|
BOLIVIA: MESA VUELVE A DIMITIR
ACOSADO POR PRESION POPULAR
Por segunda vez en 90 días el presidente de Bolivia, Carlos Mesa,
anunció el 6 de junio de 2005, la presentación de su renuncia acosado
por la presión popular, su manifiesta incapacidad para desarrollar la
tarea y la carencia total de respaldo político y parlamentario,
mientras el país, y especialmente la capital administrativa, La Paz, se
encuentran ante una caótica situación por la acción de los grupos
radicales e indígenas, enfrentados a la fuerza pública.
Tal como lo hizo el pasado 7 de marzo cuando envió su primera dimisión
al Parlamento, Mesa anunció a través de la radio y la televisión
bolivianas, que esperará a que el órgano legislativo esté reunido
para presentarle su carta, porque “será el Congreso el que tenga que
decidir”.
“Creo que mi responsabilidad es decir hasta aquí puedo llegar”,
manifestó Mesa, quien asumió la presidencia boliviana el 17 de octubre
de 2003, tras una acción desleal que realizó en compañía de quienes
hoy lo tienen sometido a la presión popular y exigen su renuncia,
contra el entonces mandatario constitucional Gonzalo Sánchez de Lozada.
Mientras Mesa se encuentra cada vez con menos apoyos, incluso por los
estamentos militares que, sin embargo, no quieren contraer compromisos
con un golpe de estado, otro político ambicioso y que ha estado
socavando poco a poco, por debajo de tierra, como los “topos”, la
autoridad del Jefe del Estado, el presidente del Congreso, Hormando Vaca
Díez, anunció “su entera y plena disposición para asumir el
cargo”.
La Constitución de Bolivia prevé en estos casos que sea el presidente
del Congreso quien asuma la Jefatura del Estado, pero Vaca Díez es
repudiado por las clases populares e indígenas del país que también
desean su renuncia en el cargo legislativo y su desaparición, como la
de Mesa, de la vida política nacional.
Mesa dijo a sus compatriotas que “será el Congreso el que tenga que
decidir” sobre la aceptación de su nueva renuncia, al tiempo que les
pidió que “respeten la ley” presten a las autoridades legítimas
toda su cooperación para evitar que el país siga completamente
paralizado y desabastecido de alimentos y gasolina.
Igualmente se comprometió ante los bolivianos a “no abandonar el
cargo hasta que el Congreso no se reúna”, destacando que seguirá en
la presidencia hasta que ello ocurra, “porque no estarán solos”, lo
que ratificó Vaca Díez, quien también habló por radio y televisión
para señalar que “no sé cuando se reunirá el Congreso, pero por
ahora no va a haber vacío del poder porque Mesa seguirá en el palacio
hasta que se decida su sucesión”.
Ante la decisión del Congreso de aplazar el debate relacionado con la
renuncia presidencial, el narcotraficante y radical indígena Evo
Morales, a quien nadie se explica todavía cómo puede estar libre
cuando ha sido no solo un “capo” de la droga sino el autor
intelectual de los desmanes y atentados contra las Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad del Estado, dijo muy ufano que “hablaré con la Iglesia que
está actuando como mediadora”.
Entre tanto, otro dirigente anarquista, el presidente de la Central
Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares, que figura a veces como el
“fiel escudero” de Morales, afirmó que “continuaremos con las
protestas hasta que se vayan de sus cargos los presidentes de Bolivia
(Carlos Mesa) y del Congreso (Hormando Vaca Díez) y la Cámara de
Diputados (Mario Cossio), porque, como lo había dicho el “capo
cocalero”, “todos están desacreditados”. Al igual que lo están
los radicales e incendiarios dirigentes indígenas y sindicales, que
solo persiguen la violencia y que ésta se salde con “muchos
muertos”, como ha ocurrido en anteriores ocasiones.
