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La lucha armada realizada a
través de la “Intifada” terrorista
perjudicó notoriamente a los palestinos y es necesario acabarla para
poder encontrar las vías que permitan contar con un Estado propio para
hacer la paz con Israel y terminar con la gravísima problemática que
se vive en el Oriente Medio por esa lucha fratricida israelo-palestina.
Este sereno y sensato
planteamiento fue hecho el 14 de noviembre de 2004 por el nuevo
presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, Mahmud
Abbas (alias “Abú Mazen”),
quien aspira a ganar, como candidato de la OLP, la presidencia de la
Autoridad Nacional Palestina (ANP) durante las elecciones convocadas
para el próximo 9 de enero de 2005.
Abbas
declaró, en una entrevista publicada por el diario panárabe
“Asharq al Awsat”,
que es necesario “mantener la Intifada
lejos de las armas”, reiterando que en vez de favorecer ha sido
perjudicial para los palestinos. Quien fuese también Primer Ministro
sabe muy bien que las cifras de muertos y heridos palestinos son casi el
triple que las soportadas por Israel, más poderoso en su capacidad
militar y de armamento.
“El recurso de las armas
ha sido perjudicial y debe cesar”, afirmó Mazen,
el candidato favorito entre los nueves aspirantes oficiales al cargo
porque, finalmente, el segundo máximo organizador del terrorismo
palestino contra Israel, Maewan Barghuti,
encarcelado en Jerusalén, donde paga cinco condenas a cadena perpetua,
desistió de competir, según lo anunció el 12 de diciembre.
Barghuti
y el recientemente fallecido Yasser Arafat
fueron los “siniestros cerebros” de la Intifada,
que en su segunda etapa empezada el 27 de septiembre de 2000 ha dejado
más de 4.000 palestinos muertos y una cifra cercana a 100.000 heridos
contra 900 fallecidos por Israel y no más de 12.000 heridos.
A pesar de la diferencia
existente entre Barghuti y Mazen
en relación con la Intifada, el terrorista
encarcelado anunció que respaldará al ex primer ministro, quien
oficialmente fue escogido por el partido Al Fatah
que Arafat presidió hasta su muerte,
ocurrida en París el pasado 11 de noviembre.
“Confirmo mi apoyo a Abú Mazen
(Mahmud Abas) para el cargo de
presidente”, dijo Barghuti en un
comunicado que leyó el director de su campaña política, Ahmed
Ghnein, durante una rueda de prensa.
Indudablemente el retiro de
ese terrorista detenido es un alivio
para el proceso electoral que se quita de encima a una persona
que bien hubiese podido ser el mayor obstáculo ya no para la victoria
de Mazen sino para la propia seguridad
palestina dados sus peligrosos antecedentes, aunque como ya lo había
señalado el gobierno israelí, no hubiese podido salir de la cárcel
para hacer campaña.
Dado que Barghuti
tiene ascendencia sobre millares de palestinos amantes de la violencia y
el terrorismo, su presentación como candidato hubiese significado
también un grave problema en caso de una hipotética victoria, ya que
las cinco cadenas perpetuas que pesan sobre él no habrían permitido la
liberación, como bien lo advirtió Sharon a
principios de diciembre.
El líder de la OLP, en su
declaración periodística, dijo que en “Palestina reina el caos en
materia de seguridad”, por lo que se requiere que haya en la servicios
de seguridad “organización y disciplina”; igualmente se mostró
partidario porque se realice una “desmilitarización de la Intifada”.
Mazen,
que viene realizando conversaciones con los distintos movimientos
palestinos, entre ellos las tres bandas terroristas –el Movimiento de
Resistencia Islámica “Hamás”, la Yihad
Islámica y las Brigadas Al Aqsa, brazo
armado de Al Fatah-, considera posible que
culminen satisfactoriamente.
“Esperamos obtener
resultados positivos en las próximas semanas”, afirmó Mazen,
quien no descartó que Hamás y Yihad
Islámica “puedan formar parte de una futura dirección palestina
colegiada”. Eso, a pesar, que Hamás
anunció un boicoteo a los comicios del 9 de enero.
Con el retiro de Barghuti,
un total de 9 candidatos se disputarán oficialmente la presidencia de
la ANP, pero se cree que Mazen será un
absoluto triunfador. Además de él, la Comisión Electoral Central
(CEC), a través de su secretario general, Rami
al Hamadala, informó que fueron aceptadas
las inscripciones de Tayssir Jaled,
del Frente Democrático de Liberación Palestina (FDLP) y Bassam
al Salhi, del Partido del Pueblo (PP), de
tendencia comunista.
Asimismo, Asma Khreisheh,
presidente interino del Parlamento y un luchador contra la corrupción,
y Abdelsattar Qassem,
profesor de la Universidad de Naplusa, Mustafá
Barghuti, representante de los derechos
humanos, Abdelkarum Jubeir,
Hussein Barakah y
Abdelhalim al Ashqar.
El ex presidente
estadounidense Bill Clinton,
operado en octubre pasado del corazón, quiere también participar en la
actividad electoral palestina y el gobierno estadounidense ha expresado
al de la ANP que él “quiere actuar en la supervisión de los
comicios”, integrando el cuerpo internacional de observadores.
Dicho cuerpo supervisará
que esas elecciones se desarrollen dentro de la “mayor
transparencia” y uno de sus miembros será Jimmy
Carter, otro ex presidente estadounidense,
quien ya participó como observador en las primeras elecciones de 1996
que ganó ampliamente Yasser Arafat
y que se celebraron en Jerusalén, Gaza y
Cisjordania.
Mazen,
sabedor que es el máximo candidato a la victoria, se propone también
relanzar las negociaciones de paz con Israel a través de la “Hoja de
Ruta”, paralizada desde hace muchos meses y cuya primera fase ni
siquiera se puso en marcha porque el terrorismo palestino, respondido
también con la fuerza de las armas por el Estado judío, lo impidió.
Una vez conocido el
resultado de los comicios, Mazen procederá
a buscar una entrevista, lógicamente si gana, con el Primer Ministro
israelí, Ariel Sharon, quien también
afronta problemas políticos y ahora está negociando gobernar en
coalición con el partido laborista que dirige Simon
Peres.
Cuando faltan apenas 23
días para la celebración de unas elecciones que pueden ser decisivas
para Palestina y para el Oriente Medio, el mundo se encuentra pendiente
que los ciudadanos de esos convulsionados territorios sepan afrontar con
responsabilidad el compromiso y que por el democrático sistema de
acudir a las urnas puedan definir su propio futuro.
Un futuro que como bien lo sostiene Mazen,
deberá edificarse sin violencia y, sobre todo, acabando definitivamente
con esa peligrosa “Intifada” que en vez
de beneficios les ha ocasionado más amarguras, más sacrificios, y lo
que es peor, más muertos, porque está plenamente demostrado que para
ellos el “recurso de las armas ha sido perjudicial y debe cesar”. |