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COLOMBIA: GAVIRIA, DE LA OEA A LA
JEFATURA LIBERAL
El ex presidente César Gaviria Trujillo, que gobernó Colombia entre
1990-1994 para luego ser elegido Secretario General de la Organización
de Estados Americanos (OEA) por dos periodos consecutivos, se convirtió
el 11 de junio de 2005 en el nuevo Jefe Único del Partido Liberal,
cargo al que también aspiraba el dos veces candidato presidencial y ex
ministro del Interior Horacio Serpa.
Gaviria fue proclamado en su nuevo cargo por los 1.300 delegados
asistentes a la convención nacional, después de superar un amplio y
tenso enfrentamiento con Serpa, que también fue embajador colombiano
ante la OEA durante el actual gobierno presidido por Álvaro Uribe Vélez,
y quien está considerado como uno de los principales exponentes del
estado de postración y de corrupción que ha tenido en los últimos años
esa colectividad política.
Además de enfrentarse a un ex ministro que ha estado vinculado al histórico
“Proceso 8.000” por cargos de corrupción, que se le abrió junto al
ex presidente Ernesto Samper Pizano, y del que éste fue exonerado en el
Congreso de la República, dominado por el Partido Liberal, por lo cual
el “delito político” quedó en la más completa impunidad, Gaviria
pronunció un encendido discurso durante el cual atacó con crudeza a
Uribe Vélez, al que criticó por su empeño en ser nuevamente candidato
presidencial sin tener “una concepción global de la vida nacional”.
Serpa ha sido también dos veces candidato presidencial y ampliamente
derrotado, la primera vez en 1998 por el conservador Andrés Pastrana
Arango, y la segunda en 2002 por el actual Jefe del Estado, Álvaro
Uribe, perteneciente a su mismo partido, el Liberal.
También perteneció a la dirección del grupo terrorista Ejército de
Liberación Nacional (Eln) en donde era conocido como el “comandante
Horacio”, que actuaba en el departamento (provincia) de Santander del
Sur, de donde es oriundo, y en Colombia siempre se le ha acusado,
incluso por miembros de su propio partido, de “tener las manos bañadas
con sangre”. Diversas fotografías de su vinculación a esa banda
criminal circulan permanentemente por el país.
Aunque aspira a ser nuevamente, y por tercera vez, aspirante a la
presidencia colombiana, Serpa palió su derrota en la Convención
Liberal, logrando que junto con Gaviria sea el encargado de designar a
los 10 directores alternos, que no podrán ser miembros del Parlamento,
y para escoger la fecha de realización de una consulta popular durante
la cual se escogerá oficialmente el candidato liberal para las
elecciones de mayo de 2006.
Según Gaviria, “el presidente (Uribe Vélez) ha desarrollado un
estilo caudillista y mesiánico, centrado en su propia personalidad,
alejado del diálogo y de la participación de los distintos grupos y
sectores sociales”, lo que, asimismo, ha servido para atacar
“reformas democráticas como la Constitución de 1991 y ha decidido
perpetuarse en el poder, por lo menos hasta el año 2010”.
Durante el gobierno de Gaviria, el Congreso colombiano reformó la Carta
Magna, que con varias modificaciones a lo largo de los años, regía en
el país desde 1886. Al ser modificada, se restableció la extradición
de narcoterroristas, lo que ha permitido enviar a más de 500 nacionales
acusados por tribunales de Estados Unidos.
Entre los extraditados se encuentran los “capos” Carlos Ledher,
condenado a cadena perpetua, Fabio Ochoa, Pastor Perafán, y el más
sonado de todos, el pasado 31 de diciembre, el jefe de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), Ricardo Palmera Pineda
(alias Simón Trinidad), además de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez
Orejuela, jefes del “cartel de Cali”.
No obstante, el presidente Uribe Vélez, a pesar de la orden de
extradición dictada por la Corte Suprema de Justicia (CSJ) desde
diciembre pasado, se ha abstenido de enviar a Estados Unidos a Salvatore
Mancuso, ex jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), de
extrema derecha y carácter paramilitar y terrorista, lo que ha
originado diversas acusaciones contra el Jefe del Estado porque, dicen,
no lo ha entregado a las autoridades norteamericanas porque es amigo
personal de ese sanguinario asesino.
Actualmente se tiene fijado el 16 de marzo del próximo año para
celebrar la elección del candidato liberal que, muy probablemente,
deberá enfrentarse a Uribe, en caso que la Corte Constitucional no
“tumbe” la reforma de la Carta Magna aprobada por el Congreso con el
único fin de facilitar la reelección inmediata del actual mandatario y
tras haber sido este acusado de corrupción por la “compra de votos”
de Senadores y Representantes a la Cámara, para que la aprobaran.
