ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



CHILE: PINOCHET PAGARA POR CRIMENES DE SU GOBIERNO  

    La larga lista de crímenes y delitos que se cometieron a lo largo de su extenso mandato (1973-1990) va a pasarle una cara factura al anciano ex general chileno Augusto Pinochet Ugarte, porque casi en el mismo momento en que sufría un accidente cerebro vascular, la Corte de Apelaciones de Santiago (CAS)  ratificó la orden de arresto y la continuación del proceso en su contra.  

    El 11 de septiembre de 1973 accedió al poder cuando era Comandante del Ejército y participó activamente en un golpe de Estado contra el presidente constitucional Salvador Allende, quien se suicidó en el Palacio de la Moneda, cuya sede fue bombardeada y semidestruida tras intensas acciones de la Fuerza Aérea y del Ejército de Tierra.  

    Pinochet ingresó el 18 de diciembre de 2004 en el Hospital Militar de la capital chilena y dos días después la CAS, a través de una resolución aprobada por unanimidad de los magistrados que integran la Cuarta Sala, rechazó un recurso de amparo (habeas corpus) que los abogados del dictador habían presentado tras la decisión, del pasado 13 de diciembre, del juez Juan Guzmán Tapia, que dispuso su arresto domiciliario, el embargo de sus bienes y le sometió a un proceso por la tenebrosa “Operación Cóndor”, realizada por las principales dictaduras suramericanas en la década de los años 70.  

    Se le acusa de ser el autor de 10 crímenes dentro de esa macabra operación y de haber coordinado a todos los regímenes dictatoriales participantes en ella con el único objetivo de asesinar a los opositores sin someterlos a juicio y sin el más mínimo respeto a los derechos humanos y a la libertad de opinión de quienes no compartían los métodos de gobierno.  

    Esa tenebrosa operación secreta fue ordenada conjuntamente por los entonces presidentes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay y tenía como única misión la de eliminar a sus opositores, bien asesinándolos, secuestrándolos, torturándolos o haciéndolos desaparecer. Actualmente centenares de personas se encuentran desaparecidas, especialmente en Argentina y Chile.  

    La orden de arresto del magistrado Guzmán fue paralizada el 14 de diciembre después de la petición del “habeas corpus” elevada por los abogados de Pinochet ante el Tribunal de Apelaciones, alegando que sufre “una demencia moderada” por lo que dos años atrás la Corte Suprema había anulado la celebración de un primer juicio al aceptar el dictamen médico.  

    El presidente de la Cuarta Sala de la CSJ, Juan Escobar, al dar a conocer el veredicto unánime de los magistrados, afirmó a la prensa que “solamente les puedo manifestar que con la unanimidad de los integrantes, el recurso de amparo ha sido rechazado”, por lo que el arresto domiciliario y el proceso deberán cumplirse en los términos en que los ordenó el juez Guzmán.  

    De 89 años de edad, Pinochet sufrió un desmayo cuando se encontraba desayunando y de inmediato fue trasladado al Hospital Militar, cuyo director, Lionel Gómez Serey, emitió un comunicado señalando que su ingreso se originó “tras sufrir un nuevo accidente cerebro vascular con pérdida de conciencia, déficit neurológico y alteración de su motricidad”, y en otro informe médico se indicó que había “evolucionado con signos vitales estables y recuperación parcial y consciente”.  

    Aunque superó la crisis cerebro vascular, los médicos que le atienden no descartan que el ex general procesado “pueda quedar con secuelas psico orgánicas”, por lo que será sometido a una amplia vigilancia médica para evitar posteriores y peligrosas recaídas en su precaria salud.  

    En el caso de la “Operación Cóndor”, el ex dictador chileno perdió el fuero especial del que gozaba como ex presidente y que le permitía mantener completa inmunidad ante la justicia, por lo que ahora no existen impedimentos para procesarle.  

    Abogados de Derechos Humanos en Chile pusieron en duda la gravedad de la enfermedad que afectó a Pinochet, y en una declaración escrita manifestaron que es “una nueva maniobra para impresionar a los jueces y evitar que su arresto y procesamiento se lleven adelante”. Abogados y familiares del ex presidente señalaron, por su parte, que debido “a su precario estado de salud está incapacitado para afrontar un proceso”.  

    En Argentina también se le sigue juicio por el asesinato de su ex compañero de armas y de la junta militar general Carlos Prats, la que inicialmente se estableció para gobernar Chile tras el golpe de Estado, y quien murió víctima de un atentado en Buenos Aires junto con su esposa.  

    “Tal como ocurre con muchos otros reos, el proceso de Pinochet seguirá aunque su salud esté debilitada”, declaró a la prensa Hugo Gutiérrez, uno de los abogados querellantes de la Operación Cóndor  y quien le ha acusado de “estar dando un espectáculo porque en los últimos años no ha tenido ninguno de estos desmayos o vahídos”.  

    Para Gutiérrez todo ello “refleja la calidad moral del sujeto, que para evitar la acción de la justicia acude a cualquier tupo de simulación”, mientras otros dos de sus colegas, también abogados acusadores en la Operación Cóndor, dijeron en una declaración, que la hospitalización del ex general “es una maniobra vieja y antigua”, por lo que solicitaron que el juicio no tenga más aplazamientos y que sea iniciado en el “menor tiempo posible”.  

    Otro de los dictadores participantes en la Operación Cóndor, el ex general Jorge Rafael Videla, de 79 años, que gobernó su país entre 1976 y 1981 tras haber dirigido un golpe de Estado contra la entonces presidenta de Argentina, María Estela Martínez viuda de Perón, se encuentra también gravemente enfermo y recientemente tuvo una crisis cardiovascular en su casa, donde guarda prisión domiciliaria.  

    Videla está considerado, al igual que Pinochet, como “un asesino en serie” y ha sido calificado por historiadores internacionales como “el más peligroso y sanguinario militar que haya nacido jamás en Argentina”.  

    Ambos generales, a pesar de las conocidas por muchos años divergencias argentino-chilenas, fueron los artífices de la Operación Cóndor y de haber gobernado sus respectivos países con “manos de hierro” y acudiendo a los más “sanguinarios métodos para consolidar sus dictaduras y violar continuamente los derechos humanos de sus respectivos compatriotas”.  

    La decisión de la justicia chilena se encamina hacia una única meta: hacer cumplir al máximo, dentro del estado de derecho, la ley y no otorgar privilegios de ninguna clase a quienes en el pasado fueron poderosos pero abusaron de sus privilegios, e implantar, como en el caso de Pinochet, un régimen tenebroso en donde el abuso era la norma del día y no se respetaba la vida a quienes disentían de su forma de gobernar.  

    Ni siquiera su elevada edad va a impedir que Pinochet sea procesado y reciba el justo castigo que sus crímenes y abusos del poder merecen. Ya ni quienes en el más reciente pasado le apoyaban, tras conocer los escabrosos detalles de la Operación Cóndor y los jugosos beneficios económicos obtenidos durante el tiempo en que gobernó a Chile están con él. A toda persona le llega, para bien o para mal, su hora. Y parece ser que la del ex general está a la vuelta de la esquina.

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