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El 3 de octubre de 2005 se convertirá en otra de las fechas
memorables para la Unión Europea (UE) porque comenzarán las
negociaciones con Turquía para su adhesión plena
al “Club de los 25” y, lo que es más importante, para que
reconozca, así sea “de facto”, a su tradicional enemiga, la
República de Chipre, miembro de la Comunidad desde el pasado primero de
mayo.
Los 25 Jefes de Estado y de Gobierno que conforman el Consejo
Europeo (CE), reunidos en Bruselas, aprobaron el 16 de diciembre de
2004, iniciar en aquella fecha las negociaciones, aunque no todos los
países miembros “tienen la misma posición sobre Turquía”, como lo
explicó en conferencia de prensa, el ministro holandés, Jan Peter
Balkenende, presidente en ejercicio de la UE.
Una vez tomada la decisión, Balkenende se reunió con el Primer
Ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, a quien comunicó los pormenores
de la reunión del CE y le advirtió, al igual que lo declaró ante los
periodistas, que “el objetivo de las negociaciones que comenzarán
oficialmente el 3 de octubre próximo no garantizarán un resultado
positivo si su país incumple los valores comunitarios”, entre los
cuales se encuentra el relacionado con el reconocimiento de Chipre.
Turquía, una nación de 70 millones de habitantes y de mayoría
musulmana, no cuenta por el momento con un apoyo unánime pues varios de
los países miembros de la UE han expresado sus reservas a su
integración, entre los que se encuentran Austria (con un 75 por ciento
de rechazo entre sus habitantes), Francia (con el 67 por ciento) y
Alemania (con el 55 por ciento).
Precisamente el Canciller austriaco, Wolfgang
Schuessel, declaró el 18 de diciembre que
va a proponer la convocatoria de un referéndum sobre la adhesión a
Turquía en caso que las negociaciones con la UE sean positivas, ya que
sólo entre un 25 y un 29 por ciento de sus habitantes se ha mostrado
favorable a ese ingreso.
En días anteriores el presidente francés, Jacques Chirac,
también había precisado que su país convocaría un referéndum,
alegando las mismas causas que Austria. Además, afirmó el 15 de
diciembre en Bruselas, que “negociación
no quiere decir adhesión”, para demostrar la poca simpatía que él,
personalmente, tiene por el
ingreso de un país que por su condición de ser mayoritariamente
musulmán y sus problemas democráticos, suscita reservas a nivel
continental.
El principal escollo es el de la siempre difícil relación que
Turquía y Chipre han mantenido desde 1974 cuando el régimen turco
ordenó la invasión de la mitad norte de la isla chipriota y
únicamente reconoce este territorio; las relaciones han sido muy tensas
y por eso el Alto Representante de la Política Exterior de la UE, el
español Javier Solana Madariaga, declaró que “si quieren ser miembro
de una familia, tienen que reconocer a todos los miembros de la familia,
pues sin ello es difícil formar parte de la familia”.
Según el Parlamento Europeo (PE), a través de una resolución
adoptada el 15 de diciembre, recomendó a la Comunidad negociar
“sin retrasos indebidos la entrada de Turquía”, pero también hizo
la sugerencia al gobierno musulmán aspirante, que “adopte más
reformas democráticas” y, al mismo tiempo, que reconozca a Chipre.
La resolución, que no era vinculante para el Consejo Europeo,
quedó aprobada por 407 votos a favor, 262 en contra y 29 abstenciones,
y en ella se pidió también al gobierno turco que “satisfaga las
demandas de cero tolerancia en el uso de la tortura, que sigue siendo
utilizada por las autoridades”, según el PE.
Asimismo le pidió que “reconozca el genocidio perpetrado
contra los armenios” entre los años 1915 y 1923. A Turquía se le
acusó de haber matado a 1,5 millones de armenios durante la campaña de
esos años para expulsarles del este del país, aunque el gobierno niega
que ello haya ocurrido así, a pesar de lo que señala la Historia.
