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El retorno a Ecuador del destituido ex presidente Abdalá
Bucaram, producido el pasado 2 de abril de
2005 después que uno de los más corruptos jueces del país, el
presidente de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Guillermo Castro,
anulara los numerosos cargos de corrupción que pesaban sobre el más
nefasto e indeseable político, comenzó a originar gravísimos
problemas que amenazan con hacer aumentar la creciente tensión y crisis
que vive el gobierno presidido por el ex coronel golpista Lucio
Gutiérrez.
Bucaram, que fue destituido de su
cargo por el Congreso de la República el 5 de febrero de 1997 porque
tenía “incapacidad mental para gobernar”, huyó a Panamá ese mismo
día, donde obtuvo, posteriormente, asilo político, y tras ocho años
de vivir allí regresó a Ecuador para “llevar a cabo mi venganza
contra quienes me destituyeron”.
Gutiérrez, que con dineros del erario público y otros
entregados por Bucaram, pagó a varios
diputados tránsfugas para poder destituir a 27 de los 31 magistrados de
la CSJ y nombrar a amigos de ambos, empezó a vivir en carne propia su
desacertada y corrupta decisión, porque
el 4 de abril millares de ecuatorianos lo silbaron y le acusaron
de ser un traidor, cuando abandonaba la Catedral Metropolitana en donde
se había celebrado una ceremonia religiosa por el fallecimiento del
Papa Juan Pablo II.
El ex presidente Bucaram llegó
directamente a Guayaquil, de donde es oriundo, y de inmediato convocó
el mismo 2 de abril un acto
público en donde varios centenares de sus seguidores le escucharon
pronunciar un “incendiario discurso”, muy acorde con su
desequilibrada personalidad en donde prometió realizar “una
revolución en defensa de los pobres”.
Su valedor, el presidente Gutiérrez, que recibió “dineros
contaminados” durante la campaña electoral que lo llevó hace dos
años y medio al poder entregados por Bucaram
y por la banda terrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc),
según denunció el pasado 9 de febrero en Quito el ex ministro
ecuatoriano de Bienestar Social coronel Patricio Acosta Jara,
se entrevistó en Ciudad de Panamá con “el loco”, el primero
de septiembre de 2004, y ambos diseñaron una corrupta acción para
cambiar la Corte y hacer que se le anularan los cargos por
enriquecimiento ilícito y peculado.
A los gritos de “Lucio, fuera” y “Lucio, traidor”,
lanzados inicialmente a la salida de la Catedral por los asistentes a la
ceremonia fúnebre en memoria de Su Santidad, y luego también por
millares de ecuatorianos que se congregaron en el lugar, fue despedido
el presidente Gutiérrez.
Para la amplia mayoría de los ecuatorianos este acto de repulsa
hacia el corrupto mandatario se constituyó “en el primer paso de un
llamamiento a la desobediencia civil”, que incluye paralizaciones y
marchas de protesta en todo el país con el doble objetivo de hacer
cumplir que la ley se aplique a Bucaram y de
obligar a Gutiérrez a renunciar.
La gravedad del hecho es de tal magnitud, que el ministro de
Gobierno, Oscar Ayerve, afirmó que la
“confrontación que se está gestando va a provocar violencia en el
país”. El asustado miembro del gabinete ministerial solicitó a los
ecuatorianos y, de manera especial, a la oposición, que
está conformada por al menos el 85 por ciento de los habitantes
del país, que acepten un “diálogo para buscar las mejores
soluciones”.
En el mismo seno del gobierno existe un creciente malestar por la
manera como Gutiérrez está presidiendo el país y por las “capacidad
de maniobra que tiene para el empleo de las prácticas corruptas que
durante su campaña electoral prometió eliminar”, de acuerdo con la
declaración a medios de la prensa internacional realizadas por un
funcionario, que pidió el anonimato.
El pasado 20 de febrero el mismísimo vicepresidente ecuatoriano,
Alfredo Palacio, también expresó sus discrepancias con el golpista ex
coronel, a quien pidió “realizar cambios urgentes”, porque a su
juicio, “Ecuador está viviendo una de sus peores etapas, llena de
crispación por el desgobierno de Gutiérrez”.
A pesar de los 8 años que Bucaram
vivió fuera de Ecuador, la experiencia no le ha servido para nada, y al
regresar a Guayaquil no tuvo otra mayor ocurrencia que defender la
acción gubernamental de otro de los dictadores latinoamericanos, el
venezolano Hugo Chávez.
