ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



URUGUAY: IZQUIERDA SE HACE FUERTE EN CONO SUR

La izquierda tomó las riendas del poder en el Cono Sur de América al asumir Tabaré Ramón Vásquez Rosas, el primero de marzo de 2005, la presidencia de Uruguay durante un multitudinario acto popular que tuvo como consecuencias inmediatas el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, rotas en 2002, y la puesta en marcha de un Plan de Emergencia Social (PES).

Tabaré Vásquez, un médico oncólogo de 65 años, ganó las elecciones presidenciales celebradas en Uruguay el 31 de octubre de 2004 como candidato del Frente Amplio Encuentro Progresista-Nueva Mayoría (FAEPNM), una coalición de izquierdas, al obtener 1.113.615 votos, con los cuales derrotó a Jorge Larrañaga, candidato del entonces gobernante Partido Colorado (PC), que alcanzó un total de 748.130 sufragios. Ha sustituido en el cargo a Jorge Batlle, que gobernó desde el año 2000.

Con la posesión de Vásquez, el Cono Sur, una amplia región suramericana que engloba a Argentina, Brasil, Chile y Uruguay (porque el otro, Paraguay, tiene un régimen de centro-derecha) se ha convertido en un baluarte de la izquierda pues ya gobiernan Néstor Kirchner, Luiz Inácio Da Silva (alias “Lula”) y Ricardo Lagos, en aquellos países antes mencionados.

Los avances de la izquierda política en Suramérica son muy significativos porque, además, Ecuador con el ex coronel Lucio Gutiérrez, y Venezuela, con el también ex coronel Hugo Chávez, convierten en mayoritaria a esta ideología, porque, además de Paraguay, en Bolivia, Colombia y Perú, el centro-derecha es el que gobierna. Como en un set de tenis, ganan 6-4 en esa región los izquierdistas, unos moderados a medias y otros no tanto.

El principal beneficiado con la incorporación, por primera vez en la historia política de Uruguay de un dirigente de izquierda para presidir el Gobierno, es el presidente de Cuba, Fidel Castro, que ahora ya no se encuentra tan sólo en la región del Caribe y puede, como ya lo está haciendo en Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela, “extender sus tentáculos” hacia esta pequeña nación, que en el siglo pasado se conoció como la “Suiza suramericana”.

El nuevo mandatario, que presidirá Uruguay entre 2005-2009, anunció tras asumir el cargo, que su gobierno ha destinado 100 millones de dólares al Plan de Emergencia Social (PES), que persigue –según lo definió- “rescatar de la pobreza a 800.000 de los 3,6 millones de habitantes”, y también va a implantar un nuevo impuesto a la renta, articular una nueva ley de Defensa y trabajar por un mejor y más grande Mercado Común del Sur (Mercosur)”.

También prometió que Uruguay contribuirá decisivamente a la integración con el “resto de América del Sur bajo los muy claros conceptos del multilateralismo y el respeto a la autodeterminación de los pueblos”, y garantizó que su gobierno “cumplirá con los compromisos asumidos con organismos internacionales respecto al pago de la deuda exterior”. Es decir que no hará lo que hizo Kirchner con el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que tantos perjuicios originaron a Argentina.

En las explicaciones que dio relacionadas con la política externa que regirá durante sus cinco años de mandato, el nuevo Jefe de Estado uruguayo indicó que “no toleraremos injerencias internas en nuestros asuntos internos” y que contribuirá a la solución pacífica de los conflictos y el respeto a la legalidad internacional”.

Se encargó de tomar el juramento al presidente Vásquez Rosas y al vicepresidente Rodolfo Nim Novoa, el presidente de la Cámara de Diputados, José Mújica, un antiguo líder del sanguinario grupo “Tupamaros”, que sembró el terror entre los años 1962-1972, cuando el
entonces presidente civil Juan María Bordaberry, que se posesionó el primero de marzo de 1971, les quitó todo el poder confinando a sus jefes en cárceles y haciendo huir del país a otros, entre ellos su fundador Raúl Sendic, un peligroso sindicalista-terrorista que luego se unió a la lucha armada en la vecina Argentina.

