ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


BRASIL: GOBIERNO “LULA” EN EL “CLUB DE LA CORRUPCION” 

La corrupción que tiene carcomida a la democracia de América Latina por la acción negativa de la mayoría de sus Gobiernos para combatirla, y que ha formado un muy selecto club, infortunadamente, ratificó el ingreso al mismo del ejecutivo de Brasil, presidido por el ex trabajador metalúrgico Luiz Inácio Da Silva (alias “Lula”), de acuerdo con las denuncias formuladas entre el 10 y el 14 de junio de 2005, por los dirigentes políticos Roberto Jefferson y Raquel Teixeira. 

Una connivencia delictiva entre miembros del Gobierno y del Parlamento ha sacudido los cimientos de la política del “gigante del sur” latinoamericano y el mandatario que hizo de la lucha contra la corrupción su principal bandera en su campaña electoral, se está viendo, por segunda vez, fuertemente salpicado, pues ya en febrero de 2004 también se descubrieron casos de soborno que obligaron a destituir a miembros del ejecutivo que gozaban de la absoluta confianza del mandatario y de varios de sus ministros. 

En la primera oportunidad, el entonces subjefe de Asuntos Parlamentarios de la Presidencia Waldomiro Diniz fue destituido el 9 de febrero del año pasado tras solicitar a la “mafia” de las loterías dinero para el Partido de los Trabajadores (PT), fundado por “Lula” y las respectivas “mordidas” para él, que gozaba de la total confianza de la “mano derecha” del Jefe del Estado, el “superministro” José Dirceu. 

Asimismo, el Secretario de Programas y Proyectos del ministerio de Cultura Roberto Pinho fue destituido el 18 de febrero del mismo año por el titular de la cartera, Gilberto Gil, por haber ejercido un indigno tráfico de influencias. Asimismo el ministro de Transportes Ardenson Adauto se vio obligado a dimitir tras ser investigado por el desvío de 10,5 millones de dólares otorgados a Brasil por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). 

Las denuncias de entonces contra las acciones delictivas del PT, que sustenta al gobierno de “Lula”, volvieron nuevamente a aparecer este mes contra ese grupo político, que así regresó a la primera línea de la corrupción arrastrando de paso al gobierno, ya que el presidente del Partido Laborista (PL), Roberto Jefferson, afirmó en el diario “Folha de Sao Paulo”, que el ejecutivo ha “comprado” el voto de varios diputados, con dineros públicos y privados, para la aprobación de los proyectos de ley presentados al Parlamento. 

El PL fue, hasta hace 35 días, aliado del gobierno de “Lula”, pero su apoyo dejó de ser efectivo porque, según Jefferson, los actos de corrupción de varios ministros y funcionarios en la compra de los votos parlamentarios, obligaban a su grupo a retirar todo respaldo a la gestión del mandatario, que asumió el poder el primero de enero de 2003. 

El dirigente político dijo que “Lula” conocía todos los pormenores de la corrupción porque había sido detalladamente informado, a la vez que manifestó que todos esos sobornos los conocieron varios ministros, que “traicionaron la confianza del presidente”. 

También la diputada opositora Raquel Teixeira declaró en el aeropuerto de Sao Saulo al canal “Globonews”, el pasado 10 de junio, antes de iniciar un viaje a París, que tiene previsto culminar el 17 de este mes, que el Partido de los Trabajadores “sobornaba a congresistas para ganar su apoyo” y que a ella, directamente, le ofrecieron 12.000 dólares mensuales. 

Perteneciente al Partido de la Social Democracia (PSD), Teixeira añadió que fue un “parlamentario oficialista”, es decir elegido por el PT, “el que me ofreció hace dos años 12.000 dólares al mes y un bono anual de 410.000 dólares si me sumaba a la bancada que apoyaba al gobierno”, en momentos en que el gobierno de “Lula” empezaba a tener dificultades para la aprobación de sus proyectos, a pesar de contar con la mayoría en el Congreso. No dio a conocer su identidad. 

