ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


BOLIVIA: PRESIDENTE MESA AGIGANTA CRISIS POLITICA Y SOCIAL 

La debilidad del gobierno boliviano presidido por Carlos Mesa así como la inseguridad en su propia capacidad, están agigantando la crisis política y social que vive ese país desde que el 17 de octubre de 2003 cuando tras contribuir al retiro del entonces Jefe del Estado Gonzalo Sánchez de Lozada y aceptar el nombramiento que le hizo el Congreso de la República, el 2 de junio de 2005 reiteró su falta de liderazgo al convocar por decreto la elección de la Asamblea Constituyente y un referendo autonómico. 

Unido a una serie de inescrupulosos y de verdaderas lacras sociales, políticas y laborales, como los radicales indígenas Evo Morales, un “capo” narcotraficante sin la más mínima ética y moral; Felipe Quispe (alias “Mallku”), secretario ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y otros por el mismo estilo, Mesa se la “jugó toda” para traicionar a su entonces jefe, pues ocupaba el cargo de vicepresidente, y ahora es víctima de su propio invento, porque son los mismos que antes fueron los aliados los que le están acosando y exigiendo su renuncia. 

Mesa convocó a sus compatriotas, durante un discurso transmitido por televisión, a una cita electoral el próximo 16 de octubre, alegando que el “país vive un momento de extrema urgencia, vive una situación de confrontación de altísimo riesgo y en ese contexto no podemos esperar hasta el día martes próximo (7 de junio), como determinó el Congreso para reunirse y considerar ambos puntos” (elección para la Asamblea Constituyente y el referendo). 

Mientras el mandatario hacía ese anuncio, Evo Morales su “antiguo y leal amigo” para “tumbar” a Sánchez de Lozada, y que es miembro del Parlamento por el Movimiento al Socialismo (MAS) anunció en conferencia de prensa en La Paz que “no vamos a dejar que se instale el Congreso” y expresó que la paciencia del pueblo “se acaba y puede sacar a patadas al presidente Mesa y a los parlamentarios”. 

Este líder de los productores de hoja de coca, la principal materia prima de la cocaína, quiere que se nacionalice la totalidad de los hidrocarburos, sin medir las consecuencias ni los perjuicios que tal medida ocasionaría a Bolivia y que consistirían en la pérdida de empleo, la caída de la producción, la disminución de la actividad económica y la inviabilidad para desarrollar nuevos campos, lo que se traduciría, igualmente, en una enorme disminución de la inversión privada extranjera. 

Como a este inescrupuloso “capo” se le ha permitido crecer a la sombra de sus numerosos delitos, lanzó una nueva amenaza a las instituciones bolivianas, afirmando durante la conferencia de prensa que “no va a permitir que el Parlamento apruebe un referendo de autonomía sin Asamblea Constituyente”. El MAS cuenta con 38 de los 100 diputados del Congreso, pero como acostumbra a utilizar la violencia, los otros partidos que, sumados son mayoritarios, inexplicablemente, le temen. 

Según Mesa, como presidente de todos los bolivianos “he tomado una decisión que tiene un solo objetivo: la preservación de los criterios de unidad de la Patria, la preservación del concepto de cumplir la tarea histórica que le toca hoy a Bolivia”, porque a su juicio, la decisión tomada lo ha sido desde el “respeto a las instituciones correspondientes”, cumpliendo como presidente con su función de “gobernar y administrar Bolivia para dar soluciones que destraben lo que se está convirtiendo en un peligrosísimo empantanamiento”. 

Sin embargo, de inmediato surgieron las voces contrarias a la decisión de Mesa, y su convocatoria por decreto, usurpando las funciones que corresponden al órgano legislativo, fue calificada como “ilegal e inconstitucional”, por lo que a la luz de la Carta Magna tendrá que ser rechazada. 

El abogado constitucionalista José Luis Gutiérrez declaró a los periodistas que el decreto firmado por el presidente no “tendrá ninguna validez” si no es refrendado por el Congreso, mientras el “cocalero” Morales insistió en su ilegalidad, al igual que lo señaló Gabriel Dabdoub, presidente de la Cámara de Industria, Comercio y Servicios de Santa Cruz de la Sierra, la provincia que busca cercenar al país, porque en su criterio, es “totalmente inconstitucional”. 

