ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



VENEZUELA: EEUU NO TEME AMENAZA CHAVEZ SOBRE PETROLEO  

    Estados Unidos no teme a las amenazas lanzadas por el presidente venezolano, Hugo Chávez, de no continuar vendiéndole el petróleo, porque no tiene problemas para “comprarlo en otro país”, afirmó el embajador norteamericano en ese país, William Brownfield, en declaraciones formuladas en Caracas el 5 de marzo de 2005.  

    Esta es la primera reacción en Caracas del gobierno que preside George Bush relacionada con el tema de la venta venezolana del “oro negro”, que el mandatario, obsesionado con la primera potencia y su líder político, viene pregonando desde hace varios meses y que reiteró en un “cantinflesco” pronunciamiento el pasado 20 de febrero durante su programa dominical “Aló, Presidente”, cuando afirmó, sin pruebas, como siempre hace, que Estados Unidos “lo va a asesinar”.  

    Venezuela es el quinto productor mundial y exportador de petróleo, por lo que su economía depende en grado sumo de la venta de este producto, puesto que sus exportaciones no son muy variadas y, por tanto, difíciles de diversificar, algo que todos los economistas recomiendan para que no se dependa, casi en exclusiva, de un solo rubro, como le ocurre al país suramericano con el crudo.  

    Chávez, especialista y experto consumado en “buscar camorras con quien sea, las que siempre pierde”, como lo define la oposición venezolana por las numerosas contradicciones debido a su delirio e inculta verborrea, viene acusando al gobierno Bush de injerencia y de haber apoyado el intento de golpe de opinión que sufrió el 12 de abril de 2002, cuando fue desalojado durante 48 horas del poder y que no fructificó por los numerosos errores cometidos por quienes lo llevaron a cabo.  

    A partir de entonces no hay ninguna semana en la que Chávez no insulte a Bush y a sus principales funcionarios, lo que origina risas y sarcasmos en los distintos gobiernos del mundo en donde el mandatario venezolano es habitualmente conocido como “el loco”.  

    En su programa dominical, en los que habla y habla durante horas enteras imitando a su maestro, el dictador cubano, Fidel Castro, cuyos pasos sigue con “especial deleite por ser su principal lacayo”, como señalan los opositores en Venezuela, Chávez dijo que “temía ser asesinado por el gobierno de Estados Unidos”.  

    “Sí a mi me llega a pasar algo, olvídese del petróleo venezolano Mr. (George) Bush”, afirmó el mandatario, reiterando la amenaza de no venderlo  al país que es, precisamente, el principal comprador y por tanto el que mayores divisas le hace ingresar, al tiempo que azuzaba irresponsablemente a sus seguidores, al expresar que “se llegaran a asesinarme, un responsable hay en este mundo: el presidente de Estados Unidos y actúen ustedes en consecuencia si eso llegara a ocurrir”.  

    El embajador Brownfield también afirmó que “no es verdad que existan planes de asesinato contra el presidente Chávez ni contra ningún mandatario”, reforzando así las declaraciones del Departamento de Estado, que el mismo 20 de febrero calificó las versiones propagadas por el mandatario en la televisión de “ridículas y falsas”.  

    Así corroboró las recientes declaraciones del portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, quien el 21 de febrero afirmó en Washington que “Chávez es una fuerza negativa en la región, pero Estados Unidos no actúa contra él” y puso de presente que su gobierno ha tratado de “abordar la relación con Venezuela de una manera positiva, pero siempre termina empañada por este tipo de declaraciones salidas de tono”.  

    Para Brownfield la cuestión del petróleo es elemental: “Si Estados Unidos no compra petróleo a Venezuela, lo comprará a otro país y si Venezuela no vende petróleo a Estados Unidos, lo venderá a otro”. Así de simple, pero con una notable diferencia: ningún otro país en la tierra tiene la capacidad económica para adquirir el producto y evitar que la nación suramericana sufra las enormes consecuencias presupuestarias, máxime cuando Chávez está regalando, contra la opinión mayoritaria de sus compatriotas, el “oro negro” al dictador Castro.  

