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FRANCIA: RAFFARIN PAGO LOS “PLATOS
ROTOS” POR EL “NO”
Como era de esperar, la persona más culpable en Francia por el rechazo
de la Constitución Europea, el presidente Jacques Chirac, eludió su
responsabilidad y vergonzosamente se la cargó al primer ministro, Jean
Pierre Raffarin, a quien destituyó el 31 de mayo de 2005 para poner en
su lugar el titular de la cartera de Interior, Dominique de Villepin,
uno de sus “leales amigos políticos”.
Si bien es cierto que Raffarin desde que asumió su cargo en el año
2002 ha estado dando “palos de ciego” por su incapacidad personal y
su debilidad política, el mayor culpable de la situación que tiene
descontenta a la amplia mayoría de los franceses es Chirac y fue a éste,
más que a nadie, a quienes castigaron sus compatriotas, aplastándolo
con el “no” en el referéndum sobre la Carta Magna europea celebrado
el pasado 29 de mayo.
El triunfo del “no” con el 54,86 por ciento frente al 45,14 por el
“si”, dentro de una participación electoral altísima que llegó al
69,74 por ciento, ha originado también amplia preocupación en la
Comisión Europea (CE) y en los otros 24 países miembros del la Unión
Europea (UE), que calificaron el resultado de un “serio revés”,
aunque siguen apostando por continuar el proceso de integración del
“viejo continente” y con la ratificación de la Constitución por
los otros países, que deberá entrar en vigor en noviembre de 2006.
Chirac resolvió unilateralmente que Raffarin tenía que pagar los
“platos rotos” porque su propia incapacidad para convencer a los
franceses del voto favorable rayó en la indignidad y, además, porque
sus compatriotas ya le conocen suficientemente, no le creen nada de lo
que dice y desean que abandone cuantos antes, incluso sin concluir su
periodo constitucional, el Palacio del Elíseo, sede de la presidencia
gala.
Dominique de Villepin ha sido en el gobierno de Chirac un auténtico
“comodín”, al que el presidente ha tenido saltando de ministerio en
ministerio, pues de ser titular de Asuntos Exteriores, cargo en el cual
resultó muy “quemado” por su actitud de enfrentamiento con Estados
Unidos como consecuencia de la guerra de Irak, pasó al de Interior el año
pasado y ahora tendrá el principal encargo de formar nuevo gobierno
como consecuencia de su designación para Primer Ministro.
De 51 años, de Villepin, un político liberal, goza de la absoluta
confianza de Chirac, por lo que se considera que su designación no va a
originar ninguna importante variación en la forma de gobernar porque
“este fiel escudero” ha sido partidario, dentro de los cargos
ocupados en el régimen, de “escuchar la voz del amo y obedecer”,
como bien lo señaló un miembro del partido socialista francés.
Francia está necesitando con suma urgencia una completa revisión de la
política social, en la que Raffarin fracasó también de manera
rotunda, porque al igual que Chirac, se mantuvo en sus “trece” y no
quiso atender los clamores populares para hacer los cambios requeridos.
Aunque menos engreído que el mandatario, también el ahora destituido
primer ministro, se sintió un auténtico poseedor de la verdad y se
distanció de la opinión pública.
Al conocer la designación de su sustituto, Raffarin anunció que
“apoyará con todas sus fuerzas” a de Villepin, y se mostró igual
de soberbio al mandatario al afirmar ante los periodistas que se “sentía
orgulloso de las decisiones tomadas durante los tres años” en que
dirigió al gobierno.
Las acusaciones acerca de la culpabilidad del presidente surgieron con
gran fuerza desde el Partido Socialista, y el también vapuleado líder
de este grupo, Francois Hollande, trató de esquivar la fuerte derrota
–defendió el “si”- descargando toda la culpa en Chirac y reafirmándose
en su intención de seguir ocupando el puesto de “número uno” del
PSF.
“Hay un vencido, ese es Chirac”, señaló el también dirigente
socialista Jack Lang, defensor del “si”, mientras que desde la otra
orilla resurgió con fuerza el ex ministro y ex líder de ese partido
Laurent Fabius, quien como es lógico reclamó la victoria porque fue un
incansable luchador del “no”, sin ser enemigo de la unión
continental, y dijo que era necesario contar con una Europa que sea “más
democrática, potente, solidaria y humana”.
