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ECUADOR: DENUNCIA PENAL CONTRA EX
DICTADOR GUTIERREZ
Una denuncia penal interpuso el gobierno de Ecuador contra el ex
dictador Lucio Gutiérrez, que fue destituido el pasado 20 de abril de
2005, tras haber triunfado la “revolución de los forajidos”, como
él calificó el levantamiento popular que le hizo viajar a Brasil en
calidad de “asilado político”.
De acuerdo con lo informado el 13 de junio de 2005 por el ministro de
Gobierno (Interior), Mauricio Gándara, el nuevo ejecutivo presidido por
el médico Alfredo Palacio, denunció ante la Fiscalía General al ex
militar golpista y dueño de una amplia capacidad de corrupción, por el
delito de “atentar contra la seguridad del Estado”.
Gándara indicó que tanto Gutiérrez como sus partidarios, que en
verdad no son muchos, por fortuna en Ecuador, “están haciendo
declaraciones que comprometen la seguridad del Estado. El se
autoproclama presidente de la República, desconoce al Gobierno que está
constituido legítimamente y eso está penalizado con reclusión (prisión)
y los delitos penados con reclusión no admiten libertad bajo fianza”.
El dictador “no goza del fuero presidencial para los delitos actuales
y deberá ir a la cárcel”, precisó también Gándara, mientras el
Gobierno de Palacio dispuso iniciar una “ofensiva diplomática” en
Estados Unidos para contrarrestar la actitud de Gutiérrez, que en cada
declaración se va lanza en ristre contra las nuevas autoridades
ecuatorianas, legitimadas por el Congreso y que, al mismo tiempo,
cuentan con el respaldo de la amplia mayoría de los habitantes de ese
país andino.
Gutiérrez, que renunció al asilo concedido por Brasil el 6 de junio y
viajó a Estados Unidos para residir en Nueva York, en declaraciones
desde esta ciudad a la emisora colombiana “La W”, afirmó sin
siquiera ruborizarse, que había sido víctima de un golpe de Estado y
que se propone regresar a Ecuador para “impulsar nuevas elecciones”
a las que muy posiblemente intentará presentarse como candidato.
Además de dictador, que realizó un nefasto gobierno y dejó su país
en precarias condiciones sociales y sin buena capacidad económica, Gutiérrez
está realizando un “papelón” en Estados Unidos, en donde quiso
presentarse como “presidente de Ecuador” lo que, incluso, originó
que el nuevo secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA),
el chileno José Miguel Insulza, le negase una audiencia, porque el
organismo hemisférico reconoce a Palacio como el legítimo Jefe de
Estado ecuatoriano.
Según Insulza, “la única razón por la cual me era muy difícil
recibir al señor Gutiérrez, además de la situación coyuntural que
existe, es que la nota que me envió a mí y al presidente del Consejo
venía firmada por Lucio Gutiérrez, presidente constitucional de
Ecuador”.
Añadió el nuevo funcionario de la OEA que “habiendo un acuerdo del
Consejo y un reconocimiento del Gobierno que actualmente está allí (el
presidido por Palacio), para nosotros era difícil legitimar esa
solicitud, suscrita de esa manera, no era posible”.
Asimismo, durante la realización de un foro en el Centro de Pensamiento
Diálogo Interamericano, de Nueva York, mantuvo un fuerte altercado con
una delegación oficial ecuatoriana, en la que el jefe de la misma, el
ex ministro de Relaciones Exteriores Edgar Terán, le llamó
“dictador, Pinocho y un farsante”.
Durante su intervención, el ex militar corrupto, señaló que una
“conspiración orquestada por cuatro poderes que se oponían a sus políticas”,
los que definió como la izquierda, los deudores morosos, la banca y los
partidos políticos tradicionales, “fue lo que me forzó a abandonar
el país el 20 de abril”.
Cuando calificó al gobierno de Palacio de “ilegítimo, corrupto y
mentiroso”, miembros de la delegación le increparon y le dijeron que
estaba faltando a la verdad porque “el mentiroso es usted. Por algo le
decían Pinocho y hoy la nariz le ha crecido dos palmos con todas esas
mentiras que le dice a este auditorio”, le indicó Terán, al tiempo
que le señaló que había sido retirado del cargo “porque se había
convertido en un dictador que procuraba controlar todos los poderes del
Estado, como lo demostraba el cierre de la Corte Suprema de Justicia”.
