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El descubrimiento de un nuevo escándalo dentro del “Programa
Petróleos por Alimentos” continuó gravitando sobre la Organización
de las Naciones Unidas (ONU) y su Secretario General, el ghanés Kofi
Annan, quien sigue mostrando una “coraza
de hierro” y se resiste, a pesar de todos los indicios que lo
involucran, al menos como “cómplice pasivo”, a presentar su
dimisión.
El pasado 29 de abril de 2005, Annan
declaró en Nueva York a los periodistas que
no piensa renunciar y que seguirá al frente de su cargo porque la ONU
tiene un amplio trabajo que, a su juicio, lo compromete personalmente
para que pueda ser ejecutado, entre el que se encuentra el relacionado
con las reformas a que esta entidad deberá someterse dada su actual
incapacidad para poder jugar “papeles decisivos” dentro de los
numerosos conflictos e intereses que se vienen registrando a nivel
internacional.
“Cielos, no”, fue la respuesta que el funcionario ghanés dio
a los periodistas cuando se le interrogó acerca de un posible retiro de
su cargo, después de haberse descubierto que uno de sus colaboradores
especiales, que gozaba de su favor y su confianza, identificado como Maurice
Stroing, contrató a una hijastra para
desempeñar un alto cargo dentro del Programa Petróleos por Alimentos,
que la organización puso en marcha para ayudar a Irak, cuyo gobierno
despótico fue sancionado tras la guerra que se registró por la
invasión a Kuwait.
Dicho programa entró en vigencia en 1996 con el único objetivo
de paliar los efectos de las sanciones económicas que el Consejo de
Seguridad de la ONU aprobó, tras la derrota sufrida por el régimen que
presidía el hoy detenido Sadam Hussein,
que ordenó la invasión de su país vecino en agosto de 1990 y perdió
la guerra con una coalición internacional liderada por Estados Unidos
el 16 de enero de 1991.
Las fuerzas invasoras iraníes, tras sufrir numerosas bajas
humanas y de material bélico, fueron expulsadas del territorio kuwaití
y la ONU tras conocer todos los detalles relacionados con la invasión
aplicó sanciones de tipo político y económico, pero para evitar que
el propio pueblo iraquí fuese directamente perjudicado, el petróleo
que Irak vendía era pagado con alimentos y medicinas.
Ese programa concluyó en 2003 y sus movimientos económicos
totalizaron 67.000 millones de dólares, que la propia ONU se encargaba
de gestionar. Numerosas personas y empresas se beneficiaron
ilícitamente a través de sobornos.
De conformidad con las declaraciones de un vocero de la ONU, el
nuevo escándalo surgió al descubrirse que Strong,
antiguo enviado de la entidad para Corea del Norte y Corea del Sur,
quien se vio obligado a “renunciar durante una investigación sobre
sus vínculos con un `lobbista` acusado en
el caso del programa Petróleos por Alimentos, violó reglas del
personal, al contratar a una hijastra suya”.
La misma información identificó a la hijastra de Strong
como Christina Mayo, quien también
renunció al conocerse la forma irregular como fue contratada para
trabajar en la oficina de su padrastro. Nadie en la ONU conocía, porque
se ocultó, su relación familiar con el funcionario cuando comenzó a
prestar sus servicios, aunque, al parecer, Annan
fue informado algunos meses después, pero se abstuvo de actuar y de
exigir la renuncia al diplomático que practicaba el nepotismo.
Para Annan, aparentemente, este
escándalo no tiene ninguna trascendencia, porque en su declaración
tras regresar a la sede de la ONU luego de una gira de 10 días por
Indonesia e India, se limitó a decir que “miro el trabajo que tengo
por delante y la agenda que nos hemos planteado”, pero ni siquiera
mencionó la posibilidad de dejar su cargo.
Aunque el Secretario General no fue culpado totalmente en los
casos de corrupción por la Comisión que investigó el asunto y que
dirigió el ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos Paul
Volker, tampoco fue exonerado completamente,
y se le criticó con dureza por su pasividad ante las actuaciones de su
hijo Kojo Annan,
involucrado directamente por haber ocultado una amplia relación con la
empresa suiza “Cotecna Inspection
Services”, a la que su padre favoreció en
dicho programa.
