ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


EEUU: LA “GARGANTA PROFUNDA” QUE ECHO A NIXON DEL PODER 

“Garganta Profunda” tiene nombre y apellido, Mark Felt, y una edad nonagenaria, pero el secreto mejor guardado durante 33 años por fin salió a la superficie, y así el mundo pudo conocer el 31 de mayo de 2005 al autor de los informes que echaron en 1974 a patadas del poder a Richard Nixon, por entonces poderoso presidente de Estados Unidos por el partido Republicano, que unió a su cargo de mandatario de la primera potencia el de un “vulgar e inepto espía”. 

Con un “yo soy el tipo al que llamaban `Garganta Profunda`”, Felt rompió el “gran secreto” que le unía con dos periodistas al confirmar su identidad a un reportero de la revista “Vanity Fair”, que empezó a circular esta semana, aunque ya lo sabían, desde hace tres años, uno de sus mejores amigos, el abogado John O`Connor y su propia familia. 

Su hija Joan fue quien presionó insistentemente a su padre para hacer pública su identidad y su activa participación en el caso “Watergate” –nombre del edificio donde se llevó a cabo la acción delictiva de espionaje ordenada por Nixon-, después que este le dijera no estar satisfecho de haberlo hecho porque el haber sido “Garganta Profunda no era algo como para estar orgulloso”, pues ahora reconoció, tras más de tres décadas, que “no se debería filtrar información a nadie”. 

Su nieto Nick Jones, hablando a nombre de la familia, declaró a los periodistas que ésta se encuentra “orgullosa de él, porque es un héroe americano”, mientras O `Connor dijo que durante 30 años, Felt vivió “en una cárcel que él mismo se construyó, oscilando entre el orgullo y el reproche, una cárcel construida sobre sus fuertes principios y su inalterable lealtad al país. Ahora, fortalecido por su familia, cree que ya no le hace falta seguir en esa prisión”. 

Mark Felt, que ahora cuenta con 91 años y se mantiene lúcido, aunque bastante enfermo como consecuencia del infarto que sufrió en 2001, era por la época de los años 70 el subdirector de la Oficina Federal de Investigación (FBI) y aspiraba a ser el sucesor de Edgar Hoover, el “espía” de tendencia homosexual y número uno del organismo, que durante muchos años se convirtió en el principal sospechoso de las informaciones publicadas por los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein en el “The Washington Post”, que obligaron a Nixon a renunciar. 

Para resguardar la identidad de Felt ambos periodistas, que en 1973 fueron galardonados con el “Pulitzer”, el más importante premio mundial de prensa, resolvieron bautizarlo como “Garganta Profunda”, nombre de una famosa película pornográfica que hizo furor por la época debido a sus crudas escenas de felaciones. 

Todo comenzó el 9 de octubre de 1972 cuando “Garganta Profunda” mantuvo su primer contacto con Woodward, para darle las informaciones relacionadas con la operación de espionaje a las oficinas del Comité Nacional Demócrata, ubicadas en el edificio Watergate, de Washington, autorizada por el presidente Nixon y que se había realizado el 17 de junio de ese año. 

En esta última fecha, cinco personas fueron descubiertas por la policía cuando reparaban varios micrófonos que Nixon y otros funcionarios que también fueron incriminados y se vieron obligados a dimitir, hasta un total de 40, habían autorizado instalar en la sede del Partido Demócrata. Como no funcionaban bien, aquellos “operarios” entraron en la madrugada y de forma clandestina a esas oficinas porque el presidente quería “conocer al detalle” todos los movimientos y la forma como sus rivales políticos preparaban sus campañas y estrategias. 

Al conocer la información de “Garganta Profunda”, Woodward y su compañero de redacción Bernstein se entrevistaron con el director del periódico, Ben Bradlee, a quien dieron los detalles iniciales y este les autorizó a seguir su investigación periodística, respetando en todo momento la identidad de la fuente informativa y la palabra dada a Felt sobre el ocultamiento de su nombre o del cargo que desempeñaba, así como cualquier pista que pudiera conducir a descubrirle. 

El compromiso que los dos periodistas adquirieron con el por entonces desconocido informante fue que guardarían su identidad y que únicamente la darían a conocer en el momento en que este falleciera. El cabal cumplimiento de ese pacto entre caballeros no solo resguardó a Felt de toda sospecha sino que permitió que fuese este, tras 33 años del suceso, el que a través de la revista “Vanity Fair”, descubriera el misterio, que los dos autores del “Watergate” confirmaron el mismo 31 de mayo tras publicarse la declaración de “Garganta Profunda”. 

