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ORIENTE
MEDIO: HAMAS SIGUE INTERPONIENDOSE PARA LA PAZ
Uno de los grupos terroristas más sanguinarios y criminales que
tiene el pueblo palestino, el denominado Movimiento de Resistencia Islámica
(Hamás),
co
ntinúa oponiéndose tenazmente a la paz en la martirizada región de
Oriente Medio, y el 18 de mayo de 2005 nuevamente incumplió el alto el
fuego que habían pactado por cien días el primer ministro israelí,
Ariel Sharon, y el presidente de la
Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas
(alias Abu Mazen),
el pasado 8 de febrero de 2005 en Egipto.
Hamás es un grupo perverso y
asesino,
co
nformado por extremistas y radicales que viven del crimen y el terror y
que desde hace muchísimos años ha tensionado
las relaciones
co
n los israelíes,
co
n el ferviente apoyo de uno de los terroristas más sanguinarios, el ya
fallecido Yaser Arafat.
Además actúan también las bandas de la Yihad
Islámica y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa,
que pertenece al partido políti
co
Al Fatah, presidido,
igualmente, por Abbas.
El actual mandatario de la ANP ha querido evitar la acción
delictiva de la banda Hamás, pero no ha
tenido el valor suficiente o no ha
co
ntado
co
n los apoyos necesarios dentro de su gobierno y su propio partido, para
detener a sus jefes, a los que
co
noce ampliamente y sabe donde localizarlos,
co
n el fin de procurar la desaparición de ese movimiento terrorista que
goza viendo derramada la sangre de los israelíes.
“No permitiremos a las organizaciones terroristas que fijen el
orden del día en Israel y no permitiremos a nadie que ponga en peligro
a nuestros ciudadanos”, declaró el 20 de mayo el ministro israelí de
Defensa, Shaul Mofaz,
después que la banda asesina incrementara sus actos de violencia y
disparara
co
n
co
hetes y obuses
co
ntra asentamientos judíos en la franja de Gaza,
la que el gobierno de Sharon
se propone traspasar su autoridad a la ANP en agosto próximo.
El 18 de mayo, los terroristas de Hamás
violaron, otra vez, el alto
el fuego y dispararon 34
co
hetes Qassam y obuses de mortero
co
ntra las
co
lonias de Gaza, por lo que al día siguiente
Sharon realizó
co
nsultas
co
n los responsables de los servicios de seguridad hebreos para “hacer
una evaluación de la situación”, según informaron portavoces del
gobierno a la prensa.
En su respuesta a los ataques palestinos, el ejército israelí
dio de baja a dos miembros de Hamás y dejó
heridos a otros y expresó que si
co
ntinúa sus atentados y ataques, “nosotros volveremos a responder
co
n la
co
ntundencia necesaria. Por nuestra parte queremos la paz, pero si la ANP
no es capaz de
co
ntrolar a los terroristas, seremos libres de actuar para descartar los
peligros”, dijo el gobierno israelí.
Tras el rompimiento del pacto de no agresión que Sharon
y Abbas suscribieron en la ciudad egipcia de
Charm el Cheij,
el traspaso de poderes y la retirada israelí de la franja de Gaza
empieza a ponerse en duda, porque
co
mo lo expresó un miembro del gobierno judío, “nadie puede imaginar
que realizaremos la evacuación bajo el fuego de los palestinos”.
La misma ANP ha denunciado que desafortunadamente algunos grupos
palestinos, en clara referencia a Hamás,
“intentan imponer su política”, lo que a juicio del portavoz del
ministerio palestino de Interior, Taufik Abú
Jusa “supone una amenaza para la situación
interna palestina”.
Actualmente, más que Israel, el vecino que siempre ha sido
co
nsiderado por los palestinos
co
mo su “gran enemigo”, son los propios terroristas, que tanto
co
mplacían a Arafat, indudablemente el
terrorista número uno y el cual nunca quiso la paz, los que le están
co
mplicando la vida al gobierno de la ANP para que se pueda avanzar en la
búsqueda de las soluciones que permitan la creación oficial de un
Estado palestino en el más inmediato futuro.
En Palestina se registra una gravísima situación por cuanto Hamás
participa
co
mo grupo políti
co
en las
co
ntiendas electorales pero sin dejar las armas ni mucho menos de atacar y
matar a israelíes, porque sus dirigentes viven del “engaño y la
mentira” y obtienen elevados ingresos de otros grupos y gobiernos
radicales, especialmente árabes, que nunca han
co
nocido la democracia y sus propios mandatarios son
co
nsumados terroristas.
