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VENEZUELA: LA “EMPANADA
MENTAL” DE CHAVEZ Y “RASPUTIN” RANGEL
Una nueva demostración de la paranoia que se ha apoderado del gobierno
venezolano y del afán protagonista, con base en las mentiras e insidias
del “desquiciado dictador”, Hugo Chávez, y del “Rasputín” José
Vicente Rangel, quedó patentizada en Caracas y La Habana, cuando
presidente y vicepresidente, respectivamente, volvieron a
“orquestar” la falsa campaña según la cual Estados Unidos está
planeando el asesinato del ex coronel y ex golpista, que tiene a su país
sumido en una gravísima crisis social, económica y política.
Durante los días 2 y 4 de junio de 2005, Chávez y Rangel “volvieron
a la carga” para tratar de desviar la atención de los venezolanos
ante el cúmulo de desaciertos que soportan por la negligencia del
gobierno presidido por esos dos pésimos “dirigentes”, y mientras el
“desquiciado dictador” aseveró ante un grupo de sus seguidores que
“siguen los planes para matarme” (por parte de Estados Unidos), el
“Rasputín” intervino en el foro “Contra el terrorismo, por la
verdad y la justicia”, celebrado en la capital cubana, para denunciar
malintencionadamente que el Servicio Central de Inteligencia (CIA) es el
encargado de planearlo.
Claro está que los dos paranoicos no ofrecieron ninguna prueba que
permita deducir que se está preparando de verdad un atentado contra la
vida de Chávez y, como denunció la oposición venezolana, lo que se
busca es que dentro del “grupo de villanos y asesinos integrado por
los seguidores del dictador, alguien realice un fallido intento para
poder así culpar a Estados Unidos”.
“Premeditadamente los dos `locos` que ocupan presidencia y
vicepresidencia, en vista del cada vez mayor descontento de los
venezolanos, están planificando ese presunto ataque contra Chávez, que
desde luego no le ocasionará ni siquiera un rasguño, para buscar
justificar un rompimiento de las relaciones” con la única potencia
mundial, dado que el “desquiciado dictador” anunció una ruptura de
ellas si Estados Unidos no extraditaba al cubano-venezolano Luis Posada
Carriles.
Resulta que Estados Unidos dio un NO rotundo a esa extradición porque
la solicitud venezolana era “claramente inadecuada” y ahora el
“desquiciado dictador” no sabe como salir del embrollo en que él
mismo se metió por su inadecuada verborrea y la cada vez mayor paranoia
que lo domina y que a juicio de sicólogos, “puede conducirlo al
suicidio”.
Al dirigirse a sus seguidores en el Palacio de Miraflores –sede de la
presidencia- Chávez afirmó el 2 de junio, con su habitual idioma
enrevesado y “cantinflesco”, que “siguen los planes para matarme.
Yo siempre me encomiendo a Dios y además estamos trabajando muy duro
para que no me maten, pero hay gente de verdad empeñada en matarme”.
“Ustedes no pierdan la calma, profundicen esta revolución”, dijo
también el paranoico y “desquiciado dictador”, quien les recomendó
que “si eso llega a ocurrir, demuéstrenle al mundo que el problema
aquí no es Chávez, que aquí lo que hay es un pueblo dispuesto a ser
libre, carajo”.
Atendiendo a las órdenes expresas que le dio el paranoico ex coronel,
so pena de destituirle del cargo, el “Rasputín” Rangel dijo junto
al “padre y protector político” del mandatario, el dictador cubano,
Fidel Castro, que “la vida del presidente Chávez corre un grave
peligro”, y “ese sería un crimen de la CIA, un crimen del gobierno
norteamericanos, un crimen del presidente (George) Bush y de su equipo
de gobierno”.
¿Qué pruebas presentó el “Rasputín”?. Ninguna. Sólo su palabra
en la que, de acuerdo con la oposición venezolana, no “cree ni él
mismo, porque además de ser un loco de atar es un mentiroso
compulsivo”, ya que según “denunció” son “paramilitares y
sicarios colombianos, junto con elementos cubanos que viven en Miami”
los que se encargarían de asesinar a Chávez, y “moviendo los hilos
está la CIA”.
