ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



COLOMBIA: CORTE PENAL PIDE ACLARAR CRIMENES LESA HUMANIDAD  

    La Corte Penal Internacional (CPI) expresó el 30 de marzo de 2005 su preocupación por la amplia cantidad de asesinatos, secuestros y desplazamientos de personas que se han registrado en Colombia desde el primero de noviembre de 2002 cuando comenzó su jurisdicción en el país, y pidió al gobierno del presidente, Álvaro Uribe Vélez, un informe sobre las investigaciones adelantadas por los crímenes de lesa humanidad.  

    Simultáneamente, el alto Tribunal también solicitó al ejecutivo colombiano que le informe detalladamente acerca de los proyectos de ley “discutidos recientemente” por el Congreso para castigar a los autores de estos execrables delitos y, al mismo tiempo que le mantenga al tanto del proyecto de “Justicia y Paz” que estudian las comisiones primeras del Senado y de la Cámara de Representantes para poder definir las normas de castigo que se aplicarán a los miembros de la banda terrorista paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), con las que adelanta unas conversaciones de paz.  

    El Fiscal del tribunal de la CPI que funciona en Roma, Luis Moreno Ocampo,  envió la solicitud al gobierno colombiano a través de su embajador ante la Corte Internacional de la Haya, Guillermo Fernández de Soto, que fue ministro de Relaciones Exteriores durante el régimen presidido por Andrés Pastrana Arango (1998-2002).  

    Este funcionario diplomático anunció que su país “colaborará con la Corte Penal Internacional para aclarar los crímenes de lesa humanidad”, pero aclaró que este organismo solo se encuentra en un “proceso de investigación” y que, por consiguiente, “no ha emitido aún ningún juicio de valor sobre el caso colombiano”.  

    De acuerdo con Fernández de Soto, la CPI solicitó los informes no sólo al gobierno colombiano sino a varias Organizaciones No Gubernamentales (ONG) “sobre hechos cometidos por los terroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), el Ejército de Liberación Nacional (Eln), los paramilitares (Auc) y por agentes estatales”.  

    Para evitar malos entendidos, el Fiscal Moreno Ocampo enfatizó que el gobierno colombiano no “está blindado” ante la competencia de la CPI, a pesar de haber suscrito una reserva de siete años para delitos de guerra, y que si bien el Organismo, en concordancia con el artículo 124 (que la creó) “no tiene jurisdicción sobre crímenes de guerra” sí “sobre las alegaciones de crímenes de lesa humanidad y genocidio”.  

    El gobierno colombiano presentó en marzo pasado por intermedio del Ministro de Interior y Justicia, Sabas Pretelt de la Vega, un proyecto de ley para crear el marco jurídico indispensable sobre los principios de “Verdad, Justicia y Reparación”, dentro del cual queden debidamente señaladas los procesos y las penas para los paramilitares de extrema derecha que desde junio de 2004 adelantan una cada vez más confusa “negociación de paz” con el gobierno de Uribe, que ha originado apenas la desmovilización de 4.500 miembros de los 20.000 que tienen las Auc.  

    Ese proyecto, sin embargo, ha chocado con otro propuesto por los Congresistas, y existen amplias y variadas divergencias sobre la manera como los poderes Legislativo y Ejecutivo han diseñado esos principios de Verdad, Justicia y Reparación, debido a los intereses, muchas veces llenos de obcecación, que les está caracterizando, hasta el punto que existen serias sospechas que uno y otro lo que quieren es diseñar un marco más de impunidad que de castigo para quienes han cometido crímenes de lesa humanidad.  

    Según la CPI, desde que entró en vigencia su jurisdicción (noviembre de 2002), “ha habido miles de asesinatos, secuestros y desplazamientos” y que “crímenes atroces y genocidios han sido cometidos por guerrilleros (terroristas), paramilitares y oficiales de la Fuerza Pública”.  

    Este Organismo tiene conocimiento, según el Fiscal Moreno Ocampo, sobre no menos de 54 delitos de lesa humanidad cometidos por las “organizaciones ilegales, por los cuáles aún no ha abierto investigación”, pero cuyos precisos detalles hizo llegar al gobierno colombiano a través de Fernández De Soto.  

    La CPI, explicó Fernández de Soto, “verifica la información y requiere la versión de los gobiernos involucrados antes de tomar otros procedimientos”, por lo que reiteró que en actual “caso, Colombia está en proceso de información y verificación preliminar”, por lo que a su juicio, “debe haber, y la va a haber, una colaboración decidida de nuestro gobierno”.  