Los partidos tradicionales, el Blanco y el Colorado, a través de sus principales dirigentes, expresaron su “amplio temor” por el anuncio que hizo Vásquez en su discurso de posesión para investigar los “atropellos a los Derechos Humanos en tiempos de la dictadura (1973-1985), a fin que la paz se instale en el corazón de los uruguayos”, porque ello “sólo servirá para despertar viejas pasiones, originar crueles venganzas y abrir las antiguas heridas, que pueden precipitar al país al caos y volverlos a enfrentar”.

Como recompensa a aquel ex líder terrorista, el presidente lo nombró Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca y Mújica presentó la renuncia a su cargo de presidente de la Cámara Legislativa, a la vez que, saltándose el protocolo, pronunció unas incoherentes palabras, pues dirigiéndose a Vásquez, le dijo: “Le doy la palabra al compañero Presidente, a quien quiero decirle: gracias a la vida por haber llegado hasta aquí”.

Al proponer un “cambio moderado”, respetar las leyes del mercado y, sobre todo, favorecer el cambio social, para beneficiar a los más pobres, el nuevo mandatario dijo que quedaron atrás los “gobiernos iluminados y alejados de la realidad” y advirtió que durante el quinquenio en que gobernará, la educación y el desarrollo tendrán “especial preferencia y representarán un papel fundamental”, porque lo que desea es que haya en Uruguay “una sociedad en libertad, solidaridad e igualdad”.

También durante su discurso, el presidente no hizo ninguna alusión a la “alineación ideológica” con los regímenes de Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Ecuador y Venezuela, pero sí reiteró que no aceptará “ninguna intromisión extranjera” y que Uruguay mantendrá sus relaciones con todo los países, incluido Estados Unidos.

Para Vásquez Rosas su gobierno va a “trabajar incansablemente por la felicidad de los uruguayos” y para crear un país en “dónde nacer no sea un problema, ser joven no sea sospechoso y envejecer no sea una condena”, porque para hacer “un cambio efectivo, le votaron” sus compatriotas. 

La promesa de “luchar contra el terrorismo” pareció ser, según observadores políticos internacionales, un “guiño” a Estados Unidos, tras las críticas de la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, especialmente por el acercamiento de Vásquez a Castro y Chávez, dos de los mandatarios que, precisamente, se han distinguido por cobijar y apoyar a organizaciones terroristas, y en especial, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y al Ejército de Liberación Nacional (Eln), del mismo país.

De todas formas, Vásquez no pudo ocultar sus ansias “populistas” y a sabiendas que sectores políticos y sindicales vinculados con la izquierda habían convocado grandes manifestaciones en las calles de Montevideo trayendo desde distintos lugares del país a miles de personas con el encargo de vitorearle y aplaudirle, no utilizó el vehículo oficial para trasladarse al Palacio Presidencial y lo hizo en una no lujosa camioneta descubierta.

Durante 154 años de vida republicana, Uruguay había estado dirigido desde la Presidencia por los Partidos Colorado y Blanco que, generalmente, gobernaban con alguna alternancia, y es la primera vez que un dirigente no afiliado a ninguno de ellos asume la Jefatura del Estado, por lo que el compromiso que Vásquez Rosas ha adquirido es de una gran importancia y magnitud y porque ha sido el primero en otorgarle tal honor a la izquierda, una ideología que estuvo casi siempre marginada. Su reto es muy grande y no puede defraudar a sus propios compatriotas, porque no se lo perdonarían.

Muchos gobiernos de América confían en que la experiencia que Tabaré Vásquez adquirió como Alcalde de Montevideo le va a ser de “suma utilidad” en el ejercicio de la Presidencia, pero ya le han hecho llegar a través de sus principales consejeros la preocupación que les despierta una alianza izquierdista, especialmente con Chávez y Castro, dados los antecedentes “guerreros y populistas” de ambos.

No están, sin embargo, demasiado preocupados porque se una a otros mandatarios de marcada tendencia izquierdista y populista como “Lula” y Kirchner, y muchos menos a Lagos, a quien muchos de sus colegas latinoamericanos consideran un “hombre culto, sereno y responsable” y que puede ser la “balanza” que equilibre la serenidad y el populismo entre sus colegas del Cono Sur.

Portada - Indice