ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



PERU: CHILE ESTA OBLIGADO A PEDIR EXCUSAS POR ARMAS  

    El gobierno de Perú no se encuentra satisfecho por la “falsa actitud” del chileno y exige que este se disculpe y pida excusas por haber violado no solo las disposiciones del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1995 sino por el “gesto inamistoso” de haber vendido a su entonces enemigo armas cuando se enfrentaban bélicamente.  

    Ambos gobiernos difieren sustancialmente en torno al problema, pues mientras Perú considera que Chile sí vendió las armas a Ecuador cuando en 1995 comenzó la guerra, que afortunadamente fue la última, por la delimitación de zonas fronterizas en el área de Carepa, el presidente Lagos y su gabinete sostienen que es “una presunción” y que no es un tema que debe gravitar en las relaciones bilaterales.  

    El ministro de Relaciones Exteriores en funciones y secretario general del Gobierno de Chile, Francisco Vidal, se mostró contrario a que Perú “cuestiones la buena fe con que el gobierno de Chile desempeñó su rol de garante, lo que considera inaceptable”.  

    En efecto, Chile junto con Argentina, Brasil y Estados Unidos, era “garante” del Tratado de 1941 de Río de Janeiro, con el que se creyó solucionado el problema, aunque posteriormente fue Ecuador el país que no lo aceptó y por eso hubo tres enfrentamientos bélicos con Perú.  

    También otro de los “garantes”, Argentina, a través del entonces presidente Carlos Saúl Menem, violó las disposiciones de la ONU, y también vendió armas a Ecuador. Por este hecho, el hoy ex presidente está siendo procesado y juzgado en su país, ya que quedó debidamente probada la transacción con la que se perjudicaba, además, a Perú y que le otorgó una buena utilidad económica.  

    El asunto salió, afortunadamente, a la luz pública en el caso de Chile, cuando el general ecuatoriano Víctor Bayas, que era por entonces jefe de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, declaró en Quito que ese país vendió armas al suyo “en pleno conflicto en 1995”, con lo cual destapó la “caja de los truenos”.  

    Por disposición del propio presidente peruano, Alejandro Toledo, su país no otorgó, el pasado dos de mayo, su respaldo al candidato a la Secretaría General de la ONU, el chileno José Miguel Insulza, y se abstuvo en la votación, al igual que lo hizo Bolivia, con el cual mantiene una centenaria disputa para lograr su salida al mar, que el entonces gobierno chileno le arrebató durante la Guerra del Pacífico, desarrollada entre 1876-1880.  

    Las posturas asumidas por el gobierno peruano el 3 de mayo de 2005 se relacionan con la suspensión de las medidas de “confianza mutua y de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC)” con Chile, al tiempo que a través del Primer  Ministro, Carlos Ferrero, se informó oficialmente que “las relaciones con Chile están pasando por una difícil etapa”, que amenazan con ampliarse, incluso, a la suspensión de las relaciones diplomáticas.  

    El gobierno chileno presidido por Ricardo Lagos, no considera que incurriese en ninguna violación de las disposiciones de la ONU, por cuanto “en septiembre de 1994 concretó una venta de municiones a Ecuador, cuatro meses antes del estallido de las hostilidades”, según un comunicado expedido el primero de mayo en Santiago de Chile.  

    Como Perú considera que no ha habido por parte de Chile el más mínimo interés en aclarar y solucionar el grave problema que ha surgido entre ambos países, Ferrero anunció que tampoco se “producirá la denominada reunión `dos más dos` (“2+2”), en la que iban a participar los respectivos ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa, que estaban programadas para este mes de mayo”, y la cual también había sido suspendida en abril pasado.  

    Para Ferrero, “la oportunidad no es propicia para iniciar conversaciones relacionadas con la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio con Chile”, según lo manifestó en una conferencia de prensa, en la que señaló que “la respuesta de Chile (el comunicado expedido el primero de mayo en Santiago de Chile) es insatisfactoria”, añadiendo que “no presenta disculpas ante hechos inaceptables”.  

    También la “guerra del Pacífico” dejó secuelas negativas para Perú, porque se alió con Bolivia y ambos perdieron un amplio territorio. La nación “incaica”, entre otras, perdió la ciudad de Arica en la zona fronteriza. Aunque durante muchos años se han podido limar asperezas, dentro de la propia población peruana, como ocurre con la boliviana, existe amplio malestar y resquemor contra los chilenos.  

    Aunque Ferrero, en su comparecencia ante los periodistas nacionales e internacionales quiso rebajar la tensión expresando su convicción y esperanza que “las aguas puedan volver a su nivel normal”, para todos los países latinoamericanos este enfrentamiento suscita muchas dudas y, sobre todo, intranquilidad para la creación de una Comunidad Suramericana, que pueda nacer sin las grandes divergencias que hoy separan a esos tres países andinos, así como a la tensa relación que mantienen Colombia y Venezuela.  

    “Nosotros tenemos relaciones diplomáticas con Chile y es confianza de Perú que pueda mejorar la relación y se encuentren caminos donde pueden converger intereses comunes”, afirmó Ferrero, a quien según analistas internacionales y políticos, le ha tocado “el hueso más duro de roer para buscar una solución que está basada en que sea Chile quien acepte su culpabilidad y, por consiguiente, manifieste, también oficialmente, sus excusas”.  

    De acuerdo con lo dicho por Ferrero, para su gobierno “es muy importante dar por sentado que hay cosas que no se pueden aceptar. Perú tenía la obligación de hacer evidente este punto de vista” sobre la venta de armas a Ecuador, porque a su juicio “teníamos que expresarle nuestra protesta y extrañeza a Chile y por eso obramos así con la nota de protestas enviada el lunes (primero de mayo)” y que el gobierno de Lagos respondió inmediatamente.  

    Los dos países tenían previsto iniciar en mayo las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio con el objeto de firmarlo antes de concluir el presente año y, según explicó Ferrero, las reuniones “2+2” entre los cancilleres y los titulares de Defensa hacían parte de un mecanismo de mutua confianza que iba dirigido a fomentar unas buenas relaciones bilaterales entre las respectivas fuerzas armadas.  

    El deterioro de las relaciones comenzó nuevamente en marzo pasado tras las declaraciones de Bayas, sin duda una persona que no tiene por qué mentir ya que fue uno de los “actores principales” en el conflicto que concluyó cuando Perú y Ecuador suscribieron en 1998, también en Río de Janeiro, un “Tratado de Paz”, en lo que ha sido la única acción valiosa y meritoria del hoy prófugo ex presidente peruano Alberto Fujimori.  

    Indudablemente para América Latina las divergencias que surgen entre los países que la integran es no solo molesto sino que origina unas tensiones que, de alguna manera, son perjudiciales para la unidad que debe existir, máxime cuando está en marcha un proceso que busca una identificación y unos propósitos comunes para que esta extensa y rica región deje de ser una especie de “patito feo” y pueda levantar con orgullo su voz en los distintos foros internacionales.  

    Por lo tanto, es necesario que los presidentes Ricardo Lago y Alejandro Toledo busquen los mejores caminos para que esta divergencia se solucione lo más pronto posible. A ninguno de los dos países le interesa que se prolongue indefinidamente.  

    Es cierto que ambos mandatarios son orgullosos, pero en aras de la unidad latinoamericana, están obligados a evitar que por su culpa salgan nuevas tensiones, que deterioren más lo que debe ser una buena relación entre los dos gobiernos y sus respectivos pueblos. Una disculpa a tiempo puede valer muchísimo.

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