ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


VENEZUELA: LA “EMPANADA MENTAL” DE CHAVEZ Y “RASPUTIN” RANGEL 

Una nueva demostración de la paranoia que se ha apoderado del gobierno venezolano y del afán protagonista, con base en las mentiras e insidias del “desquiciado dictador”, Hugo Chávez, y del “Rasputín” José Vicente Rangel, quedó patentizada en Caracas y La Habana, cuando presidente y vicepresidente, respectivamente, volvieron a “orquestar” la falsa campaña según la cual Estados Unidos está planeando el asesinato del ex coronel y ex golpista, que tiene a su país sumido en una gravísima crisis social, económica y política. 

Durante los días 2 y 4 de junio de 2005, Chávez y Rangel “volvieron a la carga” para tratar de desviar la atención de los venezolanos ante el cúmulo de desaciertos que soportan por la negligencia del gobierno presidido por esos dos pésimos “dirigentes”, y mientras el “desquiciado dictador” aseveró ante un grupo de sus seguidores que “siguen los planes para matarme” (por parte de Estados Unidos), el “Rasputín” intervino en el foro “Contra el terrorismo, por la verdad y la justicia”, celebrado en la capital cubana, para denunciar malintencionadamente que el Servicio Central de Inteligencia (CIA) es el encargado de planearlo. 

Claro está que los dos paranoicos no ofrecieron ninguna prueba que permita deducir que se está preparando de verdad un atentado contra la vida de Chávez y, como denunció la oposición venezolana, lo que se busca es que dentro del “grupo de villanos y asesinos integrado por los seguidores del dictador, alguien realice un fallido intento para poder así culpar a Estados Unidos”. 

“Premeditadamente los dos `locos` que ocupan presidencia y vicepresidencia, en vista del cada vez mayor descontento de los venezolanos, están planificando ese presunto ataque contra Chávez, que desde luego no le ocasionará ni siquiera un rasguño, para buscar justificar un rompimiento de las relaciones” con la única potencia mundial, dado que el “desquiciado dictador” anunció una ruptura de ellas si Estados Unidos no extraditaba al cubano-venezolano Luis Posada Carriles. 

Resulta que Estados Unidos dio un NO rotundo a esa extradición porque la solicitud venezolana era “claramente inadecuada” y ahora el “desquiciado dictador” no sabe como salir del embrollo en que él mismo se metió por su inadecuada verborrea y la cada vez mayor paranoia que lo domina y que a juicio de sicólogos, “puede conducirlo al suicidio”. 

Al dirigirse a sus seguidores en el Palacio de Miraflores –sede de la presidencia- Chávez afirmó el 2 de junio, con su habitual idioma enrevesado y “cantinflesco”, que “siguen los planes para matarme. Yo siempre me encomiendo a Dios y además estamos trabajando muy duro para que no me maten, pero hay gente de verdad empeñada en matarme”. 

“Ustedes no pierdan la calma, profundicen esta revolución”, dijo también el paranoico y “desquiciado dictador”, quien les recomendó que “si eso llega a ocurrir, demuéstrenle al mundo que el problema aquí no es Chávez, que aquí lo que hay es un pueblo dispuesto a ser libre, carajo”. 

Atendiendo a las órdenes expresas que le dio el paranoico ex coronel, so pena de destituirle del cargo, el “Rasputín” Rangel dijo junto al “padre y protector político” del mandatario, el dictador cubano, Fidel Castro, que “la vida del presidente Chávez corre un grave peligro”, y “ese sería un crimen de la CIA, un crimen del gobierno norteamericanos, un crimen del presidente (George) Bush y de su equipo de gobierno”. 

¿Qué pruebas presentó el “Rasputín”?. Ninguna. Sólo su palabra en la que, de acuerdo con la oposición venezolana, no “cree ni él mismo, porque además de ser un loco de atar es un mentiroso compulsivo”, ya que según “denunció” son “paramilitares y sicarios colombianos, junto con elementos cubanos que viven en Miami” los que se encargarían de asesinar a Chávez, y “moviendo los hilos está la CIA”. 