    El Ministro de Interior y Justicia, Pretelt de la Vega, afirmó que no cree que la CPI vaya a juzgar a los terroristas desmovilizados, pues “hay que tener presente que la Corte trabaja de manera subsidiaria, es decir si en  los países de origen no se aplica la justicia, no se persigue el crimen, no hay sentencias y prevalece la impunidad”.  

    “En esas condiciones –añadió- sí puede intervenir”, al tiempo que defendió el proyecto de ley presentado por el gobierno en el cual se fijan penas de cárcel de entre cinco y ocho años para los delitos de lesa humanidad, y que servirá de marco jurídico del plan de paz con los paramilitares (terroristas) de extrema derecha, que se comprometieron a desarmar a sus 20.000 combatientes antes que finalice el presente año”.  

    La opinión pública colombiana, a través de sus principales organizaciones de víctimas del terrorismo, de defensa de los derechos humanos y de búsqueda de la paz, se ha mostrado totalmente contraria a que los terroristas sean castigados con “mínimas penas” porque con ellas lo que se pretende es “otorgarles impunidad” a sus gravísimos delitos.  

    Esas entidades han denunciado que el gobierno de Uribe Vélez “tiene un compromiso secreto” transmitido a los terroristas de las Auc a través del Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, para “castigarles de forma mínima”, ya que con las rebajas penitenciarias y los beneficios que la misma ley otorga, “las penas no alcanzaría en la mayoría de los casos siquiera a los tres o cuatro años, como máximo” y muchos “apenas visitarían las cárceles”.  

    Para el gobierno, el asunto no es así, porque según Pretelt de la Vega, “precisamente lo que se busca con la ley de Justicia y Paz es que no haya impunidad en Colombia, que sean juzgados los delincuentes por delitos de lesa humanidad, que se les aplique la pena alternativa por colaborar en los procesos de paz, de manera que eso en principio quedaría finiquitado por la CPI”.  

    Esta opinión difiere sustancialmente de las expuestas por el vicepresidente colombiano, Francisco Santos, y el Comisionado Restrepo, quienes se enfrentaron a Pretelt porque quieren que los delitos de lesa humanidad se dejen sin castigar o que la ley sea completamente benevolente con los terroristas de la extrema derecha.  

    El pasado 5 de febrero, luego de tres días de deliberaciones en Cartagena de Indias, la Comunidad Internacional  y organismos Gubernamentales y no Gubernamentales, ofrecieron el apoyo a Colombia para el proceso de paz que se adelanta –cada día de forma más lenta- con los terroristas de las Auc, pero siempre y cuando que sean castigados por sus crímenes atroces y los delitos de lesa humanidad.  

    Aunque el presidente Uribe, que durante el primer día de la reunión –el 5 de febrero- sufrió la enfermedad de “laberintis”, que le obligó a guardar absoluto reposo durante dos semanas, se comprometió a no permitir la impunidad y a “continuar mejorando la gobernabilidad”, como le pidió la Comunidad Internacional, lo cierto es que el proyecto que presentó al estudio del Congreso no  es un “fiel reflejo” de la palabra empeñada, por lo que mucha gente piensa, entre ella los Congresistas Darío Martínez y Luis Fernando Velasco, que la Corte y la “Conferencia de Donantes” opinarán negativamente sobre Colombia.  

    Otros Congresistas, conocidos como “uribistas” por su apoyo al Presidente, no le han prestado ningún interés a la petición de la CPI y, como afirmó  el senador Mauricio Pimiento, lo que “tenemos que hacer es una ley que atienda la situación del caso colombiano”, es decir, como la presentada por el gobierno que no busca castigar sino premiar la impunidad, porque las Auc han tenido, desde su creación, la simpatía del mandatario colombiano, que las apoyó decisivamente cuando fue Gobernador del departamento (provincia) de Antioquia.  

    Uribe, que en todos los foros a los que asiste ha pedido el apoyo internacional para la lucha contra el terrorismo y eventuales procesos de paz –así sean tan negativo en sus resultados como el que adelanta con sus amigos de las Auc- deberá prepararse para recibir un fuerte golpe y para que le vuelvan las espaldas, si no saca adelante un proyecto que sea ejemplar en el castigo y que evite que en su país la impunidad siga estando bendecida por el propio gobierno.

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