ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


ARGENTINA: NI PERDON NI OLVIDO PORQUE SON INCONSTITUCIONALES 

Las leyes de perdón y olvido, aprobadas entre 1986 y 1987 en Argentina son inconstitucionales y, por consiguiente, los militares que participaron en actos de desaparición, torturas y otros crímenes de lesa humanidad son responsables y deben ser juzgados por los delitos cometidos durante la dictadura que vivió ese país entre 1976 y 1983. 

Así lo decidió el 14 de junio de 2005 por siete votos a favor, uno en contra y una abstención, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) del país austral, que derogó las leyes de “perdón y olvido” o “Punto Final y Obediencia Debida”, que absolvieron a los autores de crímenes durante los gobiernos militares que violaron flagrantemente los derechos humanos y que impidieron el procesamiento de quienes participaron en esos delitos. 

Al ser anuladas dichas leyes, la justicia podrá adelantar sin problemas los numerosos procesos judiciales que se encontraban en estado de “congelación” por la violación de los derechos humanos y los delitos de lesa humanidad cometidos durante el régimen militar y que habían originado una humillante impunidad, porque sus autores gozaban de la más completa libertad en detrimento de quienes habían sido víctimas de sus villanías. 

Las leyes aprobadas para favorecer a quienes cometieron esos delitos y gozaron de impunidad son, según la CSJ, “contrarias a normas internacionales que hoy tienen jerarquía constitucional y siguiendo los mismos lineamientos fijados por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)”. 

Entre los años de 1986 y 1987 durante el gobierno presidio por el dirigente del Partido Radical, Raúl Alfonsín, fueron aprobadas aquellas leyes, ante las presiones militares que originaron varias rebeliones de suboficiales de las Fuerzas Armadas, que se oponían a ser citados por la justicia. 

La decisión de la CSJ tiene una especial trascendencia porque al derogar las leyes de “perdón y olvido”, al menos 150 militares que aún se encuentran en servicio activo podrán ser llamados por los tribunales para responder por sus delitos, además de los altos mandos militares que desde el poder organizaron uno de los planes más tenebrosos que recuerda la reciente historia y que sólo puede ser comparado con las prácticas “nazistas” que organizó el “carnicero” alemán Adolfo Hitler contra los judíos. 

Tras más de tres años de análisis sobre la desaparición de un matrimonio integrado por un chileno y una argentina, en hechos ocurridos en 1978, donde ilegalmente se apropiaron de su hija, la máxima autoridad judicial argentina adoptó mayoritariamente la decisión de anular las leyes que habían originado una completa impunidad y que ofendían al buen sentido común y de la justicia porque se estaba favoreciendo a quienes habían violado la ley cometiendo inhumanos delitos y castigando a quienes fueron víctimas de los delitos. 

En esa época, “desaparecieron”, como lo hicieron centenares de personas, el chileno José Liborio Poblete y su esposa Martha Gertrudis Hlaczik y los autores del delito se apropiaron de su hija Claudia, de ocho meses, que terminó “perteneciendo” al matrimonio formado por el teniente coronel Ceferino Landa y Mercedes Moreira, tras la criminal acción realizada por Julio Héctor Simón (alias el “turco Julián”), que hizo “desaparecer” a Poblete y Hlaczik, y actualmente se encuentra detenido y será juzgado por esa criminal participación. 

En agosto de 2003, el Parlamento argentino decidió anular las leyes de “Punto Final” y “Obediencia Debida”, que ante la presión de la dictadura militar ese cuerpo legislativo había aprobado durante los años 80, a pesar que desde marzo de 2001 habían sido cuestionadas en su validez, al considerar que ante la Ley y el Derecho, nadie podía taparse los ojos y permitir que los violadores de la ley gozaran de completa impunidad y libertad. 

Tras esa anulación de unas leyes que injustamente habían sido aprobadas, la Corte Suprema de Justicia convalidó numerosos fallos de instancias judiciales inferiores, al considerar que era injusto que los autores de esos execrables delitos estuviesen favorecidos por la impunidad cuando los delitos por ellos cometidos eran dignos de ser sancionados. 

