ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



ONU: ANNAN NO ES GARANTIA POR NUEVO ESCANDALO  

    El descubrimiento de un nuevo escándalo dentro del “Programa Petróleos por Alimentos” continuó gravitando sobre la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su Secretario General, el ghanés Kofi Annan, quien sigue mostrando una “coraza de hierro” y se resiste, a pesar de todos los indicios que lo involucran, al menos como “cómplice pasivo”, a presentar su dimisión.  

    El pasado 29 de abril de 2005, Annan declaró en Nueva York a los periodistas que no piensa renunciar y que seguirá al frente de su cargo porque la ONU tiene un amplio trabajo que, a su juicio, lo compromete personalmente para que pueda ser ejecutado, entre el que se encuentra el relacionado con las reformas a que esta entidad deberá someterse dada su actual incapacidad para poder jugar “papeles decisivos” dentro de los numerosos conflictos e intereses que se vienen registrando a nivel internacional.  

   “Cielos, no”, fue la respuesta que el funcionario ghanés dio a los periodistas cuando se le interrogó acerca de un posible retiro de su cargo, después de haberse descubierto que uno de sus colaboradores especiales, que gozaba de su favor y su confianza, identificado como Maurice Stroing, contrató a una hijastra para desempeñar un alto cargo dentro del Programa Petróleos por Alimentos, que la organización puso en marcha para ayudar a Irak, cuyo gobierno despótico fue sancionado tras la guerra que se registró por la invasión a Kuwait.  

    Dicho programa entró en vigencia en 1996 con el único objetivo de paliar los efectos de las sanciones económicas que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó, tras la derrota sufrida por el régimen que presidía el hoy detenido Sadam Hussein, que ordenó la invasión de su país vecino en agosto de 1990 y perdió la guerra con una coalición internacional liderada por Estados Unidos el 16 de enero de 1991.  

    Las fuerzas invasoras iraníes, tras sufrir numerosas bajas humanas y de material bélico, fueron expulsadas del territorio kuwaití y la ONU tras conocer todos los detalles relacionados con la invasión aplicó sanciones de tipo político y económico, pero para evitar que el propio pueblo iraquí fuese directamente perjudicado, el petróleo que Irak vendía era pagado con alimentos y medicinas.  

    Ese programa concluyó en 2003 y sus movimientos económicos totalizaron 67.000 millones de dólares, que la propia ONU se encargaba de gestionar. Numerosas personas y empresas se beneficiaron ilícitamente a través de sobornos.  

    De conformidad con las declaraciones de un vocero de la ONU, el nuevo escándalo surgió al descubrirse que Strong, antiguo enviado de la entidad para Corea del Norte y Corea del Sur, quien se vio obligado a “renunciar durante una investigación sobre sus vínculos con un `lobbista` acusado en el caso del programa Petróleos por Alimentos, violó reglas del personal, al contratar a una hijastra suya”.  

    La misma información identificó a la hijastra de Strong como Christina Mayo, quien también renunció al conocerse la forma irregular como fue contratada para trabajar en la oficina de su padrastro. Nadie en la ONU conocía, porque se ocultó, su relación familiar con el funcionario cuando comenzó a prestar sus servicios, aunque, al parecer, Annan fue informado algunos meses después, pero se abstuvo de actuar y de exigir la renuncia al diplomático que practicaba el nepotismo.  

    Para Annan, aparentemente, este escándalo no tiene ninguna trascendencia, porque en su declaración tras regresar a la sede de la ONU luego de una gira de 10 días por Indonesia e India, se limitó a decir que “miro el trabajo que tengo por delante y la agenda que nos hemos planteado”, pero ni siquiera mencionó la posibilidad de dejar su cargo.  

    Aunque el Secretario General no fue culpado totalmente en los casos de corrupción por la Comisión que investigó el asunto y que dirigió el ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos Paul Volker, tampoco fue exonerado completamente, y se le criticó con dureza por su pasividad ante las actuaciones de su hijo Kojo Annan, involucrado directamente por haber ocultado una amplia relación con la empresa suiza “Cotecna Inspection Services”, a la que su padre favoreció en dicho programa.  

