ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


UE: “NO” FRANCES FUE CONTRA CHIRAC, NO CONTRA EUROPA 

El rotundo triunfo del “no” hacia la Constitución Europea en el referéndum celebrado el 29 de mayo de 2005 en Francia tiene una lectura muy especial: el pueblo galo está harto del soberbio y prepotente presidente, Jacques Chirac, y el rechazo en las urnas no fue directamente dirigido contra la unión del “viejo continente” sino contra las “cacicadas” de quien ha venido deteriorando desde el gobierno la buena imagen del país. 

Chirac, que obtuvo su segundo mandato por “carambola”, ya que de no haber aparecido en escena con mucha fuerza de votos el ultraconservador Jean Marie Le Pen, no había sido reelegido, se comprometió con todo su poder político y personal para conseguir el sí de sus compatriotas a la Carta Magna europea, y como bien pudo apreciarse con el resultado final del referéndum, tal poder es bastante precario, aunque su soberbia le ha impedido presentar, como era lo lógico y sensato, su renuncia tras el fuerte golpe recibido en las urnas. 

El 54,86 de los franceses, en un referéndum que contó con la participación del 69,74 por ciento del censo electoral de 41 millones de personas, le señaló a Chirac el camino de salida del Palacio del Elíseo al votar por el “no”, frente al 45,14 por ciento que se decantó por el “sí”. 
No solo los franceses en su amplia mayoría consideran que Chirac debería haber dimitido sino que esa misma opinión es compartida por millares de personas en los otros 24 Estados miembros del la Unión Europea (UE) y por los más destacados dirigentes políticos que han visto que el prepotente, el corrupto, el ególatra, el soberbio, es “realmente un gravísimo obstáculo para el buen accionar de la unidad continental”. 

También esta consulta electoral sirvió para demostrar la debilidad e ineficacia del nuevo Secretario General del Partido Socialista, Francois Hollande, cuyo liderazgo quedó en entredicho, ya que fue uno de los propulsores del “si”, mientras el ex ministro Laurent Fabius, que promovió el “no”, le barrió literalmente. Hollande es otro de los dirigentes que debe decir su adios definitivo a la política. 

La propia Comisión Europea (CE), a través de su ejecutivo Mikolaj Dowgielewicz, durante una rueda de prensa celebrada en Bruselas el 30 de mayo, afirmó que los 25 Estados miembros de la UE tienen “un fuerte compromiso político, que no jurídico”, para lograr que el “proceso de ratificación de la Constitución Europea llegue a buen término”.  

En el caso del incapaz mandatario francés quedó comprobado que ni tiene ascendencia sobre sus propios compatriotas ni puede cumplir con el “fuerte compromiso político” de impedir que la Carta Magna hubiese recibido tan rotundo rechazo, única y exclusivamente porque él estaba al frente de quienes pidieron su ratificación y porque en su país ya no cuenta con apoyos mayoritarios. 

Su afirmación tras conocer la derrota sobre que “es vuestra decisión soberana y tomo nota de ella”, y la que hizo al día siguiente en el sentido que anunciará sus “decisiones relativos al gobierno” el 31 de mayo y que tienen que ver posiblemente con la destitución de Raffarín, al quien él debía acompañar si fuese un “político con un poco de dignidad”, demuestran que Chirac no sabía lo que hacía antes del referéndum y que tampoco ahora sabe lo que hará. 

 La UE, de todas maneras, se sobresaltó con el resultado, primero que se produce de rechazo a la Constitución que engendró otro francés, el ex presidente Valery Giscard D`Estaing y como consecuencia de ello el euro se vio afectado y se cambiaba el 30 de mayo a 1,2471 dólares, que representa el nivel más bajo desde octubre de 2004. 

También ese “no” originará que aunque la UE siga adelante, tendrá que continuar funcionando con los tratados actuales, entre ellos el de Niza, al que Chirac odiaba profundamente, y que por consiguiente la Carta Magna, prevista para entrar en vigencia en noviembre de 2006, tendrá que desecharse hasta que se elabore otra Constitución. 

