ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


ECUADOR: LA CARCEL, LUGAR ADECUADO PARA GUTIERREZ 

El ex dictador ecuatoriano Lucio Gutiérrez, echado del poder el pasado 20 de abril de 2005 por la “banda de forajidos” que se unió para salvar al país de su nefasto y corrupto gobierno, anunció su intención de regresar a Ecuador, tras haber renunciado al asilo político que con tanta rapidez le concedió, incompresiblemente, el gobierno de Brasil. 

Gutiérrez tomó esa decisión el 6 de junio de 2005, y el gobierno brasileño, que le concedió el asilo político el 28 de abril pasado, anunció a través del ministerio de Relaciones Exteriores que, “en consecuencia, Gutiérrez queda libre para dejar Brasil en el momento en que lo desee”, ya que su intención de no continuar asilado fue exclusivamente de “carácter personal”, por lo que el gobierno brasileño “no tiene nada que opinar”. 

El asilo otorgado por Brasil a Gutiérrez, su esposa Elsa Ximena Bohórquez Romero y su hija Viviana Estefanía, tenía una vigencia de cuatro años prorrogables, pero el ex coronel golpista debía abstenerse de conceder declaraciones públicas, realizar actividades políticas y estaba obligado a pedir permiso a las autoridades brasileñas para abandonar el país fuese momentánea o definitivamente. 

La esposa e hija de Gutiérrez decidieron el 6 de mayo pasado renunciar al asilo y alegaron como causa para ello “motivos personales” para regresar a Ecuador. Es decir una idéntica postura a la elegida por el ex dictador, quien no ha hecho ninguna clase de declaración para saber cuando iba a abandonar el país suramericano o el lugar a donde se dirigiría. 

Es claro que el ex militar, que está acusado de varios delitos en Ecuador, buscará entrar clandestinamente a su país, para evitar ser juzgado, aunque de todas maneras, en caso de ser capturado, irá a parar a la cárcel, el lugar más adecuado y propicio para quien cometió diversos actos corruptos, entre ellos “comprar” magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y diputados con dineros del erario público y de violar los derechos humanos. 

Quien fue considerado un “traficante político sin escrúpulos”, porque además como lo han señalado las autoridades gubernamentales y de justicia de Ecuador, “robó y benefició también a su familia con dinero público”, está procesado por la Fiscalía General de la Nación. 

Igualmente Gutiérrez será procesado por la muerte de tres personas (entre ellas el fotógrafo chileno Julio García y dos estudiantes) y las heridas a otras 44, tras haber ordenado al ejército y la policía el 18 de abril disparar contra quienes se manifestaban en su contra y pedían su dimisión. 

La Fiscalía General de la Nación, el mismo día en que la “revolución de los forajidos” acabó con el gobierno corrupto de Gutiérrez emitió una orden de captura contra él por el “delito flagrante de ordenar a la policía y los militares salir a reprimir a los manifestantes”. 

El triunfo de la “revolución de los forajidos” como Gutiérrez llamó a quienes durante varias semanas se manifestaron permanentemente en contra suya por todas las calles de Quito y las principales ciudades, comenzó a gestarse cuando se comprobó que había “comprado” con fondos públicos a varios diputados para cambiar la ley sobre la justicia, y con una nueva designar a su capricho a 27 de los 31 magistrados de la CSJ. 

De esta manera pudo colocar en ella a sus amigos, sin tener siquiera mínimas cualidades jurídicas, entre quienes destacaba Guillermo Castro, elegido presidente del organismo y considerado como uno más corruptos que haya tenido en toda su historia la magistratura ecuatoriana. 

La “bomba de tiempo” le estalló a Gutiérrez en su propia mano tras haber ordenado a su “leal y corrupto amigo Castro”, cancelar todos los juicios que el delincuente ex presidente Abdalá (el loco) Bucaram (10 agosto 1996-5 febrero 1997) tenía abiertos, entre ellos los de peculado y corrupción. Para disimular su delictiva acción también cancelaron los cargos al ex presidente Alvaro Noboa (2000-2003) y al vicepresidente Alvaro Dahik (1992-1995). 