Según dijo también Rangel, el gobierno venezolano “dispone de
información privilegiada sobre los pasos que están dando para acabar
con la vida de Chávez” y “se han multiplicado las informaciones,
los datos, que confirman la disposición de grupos que han perdido toda
esperanza en derrocar a Chávez, porque no tienen ninguna posibilidad en
los cuarteles, no tienen ninguna posibilidad en la calle, no tienen
ninguna posibilidad electoral”. A pesar de haber sido periodista,
aunque nunca de forma brillante, también le dio por imitar el idioma
“cantinflesco” de su tirano jefe.
Desde Caracas, inmediatamente, la oposición desmintió a los nuevos
“Pinochos” creados por “Geppetto Fidel Castro”, y a través de
Haydée Deutsch reafirmó que “eso es parte de la estrategia que el régimen
usa para dar vuelta a la opinión pública para que olvide los problemas
que afrontamos, pero la gente sabe que es mentira” ya que “nunca
presentan evidencia completa, es muy similar a la táctica que usa
Castro”.
Efectivamente, el dictador cubano periódicamente lanza el bulo sobre
que quieren asesinarle y acusa, tampoco sin presentar la más mínima
prueba, de estar detrás de ello a Estados Unidos y, en los últimos años,
responsabiliza directamente al presidente Bush.
Los desmentidos del gobierno estadounidenses son continuos y cada vez
las falsas acusaciones causan más hilaridad entre sus funcionarios, que
entre risas le piden a Chávez que haga un “esfuerzo por sanear su
mente” y, sobre todo, por buscar “una forma adecuada de trabajar en
cambio de inventarse historias raras”.
Como afirmaba Haydée Deutsch y lo señala también el Departamento
norteamericano de Estado, Chávez y Rangel, los principales pésimos
actores de la farsa, nunca han podido presentar pruebas porque “nada
existe para intentar asesinar a un nefasto personaje que por el peso de
sus errores es cada vez más aborrecido en su propio país”.
La paranoia comenzó a sobresalir en Chávez en octubre de 2002 cuando
“denunció” que un grupo de oficiales del servicio de inteligencia
venezolano frustró un complot para quitarle la vida al regreso de una
gira por Europa. El mandatario afirmó que las autoridades habían
sorprendido a los asesinos que iban a derribar el avión presidencial
con un lanzacohetes en el momento en que aterrizara en el aeropuerto
caraqueño de Maiquetía. Todo resultó absolutamente falso, porque ni
aparecieron los presuntos asesinos ni el lanzacohetes.
Posteriormente, en julio de 2003, Venezuela efectuó una suspensión
transitoria de sus ventas de petróleo a República Dominicana porque
según Chávez, allí se estaba fraguando una conspiración para
matarlo, pero nadie fue arrestado ni condenado, simplemente porque era
solo producto de la imaginación del “desquiciado dictador”.
Luego, 90 presuntos paramilitares colombianos fueron capturados en mayo
de 2004 en inmediaciones de Caracas, porque según el “desquiciado
dictador” hacían parte de una conspiración para asesinarle, pero
ninguno de ellos ha sido, siquiera, condenado, a pesar que la justicia
también actúa bajos sus órdenes. Otra falsedad de Chávez y sus
lacayos.
A finales del año pasado en su kilométrico y aburrido programa
dominical “Aló, presidente”, el delirio de persecución de que
padece Chávez le llevó a acusar a Estados Unidos de estar
“organizando mi asesinato” y amenazó que en caso de suceder tal
cosa, Venezuela no le vendería a este país “ni una gota más de petróleo”,
a la vez que incitó a sus compatriotas del “grupo bolivariano”,
integrado por asesinos armados, para cometer actos de violencia contra
intereses estadounidenses.
Hasta el momento todo se ha quedado en la paranoia que domina a Chávez
y que extendió al “Rasputín” Rangel. Ambos han demostrado que además
de ser ineficaces en su misión de gobernar, tienen una “auténtica
empanada mental” que incide para que sus temerarias y falsas denuncias
no tengan la más mínima evidencia ni siquiera una pequeñísima prueba
de veracidad.
Cuando no hay razones suficientes para justificar la denuncia, es cuando
resalta la existencia de una mente enfermiza. Es lo que está
sucediendo, exactamente, con ambos “personajillos” que quieren que
se hable de ellos, aunque sea por sus mentiras. No temen hacer el ridículo
porque, precisamente, sobre este han levantado su forma de proceder y
actuar en sus respectivas vidas.
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