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UE: BLAIR TEME EL “NO” A
REFERENDO TRATADO EUROPEO
Ser un demócrata no es únicamente participar en las elecciones que
tengan una conveniencia personal y permitan alcanzar los triunfos sino
en dejar que sean los votantes los que en las urnas establezcan las
normas y criterios que quieren para ser gobernados o regidos, pero dicha
premisa no parece importarle mucho, ¡quién lo creyera! al primer
ministro británico, Tony Blair, quien el 6 de junio de 2005 decidió
posponer la celebración del referendo sobre la Constitución Europea,
previsto para abril de 2006.
La arbitraria decisión de Blair fue anunciada oficialmente en el
Parlamento británico por el ministro de Asuntos Exteriores, Jack Straw,
luego de producirse dos continuos y muy fuertes descalabros a la Carta
Magna redactada por el ex presidente galo Valery Gistard D`Estaing en
Francia y Holanda, los pasados días 29 de mayo y primero de junio,
respectivamente.
Contrastando con la postura antidemocrática de Blair, el gobierno de
Irlanda, dio a conocer oficialmente el 7 de junio su decisión de
“seguir adelante” con la convocatoria electoral para que sus
compatriotas digan si apoyan o no el Tratado Constitucional, y lo hizo a
través del ministro de Asuntos Exteriores, Dermot Ahern.
“Había un compromiso para que todos los 25 miembros de la Unión
Europea (UE) hicieran un esfuerzo a fin de ratificar el Tratado
Constitucional hasta el 11 de noviembre de 2006 y nuestro gobierno lo
cumplirá cabalmente”, declaró Ahern a los periodistas. Con esta
declaración “afeó” mucho más la inexplicable postura británica.
Blair, que será el nuevo presidente de la UE durante el segundo
semestre de 2005, hizo caso omiso a la petición formulada a todos los
miembros para que no “suspendiesen o congelasen” los referendos
porque, precisamente, lo que se desea conocer con exactitud es el grado
o porcentaje de apoyo que tiene la Carta Constitucional entre todos los
países del “Club de los 25”.
De acuerdo con lo expresado por Straw ante el Parlamento, no existe una
nueva fecha para llevar a cabo la consulta popular aunque el gobierno se
reserva “el derecho a retomar el proyecto de ley para un referendo en
el Reino Unido si las circunstancias cambian. Pero en estos momentos no
tiene sentido continuar el proceso”.
Es bien conocido que el “euroescepticismo” nació en el Reino Unido
y por eso Blair, demostrando una acentuado temor a la par que un
irreverente asco al ejercicio de soberanía de su pueblo, decidió no
continuar con el proceso de ratificación que ahora más que nunca se
considera necesario por aquello de saber en el “viejo continente”
“cuántos somos y cuántos quedamos” en relación con el Tratado,
que quedó sumamente debilitado tras las negativas francesa y holandesa
y que, muy posiblemente, se extenderá a otros países.
Hasta ahora diez países han refrendado la Constitución diseñada por
Giscard D`Esteing y únicamente en dos ha ganado de forma holgada el
“no”. No obstante, existen fundados temores que también la negativa
se extienda a Luxemburgo, Dinamarca, Polonia y la República Checa.
Sin embargo, el gobierno de este último país comenzó a integrarse en
el “grupo de socavar el derecho democrático de las gentes a opinar a
través de sus votos”, porque su Primer Ministro, Jiri Paroubek,
declaró que la suspensión en el Reino Unido y el triunfo del “no”
en Francia y Holanda “hacen que, por el momento, sea imposible”
convocar la consulta en su patria.
En Luxemburgo la cita electoral se celebrará el próximo diez de julio
y aunque los sondeos de principios de año indicaban un amplio
porcentaje favorable al “sí”, la tendencia se viene invirtiendo y
ahora los partidarios de la Carta Magna Europea alcanzan al 59 por
ciento cuando anteriormente ascendían al 76 por ciento.
El gobierno británico reconoce que la UE se encuentra enfrentada a
“un periodo de dificultades” y que para poder superarlo, a su
juicio, se requiere trabajar unidos porque “no debemos actuar de forma
que se socaven los logros de cinco décadas”, por lo que es
indispensable “más discusiones con los socios de la UE y más
decisiones de los gobiernos de la Unión Europea”.
