ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



REINO UNIDO: TAMPOCO GANO EL TERRORISMO  

    Los comicios generales celebrados en el Reino Unido el 5 de mayo de 2005 sirvieron no solo para confirmar el tercer mandato consecutivo del Primer Ministro, Anthony Charles Lynton Blair, más conocido como Tony Blair, sino para ratificar que en ese país, al igual que ocurrió en Australia y Estados Unidos, el terrorismo no pudo vencer ni determinar el resultado electoral, demostrando así que los votantes no se dejaron influir por temores ni amenazas de los asesinos.  

    Blair, que se convirtió en el principal aliado del presidente estadounidense, George Bush, para entablar la guerra contra la tiranía imperante en Irak en 2003, alcanzó un triunfo histórico ya que el Partido Laborista, del cual es líder, obtuvo por tercera vez y de forma consecutiva la victoria y, nuevamente, con mayoría absoluta.  

    Es verdad que, de acuerdo con los escrutinios adelantados por las autoridades electorales, no alcanzó a igualar los resultados logrados hace cuatro años, pero de todas formas ni el Partido Conservador ni el Liberal-Demócrata sumados podrán aproximarse siquiera a los escaños que Blair obtuvo y que en principio alcanzan a 351.  

    Su triunfo fue tan aplastante, que un día después, la propia Reina Isabel II, en su carácter de Jefe de Estado, le encargó oficialmente que formase nuevamente el gobierno británico, con lo cual durante otros cuatro años seguirá al frente del ejecutivo, y todos los analistas consideran que habrá algunos cambios en el gabinete, pero que su “hombre fuerte” seguirá siendo el ministro de Economía, Gordon Brown, a quien se señala como su futuro sucesor al frente de las filas laboristas.  

    También, y eso es muy importante, los británicos dieron una lección de democracia y de libertad, demostrando que no eran ninguna presa fácil para los terroristas y que el desgaste político personal sufrido por Blair debido a la guerra contra Irak, que permitió acabar con uno de los más sanguinarios y crueles dictadores del mundo, el  ahora derrocado y detenido Sadam Hussein, no le pasó la factura que los agoreros y sus rivales políticos pronosticaban.  

    “No está claro de momento, obviamente, cual será la mayoría, pero sí está claro que el pueblo británico quiere que siga el Gobierno laborista, con una mayoría reducida, y tenemos que responder a ello de manera responsable y sabia”, afirmó Blair al conocer los resultados que suministró la autoridad electoral.  

    Según el ratificado Primer Ministro, quien recibió una llamada inmediata del presidente Bush para felicitarle, al igual que lo hizo el ex presidente del gobierno español José María Aznar, ambos “compañeros de fatiga” durante la guerra contra la tiranía iraquí, es bien sabido que “Irak ha sido un asunto que provoca divisiones en este país, pero espero que podamos volver a unirnos y mirar hacia el futuro allá y acá”, añadió el candidato triunfante.  

    El mejor regalo para su 52 cumpleaños (nació el 6 de mayo de 1953), además de la victoria general, es el espléndido resultado alcanzado en su distrito de Sedgefield, al nordeste de Inglaterra, que le permitió garantizar su continuación como jefe del ejecutivo y el “hombre clave” para la política internacional, porque hizo con Irak una apuesta y a pesar que sus enemigos apelaron a todas las tretas posibles, salió adelante con mucha propiedad y amplia ventaja.  

    Gran Bretaña nunca fue un “aliado traidor” con Estados Unidos, al igual que sucedió con Australia, y por eso en los tres países los resultados favorecieron a quienes se empeñaron en alcanzar la plena libertad en Irak. Blair se integró con energía y auténtica convicción a la gran batalla contra el terrorismo mundial y los electores le premiaron ese esfuerzo.  

     Lo que no ocurrió, por ejemplo, en España, en donde un gobierno que consolidó la economía, que acabó con la corrupción y que a tres días de las elecciones sufrió el 11 de abril de 2003 un premeditado ataque del terrorismo islamista, que originó 192 muertos, perdió la contienda electoral en la que era inmensamente favorito.  

    En Gran Bretaña, muchos sondeos interesados indicaban que Blair sería derrotado por el líder del Partido Conservador, Michael Howard, quien cosechó “una enorme derrota”, según dijeron analistas internacionales para demostrar que esa colectividad no podrá, con su actual presidente, obtener los grandes logros que alcanzó, durante once años, la `primera ministra Margaret Thatcher.  

    Howard, que realizó una campaña basada en el fomento al miedo de la inmigración y en el descrédito personal a Blair, con unas características muy similares a la que hizo el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en España en 2003 contra el gobierno y de manera particular contra el presidente Aznar, tiene con estos resultados un futuro poco esperanzador dentro de su partido porque, indudablemente, se ha convertido en un “caballo perdedor”.  

    Las autoridades electorales señalaron que los avanzados escrutinios otorgaban 351 escaños (413 en 2001) a Blair; 151 (166 cuatro años atrás) a Howard, y 60 (52 diputados en 2001) a Charles Kennedy, líder del Partido Liberal-Demócrata, y es posible que los laboristas lleguen hasta los 356 escaños. La mayoría absoluta está fijada en 324.  

    El político triunfador declaró que “he escuchado y he aprendido”, y se declaró satisfecho porque del 57 por ciento de votantes, él obtuvo un 58,8 por ciento, aunque bien es cierto que en 2001 el porcentaje de electores a su causa alcanzó hasta el 65 por ciento.  

    Junto con Blair, los analistas y expertos señalan reiteradamente al ministro Gordon Brown como el “gran cerebro” de la victoria debido a sus exitosas políticas económicas que han permitido a Gran Bretaña mantener en los últimos años un crecimiento sostenido del 3,1 por ciento. Por ello consideran que será el “digno sucesor de Blair” al frente del partido y del gobierno dentro de cuatro años, cuando contará con una edad de 58, o antes si las circunstancias políticas lo requieren.  

    El nuevo propósito de Blair para estos próximos cuatro años será el de consolidar la economía y buscar un crecimiento sostenido que le permita llevar a cabo reformas socio-laborales que beneficien a todos los británicos pero, igualmente, continuará siendo un “nato defensor” de la libertad y de los derechos humanos, a la vez que seguirá la lucha contra el terrorismo, la peor lacra que soporta el mundo en la actualidad.  

    Con el respaldo recibido, Blair puede perfectamente continuar su política antiterrorista, porque la llevada a cabo hasta ahora ha sido respaldada ampliamente en las urnas. También la democracia volvió a recibir en Gran Bretaña “el gran espaldarazo” y el ratificado Primer Ministro puede sentirse orgulloso.  

    Los británicos manifestaron con sus votos que no quieren darle tregua al terrorismo y corresponderá al gobierno de Blair ser muy consecuente con ese mandato. Si hubiese sido lo contrario, su gobierno habría acabado con estruendoso fracaso, pero como no lo fue así, la presencia de sus tropas y las actuaciones en Irak deberán tener el mismo firme propósito de continuar hacia adelante. Así que ni retiro de tropas ni incumplimiento de compromisos. Gran Bretaña también derrotó electoralmente al terrorismo.

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