ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


ORIENTE MEDIO: BUSS Y ABBAS REAFIRMAN PROCESO PAZ 

La decisión del presidente estadounidense, George Bush, de recibir en la Casa Blanca al presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas (alias “Abú Mazen”), el pasado 26 de mayo de 2005, sirvió para reafirmar el proceso de paz en Oriente Medio y, de manera especial, para demostrar que los tiempos han cambiado y que ahora sí existe diálogo entre ambos, lo que no ocurría mientras el líder palestino era el ahora fallecido Yaser Arafat. 

El buen recibimiento que Bush le otorgó a Abbas resultó especialmente agradable para la delegación palestina, que a través del Portavoz de la ANP, Nabil Abu Rudeina, declaró a los periodistas que “los resultados de la cumbre son coherentes con nuestras expectativas”, lo que en los últimos cuatro años no ocurrió porque el mandatario norteamericano le cerró las puertas de su despacho a Arafat por considerarlo un “terrorista” que no hacía nada por alcanzar la paz con Israel. 

La situación “a partir de ahora es diferente, porque Abbas es una persona que no apoya el terrorismo y quiere alcanzar la paz con el gobierno israelí a través del diálogo, y especialmente de la `Hoja de Ruta`, el plan diseñado por Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Rusia y la Organización de las Naciones Unidas (ONU)”, dijo un vocero del Departamento de Estado. 

Para Abu Rudeina, esta cita permitió recordar “los mejores días” de la presidencia estadounidense ejercida por Bill Clinton que aceptaba y recibía a Arafat, hasta cuando también se dio cuenta perfecta que el “rais” no estaba interesado en la paz y que daba un continuo apoyo a los grupos terroristas palestinos, especialmente al Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), la Yihad Islámica y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, brazo armado del partido Al Fatah, fundado por el extinto ex presidente de la ANP.

Con este paso, Bush quiso mostrar al mundo que aunque el apoyo hacia Israel no tiene fisuras, también se le concede a la ANP una “oportunidad de oro” para que Abbas tenga un trato similar al que recibe el primer ministro hebreo, Ariel Sharon, y que la Casa Blanca podrá, incluso, ser compartida por estos tres dirigentes en próximas oportunidades para discutir los avances de las negociaciones de paz. 

Mientras en Washington los dos mandatarios sostenían este encuentro tan especial, en Ramala, la banda terrorista Hamás anunció su aceptación para dialogar con el partido Al Fatah, que también preside Abbas, con miras a encontrar soluciones a los problemas políticos surgidos por la realización de las elecciones legislativas convocadas para el próximo 17 de julio y que Abbas no desea aplazar porque espera que pronto se alcancen acuerdos que también permitan encontrar la paz con Israel, a la que el grupo armado continúa oponiéndose. 

Además de hablar sobre la paz y de insistir Bush en que Abbas, la ANP y el Partido Al Fatah tienen “un enorme compromiso con el mundo para alcanzar la paz con Israel y poder así contar con un Estado propio”, el mandatario estadounidense brindó a Abbas una ayuda económica que, aunque modesta, constituye, sin embargo, “un gesto de confianza hacia la labor que puede desempeñar al frente del gobierno palestino”. 

El gobierno estadounidense entregará a la ANP una ayuda económica equivalente a 50 millones de dólares que aunque no sea la que Abbas esperaba conseguir, al menos representa una buena vinculación del régimen presidido por Bush al nuevo ejecutivo palestino y servirá al gobierno para atender “necesidades vitales”. 

Por eso, el experto Steven Cook, del Council Foreing Relations (CFR), centro de estudios de Nueva York, afirmó a la prensa que “ciertamente Abbas no obtuvo todo lo que quería, pero obtuvo una buena parte”, mientras para el especialista en temas del Oriente Medio del US Institute of Peace (USIP), Scout Lasensky, los dos mandatarios “mostraron al mundo que las relaciones estadounidense-palestinas han regresado a la normalidad y ellas están marcadas por la confianza”. 