No obstante, Noboa permanece arrestado bajo la figura jurídica de “detención domiciliaria” en Guayaquil desde el pasado 8 de mayo, mientras Bucaram salió clandestinamente del país, a donde había regresado el 2 de abril, y de nuevo está amparado por el gobierno de Panamá, que le volvió a conceder asilo, a pesar de tratarse de un reconocido delincuente, a quien de nuevo se le han reabierto los cargos que el “gánster” –como es conocido en su país”- Guillermo Castro, había anulado. 

De conformidad con la Fiscalía General, las disposiciones tomadas por Castro y sus demás compañeros corruptos de la CSJ, “no se encuentran debidamente ejecutoriadas y a la luz del Derecho no tienen ninguna validez, pues son absolutamente nulas”, por lo que Bucaram, Noboa y Dahik continúan acusados de numerosos delitos y serán juzgados por ellos a través de la nueva Corte Suprema de Justicia. 

El ministro de Gobierno (Interior) y de Policía ecuatoriano, Mauricio Gándara, dijo que desconocía si Gutiérrez había intentado entrar nuevamente en el país y reiteró que las autoridades judiciales procederán en consecuencia, mientras que el hermano menor del dictador Gilmar Gutiérrez expresó que no “existen motivos legales para que se le detenga”, aunque no quiso señalar si ya el dictador se encuentra nuevamente en suelo ecuatoriano. 

Ecuador se encuentra gobernado actualmente por Alfredo Palacio, que desempeñaba el cargo de vicepresidente con Gutiérrez, pero del cual estaba totalmente separado por diferentes divergencias políticas y por las actuaciones corruptas del ex coronel. El nuevo mandatario fue elegido el mismo 20 de abril por 60 de los 62 diputados que se reunieron para evitar un “vacío de poder”. 

Palacio al hacerse cargo de la presidencia declaró públicamente que su gobierno solicitaría la extradición de Gutiérrez si era procesado por la justicia para que respondiese por los cargos, se defendiera de ellos para recibir una condena o una absolución, pero que no permitiría que hubiese ninguna clase de impunidad, porque “quien comete delitos, debe pagarlos de acuerdo con lo que determine la justicia de forma soberana y sin presiones gubernamentales”. 

El ex dictador ecuatoriano es un hábil y consumado golpista porque ya en la década de los años 90 del siglo pasado, participó activamente en un golpe de Estado contra el entonces presidente constitucional Jamil Mahuad. Es por eso que las autoridades ecuatorianas deben vigilar muy celosamente sus fronteras para sorprenderle y capturarle en el mismo instante en que intente traspasarlas. 

Si Palacio, al producirse la caída de Gutiérrez, proclamó que “ha terminado la dictadura. Hoy (por el 20 de abril) han terminado la prepotencia y el miedo. Hoy se refunde la República en donde los caminos florezcan y reinen la dignidad y la esperanza”, ahora le corresponde como mandatario evitar que el ex golpista regrese y lo cubra la impunidad, porque entonces los ecuatorianos de nuevo creerán que las “cosas no han cambiado” y que los “delincuentes y corruptos siguen libres”, como afirmó uno de los portavoces de los grupos oposicionistas que se formaron para crear la triunfante “banda de los forajidos”. 

Ya se sabe que Gutiérrez no tendrá el valor de presentarse ante la justicia para responder por sus delitos, pero que desde la clandestinidad intentará socavar el gobierno de Palacio y que buscará originar violencia y terror, ya que es bien conocida su relación con la banda terrorista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) que, según denunció uno de los miembros de su campaña electoral, financió parte de esta. 

Las Farc, que permanecen “acorraladas” ante la acción de las autoridades colombianas en su contra, podrían convertirse en las aliadas de Gutiérrez y trasladar el terrorismo que las caracteriza a Ecuador. Por tanto el gobierno de Palacio deberá extremar sus medidas de vigilancia para capturar al ex dictador. El país está comenzando a vivir una nueva época y sus autoridades no pueden ni deben permitir que un ambicioso y corrupto vaya a estropearla.

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