ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


BOLIVIA: PAÑOS DE “AGUA TIBIA” PARA UN ENFERMO GRAVE 

La fuerte crisis socio-económica y política que tiene a Bolivia sumida en una situación de “extrema gravedad” no encontró ni los médicos ni las medicinas adecuadas para sacarla de ese postrer estado, porque lo único que se hizo con la elección por el Congreso de un nuevo presidente, fue poner “paños de agua tibia”, mientras la infección continúa avanzando amenazadoramente. 

El juramento prestado el 9 de junio de 2005 por Eduardo Rodríguez Veltzé como presidente de Bolivia en sustitución del dimitente Carlos Mesa, no fue ni mucho menos la solución para conjurar la crisis, porque ella está directamente vinculada con anarquistas y radicales a los que se les ha permitido cometer toda clase de abusos y a organizar disturbios y atentados que terminan con saldos de víctimas mortales mientras sumen al país en un auténtico caos, sin que hayan pagado por sus crímenes y acciones delictivas. 

El virus que está matando poco a poco a la nación libertada por Simón Bolívar tiene un nombre genérico conocido por “acoso de extremistas antipatriotas” que está destruyendo las células de la democracia y ha roto la unidad de los bolivianos, lo que ha originado situaciones de extrema gravedad. 

El contagio se ha producido por contacto entre unos enfermos conocidos como “líderes ansiosos de sangre y de violencia, con escaso valor intelectual y cultural” que han infectado un país sano y originado, además, que entre octubre de 2003 y el 9 de junio de 2005 esa nación andina, segunda más pobre de América Latina y el Caribe, haya tenido tres presidentes. 

Este “virus rabioso” está conformado por el reconocido narcotraficante, líder de los productores de la hoja de coca –materia básica para la producción de la cocaína-, Evo Morales; el anarquista y sanguinario secretario ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Felipe Quispe (alías “Mallku”), ambos indígenas con una precaria educación y amplia bajeza de sentimientos, y por los extremistas Jaime Solares, presidente de la Central Obrera Boliviana (COB), Abel Mamami y Julián Loayza, directivos de las Juntas Vecinales de El Alto (FEJUVE). 

Rodríguez, abogado, de 49 años, nacido en Cochabamba, quien al jurar el cargo dijo que su “ánimo inicial es encontrar primero un espíritu de paz y concertación, porque luego veremos cómo el Congreso resuelve los temas electorales”, no tiene ninguna experiencia política pues ocupaba el de Presidente de la Corte Suprema de Justicia y prometió la convocatoria de elecciones anticipadas antes de finalizar el presente año. 

“Nunca pensé en ser presidente de Bolivia, porque no soy político”, afirmó el nuevo mandatario provisional, que ha dedicado gran parte de su vida a la docencia, y que en 1999 por elección del Congreso fue ministro de la Corte Suprema de Justicia, y en 2004 asumió la presidencia de esta Corporación y del Consejo de la Magistratura. 

Las violentas protestas organizadas por aquellos dirigentes fascistas y los enfrentamientos con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que dejaron como mínimo un minero muerto en la ciudad de Sucre y diversos heridos, habían originado desde hace varias semanas diversos problemas al país, que se vieron agravadas en los últimos cuatro días cuando la escasez de alimentos, medicinas y productos de primera necesidad y la carestía de todos ellos originaron un absoluto caos, especialmente en La Paz, la capital administrativa del país. 

Así, mientras en los hospitales la situación era gravísima por la escasez de las medicinas y de gas, en el resto del país aumentaba considerablemente la especulación en los precios, y las calles estaban llenas de basuras, piedras y muebles destrozados. La economía doméstica quedó sumida en un verdadero caos. 

El acosado y desacreditado presidente Carlos Mesa -17 octubre 2003-9 junio 2005- había presentado el pasado 6 de junio por segunda vez la renuncia a su cargo, porque fue incapaz de encontrar soluciones y, sobre todo, de imponer la ley en el país, acudiendo a las disposiciones legales de la Constitución y las Leyes. Quienes le auparon al poder fueron los mismos que le hicieron la vida imposible y lo obligaron a dimitir. 