El pasado 17 de mayo, Abbas descartó
“aplazar las elecciones legislativas”
co
nvocadas para el próximo 17 de julio, y en declaraciones que
co
ncedió en Nueva Delhi, durante su visita oficial a la India, manifestó
su gran esperanza “porque todas las partes sean fieles a la tregua y
que podamos
co
ntener y
co
ntrolar la violencia”.
Sólo 24 horas después de pronunciar estas palabras, los
terroristas de Hamás le respondieron
co
n lo úni
co
que saben hacer: los disparos de
co
hetes y obuses para tratar de matar israelíes,
co
sa que en esta ocasión no
co
nsiguieron pero,
co
mo casi siempre ocurre, se llevaron la peor parte porque dos de sus
activistas fueron dados de baja por el ejército hebreo, aunque uno de
ellos, al parecer, murió cuando manipulaba un granada de mortero.
Para Abú Jusa, “es imposible que
este grupo o esa facción decida si la tregua
co
ntinuará o se acabará, o cuándo los palestinos quieren una tregua y
cuándo no”. Además existe una clara evidencia: no todos los
funcionarios palestinos aceptan los planteamientos de paz que promueve Abbas
y el ministro del Interior, Naser Yusef,
quiso “matar al mensajero”, acusando a Israel por el simple hecho de
defenderse de los ataques terroristas.
Yusef acusó a Israel de “haber
producido el aumento de la violencia en la franja de Gaza
co
n la muerte de los dos palestinos y las heridas a otros”, añadiendo
en un
co
municado emitido el 20 de mayo, que los sucesos “tendrán un impacto
negativo en la seguridad y la estabilidad de la franja de Gaza”.
El Consejo de Ministros palestino valoró los peligros que la
acción terrorista de Hamás representa para
la paz y pidió a Israel “evitar la reanudación de los asesinatos
selectivos de activistas de la resistencia palestina”. Sin embargo,
nada señaló respecto a las medidas que el gobierno iba a tomar para
desarmar y desactivar a esos asesinos y evitar que sigan violando el
alto el fuego.
Israel respondió que su gobierno “quiere
co
ordinar su retirada de la franja de Gaza
co
n la Autoridad Nacional Palestina, pero si esto resulta imposible,
actuaremos unilateralmente”, y, además, dejó claro que “hasta
ahora hemos reaccionado
co
n moderación, pues no interesa que reine la calma durante el periodo
previo a la retirada israelí de la franja de Gaza,
pero nadie puede imaginar que realizaremos la evacuación bajo el
fuego”, por lo que
co
rresponderá a los palestinos decidir si quieren esa entrega pacífica o
si prefieren hacerse los ciegos y no ocuparse de los terroristas que
tienen en su propio territorio.
El deseo de paz es ahora mayor en el lado israelí que en el
palestino, y a pesar de los ataques terroristas, Dov
Weisglass,
co
nsejero de Sharon, y el negociador
palestino, Saeb Erakat,
a
co
rdaron el pasado 20 de mayo mantener “la tregua de facto” y de
activar la puesta en marcha de medidas que permitan restablecer la mutua
co
nfianza,
co
mo la liberación de detenidos palestinos y el traspaso del
co
ntrol de la seguridad de varias ciudades de Cisjordania a la ANP.
Si la ANP “no cumple
co
n sus
co
mpromisos y sigue absteniéndose de luchar
co
ntra el terrorismo”, es apenas lógi
co
que Israel permanezca a la defensiva y que responda a las acciones
criminales de unos terroristas a los que Abbas
no ha podido derrotar a través del diálogo y a su propio optimismo, de
una forma
co
ntundente.
La actitud del gobierno de Sharon ha
quedado patente en pro de la paz, porque mientras las bandas terroristas
palestinas se han mantenido fieles al alto el fuego, Israel también lo
ha hecho. Lo que no es posible pedir al Estado hebreo es que si es
atacado
co
n
co
hetes o a través de “suicidas
co
n bombas”, se cruce de brazos y deje que sus
co
mpatriotas sean asesinados impunemente.
Israel está en su pleno derecho de defenderse del
terrorismo de la forma que lo
co
nsidere más adecuado. Y si Palestina quiere tener su propio Estado, el
gobierno de Abbas deberá acabar
co
n esas siniestras bandas que se emocionan
co
n ver la sangre israelí
co
rrer por calles y ciudades y, en cambio, desechan las buenas
posibilidades que ahora existen para la paz.
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