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COLOMBIA:
PROYECTO JUSTICIA Y PAZ ES MALO DICE ONU
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) expresó el 14 de
mayo de 2005 en Bogotá a través de su Comisionada de Derechos Humanos,
la canadiense Louise Arbour, que el proyecto de ley sobre Justicia y Paz
presentado por el gobierno
co
lombiano y que estudia actualmente el Parlamento, no “ofrece los
incentivos suficientes para que los responsables de crímenes de lesa
humanidad revelen toda la verdad”.
Arbour realizó una visita de tres días a Colombia para
entrevistarse
co
n miembros del gobierno, y al término de la misma, durante una
co
nferencia de prensa, expresó la opinión de la ONU sobre ese proyecto
de ley que busca crear el mar co
jurídi
co
para castigar, inicialmente, a los miembros de la banda terrorista de
extrema derecha Autodefensas Unidas de Colombia (Auc),
con la cual el régimen presidido por Álvaro Uribe Vélez, adelanta
unas presuntas negociaciones de paz.
Igualmente, Arbour fue muy clara en
responsabilizar a las agrupaciones terroristas, además de las Auc,
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc)
y Ejército de Liberación Nacional (Eln) de
“graves violaciones” al Derecho Internacional Humanitario (DIH) y
les
co
nminó a que de forma inmediata se
comprometan y cumplan
con un “cese de hostilidades”.
Al
considerar que existe un enorme vacío que pone en entredicho “la
posibilidad para que se logre un equilibrio entre paz y justicia”, la
funcionaria del organismo multilateral pidió al gobierno que el
proyecto sea “fortalecido
co
n respecto del derecho a la verdad”, porque según su criterio, “sin
la verdad total, la justicia está
comprometida, la reparación (a las víctimas) está
comprometida, y éste es el tema esencial”.
Durante su visita oficial, además de entrevistarse
con Uribe Vélez, lo hizo también
co
n el vicepresidente, Francis
co
Santos,
con otros altos cargos del Estado y
co
n representantes de asociaciones civiles, a quienes expuso el criterio
que tiene la ONU respecto al
conflicto que se vive en Colombia desde hace 55 años y que,
especialmente, ha
cobrado su máxima importancia en los último 35.
Las Auc, a las que también se les
denomina “paramilitares”, iniciaron en septiembre de 2003 una
desmovilización que sigue realizándose a “cuenta gotas” y,
posteriormente, a partir de junio de 2004, unas pretendidas
“negociaciones de paz”, que no han dado ningún resultado positivo y
que, antes por el
co
ntrario, han servido para demostrar que sus nuevos mandos –los dos
anteriores, Carlos Castaño y Salvatore Mancuso,
han desaparecido de escena-
ni “la quieren, ni la desean”.
El pasado 5 de febrero en la ciudad
colombiana de Cartagena de Indias, la “Conferencia de Donantes” en
la que la Comunidad Internacional participa
con 24 países, pidió a Uribe Vélez la aprobación de una Ley de la
Verdad, Justicia y Reparación, que evitara la impunidad para quienes
entregasen sus armas y se desmovilizaran y que sufrieran los justos
castigos por sus crímenes, a lo que se
comprometió el gobierno.
Sin embargo, el proyecto de Ley que el ejecutivo mandó a la
consideración y aprobación del Congreso no ha llenado todas las
expectativas y existe el temor dentro de los
colombianos y la Comunidad internacional, que estén influyendo algunos
factores para buscar que los autores de crímenes de lesa humanidad no
reciban el adecuado castigo.
“Una rendición de cuentas no apropiada para las atrocidades
del pasado es una traición
más para aquellos que cuentan
co
n la ley para su protección”, señaló la Comisionada de Derechos
Humanos, que también argumentó que “sin una exposición pública de
la verdad, la realidad de las vidas de las víctimas es negada y no es
posible ofrecerles a ellas cualquier forma de justicia y reparación”.
Pidió tanto al Gobierno
como al Congreso que la ley sea aprobada prontamente, pero que en ella
se establezca “el reconocimiento
co
mpleto y que garantice los derechos a la verdad, justicia y reparación
para las víctimas”, porque para ella “la impunidad debe
evitarse”. Con la ley
co
mo está redactada actualmente, precisamente lo que se garantiza a los
terroristas paramilitares es el adecuado castigo y que gocen de casi una
absoluta impunidad.
