ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


LATINOAMERICA: AUMENTA LA MISERIA EN CENTROAMERICA 

El elevado porcentaje de pobreza y el cada vez mayor de miseria que azota a América Latina, a pesar de los progresos en su economía, se está cebando de manera especial con la región centroamericana y Panamá, porque en esos seis países que en conjunto suman 35 millones de habitantes, 19 de ellos se encuentran en “estado de pobreza”. 

Un informe presentado el 26 de mayo de 2005 en Tegucigalpa, la capital de Honduras, y auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) señala, además, que en esa región existe un total de 7.9 millones de personas, de esos 19 señalados anteriormente, que “están en la pobreza extrema”. 

Los autores del mencionado estudio son, Enrique Ganuza, economista jefe para América Latina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y el experto del Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA), de Brasil, Ricardo Paes de Barros, quienes piden que los gobiernos de América Latina, y más concretamente los de América Central, busquen grandes y reales soluciones a la desigualdad existente entre los seis países. 

Dos países como Honduras y Nicaragua, que en el conjunto de la región representan el 32 por ciento de habitantes, cuentan con un 44 por ciento de pobres, pero el problema se agrava muchísimo cuando de ese total, el 55 por ciento es “extremadamente pobre”, es decir que ha traspasado ya los umbrales de la miseria porque no tiene ninguna clase de ingreso, carece de buenas posibilidades para alimentarse, aunque sea una sola vez a la semana, y ni siquiera puede sobrevivir de la caridad pública. 

Según el estudio de la ONU, “Nicaragua y Honduras son, definitivamente, los países más pobres de la región, con capacidad bastante limitada para enfrentar a la pobreza”, lo que dice bien poco de las gestiones que adelantan sus actuales gobiernos, incapaces de promover programas socio-económicos que sirvan para paliar la difícil situación y que haga bajar el ritmo de pobreza y marginación de sus respectivos pueblos. 

El contraste lo representan Costa Rica y Panamá, país este último al que Ganuza y Paes integran en la región de América Central, que cuentan conjuntamente con el 18 por ciento de la población total de esa área y únicamente tienen el 8 por ciento de los pobres y extremadamente pobres del gran total regional. Es decir, son los que tienen los menores problemas en la relación de pobreza-ingreso per cápita. 

También el informe hace una relación sobre el ingreso por habitante de la región y Costa Rica aparece primera porque tiene un promedio de 643 dólares, lejos de los 508 de Panamá, y aún más de los 293 de Guatemala, los 199 de El Salvador, los 154 de Honduras y los escasos 133 dólares de Nicaragua. 

“Costa Rica y Panamá son los países `ricos` de la región; Nicaragua y Honduras, los países pobres, y El Salvador y Guatemala los países con ingreso medio”, afirma en sus conclusiones el informe, que añaden varias recomendaciones para que se puedan bajar los índices de pobreza, siempre y cuando se proceda de inmediato a realizar efectivas acciones y reformas económicas y sociales. 

Para los autores del informe, las principales causas de la pobreza que se registra en América Central están relacionadas con “la escasa disponibilidad de recursos, la mala distribución de los recursos disponibles y la baja calidad de los puestos de trabajo y, en particular, la ínfima calidad de los puestos de trabajo ocupados por los pobres”. 

Además de la explotación de que es objeto la población laboral en esos seis países, principalmente en Nicaragua y Honduras, a quienes se encuentran en los límites de los niveles de pobreza se les ofrece en algunas ocasiones unos contratos leoninos en donde los empresarios buscan que “den el máximo de su capacidad y devenguen el más exiguo salario”, muchísimas veces por debajo del que está fijado como “mínimo” por el gobierno.  

Igualmente ambos expertos creen que existen muchas posibilidades para “reducir la pobreza extrema en la región a la mitad en menos de una década” y para lograrlo “no basta la política de combate a la pobreza exclusivamente en el crecimiento, y es indispensable que se preste alguna atención a la reducción del elevado grado de desigualdad en la región”. 

La precariedad laboral en esos países es evidente como es notoria la reducción de los flujos de inversión ya no solo para el área centroamericana sino para el conjunto de América Latina, en donde el año pasado, de acuerdo con el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), fue Brasil el país que registró las mayores inversiones extranjeras, alcanzando al 35 por ciento del total regional. 

Durante el pasado año y tras seis años continuos de recesión, la economía latinoamericana creció un cuatro por ciento, cumpliéndose las previsiones de la CEPAL, especialmente por el “buen comportamiento del sector exportador”, debido “en buena parte a los mejores precios del petróleo y a los productos minerales”. 

El país que mejor cifra ofreció fue Uruguay, con un 7,5 por ciento, y los países centroamericanos, en su conjunto, lograron un crecimiento del 3 por ciento, cantidad muy parecida, según CEPAL, a la de otras naciones del Caribe. 

En América Latina es también Brasil uno de los países con mayor porcentaje de pobres, pues no menos de 50 millones de sus habitantes se encuentra en ese desesperado estado, mientras la miseria ya alcanza a un 27,8 por ciento de su población, a pesar del programa para combatirla que puso en práctica, inmediatamente asumió el cargo, en enero de 2003, el presidente Luiz Inácio Da Silva (alias “Lula”), quien señaló que aspiraba a que durante su gobierno no hubiese “ningún buche (estómago) vacío”. 

Durante el año 2003, la región latinoamericana, según el secretario ejecutivo de la CEPAL, José Luis Machinea, fue la única que registró en el mundo “una caída en los flujos de inversión, que alcanzaron a nivel global los 653.000 millones de dólares” y la tendencia a la baja continuó registrándose también en 2004. 

Además de Brasil, otros países como Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador, principalmente, originaron “mucha desconfianza” debido a las actuaciones políticas de sus presidentes y a las disposiciones que en material social y económica dispusieron sus gobiernos, lo que originó que varios capitales que ya estaban destinados a la región fuesen desviados a otras zonas del mundo, primordialmente a Asia. 

Otro factor negativo para toda la región latinoamericana y del caribe tiene que ver con la corrupción, de manera especial en la zona centroamericana, en donde varios ex presidentes se encuentran procesados por haber recibido sobornos, hasta el punto que uno de ellos, el costarricense Miguel Angel Rodríguez, se vio obligado a dimitir como Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), el pasado 15 de octubre, apenas un mes después de haber asumido el cargo. 

La situación económica para los latinoamericanos sigue siendo “desesperada” y ya el 21 de abril de 2004 un 54 por ciento de estos declaró en una encuesta que preferiría las dictaduras en vez de los gobiernos elegidos democráticamente “para que les arregle sus problemas económicos”. 
 Este elevado porcentaje, sin ninguna duda, hace pensar que son los malos gobernantes quienes alejan las democracias del fervor popular y que sus nulas gestiones sirven para que crezcan a un ritmo trepidante la corrupción en todos los estamentos sociales al igual que lo hacen la pobreza y la miseria, porque es verdad que “no hay malestar con la democracia, pero hay malestar en la democracia”, como bien lo señaló el año pasado el PNUD.

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