ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


BOLIVIA: ENFRENTAMIENTO ENTRE DOS PODERES DEL ESTADO  

    La crisis política que vive Bolivia desde hace no menos de dos años y que se ha agravado co nsiderablemente en los tres últimos meses, volvió a incrementarse co n el nuevo enfrentamiento surgido entre dos de los principales poderes del Estado, el Ejecutivo y el Legislativo, co n el trasfondo de la Ley de Hidrocarburos, que el presidente del país, Carlos Mesa, no quiso sancionar, pero sí lo hizo el Parlamento el 17 de mayo de 2005.  

    Simultáneamente co n esa “nueva pelea”, los sindicatos y grupos indígenas co ntinúan movilizando en las calles a sus partidarios, que insisten en sus protestas y mantienen aisladas a las ciudades de La Paz y El Alto, co n menores extensiones en otras co mo Santa Cruz de la Sierra, Oruro y Cochabamba.  

    En vista de la negativa de Mesa para firmar la ley de hidrocarburos, que ha generado diversas polémicas en todo el país y tras diez meses de divergencias entre ambos poderes y dentro de la misma población, surgidos desde julio del año pasado cuando un referendo co nvocado por el gobierno aprobó por amplia mayoría que se reformase la política petrolera boliviana, el Congreso decidió hacer uso de su facultad co nstitucional y la promulgó para darle así carácter oficial y que entrara inmediatamente en vigencia.  

    Para el presidente del Congreso, Hormando Vaca Díez, la nueva ley es mejor que la que estaba vigente desde 1996, aunque puede perfeccionarse en el futuro, pero otras agrupaciones, especialmente las radicales que tienen co mo “cabeza visible” al “capo” nar co traficante Evo Morales no la co nsideran aceptable porque quieren que el Ejecutivo caiga co mo una espada de Damocles sobre las empresas multinacionales, a las que desean ver “ahogadas e co nómicamente”.  

    Vaca Díez, tras el acto de la firma de la ley, cargó todas sus baterías co ntra el presidente Mesa a quien acusó de llevar al país a un “punto de crisis e incertidumbre” por negarse a sancionarla y dijo que “eso no se merece el pueblo boliviano, que necesita un gobierno que respete y haga respetar la Constitución”.  

    También la clase empresarial las emprendió co ntra Mesa, que accedió por carambola al poder el 17 de octubre de 2003 tras su traición al entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, y Carlos Dabdoub, desde Santa Cruz, expresó que co n esta ley “se nos vienen problemas más graves que la nacionalización de hidrocarburos, al igual que sucede co n las minas y el tema forestal, porque son señales de incertidumbre y desgobierno que deja muy mal parado al país”.  

    La ley, aprobada el pasado 5 de mayo, co nstituía para Mesa, cada vez más debilitado en su gestión presidencial, “un instrumento de división” que no solo ahondaría las diferencias en el país sino que ahuyentaría las inversiones extranjeras, “ co n un evidente perjuicio para la e co nomía boliviana”.  

    En el año 1996 una ley sobre hidrocarburos entregó el co ntrol y explotación de estos a empresas multinacionales, que debían pagar al Estado un 18 por ciento de regalías no deducibles y el 10 por ciento de impuestos. La recientemente sancionada determina un nuevo impuesto a la producción equivalente al 32 por ciento, mientras el porcentaje de las regalías co ntinúa igual.  

    Bolivia cuenta co n las principales reservas de gas natural de América Latina y el gobierno tiene muchos problemas para exportarlas debido a que carece de puertos tras haber perdido su salida al mar en la “guerra del Pacífi co ” que junto co n Perú mantuvo co ntra Chile entre 1876 y 1880. Los bolivianos, en su mayoría, no desean que el gas que se vende a Estados Unidos y Argentina, entre otros países, salga a través de puertos chilenos.  

    Morales y otros dirigentes sindicales y de grupos indígenas de extrema izquierda, al igual que el Partido Al Socialismo (MAS), del que forma parte el líder co calero y que cuenta co n 38 diputados, quieren que el impuesto se incremente hasta el 50 por ciento (es decir un 18 por ciento más que el fijado en la nueva ley) y para ello presentarán un proyecto para “radicalizar la medida”, lo que posiblemente no va a obtener el apoyo del Congreso y mucho menos el del gobierno.  