Si la ley se aprueba en los términos en que se encuentra
redactada, el gobierno
colombiano
co
rre el inmenso peligro que no sólo entidades
como la ONU sino la misma
Conferencia de Donantes y la Unión Europea la rechacen y así queden
“bloqueados” los apoyos políti
co
s y económi
co s que está recibiendo Colombia para adelantar el proceso de paz, que
cada día está más debilitado por la actitud negativa de las Auc
para negociarla
con seriedad y
co
n un verdadero “alto el fuego”.
También Colombia tiene una amplia diferencia en la forma
como enfoca el problema de la violencia que viene soportando desde hace
más de medio siglo, porque el gobierno de Uribe Vélez,
con muy buen criterio y ateniéndose a los hechos, señala que se trata
de una lucha
contra el terrorismo, mientras la ONU lo define
como “un
conflicto armado interno”.
“Mi visión sobre la situación en Colombia es que se refleja
un
conflicto armado
continuo y prolongado. La existencia de ese
co
nflicto es cuestión de hechos y derechos y yo creo que se necesita
experiencia legal para determinar si es el caso”, declaró a los
periodistas la funcionaria de la ONU.
Es la misma tesis que sostiene James Lemoyne,
el representante del Secretario General de la ONU, Kofi
Annan, en Colombia, y que se ha inclinado
siempre, desde hace no menos de cinco
años, a las tesis de las bandas terroristas, especialmente a la de las Farc
que, inexplicablemente, han
contado
co
n su apoyo, lo que originó ya varias protestas por parte del gobierno
co
lombiano.
Ambas opiniones difieren también de la decisión que hace dos años
tomó la ONU de
considerar
como “terroristas” a los grupos que operan en Colombia, al igual que
lo han hechos los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, la Unión
Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA), entre otros. Sin
embargo, luego
co
loca el problema en la falsa denominación de “
conflicto armado interno”
La Comisionada de Derechos Humanos señaló que el “
conflicto interno armado tristemente
continúa afectando a todos los
colombianos,
con diversas modalidades de crueldad” y pidió a las bandas
terroristas (grupos armados, las denominó) que establezcan
inmediatamente “un cese efectivo de hostilidades y así participar en
una negociación
con el gobierno hacia la paz justa y duradera”.
Según expresó Arbour, la ONU
no va a intervenir para buscar un diálogo “
con el grupo al margen de la ley hasta tanto no libere a los
secuestrados (tiene cerca de 100, entre ellos tres estadounidenses) y
decida un cese de hostilidades”, en referencia a las Farc,
que al igual que el Eln y las Auc,
también ha orientado en los últimos años sus actividades hacia el
narcotráfi
co
.
Tras una visita a varios municipios de los departamentos
(provincias) de Cauca y de Chocó, incluyendo a Bojayá,
población que el año pasado fue escenario de una toma sangrienta por
parte de las Farc, que dejó decenas de
muertos, Arbour expresó su preocupación
porque “el
conflicto armado ha hecho que los pobladores tengan miedo y se vayan o
se escondan”. Pidió que urgentemente “se mejore la situación de
mujeres y niños, afro
co
lombianos, poblaciones indígenas y otros
grupos vulnerables de la sociedad”.
Es indudable que en Colombia existen gravísimos problemas
co
n la violencia, que de tener en sus
comienzos orígenes de carácter ideológico
derivó posteriormente en acciones terroristas (atentados, secuestros,
chantajes, destrucción casi permanente de infraestructuras,
especialmente hidrológicas, petrolíferas y de gas), por lo cual en
muchos casos es difícil de entender, incluso para funcionarios
co
mo la Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, la auténtica
realidad del país sobre este tema.
El presidente Uribe prometió acabar
con el terrorismo, pero cada vez que intervienen las legítimas Fuerzas
Armadas en
contra de las Farc, Eln
y Auc se les acusa injustamente de violar
los derechos humanos cuando son las bandas nar
co
terroristas las que los violentan un día sí y otro también.
La
comunidad internacional pasa de largo sobre este tema tan importante,
aunque en esta oportunidad Arbour si se hizo
e
co
de las frecuentes violaciones que realizan esos grupos criminales y los
señaló
como los máximos culpables. Como se ha
comprobado hasta ahora
con los dos últimos gobiernos, el actual y el que presidió Andrés
Pastrana Arango (1998-2002), las tres agrupaciones terroristas no tienen
el menor interés por la paz y prefieren seguir
co
n sus acciones criminales. Pero siempre, el culpable es el gobierno
de turno.
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