ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



ONU: EXONERACION A MEDIAS PARA ANNAN  

    Aunque lo intenta disimular declarándose “muy satisfecho” por el informe que divulgó el 29 de marzo el ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos Paul Volcker, lo cierto es que el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, únicamente fue exonerado a medias porque también en las conclusiones se señala que “no investigó adecuadamente a su hijo Kojo en el caso de corrupción” surgido en el programa “Petróleo por Alimentos” con Irak.  

    El hijo de Annan ejerció un tráfico de influencias para que la empresa suiza “Cotecna Inspection Services”, que lo tenía en nómina, se viera favorecida al encargarle el Secretario General la supervisión de la entrada de bienes a Irak con aquel programa, aprobado por la ONU en 1991, después de la primera guerra mantenida por la coalición internacional que lideró Estados Unidos contra el despótico régimen iraquí, que había invadido en agosto de 1990 a Kuwait.  

    De acuerdo con este segundo de los tres informes que presentará Volcker sobre la corrupción en la ONU, “el Secretario General tenía que haber referido el asunto al departamento de Naciones Unidas apropiado (Oficina de Servicios de Vigilancia Internos y/o Oficina de Asuntos Legales) para una investigación independiente exhaustiva”, cosa que Kofi Annan, sin saberse las verdaderas causas, no realizó.  

    En las conclusiones, se señala también que Kojo Annan “ocultó sus lazos financieros” con la firma suiza que trabajó para el Programa “Petróleo por Alimentos” y que el hijo del Secretario General “participó activamente en los esfuerzos de Cotecna por ocultar la verdadera naturaleza de su continua relación con él”.  

    No existe ninguna duda que el programa “Petróleo por Alimentos” con el cual se buscaba que Irak paliase favorablemente las fuertes sanciones económicas que impuso la ONU por la desmedida acción del dictador Sadam Hussein de invadir a su país vecino, del que las tropas iraquíes fueron desalojadas el 16 de enero de 1991, tras cinco meses de permanecer en Kuwait, originó diversas anomalías y que Kojo Annan supo aprovecharse adecuadamente para verse favorecido.  

    Volcker expresa en el documento que “Kojo Annan engañó intencionalmente al Secretario General (su propio padre) sobre esa continua relación financiera” y que los manejos financieros de su hijo “despiertan interrogantes significativos”, aunque expresa que Kofi Annan no ejerció presión “para la contratación de Cotecna”.  

    El contrato se otorgó a Cotecna en septiembre de 1998 porque “presentó la oferta más baja”, y según sus conclusiones, “no hay evidencias que la selección (de la empresa helvética) estuvo sujeta a ninguna influencia afirmativa o impropia del Secretario General en el concurso o proceso de selección”.  

    Sin embargo, el informe señala que si Annan hubiese procedido de acuerdo con las exigencias estrictas y legales ordenando una investigación sobre las acusaciones contra la empresa helvética, “es improbable que Cotecna hubiera obtenido la renovación de su contrato con Naciones Unidas”.  

    No obstante, Annan padre mintió cuando ratificó la versión de su hijo que únicamente había recibido pagos de parte de Cotecna por su labor de asesoría hasta octubre de 1998, cuando la propia Comisión Volcker y una integrada por miembros del Congreso estadounidense, la cual encontró toda clase de obstáculos del Secretario General, pudieron comprobar que los había recibido hasta febrero de 2004, cuando empezaron a surgir las primeras sospechas de corrupción.  

    Resulta verdaderamente paradójico que Kofi Annan no supiese el trabajo que su hijo desempeñaba en Cotecna y que, además, aún con el riesgo de poner en entredicho la credibilidad de la ONU, no supiese que la relación laboral con la firma suiza se había extendido hasta febrero de 2004 y hubiese declarado públicamente que Kojo únicamente prestó sus servicios hasta septiembre de 1998, la misma fecha en que se le otorgó a Cotecna la misión de inspeccionar las mercancías que transitaban “en el marco del programa”, lo que tuvo que rectificar casi inmediatamente ante las protestas generalizadas.  

    Este programa de índole humanitaria, que permitía al régimen iraquí comprar alimentos por las ventas de petróleo para no perjudicar a la población, se extendió desde 1996 hasta el año 2003 y durante todo ese tiempo se movilizaron recursos que el propio Volcker ha calculado en un equivalente a 67.000 millones de dólares.  

    A Cotecna se le acusa en el informe de “haber hecho declaraciones falsas al público, las Naciones Unidas y el Comité Investigador al afirmar que Kojo Annan había renunciado como consultor el 9 de octubre de 1998, cuando la verdad es que la relación financiera se mantuvo entre 1999 a 2004.  

    En el primer informe, Volcker había precisado que la compañía suiza obtuvo una suculenta e ilegítima ganancia, porque entre septiembre de 1998 y agosto de 2001 recibió un total de 7,3 millones de barriles de petróleo iraquí y los revendió por 1,5 millones de dólares “más que el precio que había pagado”, con lo que obtuvo, al menos, una utilidad del 40 por ciento.  

    Otros directivos que fueron responsables de la ejecución del programa también son cuestionados por el informe porque “las reglas relativas a la calificación de posibles contratistas no fueron apropiadas”, lo que significa que existieron casos visibles de corrupción.  

    Entre quienes se encuentran cuestionados están  Iqbal Riza, el ex jefe del gabinete de Kofi Annan; Joseph Connor, que se desempeñaba como subsecretario general para Gestión, y Dieleep Fair, subsecretario general a cargo de la Oficina de Servicios de Vigilancia Internos, al igual que Benon Savan, Director del Programa.  

    Riza, dicen las conclusiones, “ordenó la destrucción de documentos de tres años”, al día siguiente que el Consejo de Seguridad diese el visto bueno a la Comisión Volcker para iniciar su investigación, lo que a juicio de esta constituye “una coincidencia sorprendente”.  

    Pero lo más risible fue la explicación de este corrupto funcionario, que afirmó ante la Comisión que lo hizo como respuesta a la “preocupación” de su secretaria “por la falta de espacio para archivos”. Lo malo es que los documentos destruidos coincidían plenamente con los que probaban muchas de las acusaciones sobre la corrupción en que éste funcionario y sus compañeros estaban inmersos.  

    Estados Unidos, quizás para “lavar” la imagen de ser el “malo de la película” por las continuas divergencias que ha mantenido con Annan, otorgó muy rápidamente su respaldo al Secretario General, y a través del portavoz de la Casa Blanca, Scout McClellan, afirmó que “continuamos respaldando el trabajo (de Annan) y seguiremos trabajando con él y las Naciones Unidas en los muchos desafíos que enfrentamos”.  

    Aunque Annan, nada más conocerse las conclusiones del “Informe Volcker”, declaró visiblemente satisfecho a la prensa que “la Comisión lo libró de culpas” y a que recibió el respaldo del gobierno estadounidense, lo cierto es que no fue completamente exonerado y que en el ambiente de la ONU y de la diplomacia en general se respira un desagradable “tufillo” y que aún se debe esperar a que la tercera parte de la investigación finalice y se conozcan las nuevas conclusiones para precisar si verdaderamente puede o no sentirse plenamente satisfecho. De momento, persisten las dudas.

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