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Al gobierno de Cuba no
le gustó el adorno navideño que ilumina desde comienzos de diciembre
de 2004 el malecón de La Habana y que se encuentra instalado en la
antigua sede de la embajada de Estados Unidos y hoy convertida
únicamente en la Oficina de Intereses, porque representa una alegoría
de los 75 disidentes y opositores que fueron injustamente condenados a
largas penas y encarcelados en las “mazmorras” desde abril de 2003 y
de los cuales tan sólo 15 han sido liberados.
Desde 1961 Estados Unidos suspendió sus relaciones diplomáticas
con Cuba, pero a partir de 1977 ambos países acordaron mantener
Secciones de Intereses en La Habana y Washington, que cumplen tareas
consulares y de intercambio de información bilateral, aunque desde el
enfrentamiento continuo, especialmente promovido por el régimen
“castrista”.
Estando a tono con lo que ha sido un régimen despótico y
autoritario, inmediatamente el gobierno presidido por Fidel Castro
amenazó con realizar “represalias” si Estados Unidos no retiraba el
símbolo, que está causando la admiración y es la atracción de
quienes diariamente recorren el malecón, porque está colocado en la
fachada de la Oficina de Intereses.
Durante una rueda de prensa con los representantes de los medios
de comunicación internacionales, el jefe de la sección de Intereses
estadounidenses, James Caron, denunció que
“el régimen de Castro está amenazando a esta Misión
Diplomática”, por el sólo hecho de “haber colocado un adorno
navideño”.
Un enorme número 75 rodeado de un círculo luminoso, en alusión
a quienes por el mero hecho de disentir fueron condenados bajo falsas
acusaciones, está originando el nuevo incidente diplomático y por el
que, según Caron, “habrá
consecuencias”, de acuerdo con las advertencias y amenazas que le
hicieron el pasado 14 de diciembre cuando fue convocado a la sede del
ministerio de Relaciones Exteriores.
“Como parte de nuestras celebraciones navideñas también
pusimos un letrero con el número de disidentes encarcelados en marzo de
2003 (que luego fueron condenados en abril de ese año en juicios extrarápidos
y sin que tuvieran el más mínimo derecho a la defensa) como
recordatorio de aquellos que fueron arrestados por pensar y hablar
independientemente”, señaló el diplomático.
La amenaza denunciada por Caron se
hizo “debido a nuestro apoyo incondicional a la lucha de la valiente
sociedad civil cubana y a la oposición pacífica y democrática”. En
la sede de la Cancillería, Gustavo Machín, Director para América del
Norte, fue el encargado de transmitir la orden de Castro: “O retiran
el adorno o habrá consecuencias”.
Para Caron, “cualquier mención a
sus flagrantes violaciones de los derechos humanos es considerada por el
régimen de Castro como una intromisión en sus asuntos internos”,
pero la decisión del gobierno estadounidense es la de mantener el
adorno “hasta el fin de las fiestas navideñas”, porque “considera
que no es una provocación sino un deber moral de Estados Unidos hacia
los presos políticos”.
Según el diplomático estadounidense, la propia Organización de
las Naciones Unidas (ONU), “ha establecido que los abusos en materia
de derechos humanos en Cuba son un tema que concierne a la comunidad
internacional”, y a su juicio, “el régimen cubano es uno de los
violadores más egregios y consistentes de los derechos humanos en el
mundo”.
Estados Unidos señala que “si habrá consecuencias sobre esto
(la colocación del adorno alegórico) o no, sólo el tiempo lo dirá,
pero no vamos a retirar estos adornos”. Además del relacionado con
los 75 presos políticos (aunque en Cuba el régimen “castrista”
tiene a más de mil personas detenidas injustamente por el solo hecho de
disentir de su política dictatorial), se encuentran en el jardín de la
sede estadounidense un Papá Noel y un pequeño árbol.
“Nos podrían expulsar o limitar nuestras actividades. Tienen
muchas opciones, pero eso depende de ellos”, dijo Caron,
para quien la posibilidad de entablar un diálogo con Cuba, como lo ha
propuesto el nuevo gobierno español, “es prácticamente imposible si
no es sostenido en los términos del dictador”, porque no “tolerará
nada que traiga a colación los brutales abusos contra los derechos
humanos que se cometen en este país”.
Recientemente y tras la liberación de siete presos, entre ellos
varios periodistas como el representante de la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP) en Cuba, Raúl Rivero Castañeda, que salió enfermo de
la cárcel el pasado 30 de noviembre, Cason
invitó a varios de ellos a la sede diplomática para desarrollar un
acto emblemático: enterrar en una caja de hierro sus deseos para la
fecha en que la Isla recupere su democracia y desaparezca la era
“castrista”. Cuando esto ocurra, entonces se abrirá la caja y se
podrán leer las opiniones de quienes han sufrido la persecución y el
acoso a su libertad en carne propia.
Precisamente como una “ceremonia de esperanza”, calificó
este acto el líder del Movimiento Cristiano de Liberación (MCL),
Oswaldo Payá, quien ha pedido a España y a
la Unión Europea (UE) que no eliminen las sanciones impuestas al
gobierno cubano hasta que no se produzca la “liberación de todos los
presos políticos”.
La UE acordó la semana pasada estudiar a comienzos de 2005 el
levantamiento de esas sanciones y restablecer el diálogo y la ayuda
económica al régimen de Castro, que fueron suspendidas el 30 de abril
de 2003 y que originó una sarta de insultos hacia la Comunidad y sus
gobiernos por parte del propio mandatario cubano y de su virulento
ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roca.
Mientras la cancillería cubana convocaba al diplomático
estadounidense para expresarle sus amenazas, Castro y Hugo Chávez
Frías, su “fiel vasallo y discípulo”, como lo califican en su
propio país, Venezuela, acordaron una “alianza estratégica” que
pretende ampliar sus lazos y extenderlos hacia otros países de América
Latina y el Caribe.
El ex coronel de paracaidistas y también ex golpista venezolano
visitó La Habana, como lo hace habitualmente, por lo menos una vez al
mes, para “sellar el gran acuerdo económico”
y, según la oposición venezolana, “regalar nuestro petróleo
al dictador”, a quien le vende el “oro negro” a 27 dólares el
barril, cuando la cotización en el mercado internacional alcanza, y a
veces sobrepasa, los 40 dólares.
Aunque Castro y Ernesto “Ché”
Guevara fracasaron en los años 60 y comienzos del 70 en “exportar la
revolución cubana” a América Latina, ahora es Chávez quien quiere
desempeñar ese “papel del médico argentino”, pero según los
opositores de ambos países, “fracasarán estruendosamente porque en
este continente se quiere vivir en democracia a pesar de las ovejas
negras que hay en las presidencias de Cuba y Venezuela”.
La nueva divergencia surgida entre la Isla y Estados Unidos no es
nueva como tampoco será la última, pero existe un gran interés en
conocer la forma como acabará este incidente conocido ya como el de las
“luces navideñas de los 75” y si Cuba prolongará las maniobras
militares que, a manera de desafío, contra su poderoso vecino, inició
hace algunos días como “respuesta, según el castrismo, a las
continuas agresiones y amenazas del gobierno de Estados Unidos”. |