berna” como Salvatore Mancuso están solicitados en extradición por Estados Unidos, al igual que la mayoría de los miembros de la cúpula de esa banda armada, acusados de narcoterrorismo, pero precisamente por los lazos que los han unido en el pasado, el presidente Uribe no ha querido autorizar su entrega a la justicia de aquel país. La Corte Suprema de Justicia (CSJ) autorizó desde el pasado diciembre la entrega de Mancuso, pero el mandatario ha violado la orden y está favoreciendo a su “gran amigo”. 

De acuerdo con Gustavo Muñoz, presidente de la ONG “Fundación Nueva Esperanza”, las Auc tienen actualmente en su poder a 509 personas que han secuestrado. De esta forma desmintió, el 16 de junio, al Alto Comisionado de la Paz, puesto que Restrepo aseguró que únicamente eran ocho las que habían sido plagiadas y estaban en poder de la organización terrorista. 

Mientras en Argentina, el 14 de junio pasado, la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional la ley de “Perdón y Olvido” que estaba aprobada desde hacía 19 años y ordenó que se reabrieran las causas contra los violadores de los derechos humanos y en Chile ocurre lo mismo para castigar a los responsables de los crímenes cometidos bajo el gobierno dictatorial de Augusto Pinochet, en Colombia el gobierno y el congreso se sienten orgullosos de haber aprobado la “ley de la impunidad”. 

Esta ley es malísima y tiene una mayor gravedad por cuanto fue aprobada por la “bancada” Uribista del Congreso, sin haber sido consensuada. Es decir que el gobierno “la impuso a la fuerza” y obligó, so pena de expulsión, a que ese 35 por ciento que Castaño denunció pertenece a las Auc, le diese su aprobación. Esos 97 parlamentarios que hacen parte del “brazo político” de la banda terrorista pasarán a la historia, acompañados por Uribe y su gobierno “paramilitarista”, como los cómplices del mayor escarnio y la peor bofetada que se les ha dado a las víctimas de esas ratas inmundas. 

En Colombia, un país que en un no muy lejano pasado se rindió permanente tributo de respeto a la ley y al derecho, su actual gobierno no puede pedir ya ninguna clase de ayuda a la comunidad internacional para que apoye económica y moralmente lo que denominaba “lucha contra el terrorismo” porque sin tener el más mínimo atisbo de vergüenza presentó y presionó a su bancada paramilitar para que aprobase la ley de “injusticia y antipaz”. Uribe y sus secuaces pueden estar felices de haber ampliado el listón de la corrupción y la impunidad, pero en el mundo el sentimiento es totalmente contrario.

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