Para no dejar traslucir más claramente su temor a las urnas y a la
posibilidad de otro “no” a la Carta Magna, el gobierno de Blair se
sacó un “as” de la manga, al asegurar que la no realización del
referendo busca expresar que “no se tiene intención de introducir por
la puerta de atrás el Tratado, que establece una Constitución para
Europa, frente a quienes piden que sea el pueblo británico el que tenga
la última palabra”.
La respuesta del opositor Partido Conservador fue muy tajante, porque el
portavoz del Exteriores de esa formación, Liam Fox, echó más leña al
fuego al afirmar que el Tratado Constitucional “es malo para el Reino
Unido y para Europa” y porque, además, “está muerto” tras el
triunfo del “no” en Francia y Holanda.
Además Fox, como si de una radiografía se tratara, dejó en evidencia
a Blair, al señalar que la consulta no se celebra por el “temor que
tiene el primer ministro a sufrir una “paliza inmensa en el campo
electoral y personal”.
Esto es, precisamente, lo que se piensa en la mayoría de los países
miembros de la UE, cuyos gobiernos casi unánimemente señalan que el
jefe del ejecutivo británico, tras haber perdido numerosos escaños en
las recientes elecciones generales de su país no se “atreve a
enfrentarse otra vez a las urnas, aunque sea para un asunto externo,
porque millones de británicos podrían allí aumentar su descontento
con su gobierno y traducirlo en votos por el “no”, como ocurrió en
Francia en donde representó un voto de castigo para el pésimo gobierno
del prepotente presidente, Jacques Chirac.
Este mandatario y su “íntimo amigo y aliado”, el Canciller alemán,
Gerhard Schröeder, dijeron el pasado 4 de junio que el proceso de
ratificación debe seguir, pero Blair les respondió que “el único
grupo que se vería beneficiado con la celebración del referendo en su
país sería el de los `eurofóbicos`, por lo que su decisión era la
oficialmente anunciada”, es decir la suspensión de la cita electoral.
Los políticos tienen, al igual que los encantadores de serpientes, una
gran ventaja para engañar con mentiras y trucos a las gentes y por eso
el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso,
defendió en Bruselas el derecho que tiene cada Estado miembro para
“decidir cómo y cuándo ratificar el Tratado constitucional”, en
vez de hacer lo correcto y señalar a Blair su “lamentable error”.
El presidente de turno de la UE, Jean-Claude Juncker, Primer Ministro de
Luxemburgo, consideró que el “proceso de ratificación no ha
muerto”, porque a su juicio, “estaría muerto si el gobierno británico
lo hubiese abandonado, pero este no es el caso”. Para este
“optimista funcionario”, que debe presidir las sesiones colgándose
las serpientes alrededor de su cuello, la bofetada que Blair dio a sus
votantes en el Reino Unido forma parte de las “virtudes” que
“adornan” a los políticos.
Además el Partido Popular Europeo (PPE), mayoritario en el Parlamento
continental, también se sumó, de forma inesperada y sospechosa, a la
petición para detener el posible “efecto dominó” por el “no”
de Francia y Holanda. Su pronunciamiento para que todo un proceso
electoral para ratificar la Carta Magna quede bloqueado, coloca a ese
grupo, del que forman parte los de Gran Bretaña y el Partido Popular (PP),
de España, en abierta contradicción y enfrentamiento, porque sus tesis
son las que deben existir siempre en democracia: que sean las urnas las
que se pronuncien a favor o en contra de un proyecto.
La reunión que los presidentes y jefes de gobierno de la UE celebrarán
en Bruselas los días 16 y 17 de junio deberá servir para que a la luz
de los valores democráticos se haga un análisis serio y se impida que
a los pueblos se les quite “la última palabra” y se les condene a
no ser decisivos ante las urnas. No es justo que se busque democratizar
una sociedad y luego, porque no gusta el posible resultado, se proceda
dictatorialmente a impedir el triunfo de esa opción y como en muchos
combates de boxeo se pacte un “tongo”
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