El mandatario quiso “congraciarse” con sus antiguos aliados, que le vienen solicitando desde hace varios meses la convocatoria de elecciones para una Asamblea Constituyente, que deberá encargarse de analizar el problema surgido con los hidrocarburos para que se aumenten hasta el 50 por ciento los impuestos de regalías no deducibles para las multinacionales que los explotan y que recientemente el Congreso, a través de una ley, fijó en el 32 por ciento cuanto antes estaba en el 18. 

Tanto Morales como Quispe, en compañía del extremista presidente de la Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares, de los anarquistas Abel Mamami y Julián Loayza, director y jefe, respectivamente, de la Federación de Juntas Vecinales de El Alto (FEJUVE), han venido paralizando en los últimos 90 días al país a través del bloqueo de las principales carreteras nacionales, rutas interdepartamentales y caminos secundarios al igual que aquellas que conducen al exterior, especialmente las que comunican a Bolivia con Argentina, Chile, Paraguay y Perú. 

Esa incomunicación está originando, además, que Bolivia no pueda exportar muchos productos a través de las vías terrestres, lo que está originando enormes pérdidas a la economía de una nación, que es la segunda más pobre de América Latina y el Caribe, después de Haití, y que corre el riesgo que las principales multinacionales se retiren al considerar que con la elevación de los impuestos se les generará una carga impositiva que “hace inviable trabajar en este país”. 

En vista de la cada vez más grave situación que se registra en el país, de la agitación continua de la población, en su mayoría indígena y semianalfabeta contra el gobierno y de los perjuicios económicos que se están registrando, la Iglesia Católica, que en Bolivia tiene un seguimiento de fieles de, al menos, el 90 por ciento, anunció a través de la Conferencia Episcopal, su disposición para servir de intermediaria entre las partes enfrentadas con el objeto de lograr un acuerdo y devolver la normalidad a la nación. 

Para Mesa, “la actual no es una crisis de coyuntura, no es una crisis de personas o de momento”, sino que es una “verdadera crisis de Estado”, por lo que pidió al movimiento socio-laboral que deponga su actitud y a través del diálogo se alcancen las mejores soluciones. 

Describió esa “crisis de Estado” como “el momento en que por diversas razones, todas las instituciones y los instrumentos que hacía funcionar a nuestra sociedad están en cuestión, están debilitadas, han perdido legitimidad y han perdido los elementos de cohesión que permiten que como Comunidad seamos capaces de vivir de manera tolerante y civilizada”. 

Cuestionado desde hace muchos meses por su carencia de liderazgo, por su incapacidad para presidir el país y para combatir los disturbios, también para los empresarios de Santa Cruz de la Sierra, el departamento (provincia) que se ha rebelado y quiere ser una “república independiente” dentro de la misma Bolivia, Mesa “debe renunciar para dar paso a una salida democrática, que nos permita superar la gravísima confrontación que vive el país”. 

Para la clase empresarial “santacruceña”, es Mesa quien “está generando confrontación y división en la sociedad boliviana, que de continuar así conducirá inexorablemente a la destrucción de Bolivia”. Sin embargo, para nada, se refirió a su actitud egoísta y desintegradora de la nación andina, al pretender separarse, lo que ha originado también una amplia división en el país. 

Así, mientras su actitud separatista ha recibido el apoyo de tres provincias como las de Beni, Tarija y Pando, existen otras mayoritarias –La Paz, Chuquisaca, Potosí, Cochabamba y Oruro- que se oponen a la partición del país. La misma Iglesia Católica considera que esa división entre la población “hace temer el riesgo de lamentar pérdidas humanas”. 

Aunque no todo el país se opone a que haya una mediación de carácter internacional, tanto el gobierno como los radicales y anarquistas opositores no desean “intervenciones ajenas”, a pesar de no haber sido capaces de ponerse de acuerdo en ninguno de los numerosos puntos de discusión y desavenencia y a que el propio Mesa considera que “el riesgo de una solución violenta es extremadamente alto”. 

Indudablemente la carencia de un apoyo mayoritario está gravando enormemente la gestión de Mesa, porque desde que está en el poder ha venido demostrando que el “cargo de presidente le queda demasiado grande”. Su falta de capacidad, de autoridad y de tacto para afrontar y solucionar todos los problemas que se le vinieron encima, ponen de presente también la carencia de un buen “ojo clínico” por parte de la clase política, que se equivocó al creer que nombrando a un traidor al anterior mandatario, encaminaba a Bolivia por una senda de paz y de progreso.

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