|
UE: FRANCIA-ALEMANIA, LOS ENEMIGOS
DE EUROPA
La continua manipulación a las decisiones de la Unión Europea (UE)
para buscar beneficios personales y violar las propias leyes de la
integración por parte de Alemania y Francia, condujeron hacia el más
absoluto fracaso a la cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada
en Bruselas los días 16 y 17 de junio de 2005, a la vez que dejaron en
entredicho la unidad continental, que con tantos esfuerzos se ha venido
construyendo.
Jacques Chirac, el ególatra presidente francés y uno de los más hábiles
manipuladores políticos de la actualidad en el mundo, y el canciller
alemán, Gerhard Schröeder, un perdedor nato que se alió con el
dirigente galo para buscar “dominar caprichosamente” a Europa,
quedaron retratados de cuerpo entero, junto con el desafortunado
presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero (que
prefiere que lo denominen por su apellido materno) y que contra todas
las opiniones sensatas se ha unido, inexplicablemente, a ellos.
Aunque ahora para eludir, como siempre lo hacen, sus responsabilidades
directas en el fracaso de la reunión y en los últimos reveses que ha
venido sufriendo la UE y los integrantes del eje buscan encontrar un
culpable en el primer ministro británico, Tony Blair, lo cierto del
caso es que los analistas políticos de los miembros del “Club de los
25” los
señalan a ellos dos como los causantes de la peor crisis que el proceso
de integración ha sufrido desde su creación.
Mientras tanto, el gobierno de Estados Unidos, siempre tan vilipendiado
por Chirac y Rodríguez Zapatero, especialmente, ofreció su apoyo a la
UE y pidió, a través del presidente norteamericano, George Bush, que
se realice un esfuerzo, porque su país necesita contar con una “Unión
Europea fuerte”.
En Washington, el presidente de la UE, el primer ministro luxemburgués,
Jean Claude Juncker, y el presidente de la Comisión Europea (CE), el
portugués José Manuel Durao Barroso, tras entrevistarse con Bush,
afirmaron que “la UE sigue operativa y continuará tomando decisiones
a pesar de los reveses sufridos en su proceso de integración”, pero
no
indicaron la forma como pretenden solucionar las hondas divergencias que
surgieron en la cumbre de Bruselas y que, sin ninguna duda, dejaron
diversas heridas políticas que no son fáciles de cicatrizar.
Bush, por su parte, al otorgar el respaldo de su gobierno afirmó que
Estados Unidos necesita “una UE fuerte como socio a la hora de
difundir la libertad y la democracia, la seguridad y la prosperidad, por
todo el mundo”, y Juncker, como si le diera vergüenza haber recibido
el apoyo, dijo a los periodistas, que “la UE es un socio muy sólido y
muy fiable” y que “Europa no está de rodillas”. Un lenguaje al
mejor estilo “chiracquiano”.
El propio Juncker, que el próximo primero de julio entregará la
presidencia de la UE al británico Toni Blair, había reconocido el
pasado 17 de junio que “Europa está en una crisis profunda”,
admitiendo que ella traerá, indudablemente, “un alto coste político”,
ya que el fracaso de la cumbre fue doble porque, por una parte, fue de
carácter constitucional y, por otra, presupuestario.
Efectivamente, Blair dio una gran batalla en relación con el
presupuesto, negándose a aceptar la denominada “congelación del
cheque británico” a partir de 2007, que actualmente asciende a 4.600
millones de euros, porque estaba previsto que el reembolso por lo que su
país
aporta (ahora equivalente a 5.000 millones de euros) iba a ser
disminuido a partir de 2007.
Chirac, que ya recibió un fuerte varapalo el pasado 29 de mayo con el
“no” francés a la Constitución Europea, utilizando lo que más
sabe hacer, insultar, llamó a Blair “egoísta” y le acusó de
“tener una visión debilitada de Europa” por no querer rebajar su
petición. Gran Bretaña pidió una revisión a fondo de los gastos de
la UE, especialmente de la Política Agraria Común (PAC, que se lleva
no menos del 40 por ciento del presupuesto comunitario), pero no se le
aceptó.