Hablando en “clave política” francesa, Fabius declaró que el
Partido Socialista deberá prepararse para ser “la alternancia” en
las elecciones presidenciales y legislativas de 2007, “mediante una
reagrupación de la izquierda”, mientras Hollande, que ha demostrado
no ser un buen líder como tampoco que su voz es acatada en su propio
grupo, anunció que no tiene ninguna “intención para dimitir”.
Aunque el ex presidente conservador Valery D`Estaing Giscard,
“padre” de la Constitución Europea ha querido pasar de largo
evitando pronunciarse sobre el triunfo del “no” a un proyecto que
consideró “casi perfecto”, también se escuchan en su país y en
otros miembros de la UE opiniones de culpa para él porque la Carta
Magna, aprobada con cierta ligereza por los presidentes y jefes de
gobierno para evitar aplicar el Tratado de Niza, contiene indudables vacíos
que, incluso, tienen que ver con la tradición cristiana del continente.
A Chirac le quedan aún 22 meses para terminar su mandato y las
elecciones para elegir a su sucesor se celebrarán a principios de 2007,
pero durante todo ese tiempo, con toda seguridad, tendrá que aguantar
las exigencias para que presente su renuncia, porque el descontento
hacia su gestión crece considerablemente y ahora, con el triunfo del
“no”, ese sentimiento va a salir mucho más reforzado.
Una vez conocida la designación de De Villepin, numerosos dirigentes
políticos se mostraron, en su gran mayoría, opuestos a él por
considerar que”no tendrá ningún margen de maniobra económica,
financiera y social para responder a las esperanzas de los franceses”,
como declaró el presidente del partido socialista en la Asamblea
Nacional (Cámara baja), Jean Marc Ayrault.
Se considera en los círculos de la oposición que tampoco podrá, como
no lo hizo su antecesor, reducir el desempleo que actualmente está
considerado como “uno de los más altos de Europa” porque afecta a más
del 10 por ciento de la población laboral, de acuerdo con las cifras
oficiales recién divulgadas.
El nuevo primer ministro, que “practicará la misma política” que
Raffarin, según afirmó Alain Bouquet, presidente del grupo comunista,
tiene otro serio “hándicap” en su currículo político que ya
destacó la oposición al conocer su nombramiento: le falta legitimidad
popular porque nunca se presentó a unas elecciones, ni siquiera
municipales, en su país, por lo cual sólo es una “ficha” del ególatra
Chirac, que así le viene premiando su “lealtad personal”.
El orgulloso y arrogante Chirac anunció (¿hay quien pueda, de verdad,
creerle?), que con el nuevo gobierno presidido por de Villepin, la lucha
contra el paro va a tener un “carácter prioritario” y que se
impulsará una política encaminada a dar “más solidaridad y más
dinamismo” para procurar el bienestar de sus compatriotas.
A medida que siga aferrándose a su cargo, ante el descontento popular
que irá creciendo con el paso de los días, Chirac seguirá perdiendo
legitimidad y, lo más grave, visto por los franceses como un “político
que antes que el país, lo que de verdad le interesa es conservar el
cargo de presidente, a costa de lo que sea”.
Desde luego, es una acusación cierta, a la que nada puede objetar el
mandatario porque “por sus propios hechos está siendo cada vez más
conocido y, por consiguiente, más denostado”. Ya, después de tantas
promesas fallidas, nadie confía en él, y esta circunstancia debe ser
aprovechada debidamente por Nicolas Sarkozy, el gran rival de Chirac y
actual presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), para
presentarse con aires y programas nuevos en las próximas elecciones
presidenciales o antes si es que el Jefe del Estado dimite como todos
los franceses le exigen.
Su segundo gobierno ha sido todavía peor que el primero y ahora, tras
el referéndum, su poca credibilidad en Francia ha salido de las
fronteras y ya no podrá, siempre con su acostumbrada petulancia y
egolatría, aspirar a ser el “jefe de la Europa unida” porque todos
saben que ha sido el directo responsable del “primer varapalo” que
recibió la Constitución continental, al tiempo que encajó la tercera
derrota política personal en su propio país. Otro que no fuese este
engreído, ya hubiese dimitido de su cargo.
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