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UE: CONSTITUCION EUROPEA
CONTINUA CUESTA ABAJO
Con el amplio triunfo del “no” en Holanda registrado en el referéndum
celebrado el primero de junio de 2005, la Constitución Europea continuó
cuesta abajo, tras haber fracasado también en Francia, por lo que puede
señalarse que se encuentra al borde del colapso y que los gobiernos del
“club de los 25” tendrán que trabajar con máxima intensidad para
poder contar en el futuro con una Carta Magna que sea aceptada por
quienes, en definitiva, lo deciden con sus votos: el propio pueblo.
Únicamente transcurrieron 72 horas, desde el holgado triunfo del
“no” en Francia, para que en Holanda, otro de los países fundadores
de la Unión Europea (UE), los electores infligieran al proyecto diseñado
por el ex presidente galo Valery D`Estaing Giscard una nueva y más
estruendosa derrota, porque el 61,60 por ciento en contra la Constitución
fue superior en 6,74 por ciento puntos al registrado en el país
presidido por el ególatra y prepotente Jacques Chirac.
Al mismo tiempo, quienes votaron por el “si” en Holanda, solamente
alcanzaron el 38,40 por ciento (45.14 en Francia) y la alta participación
del electorado, el 62,80 por ciento (contra 69,74), demostró que en
esta oportunidad el tema relacionado con Europa si les interesó, de
manera especial porque se sienten lesionados y perjudicados con la UE y
no desean que les rija la Carta Magna cuya paternidad pertenece a otro
ex presidente francés que no goza de muchas simpatías en el “viejo
continente” y que los votantes consideran “sumamente perjudicial
para nosotros”
La amplia preocupación surgida en la Comisión Europea (CE) que preside
el portugués José Manuel Durao Barroso, en la alta dirigencia de la UE
y en los gobiernos que forman la Comunidad, tuvo un “pequeño
respiro” el dos de junio de 2005 ante la ratificación que de esa
Carta política hizo Letonia, al aprobarla su Parlamento con el voto
afirmativo de 82 de sus 100 miembros.
Letonia, que ingresó a la UE el primero de enero de 2004 se convierte
así en el décimo país en ratificar la Constitución contra el
rechazo, por ahora, de Francia y Holanda y es posible, vistos los
resultados en estas dos últimas naciones, que el Primer Ministro británico,
Tony Blair, decida no celebrar el referéndum convocado para 2006, como
lo había previsto, para evitar que se registre otro “no” dada la
cantidad de euroescépticos en el Reino Unido.
Hasta ahora han ratificado el Tratado Constitucional, Austria, Alemania,
Eslovaquia, Eslovenia, España, Grecia, Hungría, Italia, Letonia y
Lituania, por lo que las expectativas se centran en los otros trece
miembros que aún no ha expresado su opinión favorable o negativa,
aunque tienen plazo hasta octubre de 2006 para hacerlo porque la Carta
Magna deberá entrar en vigencia el primero de noviembre del próximo año.
Mientras en Riga, la capital de Letonia, el primer ministro, Airgars
Kalvitis, hizo un angustioso llamamiento a los gobiernos de los 13 países
que faltan por pronunciarse a que “sigan nuestro ejemplo porque
consideramos que el Tratado Constitucional es vital para el futuro de
Europa”, en La Haya, el primer ministro holandés, Jan Peter
Balkenende, se declaró “decepcionado” porque “el gabinete abogaba
por el `si”, aunque aceptó que “los ciudadanos nos han dado una señal
inequívoca y la respetaremos”.
Según Kalvitis, su país “desea llamar la atención sobre el hecho
que la actitud negativa contra la Constitución europea en numerosos países
miembros puede explicarse no por el contenido del propio Tratado sino
por una visión parcial del futuro de Europa que no ha dado respuestas
claras a las preguntas que interesan a cada europeo: la ampliación, la
competencia leal y las cuestiones sociales”.
Sin mencionarlo, el político letón hizo alusión con esas palabras a
Chirac, cuyo gobierno ha sido nefasto en los ámbitos socio-económicos,
que han registrado una elevación del paro, la precariedad de los
empleos, el elevado costo de vida, el recorte de derechos laborales y
las medidas tomadas por el presidente para evitar su procesamiento por
la corrupción que imperó durante el tiempo que desempeñó el cargo de
Alcalde de París y la que ha permitido desde la Jefatura del Estado.
El miedo que Kalvitis y el ministro letón de Asuntos Exteriores, Artis
Pabriks, metieron a los diputados, a quienes presionaron previa y
continuamente para que votaran por el “si”, derivó en la amplia
aprobación de la Constitución Europea por el parlamento, aunque nadie
sabe las causas por las cuales los otros 18 miembros de la Cámara no se
presentaron a la sesión. Queda, por tanto, la incógnita: ¿No estaban
de acuerdo y prefirieron dejar de asistir para evitar votar por el
“no” y no quedar en evidencia?