El ministro argentino de Defensa, José Pampuro, reconoció el 14 de junio pasado, que entre los militares involucrados “existe algún tipo de inquietud”, aunque “muy pocos de los militares que se encuentran involucrados por esos hechos siguen en actividad”. 

Todos los organismos defensores de los Derechos Humanos se habían unido para realizar una campaña intensa que buscaba, de manera especial, la derogatoria de las leyes de “perdón y olvido” porque, según ellos, “contribuían a incrementar la impunidad en Argentina”. Por eso, al conocer el fallo de la CSJ, se felicitaron y señalaron que la máxima autoridad judicial del país había “defendido, de acuerdo con la ley, el derecho de las víctimas a ver recompensada su lucha para que los criminales paguen por sus delitos”. 

De acuerdo con lo informado a la prensa por la CSJ, como consecuencia de la derogación de las leyes, se originará la reapertura de dos de los más sonados procesos, relacionados con las acciones represoras ocurridas en los centros de detención y torturas que los gobiernos dictatoriales militares habían ordenado crear, tales como la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) y el Primer Cuerpo de Ejército (PCE). Por ambos casos hay varios militares detenidos. 

El gobierno dictatorial que comenzó el 24 de marzo de 1976 con el entonces comandante del ejército, general Jorge Rafael Videla, y siguió, entre otros con el general Leopoldo Galtieri, quien llevó a su país a una guerra con Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas, hizo desaparecer a no menos de 30.000 personas, de acuerdo con cifras oficiales argentinas, y se cometieron las más atroces tropelías, porque se alegó que había “una guerra contra la subversión”. 

Al conocer el fallo de la CSJ aboliendo las leyes de impunidad, las “Abuelas de Plaza de Mayo”, que tanto han luchado para que se castigue a los autores de las desapariciones y muertes de millares de argentinos y extranjeros, se declararon “felices porque esto permitirá buscar el castigo para los responsables de la represión y las desapariciones con toda la Ley y la Constitución que ellos no tuvieron para nuestros hijos”, de acuerdo con lo declarado por la presidenta de la organización, Estela de Carlotto. 

El propio presidente argentino, Néstor Kirchner, declaró que “en Argentina la impunidad ha terminado” y que este fallo de la CSJ, “devuelve la fe en la justicia”, porque a su juicio, “coloca a los ciudadanos frente a la ley” y “reconcilia a los argentinos”, mientras que para la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas, “ahora los uniformados represores que torturaron e hicieron desaparecer a decenas de personas tendrán que sentarse ante un juez y decir lo que pasó”. 

Como era apenas de suponer, a una minoría de los militares no les ha gustado para nada la decisión del máximo tribunal de justicia y el Comandante en Jefe del Ejército, general Roberto Bendini, anunció que había recibido una carta titulada “la paciencia se agota”, para mostrar “inconformidad por el fallo”, aunque el alto militar aclaró que “no afecta a la Fuerza sino a un sector minoritario”. 

De acuerdo con Bendini, “ahora se podrá juzgar a los responsables en pos del reencuentro entre la sociedad y sus fuerzas armadas, lo que todos los argentinos desean”. Es indudable que el juzgamiento y debido castigo servirá de gran bálsamo para curar la amplia herida que la sociedad argentina tiene aún por la inexcusable acción de los represores y asesinos. 

Debe recordarse que el ex presidente argentino Carlos Saúl Menem, quien se encuentra procesado por varios delitos, entre ellos los de apropiación indebida de dinero perteneciente al erario público y tráfico de armas en beneficio personal, entre los años 1989 y 1990 indultó a varios de los militares participantes en la represión, entre ellos al general Videla. 

La decisión de la CSJ de abrir nuevamente los expedientes que permitieron archivar los atroces delitos de secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos, evitará que en Argentina reine para siempre el “imperio de la impunidad” y que todos los autores de esa “negra historia delictiva” del país suramericano se favorezcan y puedan seguir disfrutando de la libertad que negaron a sus víctimas. Como bien dice, sabiamente, el refrán popular, “quien a hierro mata, a hierro muere”. Ellos deben pagar con la cárcel sus ignominias.

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