El “rifirrafe” permitió escuchar otros fuertes insultos entre el ex
dictador y Terán, en donde se dijeron que eran “sinvergüenzas e
insolentes”, y como Gutiérrez le señaló que “vino usted con el
serrucho afilado”, el ex ministro le respondió que en caso de traer
el serrucho es “para cortarle la nariz a Pinocho y exponerlo ante la
comunidad internacional”.
En ese foro, el ex dictador, autoproclamándose Presidente legítimo,
dijo que la OEA deberá aplicar la Carta Democrática, que persigue la
defensa de la democracia en los 34 países miembros de la organización,
“y que hoy más que nunca su rol histórico tiene que ser sancionar al
gobierno ilegítimo de Alfredo Palacio”.
“La OEA no puede cerrar los ojos ante lo que fue un golpe de Estado
contra un gobierno electo popularmente. Si no aplica la Carta Democrática
en este caso dará vía libre para que se repita en otros países del
hemisferio”, expresó el ex dictador ante el foro, mientras la
delegación oficial de su país le hizo caer en cuenta que más del 90
por ciento del pueblo ecuatoriano estaba en su contra por el pésimo y
corrupto gobierno que presidía y porque hasta su propia familia se había
beneficiado de la constante ola de corrupción de la que él era el
primer actor.
Como todo mentiroso es olvidadizo, Gutiérrez, que participó en la década
de los años 90 del anterior siglo en un golpe de Estado que derrocó al
entonces mandatario constitucional Jamil Mahuad, en sus declaraciones a
la emisora “La W” afirmó que “En Ecuador, en Colombia, en Estados
Unidos y en cualquier país democrático del mundo se llega a la
presidencia a través de elecciones”. Si ese ha sido su pensamiento y
se considera un “gran demócrata”, ¿por qué participó en el
levantamiento militar contra quien era en esos años el legítimo Jefe
de Estado?
Según el ex dictador, cuando regrese a su país, en fecha que no precisó,
luchará para que “en Ecuador, por lo menos, se adelanten de manera
inmediata las elecciones, para que el pueblo elija a un presidente
democrático, soberano, a un gobernante legítimo, que realice las
reformas política y económica que yo inicié y no pude terminar”.
Cuando el ex dictador fue separado del poder y su entonces
vicepresidente Alfredo Palacio, con quien mantenía tensas relaciones
porque éste le solicitaba hacer un “gobierno decente y de beneficio
para los ecuatorianos”, fue elegido por 60 de 62 votos del Congreso
para sustituirle, se habían registrado enormes manifestaciones de
gentes que llenaban las calles, incluso cuando impuso la ley marcial y
el toque de queda, y dos personas murieron al recibir la policía órdenes
directas de Gutiérrez de disparar contra los participantes en las
marchas, según se denunció en su momento en ese país.
Oficialmente, el Congreso declaró el 20 de abril pasado el “abandono
del cargo” por parte de Gutiérrez y el país que se encontraba
insatisfecho por la forma como el ex dictador desempeñaba la
presidencia, no solo se mostró partidario de la decisión del órgano
legislativo sino que dejó de manifestarse en las calles y ofreció su
apoyo al nuevo ejecutivo de Palacio, con lo que de nuevo retornó la
normalidad y las actividades volvieron a realizarse normal y
naturalmente.
En el mismo momento en que el ex dictador pise tierra ecuatoriana, las
autoridades podrán detenerle y encarcelarle para someterle al
respectivo juicio por “atentar contra la seguridad del Estado” y por
otros delitos de los que ya la Fiscalía lo acusó al día siguiente de
dejar el cargo.
El nuevo gobierno si sabe hacer bien las cosas y, sobre todo, lucha con
denuedo contra la impunidad y la corrupción, muy posiblemente recibirá
un amplio apoyo popular y así se evitarán el adelantamiento de las
elecciones generales y la convocatoria para una Asamblea Constituyente.
Ya los ecuatorianos acaban de vivir en carne propia un proceso
desalentador que atrasó mucho más al país y cuyo primer mandatario
“echó la mano” al erario público para beneficiase personalmente,
hacerlo con su familia y con un grupo de amigos iguales de corruptos a
él. Ecuador, de verdad, merece otra suerte. Ojalá lo entiendan así
Palacio y sus ministros.
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