ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


COLOMBIA: CONGRESO TIENE UN 35 POR CIENTO DE TERRORISTAS 

El 35 por ciento de los miembros del Congreso colombiano son terroristas y aceptan totalmente la influencia de la banda asesina Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), considerada también como “paramilitar” y que presuntamente adelanta desde el 4 de junio de 2004 unas negociaciones de paz con el gobierno presidido por Álvaro Uribe Vélez. 

La escandalosa información sobre la infiltración en el órgano legislativo colombiano de ese elevado porcentaje de terroristas fue suministrada el 6 de junio de 2005 por Vicente Castaño, uno de los actuales jefes de las Auc, a quien se sindica de haber ordenado la muerte de su propio hermano Carlos, que hasta el 16 de abril de 2004 era, junto con Salvatore Mancuso, los máximos responsables del grupo narcoterrorista, y que desapareció misteriosamente en esa fecha. 

Castaño, uno de los más sanguinarios miembros de la organización, comparte ahora el liderazgo de la banda terrorista con Iván Roberto Duque (alias “Ernesto Báez”), también pedido en extradición por Estados Unidos, y quien fue designado para remplazar a Mancuso, una vez que este hizo entrega de sus armas, el pasado 10 de diciembre de 2004, junto con otros 1.424 terroristas. 

“Creo que podemos afirmar que tenemos más del 35 por ciento de amigos en el Congreso. Y para las próximas elecciones vamos a aumentar ese porcentaje de amigos”, declaró el terrorista a la revista “Semana”, una de las más importantes de Colombia. 

Vicente Castaño es actualmente uno de los negociadores de las conversaciones, que frecuentemente interrumpe la organización terrorista, que se están desarrollando en Santa Fe de Ralito, en el departamento (provincia) de Córdoba, al norte colombiano, en donde las Auc tienen una “zona de ubicación” autorizada por el gobierno de 368.790 kilómetros cuadrados y desde la cual sus jefes siguen autorizando la realización de numerosos delitos sin que el ejecutivo intervenga para evitarlos porque está entregado a una negociación irreal que trata de llevar a cabo el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, sin el menor éxito. 

Las Auc, integradas por al menos 18.000 hombres y mujeres que se han dedicado en su totalidad al terrorismo, secuestro, chantaje y el narcotráfico, iniciaron un proceso de “desmovilización” en septiembre de 2003 en la ciudad de Medellín, pero únicamente cerca de 5.000, en todo el país, entre ellos Mancuso, han entregado las armas y se están reintegrado de manera paulatina a la vida civil. 

El presidente Uribe Vélez declaró el 7 de junio que las afirmaciones de Castaño “le hacen daño a la democracia y a este proceso (el de la presunta paz)”. El mandatario señaló que con esas negociaciones se busca “desmovilizar a más de 13.000 combatientes de las Auc antes del 31 de diciembre de 2005”. 

Uribe afirmó que “por falta de acción estatal contra el terrorismo” en la más reciente historia política colombiana, en efecto hubo candidatos a los cargos de elección popular que estaban obligados a “pedir permiso a los terroristas de una u otra naturaleza para poder hacer política”. Además de las Auc, el mandatario se refirió también a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y al Ejército de Liberación Nacional (Eln). 

Por eso señaló, en sus declaraciones a la importante Radio Cadena Nacional (RCN) colombiana, que “aspiramos a que en las elecciones del año entrante todos los candidatos puedan ir a todos los puntos de la geografía de la Patria sin tener que pedirle permiso a los grupos violentos”, y descartó que los terroristas paramilitares puedan tener alguna injerencia en los comicios de 2006, como la tuvieron en los celebrados el año 2002. 

La existencia de la infiltración en el Congreso de los terroristas paramilitares fue, incluso, reconocida por el propio Presidente de la Dirección Nacional Liberal, Juan Fernando Cristo, quien declaró a la prensa que tiene la creencia que las “afirmaciones de Castaño tienen algo de cierto, pero no en el porcentaje (el 35 por ciento) que sostiene” el mafioso. 

