ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


BOLIVIA: MESA VUELVE A DIMITIR ACOSADO POR PRESION POPULAR 

Por segunda vez en 90 días el presidente de Bolivia, Carlos Mesa, anunció el 6 de junio de 2005, la presentación de su renuncia acosado por la presión popular, su manifiesta incapacidad para desarrollar la tarea y la carencia total de respaldo político y parlamentario, mientras el país, y especialmente la capital administrativa, La Paz, se encuentran ante una caótica situación por la acción de los grupos radicales e indígenas, enfrentados a la fuerza pública. 

Tal como lo hizo el pasado 7 de marzo cuando envió su primera dimisión al Parlamento, Mesa anunció a través de la radio y la televisión bolivianas, que esperará a que el órgano legislativo esté reunido para presentarle su carta, porque “será el Congreso el que tenga que decidir”. 

“Creo que mi responsabilidad es decir hasta aquí puedo llegar”, manifestó Mesa, quien asumió la presidencia boliviana el 17 de octubre de 2003, tras una acción desleal que realizó en compañía de quienes hoy lo tienen sometido a la presión popular y exigen su renuncia, contra el entonces mandatario constitucional Gonzalo Sánchez de Lozada. 

Mientras Mesa se encuentra cada vez con menos apoyos, incluso por los estamentos militares que, sin embargo, no quieren contraer compromisos con un golpe de estado, otro político ambicioso y que ha estado socavando poco a poco, por debajo de tierra, como los “topos”, la autoridad del Jefe del Estado, el presidente del Congreso, Hormando Vaca Díez, anunció “su entera y plena disposición para asumir el cargo”. 

La Constitución de Bolivia prevé en estos casos que sea el presidente del Congreso quien asuma la Jefatura del Estado, pero Vaca Díez es repudiado por las clases populares e indígenas del país que también desean su renuncia en el cargo legislativo y su desaparición, como la de Mesa, de la vida política nacional. 

Mesa dijo a sus compatriotas que “será el Congreso el que tenga que decidir” sobre la aceptación de su nueva renuncia, al tiempo que les pidió que “respeten la ley” presten a las autoridades legítimas toda su cooperación para evitar que el país siga completamente paralizado y desabastecido de alimentos y gasolina. 

Igualmente se comprometió ante los bolivianos a “no abandonar el cargo hasta que el Congreso no se reúna”, destacando que seguirá en la presidencia hasta que ello ocurra, “porque no estarán solos”, lo que ratificó Vaca Díez, quien también habló por radio y televisión para señalar que “no sé cuando se reunirá el Congreso, pero por ahora no va a haber vacío del poder porque Mesa seguirá en el palacio hasta que se decida su sucesión”. 

Ante la decisión del Congreso de aplazar el debate relacionado con la renuncia presidencial, el narcotraficante y radical indígena Evo Morales, a quien nadie se explica todavía cómo puede estar libre cuando ha sido no solo un “capo” de la droga sino el autor intelectual de los desmanes y atentados contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, dijo muy ufano que “hablaré con la Iglesia que está actuando como mediadora”. 

Entre tanto, otro dirigente anarquista, el presidente de la Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares, que figura a veces como el “fiel escudero” de Morales, afirmó que “continuaremos con las protestas hasta que se vayan de sus cargos los presidentes de Bolivia (Carlos Mesa) y del Congreso (Hormando Vaca Díez) y la Cámara de Diputados (Mario Cossio), porque, como lo había dicho el “capo cocalero”, “todos están desacreditados”. Al igual que lo están los radicales e incendiarios dirigentes indígenas y sindicales, que solo persiguen la violencia y que ésta se salde con “muchos muertos”, como ha ocurrido en anteriores ocasiones. 

La situación se ha venido agravando día a día en Bolivia porque los participantes en las violentas manifestaciones demandan la nacionalización de los hidrocarburos, la elección de una Asamblea Constituyente y el referéndum de autonomía del departamento (provincia) de Santa Cruz de la Sierra. 

Las protestas se han radicalizado y adquirido características de amplia magnitud y violencia desde hace cuatro semanas y seis de los ocho departamentos se encuentran totalmente bloqueados y sus gentes padeciendo ya hambre y sin poder utilizar sus vehículos por la falta total de gasolina. La situación tiende a empeorar porque los dirigentes del transporte anunciaron también una huelga y las clases escolares y universitarias continúan paralizadas. 

Ante el agravamiento de la situación, la Organización de Estados Americanos (OEA), que está realizando su XXXV Asamblea General en la ciudad estadounidense de Fort Lauderdale (Estado de Florida), ofreció a Bolivia brindarle “toda la cooperación” que le sea pedida por “las legítimas autoridades” del país. 

En una declaración especial aprobada el 7 de junio de 2005, la OEA manifestó su voluntad de “facilitar el diálogo como medio para superar la crisis y garantizar la preservación de las instituciones democráticas”, al tiempo que reconoció “los esfuerzos del presidente boliviano, Carlos Mesa, para llevar adelante el proceso de manera consensuada”. 

El mandatario tuvo un serio enfrentamiento con la cúpula militar después de haber abandonado, el 6 de junio, tras su alocución, el Palacio Quemado (sede presidencial), en cuyas inmediaciones se estaban desarrollando enfrentamientos entre manifestantes dirigidos por Morales y Solares y policías, que dejaron como saldo varios heridos y en donde 26 energúmenos fueron detenidos. 

Según voceros castrenses, Mesa antes de abandonar el Palacio dejó grabado un mensaje a través del cual encargaba a las Fuerzas Armadas la convocatoria de las elecciones. Los mandos militares no acataron la orden y le ordenaron regresar a la sede presidencial, señalándole que en la Constitución existen normas directas para resolver los problemas políticos y situaciones tan extremas como las que registra desde hace varios meses Bolivia. 

La Iglesia Católica en vista de la caótica situación por la que atraviesa el país está interviniendo ahora activamente para buscar que a través del diálogo se encuentren las mejores soluciones y que Bolivia pueda recuperar la calma y la actividad diaria se desarrolle dentro de la mayor normalidad. 

El cardenal Julio Terrazas, desde Santa Cruz de la Sierra, y el obispo de El Alto, monseñor Jesús Juárez, han venido cumpliendo una misión destacadísima, aunque no se han encontrado aún soluciones específicas, pero confían en que en poco tiempo podrán alcanzar “vitales acuerdos” entre todas las fuerzas enfrentadas, que han contribuido al deterioro de la situación y la paz en el país bolivariano. 

Terrazas se ha reunido con representantes de la patronal “santacruceña”, encabezados por Gabriel Dabdoub, presidente de la Cámara de Industria, Comercio y Servicios (CICS), que respaldan cercenar Bolivia para que la provincia pueda ser totalmente autónoma, y a Juárez le ha tocado el “hueso más duro de roer” al tener como interlocutores al traficante Morales y a los anarquistas Abel Mamami y Julián Loayza, “dirigentes” de las Juntas Vecinales de El Alto (FEJUVE), todos empeñados en un objetivo común: llevar el país al más completo caos. 

Indudablemente la situación boliviana pasa por lograr un acuerdo para adelantar las elecciones generales de 2007 y para el retiro de toda actividad política, sindical y de liderazgo de personajes como Mesa, Vaca Díez, Cossio, Morales, Solares, Mamami, Loayza y otros de su misma condición y estilo. Su continuación en las funciones que actualmente desempeñan únicamente sirve para agravar mucho más la situación y para que en Bolivia reinen la confusión, el caos, la desidia y la anarquía.

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