La situación se ha venido agravando día a día en Bolivia porque los
participantes en las violentas manifestaciones demandan la nacionalización
de los hidrocarburos, la elección de una Asamblea Constituyente y el
referéndum de autonomía del departamento (provincia) de Santa Cruz de
la Sierra.
Las protestas se han radicalizado y adquirido características de amplia
magnitud y violencia desde hace cuatro semanas y seis de los ocho
departamentos se encuentran totalmente bloqueados y sus gentes
padeciendo ya hambre y sin poder utilizar sus vehículos por la falta
total de gasolina. La situación tiende a empeorar porque los dirigentes
del transporte anunciaron también una huelga y las clases escolares y
universitarias continúan paralizadas.
Ante el agravamiento de la situación, la Organización de Estados
Americanos (OEA), que está realizando su XXXV Asamblea General en la
ciudad estadounidense de Fort Lauderdale (Estado de Florida), ofreció a
Bolivia brindarle “toda la cooperación” que le sea pedida por
“las legítimas autoridades” del país.
En una declaración especial aprobada el 7 de junio de 2005, la OEA
manifestó su voluntad de “facilitar el diálogo como medio para
superar la crisis y garantizar la preservación de las instituciones
democráticas”, al tiempo que reconoció “los esfuerzos del
presidente boliviano, Carlos Mesa, para llevar adelante el proceso de
manera consensuada”.
El mandatario tuvo un serio enfrentamiento con la cúpula militar después
de haber abandonado, el 6 de junio, tras su alocución, el Palacio
Quemado (sede presidencial), en cuyas inmediaciones se estaban
desarrollando enfrentamientos entre manifestantes dirigidos por Morales
y Solares y policías, que dejaron como saldo varios heridos y en donde
26 energúmenos fueron detenidos.
Según voceros castrenses, Mesa antes de abandonar el Palacio dejó
grabado un mensaje a través del cual encargaba a las Fuerzas Armadas la
convocatoria de las elecciones. Los mandos militares no acataron la
orden y le ordenaron regresar a la sede presidencial, señalándole que
en la Constitución existen normas directas para resolver los problemas
políticos y situaciones tan extremas como las que registra desde hace
varios meses Bolivia.
La Iglesia Católica en vista de la caótica situación por la que
atraviesa el país está interviniendo ahora activamente para buscar que
a través del diálogo se encuentren las mejores soluciones y que
Bolivia pueda recuperar la calma y la actividad diaria se desarrolle
dentro de la mayor normalidad.
El cardenal Julio Terrazas, desde Santa Cruz de la Sierra, y el obispo
de El Alto, monseñor Jesús Juárez, han venido cumpliendo una misión
destacadísima, aunque no se han encontrado aún soluciones específicas,
pero confían en que en poco tiempo podrán alcanzar “vitales
acuerdos” entre todas las fuerzas enfrentadas, que han contribuido al
deterioro de la situación y la paz en el país bolivariano.
Terrazas se ha reunido con representantes de la patronal “santacruceña”,
encabezados por Gabriel Dabdoub, presidente de la Cámara de Industria,
Comercio y Servicios (CICS), que respaldan cercenar Bolivia para que la
provincia pueda ser totalmente autónoma, y a Juárez le ha tocado el
“hueso más duro de roer” al tener como interlocutores al traficante
Morales y a los anarquistas Abel Mamami y Julián Loayza,
“dirigentes” de las Juntas Vecinales de El Alto (FEJUVE), todos empeñados
en un objetivo común: llevar el país al más completo caos.
Indudablemente la situación boliviana pasa por lograr un acuerdo para
adelantar las elecciones generales de 2007 y para el retiro de toda
actividad política, sindical y de liderazgo de personajes como Mesa,
Vaca Díez, Cossio, Morales, Solares, Mamami, Loayza y otros de su misma
condición y estilo. Su continuación en las funciones que actualmente
desempeñan únicamente sirve para agravar mucho más la situación y
para que en Bolivia reinen la confusión, el caos, la desidia y la
anarquía.
|