Jefferson, en sus declaración-denuncia al periódico de Sao Paulo, que a través de su página Web de Internet publicó un avance de la respectiva información, la cual apareció completamente a la luz pública el 14 de junio, acusó también al presidente del PT, José Geonino, al tesorero del mismo partido, Delubio Soares, y al diputado del Partido Progresista (PP) José Janene, de ser las personas encargadas de patrocinar los actos de corrupción. 

Geonino y Soares durante la campaña para las elecciones municipales de 2004 le entregaron, según Jefferson, unas “planillas” para que indicase en ellas cuáles candidatos del PL “necesitaban financiación” y dijo que su agrupación política les solicitó 20 millones de reales (8 millones de dólares), que ambos entregaron sin ningún problema. 

El dinero perteneciente al erario público y al sector privado llegaba a Brasilia, declaró Jefferson, en varias maletas y era distribuido por Soares, Janene y el publicista Marcos Valério. Las conversaciones relacionadas con esta “financiación irregular”, se celebraban en un 90 por ciento “en el propio Palacio presidencial, en una salita reservada de Silvio Pereira”, miembro del gobierno. 

Pero el asunto es mucho más grave y nuevamente el nombre de José Dirceu, el “todopoderoso amigo del presidente” aparece en escena, porque según Jefferson, “en ellas llegó a participar el jefe del gabinete de Lula”. También en el caso de la corrupción de Waldomiro Diniz, este “superministro” en un acto de irresponsabilidad, no aceptó la responsabilidad política que le cabía en el caso y “se lavó las manos”, en vez de dimitir. El Jefe del Estado lo ratificó en su cargo a pesar de ese caso de corrupción. 

Los sobornos cobrados por Diniz a la mafia de las loterías, según declaró en su momento este corrupto funcionario, sirvieron en la financiación de las campañas del PT para elegir a los gobernadores de Río de Janeiro y Brasilia. 

En sus declaraciones periodísticas, Jefferson ataca a varios ministros del gabinete de “Lula” aunque sin mencionar, salvo en el caso de Dirceu, sus respectivos nombres, al señalar que no solamente traicionaron la confianza que les depositó el Jefe del Estado sino que “sólo ellos parecían no tener la dimensión de la explosión que eso (la compra de los congresistas) iba a tener”.

La popularidad de “Lula”, que fue elegido con más de 50 millones de votos, ha venido descendiendo aceleradamente en los últimos meses y con este nuevo escándalo muy seguramente lo hará mucho más porque también en su contra tiene la soberbia que lo ha caracterizado siempre y que se ha reforzado desde que asumió el cargo de presidente. 

Uno de los casos concretos en que el Parlamento castigó esa excesiva soberbia y su peculiar estilo para imponer las cosas le llevó a cosechar una de sus más fuertes derrotas cuando la Cámara de Diputados eligió como presidente, el pasado 15 de febrero, al dirigente opositor de derecha Severino Cavalcanti, de 74 años, contando con el apoyo, incluso de numerosos miembros del PT. 

Asimismo, las extremas medidas del gobierno, diseñadas de manera concreta por el propio “Lula” contra la libertad de prensa, ha empeorado su imagen no solo en Brasil sino en el exterior, hasta el punto que organizaciones como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y Reporteros Sin Fronteras (RSF), le han acusado de organizar persecuciones a los medios de información para impedir que se conozca la verdad de lo que está ocurriendo en el país que gobierna. 

El definitivo ingreso de Brasil al “Club de la corrupción” constituye, indudablemente, una nueva y enorme mancha negra en el mapa latinoamericano y del caribe y otra “puñalada matrera” a la democracia, que está observando cómo cada día que pasa se encuentra en “paños menores”, debido a que los diferentes gobiernos son más débiles por culpa de su incapacidad para combatir ese delito y eso se refleja en la opinión negativa de los habitantes contra ese sistema político. 

Por eso los sondeos de opinión en esa extensa región del mundo, son francamente desfavorables para que siga siendo gobernada por demócratas, pues prefieren personas de “mano dura” que no tengan temor ni les tiemblen las manos para combatir a un flagelo que, como la corrupción, les inquieta igual o más que el propio terrorismo. Lástima que Brasil se haya sumado a ese funesto club.

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