“Vengo a realizar la revolución de los pobres, la revolución
bolivariana al estilo de Chávez para que no nos impongan bases
militares, ni Alcas
(Tratado de Libre Comercio de las Américas),
ni TLC (Tratados de Libre
Comercio)”, dijo el corrupto dirigente, añadiendo que “haré que
los pobres sean respetados y que los ricos no lo sean tanto”.
Sin embargo, no anunció oficialmente su participación directa,
como candidato, para las elecciones presidenciales de 2007, aunque en su
virulento discurso manifestó: “Ecuatoriano pobre de mi país, si tú
me das tu voto, yo te doy una vivienda, una escuela, un empleo”. Es
decir, utilizando la misma demagogia, populismo y mentiras que
acostumbra Chávez.
Desde luego Bucaram, que gobernó
Ecuador, afortunadamente sólo entre el 10 de agosto de 1996 y el 5 de
febrero de 1997, no olvidó a su amigo, el “comprado” magistrado
Guillermo Castro a quien llenó de elogios “por haber tenido la
valentía de enfrentarse a mis enemigos y devolverme el derecho a vivir
en mi tierra junto a mi familia y a los pobres”.
El clima político y social del país andino está completamente
alterado y lo peor que pudo hacer para sí mismo Gutiérrez fue haber
ordenado la exoneración de los cargos contra el ex presidente corrupto
y de permitir su regreso, porque ello soliviantó a todos los estamentos
y fuerzas vivas ecuatorianas y ya nadie va a ser capaz de detener la
“desobediencia civil”.
Los alcaldes de las dos principales ciudades ecuatorianas, Paco
Moncayo, de Quito, y Jaime Nebot, de
Guayaquil, se sumaron a la desobediencia civil y anunciaron su apoyo a
las organizaciones empresariales, sindicales, estudiantiles y de
indígenas que acordaron realizar numerosas acciones de protesta, entre
ellas marchas –algunas ya efectuadas- al Palacio de Gobierno, situado
en pleno centro de la capital. Las movilizaciones por todas las ciudades
del país van a ser continuas y el país podrá ver paralizadas todas
sus actividades.
Es posible, dada la capacidad “intelectual y su apestoso
populismo”, como señalaron dirigentes oposiciones, que
Gutiérrez, colocado entre la espada y la pared, recurra a la violencia
ordenando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado enfrentarse
con los manifestantes. En el mismo momento en que se produzca un muerto,
Ecuador entrará, sin ninguna duda, en una guerra civil, cuyas
consecuencias son difíciles de predecir. De momento, es una incógnita
el proceder que tendrán los militares en caso de desatarse una
confrontación con la población civil.
Ecuador, que tuvo en el siglo pasado una larga cadena de golpes
castrenses, puede volver a contar con un presidente militar, no elegido
en las urnas, a pesar que la actual cúpula de las Fuerzas Armadas ha
expresado, al menos hasta antes del regreso de Bucaram,
su apoyo al Jefe del Estado. Hasta ahora, según el diputado Andrés Paéz,
de Izquierda Democrática, los militares “han estado al servicio del
presidente y no del país”.
La organización civil “Participación Ciudadana” está
canalizando todas las protestas y los actos multitudinarios contra la
política corrupta del gobierno presidido por Gutiérrez, y otras
entidades –sindicales, jubilados, etc.- también van a convocar una
huelga general que puede ser el comienzo del fin del actual gobierno.
La soberbia y el espíritu belicoso que han caracterizado la
gestión de Gutiérrez, desde que asumió el poder el 15 de enero de
2003, hacen prácticamente imposible que haya una “concertación”
con los opositores –políticos y no políticos- quienes, además,
expresaron su malestar por el regreso al país de un “indeseable y
corrupto”, para el que piden su “inmediata detención”.
Tanto el gobierno como la CSJ se niegan a ordenar la detención
de “el loco”, e incluso, a aceptar el recurso presentado por la
Fiscal encargada, Cecilia Armas, en donde pidió “revocar la orden
emitida a favor del ex presidente”, quien expresó otra de sus
habituales “perlas”, al decirle a sus partidarios en el acto del 2
de abril que “voy a romperle el alma a la oligarquía”. De todas formas existe un dicho muy cierto que “Dios los cría y ellos se juntan” y para desgracia de los ecuatorianos, en este país andino se han criado y juntado tres de las personas más avezadas en corrupción: Lucio Gutiérrez, Abdalá Bucaram y Guillermo Castro. Pobre país, al tener a tan siniestro trío. |