El ex presidente Gaviria se consolidó como el jefe real del partido y
se perfila, además, como el más indicado para ser escogido candidato
oficial, aunque en la lucha por esa elección entrarán también Serpa,
el ex alcalde de Bogotá Enrique Peñaloza, el ex fiscal general Alfonso
Gómez Méndez y los congresistas Rodrigo Rivera y Cecilia López, más
los que puedan surgir hasta la fecha de realización de la convención.
El Partido Conservador, el segundo en importancia en Colombia, que
apoya, aunque no mayoritariamente esa reelección de Uribe, al parecer
no acudirá con candidato propio en caso que la Corte Constitucional
declare exequible la reforma constitucional; pero si Uribe no puede
presentarse, entonces el presidente del Directorio Nacional de ese
partido, Carlos Holguín Sardi, aspiraría a la Jefatura del Estado.
El nuevo jefe único del liberalismo dejó la secretaría general de la
OEA el pasado 15 de septiembre de 2004, pero su sucesor, el ex
presidente costarricense Miguel Rodríguez se vio obligado a renunciar
un mes después, tras ser acusado en su país de corrupción al aceptar
sobornos de dos empresas extranjeras, una francesa y otra española, y
estar por ello, actualmente, detenido.
También el ahora número uno del Partido Liberal, al que también
pertenece Uribe Vélez, acusó al mandatario de “realizar política
personal, politiquería, para su propio engrandecimiento”, y dijo que
tampoco tenía “una visión del país a largo plazo”, añadiendo que
la labor presidencial está dedicada a “la pequeña gerencia, a las
cosas menudas, a la política al detal, porque no tiene un concepto
global de la vida nacional”.
Con su amplio triunfo, Gaviria prácticamente logró la unidad del
liberalismo, que hasta ahora estaba fragmentada en varias opciones y
otra de sus principales victorias fue acabar con la parlamentaria Piedad
Córdoba, que figuraba en la Dirección Nacional Liberal (DNL) y que está
considerada como una de las dirigentes políticas más corruptas que
existen en el país y a la que se ha acusado, incluso, de favorecer a
los grupos terroristas de las Farc y el Eln y de participar en numerosos
sobornos.
Durante esta convención, el liberalismo adoptó postulados socialdemócratas,
dejando atrás el neoliberalismo que predominaba en su ideología desde
su fundación en 1820, cuando se creó la República. El cambio se hizo,
según dijeron los autores del documento “Agenda social y de
gobernabilidad democrática para Colombia”, para comprometerse “en
defensa de las minorías y a la lucha contra la desigualdad y la
injusticia social”.
Ante la difícil situación que vive Colombia por la acción de las
bandas criminales de narcoterroristas, la colectividad liberal va a
promover “una política de seguridad integral que combine el ejercicio
legítimo de la fuerza con la acción social del Estado” y a impulsar
reformas relacionadas con la integración económica, la tributación,
la privatización de los servicios públicos y la creación de
condiciones financieras y de presupuestos para establecer fondos de
empleo que permitan ampliar las oportunidades de trabajo.
Ese plan, que ofrece tan variadas alternativas y promesas, que en la
mayoría de los casos se incumplen no solo en Colombia sino en el resto
del mundo, porque son hechas por políticos y a éstos no hay que
creerles ni siquiera cómo se llaman, se convertirá en la nueva bandera
del partido que fundó el general del ejército libertador y posterior
presidente colombiano Francisco de Paula Santander, (”el Hombre de las
Leyes”).
A Gaviria, desde luego, no le corresponderá una tarea fácil ser
Director Único del liberalismo porque deberá tener la suficiente
capacidad para evitar la influencia de una persona tan nefasta y dañina
como Serpa, que indudablemente buscará perjudicarle siempre para que
fracase en su cargo, y al propio presidente Uribe Vélez, con quien ha
tenido desde su regreso a Colombia diversos enfrentamientos verbales y
porque se han convertido en enemigos políticos irreconciliables.
Pero es que, además, deberá sanear una colectividad en donde aún
quedan muchos rastros de corrupción, que datan desde los tiempos de
Samper, Serpa, Piedad Córdoba, y de antiguos “caudillajes” como los
de Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay Ayala, maestros en el
“clientelismo” y la demagogia. Tendrá que actuar como un buen
cirujano para coser una colectividad que se encuentra dividida y
destrozada en muchos pedazos.
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