 En Holanda también las perspectivas para la aprobación de la Carta Magna son bastante escasas porque para el referéndum del primero de junio, el “no” gana también por un amplio margen al “si”. En este caso, al revés de lo ocurrido en Francia, los holandeses no van en contra de su propio gobierno sino que se consideran perjudicados por la vigencia de la nueva Constitución y porque creen que en materia socio-económica la UE les ha perjudicado. 

 Este sería un segundo y definitivo varapalo a la UE, habida cuenta que Holanda y Francia fueron dos de los fundadores de esta Unión que ahora cuenta con 25 miembros y en 2007 tendrá, al menos, otros dos nuevos a partir del  primero de enero de ese año, cuando ingresen Bulgaria y Rumania, mientras que Croacia y Turquía esperan su turno para una nueva ampliación. 

Según los últimos sondeos, el “no” en Holanda obtendrá un porcentaje muy similar al registrado en Francia, porque la mayoría de las encuestas le otorgan al rechazo de la Carta Magna europea un 54,4 por ciento, a pesar de los esfuerzos del gobierno por incrementar la votación a favor del “sí”. 

De acuerdo con lo expresado por la Comisión Europea, se hace “necesario extraer consecuencias del triunfo del `no` en el referéndum celebrado en Francia, que se ha producido también por razones no ligadas estrictamente al tratado constitucional”, de acuerdo con la declaración de Francoise Le Bail, portavoz de la misma. Es decir en el fondo considera que Chirac es el principal responsable, aunque no lo diga. 

“Como todo gobierno, la Comisión es corresponsable de ese déficit de información sobre el Tratado”, aunque lo importante ahora es “salir de esta situación y no buscar culpables”, añadió Le Bail, en un intento por no comprometer directamente en el fracaso de la consulta electoral a Chirac, el verdadero culpable del “no”. 

Ante la nueva circunstancia surgido por el “no” francés, “corresponderá ahora al Consejo de la UE estudiar la situación y extraer las lecciones correspondientes”, dijo también la portavoz de este organismo, a la vez que indicó que “es evidente que mientras tanto regirá el Tratado de Niza”, ampliamente defendido por el anterior ejecutivo español presidido por José María Aznar y casi repudiado por el nuevo que preside José Luis Rodríguez Zapatero. 

Precisamente, al día siguiente del referéndum con el resultado negativo, nuevamente analistas españoles e internacionales volvieron a destacar el “pobre y ridículo papel” protagonizado por Rodríguez Zapatero (a quien le gusta que se le identifique más por el apellido materno que por el paterno), de quien reiteraron que se ha convertido en el “gafe” de Europa. 

Argumentaron que Rodríguez Zapatero viajó a Alemania dos días antes de las elecciones del pasado 22 de mayo para respaldar al Canciller, Gerhard Schröder, en las vitales elecciones de Renania del Norte-Westfalia, y que éste las perdió de forma estruendosa porque, además, su Partido Socialdemócrata (SPD), gobernaba allí desde 1966.  

Lo mismo hizo viajando a Francia para respaldar a Chirac en el referéndum y, como se comprobó, el mandatario galo lo perdió recibiendo una humillante derrota, la tercera consecutiva en actos electorales celebrados en su país. Los holandeses partidarios del “no” están pidiendo a gritos que el presidente del gobierno español viaje a su país para respaldar el “sí” porque eso es, aseguran, “símbolo de derrota para sus defensores”. 

Aunque no por esperado, el “no” francés demuestra que muchos de quienes presumen de ser “verdaderos líderes” de la UE no tienen el suficiente apoyo político en sus propios países y son, a la postre, un “auténtico obstáculo” para que el “viejo continente” pueda convertirse en una Unión fuerte, que tenga el respaldo de quienes viven en Europa y que pueda gobernarse bajo una sola constitución y representar una única voz en el mundo.  

Este primer gran fracaso para la fortaleza de la UE, sin duda, tiene nombre y apellido: Jacques Chirac, el más demagogo, ególatra y prepotente, a quien sus propios compatriotas le dijeron que no lo desean tener más en ningún escenario político. Lo más grave es que ahora el “no” francés sirva de ejemplo para otros países, lo que, desde luego, no sería ni bueno ni aconsejable para el Continente.

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