ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


NORCOREA: TIENE BOMBAS NUCLEARES, PERO NO PRECISA SU NUMERO 

El gobierno de Corea del Norte, uno de los más represivos y sanguinarios del mundo, confirmó el 8 de junio de 2005 lo que era un “secreto a voces”: que ha fabricado y posee numerosas bombas nucleares, por lo que sigue siendo, junto con Irán, un auténtico peligro para la paz universal. 

A través del viceministro de Asuntos Exteriores, Kim Gye Gwan, el gobierno que preside Kim Jong II, un dictador temible que tiene a su pueblo sumido en la miseria, carente de toda libertad y al cual, además, le ha prohibido salir de sus fronteras, por lo que se producen periódicas y numerosas fugas, especialmente hacia la vecina Corea del Sur, anunció a la cadena de televisión estadounidense ABC, que “tenemos bombas nucleares y fabricaremos más”. 

En su declaración, Kim Gye Gwan señaló textualmente: “Debería decir que tenemos suficientes bombas nucleares como para defendernos de un ataque de Estados Unidos. En cuanto a saber cuántas tenemos, es un secreto”. 

El sectario régimen comunista, como ocurre con todos los regímenes presididos por dictadores (en América Latina y el Caribe dos claros ejemplos son Cuba y Venezuela con Fidel Castro y Hugo Chávez, respectivamente) permanentemente acusa a Estados Unidos de persecución y siempre, como un sofisma de distracción, saca la manida excusa que todo el material nuclear que posee es para defenderse del “presunto ataque” de la única potencia mundial. 

Kim Gye Gwan desempeña la jefatura de la delegación norcoreana en las “conversaciones a seis”, que se encuentran suspendidas desde junio de 2004 y en la que además del gobierno de esa nación asiática participaban Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Rusia y China, esta última que sirvió también como anfitriona, en Pekín, de las tres reuniones que lograron celebrarse hasta que Kim Jong II dio la orden de terminarlas ante la evidencia que había en los demás interlocutores sobre que poseía armamento nuclear, lo que siempre negaba. 

En 2001, Estados Unidos acusó al régimen del déspota Kim Jong II de poseer un “armamento nuclear” y le pidió no sólo destruirlo sino dar por finalizado el programa de fabricación concebido en el peligroso plan, que rompía unilateralmente el Pacto de 1994, a través del cual la potencia le concedía una importante ayuda económica y le entregaba también petróleo para que atendiera a las necesidades de la población, siempre y cuando desmantelase el programa nuclear. 

Las “negociaciones a seis” se iniciaron en octubre de 2002, habiéndose realizado otra en 2003 y, finalmente, la de junio de 2004 cuando Corea del Norte anunció su cancelación a través de un comunicado del ministerio de Asuntos Exteriores en el cual indicó que “queremos conversaciones a seis pero estamos obligados a suspender nuestra participación por un tiempo indeterminado”.

En la tercera y, a la postre, última reunión, que se desarrolló entre el 24 y el 27 de junio del año pasado, el régimen comunista ofreció la “congelación” de su programa nuclear a “cambio de recibir ayuda energética” a gran escala, con un equivalente de dos millones de kilowatios anuales de energía eléctrica. 

El “programa lo desarrollamos con fines pacíficos”, decía en esa fecha Kim Gye Gwan, pero de acuerdo con denuncias de Estados Unidos, Corea del Sur, Japón y la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), “no tiene tal intencionalidad” y constituye un “evidente peligro, primero para la región, y después para el mundo entero, dado el régimen dictatorial que rige en Corea del Norte y las continuas mentiras que expresa, negando que posee armas nucleares”. 

El presidente estadounidense, George Bush, ha dicho en varias ocasiones que “Corea del Norte debe entender que Estados Unidos está decidido a trabajar con los otros cuatro países para convencerle que debe abandonar sus sistemas de armas”, y hace pocos días el portavoz de la Casa Blanca, Scout McClellan, mostró su confianza para que el gobierno de Kim Jong II “retome las negociaciones multipartitos sobre su programa nuclear”. 

