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Bolivia y Perú se abstuvieron de otorgar su apoyo al ex ministro
chileno José Miguel Insulza para el cargo
de Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA)
durante la elección realizada el 2 de mayo de 2005, mientras que otro
país –que según círculos diplomáticos pudo ser México, para la
mayoría, o El Salvador, para otros- entregó su papeleta en blanco, con
lo cual no se alcanzó, como se pretendía, el “anhelado consenso”.
El dirigente socialista, segundo chileno que alcanza esa
posición tras Carlos Dávila, que fue elegido en 1954, obtuvo 31 votos
a favor como único aspirante al cargo, después que el ministro de
Relaciones Exteriores mexicano, Luis
Ernesto Derbez, sorpresivamente, retiró su
candidatura el 29 de abril pasado, tras una reunión en Santiago de
Chile con Insulza y la Secretaria
norteamericana de Estado, Condoleezza Rice.
Dos países se abstuvieron y otro votó en blanco.
Sin embargo, a juicio de muchos de los países que “emitieron
el voto por disciplina” a favor de Insulza,
consideran que el nuevo funcionario puede constituirse en una
“víctima” del apoyo recibido por parte de Venezuela, debido a la
amplia capacidad de manipulación que tiene el presidente de este país,
Hugo Chávez, además de a sus formas dictatoriales para gobernar.
Existe ese evidente temor y ya muchas naciones, a través de
funcionarios de alta categoría, aseguran que la próxima nación que
puede ser expulsada de la organización es Venezuela, como ocurrió con
Cuba, que fue excluida de la OEA en 1963 por haber implantado, como
está ocurriendo en el país andino, un gobierno dictatorial, que en la
Isla presidía, y lo sigue haciendo aún, Fidel Castro.
Perú, a través del embajador ante la OEA, Alberto Borea,
acusó a Chile de haber autorizado en 1995 la venta de armas a Ecuador,
en la época en que ambos países mantenían un conflicto fronterizo por
la delimitación fronteriza y soberanía en la selvática zona del Carepa,
y por lo que ya se habían enfrentado militarmente en otras dos
ocasiones.
“Mientras se desarrollaba el conflicto se entregó material
bélico a una de las partes en disputa, no obstante que la condición en
ese momento del gobierno de Chile como garante del Tratado de “Paz,
Amistad y Límites de Río de Janeiro” obligaba a una neutralidad
absoluta”, expresó Borea para explicar la
posición de su país y no aceptar la sugerencia de otros países de
votar a favor de la candidatura de Insulza.
Bolivia, por su parte, se refirió al ya más que centenario
conflicto existente con Chile, que tras la “guerra del Pacífico”
mantenida entre 1876-1880, se apoderó de la zona marítima boliviana y
lo dejó sin salidas al mar, por lo cual no mantienen ningún tipo de
relaciones diplomáticas desde hace muchos años, además de reclamarle
permanentemente y, ante la propia OEA, una “justa y adecuada
solución”.
El nuevo funcionario ejecutivo de la OEA, refiriéndose en su
discurso, tras ser elegido, al tema con su vecino, prometió que “en
mis acciones nunca haré nada que pueda perjudicar objetiva o
subjetivamente” los intereses de sus “hermanos bolivianos”, y
señaló la gran necesidad que Chile y Bolivia tienen de encontrar
“soluciones concretas” a los problemas que han dividido a ambos
países.
El ex ministro del Interior chileno, que el 11 de abril empató
durante cinco votaciones consecutivas realizadas en el marco de la
Asamblea Extraordinaria de la OEA con el mexicano Derbez,
se encontró de “golpe y porrazo” con el camino despejado, ya que en
primera instancia, el 9 de abril, renunció a su candidatura el ex
presidente salvadoreño Francisco Flores, y el 29 del mismo mes lo hizo Derbes.
Ambos candidatos eran apoyados por Estados Unidos.
Para Insulza, es necesario que en los
países del hemisferio se gobierne con democracia y dijo que se
comprometía para velar porque ello ocurriese así, porque lo que se
necesita es “gobiernos que, valga la redundancia, gobiernen con pleno
respeto de los principios de la democracia”.
Elegido por un periodo de cinco años, Insulza
sustituye en el cargo al ex presidente costarricense Miguel Angel
Rodríguez, que tuvo que renunciar debido a los actos de corrupción que
cometió durante el tiempo que gobernó al país centroamericano entre
1998 y 2002, y quien había sido elegido en junio de 2004 por unanimidad
durante la Asamblea General que el organismo celebró en Quito, la
capital ecuatoriana.
Sopesando la posibilidad de un regreso de Cuba al seno de la OEA,
Insulza afirmó que “no lo consideraría
hasta que no exista consenso entre los países de la región”, lo que
círculos diplomáticos consideran muy difícil, dado que salvo unos
diez apoyos, como máximo, entre los países miembros no hay el “más
mínimo interés o deseo que un gobierno dictatorial forme parte de
nuestra entidad”.
Ya en 1974 durante la Asamblea celebrada también en Quito, y por
iniciativa de Colombia, México y Venezuela, se intentó “levantar las
sanciones económicas y políticas” que la OEA había tomado en 1963
contra el gobierno dictatorial de Castro, pero se obtuvo, únicamente,
un rotundo fracaso, porque la amplia mayoría se mostró contraria al
“regreso de un país que irrespeta a la democracia, viola los derechos
humanos y niega la libertad de prensa y de expresión”, como lo expuso
Uruguay, que levantó el estandarte del “no a Cuba”.
Otro de los grandes problemas que deberá enfrentar el nuevo
Secretario General se relaciona con la deuda que tiene a la OEA al borde
de la quiebra, por lo que Insulza dijo que
“debemos procurar que los países se pongan al día con el pago de sus
cuotas”. También es necesario “revisar el mecanismo” para que se
exija que algunos que “están pagando cuotas por debajo de sus
posibilidades, las aumenten”.
Precisamente Estados Unidos, que a última hora apoyó al
candidato chileno y fue uno de los promotores para que el gobierno
mexicano retirase la aspiración de Derbez
es el país que más dinero aporta al presupuesto de la OEA, con el 60
por ciento del gran total.
Las amplias diferencias que existen entre varios de los países
miembros deberán ser solucionadas, a juicio de Insulza,
a través del “diálogo para beneficio mutuo y de la misma OEA”, y
para ello comprometió todos sus esfuerzos en intentar acercar las
posturas de quienes tengan problemas bilaterales o de más amplio
alcance.
Los 34 miembros de la OEA están convencidos que con la elección
de Secretario General podrán cerrar la crisis que comenzó hace seis
meses cuando Rodríguez se vio obligado a dimitir para regresar a su
país a responder por los cargos de corrupción y que con Insulza
se podrán acometer las reformas políticas y económicas que la entidad
está reclamando con urgencia para poder cumplir el papel importante y
el compromiso que tiene con el hemisferio.
Para ello se necesita que Insulza
actúe sin ataduras con ninguno de quienes le votaron y que tampoco se
constituya en el verdugo de quienes no estuvieron de acuerdo con su
nombre. La OEA es algo más que las personas y lo importante es que a
través de su Secretario General pueda cumplir con los propósitos y
enunciados de su programa. |