Es indudable que los resultados en Francia y Holanda también han
“metido el miedo”, por razones obvias, a la alta dirigencia de la UE
y por eso el presidente de la CE, Durao Barroso, afirmó en Bruselas,
nada más conocer el triunfo del “no” en el país de los
“tulipanes”, que es necesario y urgente hacer una seria reflexión
para despejar interrogantes.
“Necesitamos saber adónde vamos”, dijo el presidente, a la vez que
pidió a “los Estados miembros que se abstengan de tomar decisiones
que podrían hacer más difícil el necesario consenso”, por lo que
“no sería inteligente que antes de la Cumbre, tomen decisiones que
dificulten un acuerdo entre todos”.
Esa Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la UE se realizará en
Bruselas entre los próximos 16 y 17 de junio, y durante ella será
obligatorio que los dignatarios encuentren una “honrosa salida” a la
difícil situación que no se circunscribe sólo a la negativa francesa
y holandesa sino que puede agravarse porque están en “fila” otros
países en los que el “no” también pueda salir triunfante.
El próximo 10 de julio se celebrará en Luxemburgo un referéndum con
igual propósito que los realizados en España, Eslovenia, Francia y
Holanda y en donde ya empiezan a surgir “serios temores” porque la
Carta Magna sufra un nuevo varapalo, ya que el apoyo a esta ha
descendido en las últimas semanas del 76 al 59 por ciento, de acuerdo
con varios sondeos de opinión. Y lo ocurrido en dos de los fundadores
de la UE puede influir también en el mes largo que falta para que sus
ciudadanos acudan a votar y allí también se vuelva a derrotar al
“si”.
También puede ocurrir que Dinamarca, uno de los países díscolos de la
UE, le de a la Constitución otro “empujoncito” para que siga
rodando por la cuesta cuando en septiembre celebre el referéndum. Los
dinamarqueses (no se asusten porque así es como se designa
correctamente, más que como daneses, a los nacidos en este país), se
han enfrentado en dos ocasiones a la UE con ocasión de la discusión y
aprobación del Tratado de Maastrich, en 1999, y la implantación del
euro como moneda única, en 2000.
El primer ministro de Dinamarca, Anders Fogh Rasmussen, declaró que sería
muy insensato “consultar a la opinión pública para luego cambiar la
Constitución y recomenzar el proceso de cero”.
La caída definitiva hacia el profundo abismo la pueden precipitar
Polonia y la República Checa, dos de los diez países que ingresaron a
la UE el primero de mayo de 2003, porque en ambos la tendencia
mayoritariamente imperante es la del “no”, aunque la CE y el
Parlamento Europeo (PE) no parecen haber tomado nota de los “dos
poderosos golpes” dados por los votantes franceses y holandeses, al
afirmar que “Europa sigue y sus instituciones seguirán funcionando
plenamente”, sin advertir el peligro que los dos “no” también van
dirigidos hacia sus propias gestiones.
El gobierno español, en un comunicado, reconoció que el “resultado
negativo” –en referencia a la votación en Holanda- “supone una
dificultad añadida al proceso de ratificación y entrada en vigor de la
Constitución Europea”, y anunció que cumplirá un “papel activo en
la búsqueda de soluciones a la situación creada”.
Esas soluciones no pueden ni deben pasar por algo que ya han sugerido
algunos dirigentes políticos europeos: suspender el proceso de
ratificación, porque ello otorgaría mucho más argumentos a los
partidarios del “no”, a los que se les cercenaría a mansalva su
derecho cívico de convertirse en el “constituyente primario” para
pronunciarse con su voto acerca de un tema fundamental para la
convivencia y la unidad de todos los europeos.
No son los altos dignatarios de la UE ni los gobiernos los más
autorizados –ni moral ni políticamente- para seguir con las
ratificaciones únicamente por la “vía parlamentaria”, habida
cuenta que aunque los legisladores son los representantes legítimos del
pueblo, los intereses que entran ahora en juego con la Constitución
Europea pueden conllevar una elevada corrupción para lograr que el
“si” siempre salga triunfante, aún en contra del diferente
pensamiento que actualmente tiene la mayoría de población europea
acerca de esa Carta Magna.
El futuro marco financiero de la Comunidad, previsto para ser discutido
en esa Cumbre de Bruselas y sobre el cual existen tantos enfrentamientos
entre los 25 miembros del “Club europeo”, muy posiblemente deberá
dar paso primordial al análisis de la nueva situación por el “no”
tan amplio que franceses y holandeses dieron para regirse por una misma
Constitución y que en el caso galo fue también un castigo, producto
del pésimo gobierno de Chirac. Es mejor que se haga un “examen de
conciencia” y, preferible, que se adopte otro proyecto de Carta política.
La UE no puede nadar contra corriente.
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