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ONU: REABIERA INVESTIGACION POR
CORRUPCION CONTRA ANNAN
Nuevamente el Secretario General de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), Kofi Annan, aparece involucrado en el caso de corrupción
que está gravitando sobre él desde aquel 26 de noviembre de 2004
cuando una Comisión del Congreso de Estados Unidos encontró en su
gestión “actos no ajustados a la legalidad” en relación con el
Programa Petróleo por Alimentos (PPA) puesto en marcha en Irak en 1996
para paliar los efectos de las sanciones económicas impuestas al régimen
presidido entonces por el dictador Sadam Hussein.
El 14 de junio de 2005, el segundo Comité que lo ha venido investigando
desde entonces y que está presidido por el ex presidente de la Reserva
Federal de Estados Unidos Paul Volcker, reabrió el expediente
relacionado con la labor que Annan cumplió ante la empresa suiza
“Cotecna Inspection Services”, en la que trabajó durante varios años
su hijo Kojo, y a la que se le otorgó uno de los contratos del PPA, que
la favorecía especialmente.
De acuerdo con una información publicada por el periódico “The New
York Times” relacionada con un documento interno de la compañía
suiza, Annan sabía exactamente a quien favorecía y la causa para
ejercer el tráfico de influencias, ya que en él se indicaba claramente
que Cotecna “podría contar con el apoyo del secretario general”
para que le fuese otorgado un contrato de la ONU.
El mismo documento señala que Annan se entrevistó con un dirigente de
esa empresa en septiembre de 1998, y que al mes siguiente Cotecna “ganó”
el concurso, con lo cual favorecía a su hijo, que trabajaba como
consultor y que hizo mentir a su propio padre, quien declaró que Kojo
se había retirado el 9 de octubre de 1998, cuando la verdad fue que
trabajó y recibió salarios hasta febrero de 2004.
El Programa Petróleos por Alimentos fue aprobado por la ONU después de
la invasión que Irak realizó a su vecina Kuwait en agosto de 1990 y
que concluyó el 16 de enero de 1991 cuando la coalición internacional
liderada por Estados Unidos obligó a las tropas iraquíes a retirarse.
Este PPA finalizó en 2003 y los movimientos económicos que se
registraron durante los siete años de vigencia alcanzaron a 67.000
millones de dólares, que eran gestionados por la propia ONU, lo que
permitió que Annan pudiera ejercer con total libertad su “tráfico de
influencias”.
De acuerdo con un primer informe de la Comisión presidida por Volcker,
que se divulgó oficialmente el pasado 29 de marzo, la empresa donde
trabajaba su hijo recibió un total de 7,3 millones de barriles de petróleo
iraquí que, inescrupulosamente, revendió por 1,5 millones de dólares
sobre el precio que “había pagado”, con lo que consiguió una
utilidad de, por lo menos, un 40 por ciento.
En dicho informe, Paul Volcker acusa a Cotecna de “haber hecho
declaraciones falsas al público, las Naciones Unidas y el Comité
Investigador al afirmar que Kojo Annan había renunciado como consultor
el 9 de octubre de 1998, cuando la verdad es que la relación financiera
se mantuvo entre 1999 y 2004”.
También se afirmó que el hijo del secretario general de la ONU
“ocultó sus lazos financieros” con la compañía suiza y que
“participó activamente en los esfuerzos de Cotecna por ocultar la
verdadera naturaleza de su continua relación con él”, lo que hizo
que su propio padre mintiese públicamente al ratificar la versión de
Kojo que únicamente había recibido pagos de Cotecna hasta aquella
fecha de 1998.
“Kojo Annan engañó intencionalmente al secretario general sobre esa
continua relación financiera”, dice el informe de Volcker, en el que
se añade que los manejos financieros de su hijo “despiertan
interrogantes significativos”, y que si Annan (padre) hubiese
procedido de acuerdo con las exigencias estrictas y legales ordenando
una investigación sobre las acusaciones contra la empresa helvética,
“es improbable que Cotecna hubiera obtenido la renovación de su
contrato con Naciones Unidas”.