Según dijo también Rangel, el gobierno venezolano “dispone de información privilegiada sobre los pasos que están dando para acabar con la vida de Chávez” y “se han multiplicado las informaciones, los datos, que confirman la disposición de grupos que han perdido toda esperanza en derrocar a Chávez, porque no tienen ninguna posibilidad en los cuarteles, no tienen ninguna posibilidad en la calle, no tienen ninguna posibilidad electoral”. A pesar de haber sido periodista, aunque nunca de forma brillante, también le dio por imitar el idioma “cantinflesco” de su tirano jefe. 

Desde Caracas, inmediatamente, la oposición desmintió a los nuevos “Pinochos” creados por “Geppetto Fidel Castro”, y a través de Haydée Deutsch reafirmó que “eso es parte de la estrategia que el régimen usa para dar vuelta a la opinión pública para que olvide los problemas que afrontamos, pero la gente sabe que es mentira” ya que “nunca presentan evidencia completa, es muy similar a la táctica que usa Castro”. 

Efectivamente, el dictador cubano periódicamente lanza el bulo sobre que quieren asesinarle y acusa, tampoco sin presentar la más mínima prueba, de estar detrás de ello a Estados Unidos y, en los últimos años, responsabiliza directamente al presidente Bush. 

Los desmentidos del gobierno estadounidenses son continuos y cada vez las falsas acusaciones causan más hilaridad entre sus funcionarios, que entre risas le piden a Chávez que haga un “esfuerzo por sanear su mente” y, sobre todo, por buscar “una forma adecuada de trabajar en cambio de inventarse historias raras”. 

Como afirmaba Haydée Deutsch y lo señala también el Departamento norteamericano de Estado, Chávez y Rangel, los principales pésimos actores de la farsa, nunca han podido presentar pruebas porque “nada existe para intentar asesinar a un nefasto personaje que por el peso de sus errores es cada vez más aborrecido en su propio país”. 

La paranoia comenzó a sobresalir en Chávez en octubre de 2002 cuando “denunció” que un grupo de oficiales del servicio de inteligencia venezolano frustró un complot para quitarle la vida al regreso de una gira por Europa. El mandatario afirmó que las autoridades habían sorprendido a los asesinos que iban a derribar el avión presidencial con un lanzacohetes en el momento en que aterrizara en el aeropuerto caraqueño de Maiquetía. Todo resultó absolutamente falso, porque ni aparecieron los presuntos asesinos ni el lanzacohetes. 

Posteriormente, en julio de 2003, Venezuela efectuó una suspensión transitoria de sus ventas de petróleo a República Dominicana porque según Chávez, allí se estaba fraguando una conspiración para matarlo, pero nadie fue arrestado ni condenado, simplemente porque era solo producto de la imaginación del “desquiciado dictador”. 

Luego, 90 presuntos paramilitares colombianos fueron capturados en mayo de 2004 en inmediaciones de Caracas, porque según el “desquiciado dictador” hacían parte de una conspiración para asesinarle, pero ninguno de ellos ha sido, siquiera, condenado, a pesar que la justicia también actúa bajos sus órdenes. Otra falsedad de Chávez y sus lacayos. 

A finales del año pasado en su kilométrico y aburrido programa dominical “Aló, presidente”, el delirio de persecución de que padece Chávez le llevó a acusar a Estados Unidos de estar “organizando mi asesinato” y amenazó que en caso de suceder tal cosa, Venezuela no le vendería a este país “ni una gota más de petróleo”, a la vez que incitó a sus compatriotas del “grupo bolivariano”, integrado por asesinos armados, para cometer actos de violencia contra intereses estadounidenses. 

Hasta el momento todo se ha quedado en la paranoia que domina a Chávez y que extendió al “Rasputín” Rangel. Ambos han demostrado que además de ser ineficaces en su misión de gobernar, tienen una “auténtica empanada mental” que incide para que sus temerarias y falsas denuncias no tengan la más mínima evidencia ni siquiera una pequeñísima prueba de veracidad. 

Cuando no hay razones suficientes para justificar la denuncia, es cuando resalta la existencia de una mente enfermiza. Es lo que está sucediendo, exactamente, con ambos “personajillos” que quieren que se hable de ellos, aunque sea por sus mentiras. No temen hacer el ridículo porque, precisamente, sobre este han levantado su forma de proceder y actuar en sus respectivas vidas.

Portada - Indice