Según un funcionario estadounidense, “quedó plenamente
demostrado que su hijo es un pícaro” y que Annan
ocultó pruebas de la culpabilidad de ese familiar tan allegado, por lo
que se esperaba que ante las evidencias “iba a tener la dignidad de
dimitir” y no, “como está ocurriendo ahora, de tratar de desviar la
atención acusando sin pruebas al actual gobierno estadounidense”,
como lo hizo el pasado 15 de abril al afirmar que junto con el Reino
Unido “había permitido el contrabando de petróleo iraquí”.
Efectivamente, en dicha fecha, Annan
acusó a ambos países de no haber evitado los actos de corrupción,
señalando que “la mayoría del dinero que Hussein
obtuvo del contrabando de petróleo fue fuera del programa `Petróleo
por Alimentos` y los americanos y británicos eran quienes lo estaban
supervisando”.
De inmediato, Estados Unidos y el Reino Unido desmintieron a Annan,
le solicitaron que presentase pruebas, lo que hasta ahora no ha hecho, y
le reiteraron que la persona corrupta era él por haber permitido las
maniobras “ilegales e indignas de su propio hijo” y las cuales “no
ha podido desmentir en ningún momento y, antes por el contrario, han
dejado patente que conocía bien los detalles y que no los cortó de
raíz para seguir favoreciendo a Kojo”,
como dijo un portavoz del Departamento de Estado y reiteró el
ministerio de Asuntos Exteriores británicos.
Además de Kojo Annan
y de la empresa suiza, el “informe Volker”
encontró culpables de corrupción al director del Programa, el
chipriota Benon Sevan,
acusado entre otras cosas de “conflicto de intereses”; a Iqbal
Riza, ex jefe del gabinete del Secretario General, a Joseph Coonor,
subsecretario general para Gestión y a Dieleep
Fair, subsecretario general a cargo de la Oficina de Servicios de
Vigilancia Internos. Todos estos corruptos ex funcionarios habían sido
defendidos y favorecidos por el Secretario General.
Parece ser que ahora la “principal preocupación” de Kofi
Annan se relaciona con el proyecto que una
Comisión de Expertos le hizo entrega, tras un año de estudios, para la
reforma de la ONU y que él “condimentó” con algunos detalles
personales para presentar a la consideración de los miembros de la
entidad, lo que ocurrió el pasado 7 de abril.
Según el funcionario ghanés, la aprobación de las reformas
propuestas deberá ocurrir a más tardar en el marco de la Cumbre
Mundial que se celebrará en Nueva York los
días 14 al 16 de septiembre próximos, aunque Estados Unidos ha sido el
principal país en señalar que para que esa reorganización se produzca
se necesita “un amplio consenso”, que no debe tener una “fecha
tope artificial”, porque debe ser materia de una “meditado
estudio” para poder garantizar, así, su eficacia.
Los escándalos y controversias que se están sucediendo tan a
menudo no han servido, ni mucho menos, para fortalecer a la entidad,
cuyos cimientos se mueven muy peligrosamente en los momentos en que el
mundo necesita contar con una ONU fuerte, en la que no haya indicios de
ninguna sospecha y que se transforme pronta y modernamente para hacer
frente a los inmensos retos presentes y futuros.
No obstante para muchos de sus miembros este nuevo
escándalo, que surgió cuando ya se creía que las aguas habían
regresado a su cauce, vuelve a enturbiar la propia imagen de Kofi
Annan porque parece ser que no “puede
romper definitivamente con la corrupción”. Esto significa que el
Secretario General no parece ser, en la actualidad, la persona de
garantía que se requiere para el nuevo proceso de transformación.
Como bien lo afirmó la Consejera especial estadounidense para la
reforma de la ONU, Shirin Tahir-Khleli,
“nunca antes el mundo había tenido tanta necesidad que las Naciones
Unidas sean eficaces” y que esta entidad “esté a la altura de sus
ideales, que respondan eficazmente para poner en marcha varias
soluciones y en donde la eficacia y la integridad no estén en juego”.
De manera especial, en los actuales momentos, no parece ser que Annan
encarne esa eficacia ni la integridad. |