    También el embajador se mostró concreto al declarar al diario “El Nacional”, de Caracas, que “el gobierno de Chávez es libre de decidir qué países recibirán envío de petróleo de Venezuela”, respondiendo a la afirmación del ex coronel de paracaidistas, que el 4 de marzo, para no “desconectarse” del tema, dijo que si Estados Unidos “trata de hacerle daño a Venezuela, se detendría la exportación a ese país”.  

    Aunque “un eventual corte” del suministro de crudo venezolano “va a distorsionar la economía inicialmente de Estados Unidos, a final de todo, un mercado libre puede acomodar tal distorsión”, aseguró Brownfield que a igual que su gobierno, no está preocupado por la amenaza de Chávez, precisamente porque éste carece de “credibilidad” y, además, en su delirio de persecución, culpa de toda su incapacidad y todos sus errores al gobierno norteamericano.  

    Durante su reciente gira por India Chávez volvió a decir que su vida corre peligro, pero desde luego no exhibió, como nunca lo ha hecho, ninguna prueba, porque todo se basa en los rumores que le hizo llegar en febrero pasado su “amigo íntimo” Fidel Castro, que “inventó” tal argucia para evitar las críticas que se le estaban formulando, incluso en la propia isla.  

    El colmo del final de la “película” que montó el mandatario se patentizó con el ridículo que hizo el gobierno venezolano ante el Consejo  Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuando el débil ministro de Relaciones Exteriores, Alí Rodríguez, obligado por su “jefe” denunció que Chávez iba a ser asesinado por Estados Unidos como lo demostraban “numerosas pruebas de inteligencia” que, desde luego, no exhibió porque ese “asesinato” sólo está en la mente paranoica del ex golpista y ex coronel.  

    En las dos únicas semanas en que la paranoia de Chávez frente a Estados Unidos le dejó “libre el cerebro”, las emprendió contra el gobierno de Colombia, su presidente, Álvaro Uribe, y varios funcionarios, entre ellos el ministro de Defensa, Jorge Alberto Uribe, después de la captura de terrorista Rodrigo Granda, a quien el mandatario a sabiendas que pertenecía a la cúpula de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), le otorgó hasta la propia nacionalidad venezolana.  

    Tras denunciar que la “soberanía venezolana había sido violada”, Chávez exigió a Uribe pedirle perdón, lo que desde luego no hizo el mandatario colombiano, quien respondió las ofensas y amenazas con el envío de pruebas –sí, pruebas, que ese gobierno no presentó en la OEA para acusar irrazonablemente a Estados Unidos- en las que se demostraba que ese vecino país era un “verdadero paraíso” para los terroristas de Farc y del Ejército de Liberación Nacional (Eln) y que estaban “totalmente apoyados” por su gobierno.  

    Ante esas evidencias, Chávez se vio obligado a “guardar el rabo entre las piernas”, no seguir insultando al Jefe del Estado y los ministros y fuerzas policiales colombianas y, finalmente, reanudar las relaciones económicas que había roto el 14 de enero de 2005, pero como siempre quedó patente su imagen mundial de ser “un bocazas”, como señaló un parlamentario oposicionista venezolano del partido Acción Democrática (AD).  

    La nueva rabieta de Chávez surgió porque a principios de febrero Estados Unidos le acusó de “estar armándose” peligrosamente y de constituir, por ello, “un nuevo peligro para la región”, después de las compras de armas y aparatos aéreos a la Unión Soviética y de corbetas a España. Entonces, para intentar “distraer” a la opinión pública mundial y de su propio país, se “inventó” el rumor que iba a ser supuestamente asesinado.  

    A pesar de sus continuas “meteduras de pata”, de su incapacidad cultural y del espíritu guerrero que siempre le acompañan, Chávez ha encontrado en 4.991.483 compatriotas, que fueron los que le votaron en el referendo del 15 de agosto de 2004 para que continuara en su cargo, un apoyo que le ha permitido seguir gobernando.  

    Pero ni ellos mismos, como tampoco más de 8 millones que conforman la oposición actual, creen que Estados Unidos viva pendiente de él ni que tenga planes para asesinarle. El mandatario, según dirigentes de la antigua Coordinadora Democrática (CD) y del partido AC, lo que “necesita es un psiquiatra” por su “manía persecutoria” y porque tiene “un estado mental confuso”.

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