El engreído, déspota y prepotente Chirac, que también en una
oportunidad denominó a José María Aznar, cuando éste ocupaba la
presidencia del gobierno español como “un imbécil”, fue el más
decisivo contribuyente al fracaso de la Cumbre porque no quiso aceptar
ninguna clase de discusión sobre la PAC, ya que su país obtiene
grandes beneficios de ella. Es decir cometió una de sus mayores
imbecilidades, a las que está tan acostumbrado.
Eso significa, que este ególatra fracasado en tres elecciones
consecutivas quiere “lo ancho para él y lo angosto para los demás”
sin importarle para nada la existencia de varios países pobres que
necesitan un mayor apoyo de las naciones ricas, entre las que se
cuentan,
indudablemente, Alemania, Francia y Gran Bretaña.
El presupuesto comunitario recibió el rechazo de Gran Bretaña,
Holanda, Suecia, Finlandia y España, país que se “coló” a última
hora y dejó tirados a sus valedores Chirac y Schröeder, bajo el
pretexto que “la propuesta final de la presidencia no respondía a un
cuadro global
satisfactorio”. Muchos analistas señalaron que Rodríguez Zapatero
dejó de lado a sus “nuevos amigos” para evitar un deterioro político
de su imagen en el plano nacional español.
Nadie duda que otro de los grandes perdedores en esta cumbre tiene
nombre propio: Jean Claude Juncker, el presidente de la UE, pues las
propuestas que elevó a la consideración de los miembros del “viejo
continente” no tuvieron aceptación y fueron derrotadas. Por eso, en
medio de una amplia amargura por dicho revés, afirmó que “los que
pedían que empezáramos de cero en la cuestión del presupuesto, sabían
que eso era imposible en una reunión de dos días. Lo que querían era
el fracaso de la reunión”.
La UE empezó a tambalearse con mucha brusquedad tras las dos aparatosas
derrotas que le propinaron franceses y holandeses a la Constitución
Europa en un plazo de 72 horas, los días 29 de mayo y primero de junio
de 2005. El amplio porcentaje de votos que en ambos países registró el
“no” a la Carta Magna continental puso de presente que no existe en
ellos mucha fe en la Unión y que se sienten perjudicados por las políticas
desarrolladas a través de la Comunidad.
Como no existe ningún otro plan constitucional, la Cumbre resolvió
ampliar el plazo, que vencía en noviembre de 2006 hasta el año 2007,
para que la Carta Magna europea quede aprobada. Lo que se busca es que
no haya un “efecto dominó” del “no” votado por franceses y
holandeses.
En Francia, además, sus ciudadanos votaron también en “clave
nacional” para propinarle una amplia derrota a la prepotencia y la
demagogia de Chirac y a su unión con Schröeder, que consideran no ha
sido beneficiosa para los intereses del país. Lo más lógico tras el
tremendo varapalo era la renuncia del mandatario galo, pero ya se
conocen su “apego” a la
burocracia y a la silla presidencial.
Indudablemente la cumbre de Bruselas dejó diseñado un nuevo mapa en
donde los países más ricos juegan a su libre albedrío y únicamente
pensando en sus propios intereses, mientras existen muchos Estados que
se encuentran en niveles de pobreza. La Unión Europea quedó partida en
dos y es difícil que durante la presidencia de Blair, a partir del próximo
primero de julio, se presente una mejoría de la actual deteriorada
situación.
Lo que sí es importante, y quedó perfectamente radiografiado, es que
el eje franco-alemán, apoyado clamorosamente por España, quedó
totalmente debilitado, y que otros países que habían permanecido
durante muchos años en silencio permitiendo los desmanes, se rebelaron
contra quienes han querido ser los “dueños y señores” de Europa.
Esa fue una de las poquísimas buenas noticias salidas de la cumbre,
porque dejó en evidencia que más que una crisis de carácter
presupuestario se trata de una crisis política que podrá ser superada
cuando nadie se crea superior, pero sobre todo, porque ya ni Francia ni
Alemania tienen la manija de la situación y no podrán hacer y deshacer
con la desfachatez y la insolidaridad con la que venían actuando. Hoy
muchos critican a Blair, pero con el tiempo se darán cuenta que “puso
una pica en Flandes” para acabar con una hegemonía que le ocasionaba
más perjuicios que beneficios a Europa.
|