Se considera que antes de 2015 Turquía no será aceptada como
nuevo miembro de la UE y que las negociaciones serán “arduas, tenaces
y complicadas” porque, además, según Balkenende, “Turquía debe
conquistar las mentes y los corazones de todos los europeos” a lo
largo de los años que duren las conversaciones.
Para el jefe del ejecutivo turco, entre tanto, hay plena
convicción que su país aceptará la exigencia comunitaria y por eso el
mismo día 18 de diciembre su gobierno anunció que está dispuesto a
reconocer “de facto” al régimen chipriota, con lo cual se ha dado,
con la suficiente anticipación, el primer paso para cumplir una de las
peticiones, quizás la principal, de la UE.
El presidente de la Comisión Europea (CE), el
portugués José Manuel Barroso, que lleva apenas un mes de gestión,
afirmó que “esta oferta –la de la UE- contiene todos los elementos
para que las autoridades turcas puedan decir sí” y para que no haya
ningún obstáculo el año próximo y poder iniciar las negociaciones.
La UE espera que el gobierno turco reconozca de manera oficial a
Chipre mediante la ampliación del Protocolo de Adaptación del Acuerdo
Aduanero de 1963, antes de producirse la apertura de negociaciones,
dentro de 10 meses. Dicho Protocolo supone el reconocimiento “de
facto” de la República de Chipre.
El mencionado Protocolo deberá extender el Acuerdo aduanero que
el gobierno turco firmó en 1963 con la entonces Comunidad Económica
Europea (CEE) a los diez nuevos miembros de la UE, que desde el primero
de mayo de 2003 son integrantes de pleno derecho de la entidad
comunitaria. El contenido del Protocolo, según lo dispusieron los 25
Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad en Bruselas,
tendrá que ser negociado entre esta y el gobierno turco a partir de
octubre próximo.
Por otro lado, el Consejo Europeo destacó que es necesario que
haya “un inequívoco compromiso con las relaciones de buena vecindad,
a la vez que se mostró complacido por “la mejora de las relaciones de
Turquía con sus vecinos y su voluntad de seguir colaborando con los
Estados miembros para resolver los conflictos fronterizos pendientes,
conforme al principio de arreglo pacífico de controversias de la Carta
de las Naciones Unidas”.
También el Consejo insistió en que todos los litigios que
tengan repercusiones en el proceso de adhesión “deberán plantearse,
su fuera necesario, ante la Corte Internacional de Justicia para su
solución”, con lo que en el fondo obligará a Turquía a ser muy
prudente y, sobre todo, a no intentar proseguir con su conflicto frente
a Chipre.
Los Jefes de Estado y de Gobierno también dieron “luz verde”
a las adhesiones de Bulgaria y Rumania, que deberán ingresar al “Club
de los 25” en enero de 2007, una vez que a mediados del próximo año
concluyan las respectivas negociaciones y se proceda a las
correspondientes firmas. Precisamente el PE aprobó el 15 de diciembre,
por 527 votos a favor y 19 en contra, una resolución pidiendo a la UE
que Bulgaria sea admitida como miembro de pleno derecho en menos de tres
años.
Las condiciones impuestas a Turquía para poder entrar el
próximo año en negociaciones son las más duras que la UE ha decidido
en toda su historia para sus nuevos miembros y por eso el gobierno del
Primer Ministro Erdogan tendrá que sopesar
de manera valiente y decidida todas las consecuencias pues, inclusive,
la Comunidad anunció que se reservará una cláusula de “salvaguardia
permanente” para no aplicar a los trabajadores de ese país el derecho
de libertad de movimiento en toda la Unión.
Desde ahora, pues, comenzará la “gran batalla” de Turquía
para poder satisfacer su aspiración de ser un miembro más de la UE,
que goce del pleno derecho y no que simplemente “quede anclada,
asentada en las estructuras europeas”, pero sin tener los privilegios
de quienes integran un Club comunitario con mucha fuerza y poder de
decisión en el mundo. |