“Hay más congresistas que simpatizan con las Autodefensas aparte de Rocío Arias y Eleonora Pineda, pero nunca el volumen que afirma Castaño”, dijo Cristo, quien solicitó al “capo” narcoterrorista que “denuncie con nombres propios” a los parlamentarios que se encuentran vinculados con la organización que dirige. 

Ante el evidente fracaso de las negociaciones, que el gobierno de Uribe se empeña en no reconocer, el Congreso de Estados Unidos a través de su Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, decidió por 44 votos a favor y ninguno en contra, el pasado 11 de junio, “condicionar el desembolso de fondos para el proceso de desmovilización” de los grupos terroristas a su extradición, de acuerdo con las peticiones formuladas por la justicia norteamericana. 

Para seguir la cooperación económica con Colombia, su gobierno deberá cumplir con tres compromisos, de acuerdo con lo aprobado por dicha Comisión. La posible ayuda únicamente debe entregarse tras una certificación del Secretario de Estado (su actual titular es Condoleezza Rice) enviada al Congreso en donde se indique que el ejecutivo colombiano ha cumplido con esas tres condiciones. 

“Sólo se dará fondos para aquellos individuos que hayan renunciado a la organización terrorista; el Gobierno de Colombia esté cooperando de manera plena con Estados Unidos en materia de pedidos de extradición que involucren a miembros de estos grupos; se haya establecido un marco jurídico adecuado para el desmantelamiento de las estructuras de estos grupos que equilibre adecuadamente la necesidad de reconciliación como de justicia en cuanto a Derechos Humanos”, dice el texto del representante Dan Burton, que aprobó sin un solo voto en contra aquella Comisión. 

Entre los narcoterroristas reclamados por Estados Unidos se encuentra Salvatore Mancuso, a quien, sin embargo, el presidente no ha querido entregar a las autoridades de la única potencia mundial por unos vínculos personales que les une desde hace muchos años, cuando Uribe era gobernador del Departamento de Antioquia. 

Desde diciembre pasado, la Corte Suprema de Justicia autorizó la extradición de este “capo mafioso”, con un temible historial delictivo, pero Uribe se sacó un “as de la manga” para suspender su envío y el de los demás narcoterroristas, bajo el sospechoso argumento que no se entregará a quien se encuentre inmerso en un proceso de negociación para desmovilizarse. 

Hace una semana ocurrió una situación idéntica con Diego Fernando Murillo (alias “Don Berna” o “Adolfo Paz”), otro terrorista paramilitar detenido por el asesinato de un miembro del Congreso, a quien el gobierno tampoco quiere extraditar porque también era uno de los presuntos “negociadores” de la desmovilización de las Auc con miras a alcanzar una hipotética paz. 

El gobierno de Uribe afronta otro grave problema no solo con Estados Unidos sino con la Unión Europea y la “Conferencia de Donantes”, integrada por 24 países, que solicitan un proyecto de Justicia y Paz que evite la impunidad para los responsables de crímenes de lesa inmunidad. 

Ese proyecto es cada vez más benévolo en su tramitación por el Parlamento y el por qué de ello se explica ahora claramente, al conocerse que el 35 por ciento de los miembros del Congreso son “fichas” de la banda paramilitar y que el mismo presidente Uribe Vélez ha compartido con varios de sus líderes ideales y compromisos, como bien lo han denunciado varios de los ex Jefes de Estado colombianos, entre ellos el conservador Andrés Pastrana Arango y el liberal César Gaviria Trujillo, partido éste último al que pertenece el actual mandatario. 

El presidente Uribe, en vísperas de la visita de Estado que realizará a España, se encuentra entre la espada y la pared, porque está soportando presiones de Estados Unidos, la Unión Europea y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para que no favorezca a los narcoterroristas con el proyecto de ley que se está tramitando en el Congreso, y también a nivel nacional, porque varios ex presidentes le están reclamando que rompa sus vínculos con los asesinos paramilitares para evitar que su gobierno quede señalado ante la opinión pública como un defensor de quienes han cometido crímenes de lesa humanidad.

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