Ahora la publicación del The New York Times puso al descubierto que los
miembros de la Comisión investigadora presidida por Volcker no conocían
la reunión que Annan mantuvo con el directivo de Cotecna cuando
realizaron sus primeros trabajos y que el secretario general les ocultó,
sin saberse la causa exacta, por la que les volvió a mentir.
Volcker declaró a la prensa el 14 de junio que era necesario
“realizar una investigación adicional sobre los posibles vínculos
con representantes de Cotecna”, lo que deja a Kofi Annan en una clara
evidencia de su mal proceder porque, precisamente, si nada tenía que
ocultar de esa reunión con el directivo de la empresa suiza, ha debido
hacerlo conocer desde un primer momento a la Comisión investigadora.
Otra comisión del Congreso de Estados Unidos que también realizó una
investigación había puesto de presente las numerosas contradicciones
en que había incurrido el secretario general y su evidente deseo por
favorecer a su hijo, incluso con la mentirosa versión que éste solo
había sido consultor de Cotecna hasta un mes antes que la empresa fuese
favorecida con el contrato de la ONU.
La organización mundial dio a conocer el mismo 14 de junio una
información en la que precisó que “los registros oficiales de la ONU
no hacen mención al encuentro señalado en el documento de Cotecna”.
Es evidente que si todo se estaba haciendo “bajo cuerda” no iba a
figurar una reunión que, con el tiempo, podría perjudicar a Annan.
Con el nuevo descubrimiento del importante periódico norteamericano, el
“Informe Volcker” de marzo pasado queda un poco desfasado porque si
en él aseguraba que no se habían podido probar muchas evidencias sobre
el papel cumplido por Annan frente al contrato otorgado a la empresa en
la que trabajaba su hijo, ahora las causas se han aclarado para el bien
de la investigación y para la propia desgracia del secretario general,
cuya imagen vuelve a quedar deteriorada.
En un gesto que sirvió más para reprocharle que para “lavar su
imagen”, Annan acusó el pasado 15 de abril a Estados Unidos y a Gran
Bretaña “de ser culpables de los problemas surgidos con el Programa
Petróleos por Alimentos al haber permitido el contrabando del crudo
iraquí”, lo que inmediatamente los gobiernos de ambos países negaron
categóricamente.
“La mayoría del dinero que Hussein obtuvo del contrabando de petróleo
fue fuera del Programa Petróleo por Alimentos y los americanos y británicos
eran quienes lo estaban supervisando”, denunció el funcionario de la
ONU durante un seminario realizado por esa organización con los medios
de comunicación. ¿Pero cuál fue la causa real para que, si su
denuncia es cierta, la mantuviese tanto tiempo en secreto?
Con la nueva situación, Volcker y su equipo tienen una magnífica
oportunidad para aclarar el papel desempeñado por Annan y su
“silencio cómplice”, si en realidad Estados Unidos y Gran Bretaña
estuvieron comprometidos en dicho contrabando en el que se favoreció el
propio dictador iraquí, que recibió enormes cantidades de dinero que
fueron a parar a su propio bolsillo.
Varios embajadores ante la ONU dijeron el 15 de junio en Nueva York que
“es necesario que todo se aclare en el menor tiempo posible para
evitar que, como ocurrió con la Organización de Estados Americanos
(OEA), la Secretaría General sea desempeñada por un funcionario
sospechoso de corrupción”, en referencia al ex presidente
costarricense Miguel Angel Rodríguez, que se vio obligado a renunciar
tras ser acusado por la justicia de su propio país de actos ilícitos,
entre ellos haber aceptado sobornos y por los cuales actualmente se
encuentra detenido.
Es el propio Annan a quien más le interesa, si no tiene nada que
ocultar, que las cosas se aclaren rápidamente, pero para ello tiene que
prestar una leal colaboración a la Comisión Volcker y no volverle a
mentir. En marzo pasado fue exonerado a medias y con la nueva y directa
acusación, su cargo y su nombre han vuelto a quedar en entredicho. Para
nadie es bueno que al frente de la ONU esté un funcionario sospechoso
de corrupción, porque este organismo ha emprendido, precisamente, una
gran cruzada para combatirla.
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