El pasado 10 de febrero de 2005, Corea del Norte, por primera vez, admitió que “es propietario de un arsenal nuclear”, a la vez que anunció que seguirá defendiendo su totalitario y absolutista sistema político sobre la base de reforzar “el arsenal de armas nucleares”. 

El viceministro norcoreano, en su declaración a la ABC, le dijo al periodista que le interrogaba que “quiero que sepan todos que nuestros científicos tienen el conocimiento, comparable con otros científicos del mundo”, y para que no quedase duda de su afirmación, le espetó: “Puede tomarlo, como usted quiera”. 

Dentro del gobierno norcoreano no existe ninguna voluntad de actuar contra Estados Unidos, porque Kim Gye Gwan precisó que “nuestro programa nuclear no tiene la vocación de atacar” a ese país, reiterando que “no tenemos ninguna intención de hacerlo”, aunque nadie cree que esa afirmación sea verdadera. 

Sin embargo, el régimen comunista se queja que Estados Unidos realiza contra él una “política hostil”, por lo cual su armamento nuclear constituye una “especie de disuasión” para evitar cualquier “clase de amenazas”, a lo que Estados Unidos ha respondido que no “vamos a atacar a Corea del Norte” y que únicamente “queremos que cumpla con los compromisos internacionales y con el Pacto bilateral suscrito en 1994”. El gobierno de Bush rompió las relaciones con el de Kim Jong II en octubre de 2002. 

Mientras la OIEA tiene el casi completo convencimiento que Corea del Norte, disponía hasta mayo pasado de unas “seis armas nucleares”, el gobierno estadounidense cree que ese país posee hasta dos bombas atómicas, y que, asimismo, ha estado en los últimos meses procesando grandes cantidades de plutonio para construir otras seis, y que cuenta con una enorme cantidad de misiles, igual al de largo alcance que disparó sobre Japón y el Océano Pacífico en 1998, según precisaron en su momento las autoridades japonesa y norteamericana. 

Tras la peligrosa declaración del viceministro de Asuntos Exteriores norcoreano a la ABC, el gobierno estadounidense no expresó comentarios al respecto, pero el propio presidente Bush, ha afirmado en diversas ocasiones que deberán aplicarse sanciones internacionales al régimen dictatorial, si no cumple con sus compromisos y continúa su plan de fabricación de armas nucleares. 

Scout McClellan, hablando a nombre del gobierno norteamericano, dijo el pasado 8 de junio, que “queremos que, cuando retomemos las negociaciones, Corea del Norte esté pronta a conversar de forma sustancial y seria sobre los medios de progresar respecto a la propuesta que está en la mesa. Y nos concentraremos en eso”. 

Los norcoreanos tienen programado realizar un ensayo nuclear subterráneo durante el presente mes de junio, y el reelegido Director General de la OIEA, el egipcio Mohamed El Baradai, pidió al gobierno de Jong II que “reconsidere realmente tal decisión imprudente, porque ello puede conducir a Corea del Norte a una situación aún peor de la que conocimos durante los últimos años”. 

Mientras el gobierno se “arma hasta los dientes”, recurriendo a las armas nucleares, el pueblo norcoreano sigue sufriendo hambruna y miseria que han determinado que las cifras de mortalidad, por “física hambre”, hayan aumentado a porcentajes superiores al 12,3 por ciento anual, lo que no le importa a Kim Jong II, porque este sanguinario dictador quiere perpetuarse en el poder a costa de su propio pueblo. 

Ojalá que éste gobierno despótico y carente de ética y moralidad resuelva, por fin, entrar en razón y reanudar las negociaciones con los otros cinco países para que pueda llegarse a un “acuerdo leal” que aleje definitivamente la amenaza que se cierne sobre el mundo por un posible ataque nuclear norcoreano y para que los habitantes de la península coreana y sus vecinos puedan vivir sin los evidentes temores que ahora soportan. La diplomacia debe jugar, sin duda, un papel trascendental.

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