No obstante, era perfectamente conocido que “Deep Throat”, por ser el número dos del FBI, despertó al comienzo de las publicaciones del The Washington Post sospechas sobre su posible relación con el caso pero, además de sus continuas negativas, la decisión de los periodistas de guardar celosamente su identidad, a pesar de las presiones recibidas, hicieron que aquellas se fueran desvaneciendo, por lo que su descubrimiento solo fue posible después de 33 años y, eso, porque Felt así lo quiso. 

A pesar de las presiones del gobierno estadounidense a través del propio Nixon y de los más altos funcionarios de la “Casa Blanca” –sede de la presidencia-, ambos periodistas, firmemente respaldados por su director y la propietaria del diario, siguieron publicando las informaciones que “Garganta Profunda”, con quien se veían en el sótano de un aparcamiento de Washington y posiblemente en otros lúgubres lugares para evitar su seguimiento, les iba suministrando con absoluta veracidad, mientras el prestigio del mandatario se iba deteriorando día tras día.


Como es apenas lógico y cuando se realiza un periodismo de investigación, ambos reporteros tuvieron en “Garganta Profunda” a su principal fuente informativa, pero también acudieron a otras, que siguen siendo anónimas, para reforzar los datos que Felt les proporcionaba y tener otros nuevos, que permitieron al “The Washington Post” contar la verdadera historia, durante 26 meses, del espionaje ordenado por Nixon, y con la cual le cavaron su “fosa política”. 

La “fecha infausta” para el ya fallecido presidente quedó marcada un 9 de agosto de 1974 cuando se vio obligado a dimitir y a salir por la puerta falsa de la Casa Blanca, porque el Congreso de la República estaba preparando el juicio para su destitución, lo que hubiese sido mucho más deshonroso y humillante para quien en ese instante era considerado el “hombre más poderoso de la tierra” por el poder político que encarnaba. 

Frente a un televisor, ese día millones de personas en el mundo entero apreciaron a un Nixon, con ojos enrojecidos por el llanto, gesto compungido y una ira contenida, anunciar su dimisión. Había asumido su cargo presidencial para un primer periodo el 20 de enero de 1968 y en este mismo día de 1972 por haber sido reelegido por otros cuatro años. 

Fumador empedernido, bebedor del buen whisky de Escocia, puede considerarse ahora que en Felt no influyeron poderosamente solo “altas dosis de patriotismo” sino que, quizás, fue una especie de venganza lo que le llevó a entablar el contacto con los periodistas y a informar con todos los detalles de la operación del “Watergate”, el más famoso caso de un pésimo trabajo de espionaje, ya que siendo el número dos del FBI, creía que Nixon lo nombraría director tras el fallecimiento de Hoover, pero el presidente designó al vicefiscal general Patrick Gray, que no tenía ninguna vinculación con ese organismo. 

Woodward y Bernstein en el libro “Todos los hombres del presidente” dieron a conocer la forma como el primero se entrevistaba y recibía la información de “Garganta Profunda”: cuando era el periodista quien quería entrevistarse con Felt, movía de su sitio una maceta del balcón de su apartamento y cuando era el número dos del FBI quien iba a suministrar nuevas noticias, dibujaba en el periódico que el reportero-investigador recibía en ese piso un reloj, donde marcaba la hora del encuentro. Ya el sitio de reunión estaba previamente acordado, un aparcamiento subterráneo en la capital norteamericana. 

No hay duda que a todo el mundo, incluso a los tres periodistas que guardaron celosamente su identidad, sorprendió la decisión de Felt de descubrirse él mismo. Es posible que después de tantos años su conciencia pudiera remorderle o reprocharle algo, o que, quizás, quería conocer la reacción que podría tener el desvelar su secreto cuando, al parecer, se acerca el fin de su vida. 

De todas formas siempre que se escriba algo relacionado con la historia del “Watergate”, que le pasó una enorme factura de desprestigio y humillación a Nixon, siempre se hablará más de “Garganta Profunda” que de Felt, pero el ahora ya anciano informante de una de las noticias más apasionantes del siglo XX, sin duda, podrá descansar en paz, al haber descargado el peso de su conciencia. 

Mientras tanto, Woodward, Bernstein y Bradlee se sentirán plenamente satisfechos porque además de haber cumplido profesionalmente con la información que destruyó al entonces intocable presidente, guardaron fielmente la identidad de su fuente informativa y cumplieron con su palabra. Pero, la historia tiene el final más feliz: el “Watergate” representó el más auténtico caso de libertad de prensa, la que tanto aborrecen algunos “incultos dictadorcillos” que presiden varios gobiernos latinoamericanos.

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