Su sucesor legal en el cargo, de acuerdo con el artículo 93 de la Carta Magna, debía ser el presidente del Congreso, Hormando Vaca Díez, pero el amplio rechazo que la mera posibilidad de ser elegido presidente suscitó entre el pueblo, le hizo declinar, a regañadientes y muy a su pesar. Igual sucedió con el presidente de la Cámara de Diputados, Mario Cossío, segundo en la línea sucesoria constitucional, quien tajantemente dijo que no tenía aspiraciones para ejercer la Jefatura del Estado. 

Estos dos presidentes del Congreso y de la Cámara de Diputados, al igual que toda la clase política del país, no cuentan con el respaldo mayoritario de los bolivianos que los repudian porque les acusan de actuar por defender sus propios intereses personales y partidistas antes que por los del país. Lo mismo que ocurre con los dirigentes anarquistas. 

Vaca Díez, que utilizando las tretas que le han llevado a ser conocido como uno de los “más tramposos políticos”, por lo que está totalmente desacreditado, intentó forzar su elección, postergó durante muchas horas el inicio de la sesión del Congreso que tenía como misión aceptar la renuncia de Mesa y elegir al momentáneo sucesor. Al fin accedió a hacerlo ante la fuerte presión popular. 

Ante ese amplio rechazo, dijo que “por la unidad de nuestro país, porque se acaben las confrontaciones, porque Bolivia recupere su normalidad y porque la experiencia vivida por nuestro país jamás sea repetida, renuncio a la sucesión tal y cual lo manda el artículo 93 de la Constitución política del Estado”. 

No cabe ninguna duda que a Rodríguez Veltzé le espera una de las más difíciles tareas en toda la historia de Bolivia, porque además de actuar como un gran cirujano, utilizando con precisión el bisturí para arreglar los problemas políticos, sociales y económicos que han llevado al país al caos, también deberá hacerlo como si fuese un experto en virología y exterminar el virus de los Morales, Quistes y demás fascistas. 

Si bien las Fuerzas Armadas, en un comunicado oficial, indicaron el 9 de junio que “en el marco de sus atribuciones actuarán de ser necesario para preservar la integridad y soberanía nacional, el imperio de la ley y la defensa de la democracia”, y ante la gravedad de los acontecimientos que se sucedían en el país pidieron “evitar el suicidio nacional” y “escuchar la voz del pueblo”, al nuevo mandatario le corresponderá, como Jefe Supremo de ellas, pedir su intervención para evitar nuevas acciones violentas de los dirigentes radicales. 

Es indudable que Morales, Quispe, Solares, Mamami y Loayza forman un “quinteto destructor, anarquista y extremista” y que a ninguno de ellos les interesa el país puesto que se mantienen en sus cargos únicamente por organizar la violencia y llevarlo al caos y, por tanto, no les conviene que ésta situación desaparezca. 

De acuerdo con la denuncia que Estados Unidos y otros hicieron durante la XXXV Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada entre el 5 y 8 de junio en Fort Lauderdale, en el estado norteamericano de La Florida, los dictadores de Cuba, Fidel Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez, están apoyando a esos radicales y anarquistas, que utilizan métodos muy similares a los que se emplean en esos dos países, aunque sus respectivos gobiernos, como es obvio, lo negaron. 

Pero es aquí en donde el mandatario debe demostrar su firmeza y su apego al Derecho y a la Ley, y haciendo uso de ésta, ordene a las Fuerzas Armadas que los insurgentes y desleales al país sean detenidos. La solución, como es de suponer, no será fácil, pero es la única que puede sacar a Bolivia del quebradero de cabeza en que está inmersa y del grave virus que con tanta gravedad le viene afectando. Esa es la única vacuna que existe para un gobierno democrático: la cabal y estricta aplicación del imperio de la Ley. 

El gobierno de transición que empezó a presidir Rodríguez Veltzé, tiene que saber y entender perfectamente que la misión no será sencilla y que los radicales y anarquistas sólo se han dado un “pequeño descanso” para volver a sembrar el caos en las calles y carreteras de todas las ciudades. 

De allí la importancia que tiene para cumplir el compromiso de “ser honrado con la banda presidencial” y convocar a las elecciones generales en “un máximo de 150 días”. Como tampoco debe olvidar que la ley justamente y bien aplicada, es la mejor medicina para mantener completamente sana a la democracia.

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