    Según un funcionario estadounidense, “quedó plenamente demostrado que su hijo es un pícaro” y que Annan ocultó pruebas de la culpabilidad de ese familiar tan allegado, por lo que se esperaba que ante las evidencias “iba a tener la dignidad de dimitir” y no, “como está ocurriendo ahora, de tratar de desviar la atención acusando sin pruebas al actual gobierno estadounidense”, como lo hizo el pasado 15 de abril al afirmar que junto con el Reino Unido “había permitido el contrabando de petróleo iraquí”.  

    Efectivamente, en dicha fecha, Annan acusó a ambos países de no haber evitado los actos de corrupción, señalando que “la mayoría del dinero que Hussein obtuvo del contrabando de petróleo fue fuera del programa `Petróleo por Alimentos` y los americanos y británicos eran quienes lo estaban supervisando”.  

    De inmediato, Estados Unidos y el Reino Unido desmintieron a Annan, le solicitaron que presentase pruebas, lo que hasta ahora no ha hecho, y le reiteraron que la persona corrupta era él por haber permitido las maniobras “ilegales e indignas de su propio hijo” y las cuales “no ha podido desmentir en ningún momento y, antes por el contrario, han dejado patente que conocía bien los detalles y que no los cortó de raíz para seguir favoreciendo a Kojo”, como dijo un portavoz del Departamento de Estado y reiteró el ministerio de Asuntos Exteriores británicos.  

    Además de Kojo Annan y de la empresa suiza, el “informe Volker” encontró culpables de corrupción al director del Programa, el chipriota Benon Sevan, acusado entre otras cosas de “conflicto de intereses”; a Iqbal Riza, ex jefe del gabinete del Secretario General, a Joseph Coonor, subsecretario general para Gestión y a Dieleep Fair, subsecretario general a cargo de la Oficina de Servicios de Vigilancia Internos. Todos estos corruptos ex funcionarios habían sido defendidos y favorecidos por el Secretario General.  

    Parece ser que ahora la “principal preocupación” de Kofi Annan se relaciona con el proyecto que una Comisión de Expertos le hizo entrega, tras un año de estudios, para la reforma de la ONU y que él “condimentó” con algunos detalles personales para presentar a la consideración de los miembros de la entidad, lo que ocurrió el pasado 7 de abril.  

    Según el funcionario ghanés, la aprobación de las reformas propuestas deberá ocurrir a más tardar en el marco de la Cumbre Mundial que se celebrará en Nueva York los días 14 al 16 de septiembre próximos, aunque Estados Unidos ha sido el principal país en señalar que para que esa reorganización se produzca se necesita “un amplio consenso”, que no debe tener una “fecha tope artificial”, porque debe ser materia de una “meditado estudio” para poder garantizar, así, su eficacia.  

    Los escándalos y controversias que se están sucediendo tan a menudo no han servido, ni mucho menos, para fortalecer a la entidad, cuyos cimientos se mueven muy peligrosamente en los momentos en que el mundo necesita contar con una ONU fuerte, en la que no haya indicios de ninguna sospecha y que se transforme pronta y modernamente para hacer frente a los inmensos retos presentes y futuros.  

    No obstante para muchos de sus miembros este nuevo escándalo, que surgió cuando ya se creía que las aguas habían regresado a su cauce, vuelve a enturbiar la propia imagen de Kofi Annan porque parece ser que no “puede romper definitivamente con la corrupción”. Esto significa que el Secretario General no parece ser, en la actualidad, la persona de garantía que se requiere para el nuevo proceso de transformación.  

    Como bien lo afirmó la Consejera especial estadounidense para la reforma de la ONU, Shirin Tahir-Khleli, “nunca antes el mundo había tenido tanta necesidad que las Naciones Unidas sean eficaces” y que esta entidad “esté a la altura de sus ideales, que respondan eficazmente para poner en marcha varias soluciones y en donde la eficacia y la integridad no estén en juego”. De manera especial, en los actuales momentos, no parece ser que Annan encarne esa eficacia ni la integridad.

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