La reunión sirvió también para evidenciar que con ella comenzó un “periodo de normalización” de las relaciones y para que Bush reiterara su apoyo para la creación del Estado palestino en el menor tiempo posible y con el gran objetivo que ahora sí Israel y Palestina pongan en marcha la “Hoja de Ruta”, a la que el mandatario estadounidense considera “básica” para alcanzar y firmar la paz. 

“Es el único camino para construir la paz en la región”, señaló Bush a Abbas, como lo había hecho anteriormente con el primer Ministro Sharon, que también visitó Washington, aunque en la capital estadounidense no mantuvo ningún contacto con el nuevo líder palestino, con quien aspira a reunirse el próximo mes. 

De acuerdo con las informaciones oficiales, Bush instó a Sharon a suspender la construcción de asentamientos en Cisjordania, desmantelar las colonias ilegales y abandonar definitivamente el proyecto para seguir construyendo el muro de protección, así llamado por los israelíes, y de la vergüenza, como lo denominan los palestinos. 

Al mismo tiempo, insistió a Abbas a continuar sus esfuerzos para lograr que los grupos terroristas pongan fin a sus acciones criminales porque, según le dijo Bush, “sólo la derrota de la violencia conducirá a la soberanía”, a lo que el mandatario de la ANP se comprometió con “toda su capacidad y convicción”. 

Es indudable que de los tres grupos radicales y asesinos que Arafat apoyó hasta su muerte, ocurrida el 11 de noviembre de 2004 en París, Hamás es el más peligroso porque está integrado por una cúpula de criminales natos que, además, incumplen sus compromisos con la mayor facilidad.  

Sus continuos atentados con cohetes Qassam y obuses de mortero contra asentamientos judíos y contra personas inocentes a las que matan a través de suicidas que penetran en territorio israelí, se producen con mucha frecuencia a pesar de comprometerse con un alto el fuego, que siempre violan para luego acusar a Israel del incumplimiento. 

Bush  hizo saber a Abbas que sus servicios de inteligencia saben perfectamente que muchos dirigentes gubernamentales y de Al Fatah, están dando “apoyo continuo” a los terroristas, por lo que le instó también no solo a combatir y recluir a éstos en las cárceles sino para que realice “una adecuada limpieza” en esos estamentos porque de lo contrario “será imposible alcanzar la paz”. 

Aunque el mandatario estadounidense no se lo dijo abiertamente a Abbas, sí le dio a entender que su gobierno le otorgará “un margen de confianza” que no será indefinido, con el objeto que el presidente de la ANP pueda dar los “pasos adecuados” para que los palestinos dejen la violencia y, sobre todo, para que los terroristas no sigan recibiendo el apoyo de sus propios compatriotas y de otros gobiernos que, como los de Siria, Irán y Líbano, les hacen llegar armamentos y les permiten tener en ellos campos de entrenamiento. 

Las posibles reuniones para llegar a acuerdos que conduzcan al cese de hostilidades que Al Fatah y Hamás puedan celebrar en el más inmediato futuro en territorio palestino exigen la mayor firmeza por parte del gobierno de la ANP y, especialmente, de Abbas, si se quiere seguir contando con el apoyo y amistad de Estados Unidos, porque tras el fallecimiento de Arafat, ahora sí la ANP cuenta con un “interlocutor válido”, y tal oportunidad no debe desperdiciarse. 

La paz en Oriente Medio bien merece todos los esfuerzos y sacrificios que sean necesarios, especialmente por parte de Israel y la Autoridad Nacional Palestina. Estados Unidos ya le dijo a Abbas que si su gobierno trabaja con decisión para alcanzarla dejará de ser un gobierno paria y, sobre todo, que tendrá un apoyo mayoritario para respaldar sus propias gestiones. En caso contrario, nunca habrá un Estado palestino. 

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