    Las empresas que actualmente trabajan en Bolivia en el sector de los hidrocarburos, entre ellos la española Repsol YPF, deberán firmar nuevos acuerdos co n el gobierno para ajustarse a la ley recientemente puesta en vigencia, lo que podrá ocasionar el retiro de algunas de ellas y, casi co n certeza, que muchas otras no quieran invertir en Bolivia, un país andino que es el segundo más pobre de América Latina y que, precisamente, necesita co n urgencia que se le inyecte dinero extranjero.  

    De acuerdo co n lo declarado a la prensa por los empresarios bolivianos, “esta ley es altamente co nfiscatoria” y va a causar graves problemas al país relacionados co n “una elevada pérdida de empleos, la desbandada de los inversores extranjeros y una co nsiderable reducción de los ingresos por co ncepto de impuestos”.  

    Para las empresas petroleras que trabajan en el país andino, la nueva ley les generará una carga impositiva que oscila entre el 66 y 152 por ciento, “lo que hace inviable trabajar en Bolivia”, por lo que la inversión privada tendrá una “ co nsiderable disminución”.  

    En avisos pagados por ellas y que aparecieron recientemente en la prensa boliviana, antes de la negativa de Mesa para darle la co rrespondiente sanción presidencial, los empresarios señalaban que “Si la ley de hidrocarburos es aprobada por el Poder Ejecutivo, lejos de traer bienestar al país, provocará un gran perjuicio para Bolivia que se traducirá en la pérdida de empleo, caída en la producción, disminución de la actividad e co nómica, inviabilidad para desarrollar nuevos campos y fuerte disminución de la inversión privada” .  

    El enfrentamiento que Mesa sostiene co n el Parlamento quedó también patente cuando este cuerpo legislativo, al igual que la Corte Suprema de Justicia, se negaron a acudir a la co nvocatoria de un “diálogo nacional” que el mandatario efectuó el pasado 10 de mayo y co n el cual pretendía en co ntrar soluciones a los diversos problemas que afectan al país, ya que también participarían dirigentes políti co s y sindicales, los empresarios y hasta la propia Iglesia católica junto co n el actual gobierno. Esa actitud determinó la cancelación del evento.  

    Las protestas tienen bloqueadas diversas carreteras nacionales y a la propia ciudad de La Paz, en donde la Central Obrera Boliviana (COB), presidida por Jaime Solares, tiene inaccesibles todas las entradas porque, según declaró a la prensa, “no habrá tregua mientras (Carlos) Mesa siga actuando co mo un juguete en manos de la oligarquía y las multinacionales”.  

    Es, prácticamente, el mismo discurso que han venido realizando Morales y Felipe Quispe (alias “Mallku”) otro anarquista del movimiento indigenista y que ejerce co mo secretario ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). Ambos son declarados enemigos ya no de Mesa sino del mismo gobierno boliviano, cualquiera sea su co lor  o signo políti co .  

    Todos los movimientos que lideran Morales, Quispe, Solares y Julián Loayza –jefe de las juntas vecinales de la población de El Alto- insisten en que el gobierno debe nacionalizar los recursos energéti co s, co nvocar una Asamblea Constituyente y adelantar las elecciones generales para que sus movimientos no sigan co n sus protestas, varias de las cuales han dejado decenas de muertos y heridos.  

    Respecto al adelantamiento de las elecciones también Mesa lo solicitó al Congreso, pero este le negó la petición el 17 de marzo de 2005 y le siguió dejando en el estado de interinidad en que se encuentra desde que sustituyó a Sánchez de Losada, porque antes de ocurrir este hecho, tampo co el cuerpo legislativo le aceptó la renuncia que presentó y lo ratificó en el cargo  el pasado 7 de marzo, hasta el 7 de agosto de 2007.  

    La situación política y social en Bolivia cada vez se hace más difícil y nadie quiere co mprometerse en la búsqueda de las soluciones adecuadas para que el país pueda entrar por una senda de normalidad y progreso. Además, el co mportamiento radical y violento de Morales, Quispe y los otros anarquistas, hace imposible pensar en que pueda llegarse, a través del diálogo, a ninguna clase de acuerdo. La oscuridad, pues, co ntinúa y nadie se atreve a aventurar cuando se verá un pequeño rayo de luz.

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