ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



COLOMBIA: DESARME DE MANCUSO PARA EVITAR EXTRADICION  

    Salvatore Mancuso, uno de los más sanguinarios narcoterroristas colombianos, que dirigió personalmente decenas de matanzas, secuestros y que está ampliamente involucrado en el tráfico de drogas y actual “comandante” de la banda paramilitar y de extrema derecha Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), encabezó la desmovilización de 1.425 de sus miembros en acto celebrado el 10 de diciembre de 2004 en la población de Tibú.  

    No obstante que la ceremonia de desmovilización ha sido considerada por el gobierno colombiano presidido por Alvaro Uribe Vélez, como “un triunfo” para buscar acabar con la violencia y el terror que desde hace más de 50 años afronta esa nación, se dijo en círculos políticos, jurídicos y especialmente militares, que Mancuso “con su desarme lo que persigue en el fondo es evitar la extradición a Estados Unidos”.  

    Al hacer entrega de su arma, una pistola marca Glott, de nueve milímetros y fabricación alemana al Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, el terrorista “pidió perdón” a todas las personas y países a los que su acción haya “causado dolor”, durante una intervención cercana a los 40 minutos.  

    La desmovilización, supervisada por el representante de la Organización de Estados Americanos (OEA), el argentino Sergio Caramagna, autoridades civiles, militares y eclesiásticas y con la presencia inesperada de Stewart Tuttle, subdirector de Asuntos Políticos de la embajada de Estados Unidos en Colombia, ha sido la más amplia desde que gobierno y las Auc iniciaron, el pasado primero de julio, un proceso de paz encaminado a integrar a los paramilitares en la vida civil del país.  

    “Con el alma anegada de humildad pido perdón al pueblo de Colombia, pido perdón a las naciones del mundo, entre ellas, Estados Unidos, si por acción u omisión las pude ofender. Ruego el perdón de cada madre y de aquellos cuyo dolor causamos”, afirmó Mancuso, mientras el Comisionado Restrepo elogiaba su gesto y expresaba la complacencia del gobierno.  

    También Mancuso pidió disculpas a “mis hijos y a mi esposa por no acompañarlos en los momentos más difíciles” y expresó su deseo porque la “paz se alcance definitivamente en Colombia”, a la vez que proclamó que “el hombre que les habla sepultó al comandante victorioso de ayer. Ahora nace el amigo y el compatriota. Fui convencido por la creencia cristiana”.  

    “Este paso será definitivo para que todos aquellos que crean todavía que con una arma en la mano pueden ayudar a construir el futuro de la nación, entiendan que el camino de la violencia está cerrado”, indicó Restrepo, quien calificó el día como “histórico” por tratarse de la mayor movilización que “ha ocurrido en el país y ahora los habitantes del Catatumbo (departamento al que pertenece Tibú  y que estaba dominado por las Auc y colindante con Venezuela) tienen la obligación de encontrar su seguridad en las fuerzas del Estado”.  

    Los 1.425 miembros de la banda Auc entregaron al gobierno un amplio arsenal compuesto por 60 ametralladoras M60, 905 fusiles, 15 revólveres, 37 pistolas, 32 proveedores, 19 subametralladoras, 603 granadas, 21 morteros y 21 lanzagranadas que, al parecer, será destruido próximamente.  

    Mientras el representante de Estados Unidos asistió al acto y no se pronunció públicamente sobre el mismo como tampoco se refirió a la solicitud de extradición de Mancuso y otros jefes de esa banda terrorista que la justicia y el gobierno de su país han hecho al colombiano, el representante de la OEA expresó su “satisfacción personal y la del Organismo porque se ha dado un paso muy importante para buscar acabar con la violencia, lo que hace pensar que sí es posible alcanzar la paz en Colombia”.  

    El acto de desmovilización se alargó porque también intervinieron el Gobernador del Departamento de Norte de Santander, Luis Miguel Morelli, el Obispo de Tibú, monseñor Camilo Castrillón y el alcalde de Tibú, Bernardo Betancur, además de otros dos jefes de la banda Iván Roberto Duque (alias “Ernesto Báez”), quien aseguró que “nos veremos más adelante en los campos de Colombia, pero sembrando convivencia y paz” y “Camilo Catatumbo”, un antiguo capitán del ejército.  

    Mancuso viajó posteriormente a la denominada “zona de ubicación” de 368,790 kilómetros cuadrados en Santa Fe de Ralito, en el departamento de Córdoba, al norte del país, y que el presidente Uribe Vélez entregó a las Auc para realizar en ella las negociaciones de paz. Esa zona ha sido calificada por la propia opinión pública colombiana como una “república independiente”, ya que a ella no pueden ingresar las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.  

    En esa zona, Mancuso esperará “tranquilamente” que el Congreso colombiano apruebe el marco jurídico que le permita a él y a todos los desmovilizados de las Auc el retorno a la vida civil bajo unas especiales garantías y, sobre todo, a que se impida al gobierno autorizar su extradición que, según el propio mandatario, se encuentra “congelada” a pesar de la opinión favorable que emitió la Corte Suprema de Justicia para ser enviado a Estados Unidos en donde se le juzgará por tráfico de drogas.  

    Con esta nueva desmovilización, se calcula que de la banda de las Auc, conformada por unos 15.000 miembros, lo ha hecho ya el 20 por ciento y según Restrepo, “es un buen porcentaje que está fuera de la guerra” y que el gobierno espera se incremente antes de finalizar el presente año porque los “bloques” Calima y Pacífico, operativos en el Departamento del Valle del Cauca, anunciaron la entrega de sus armas para mediados de este mes.  

    En el curso de la próxima semana el Congreso Nacional empezará a tramitar el conocido “Proyecto de Consenso Político” en  el que se incluirán las “herramientas jurídicas” para la desmovilización de “grupos armados ilegales” que entren en diálogo de paz con el gobierno.  

    El ejecutivo que preside Uribe, a pesar que internacionalmente las Auc, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Ejército de Liberación Nacional (Eln) son consideradas organizaciones terroristas, sigue denominándolas con el eufemístico nombre de “grupos armados ilegales” o de “grupos guerrilleros”.  

    Según declaró la representante a la Cámara Gina Parody, el Proyecto de Consenso Político “combinará los tres elementos de verdad, justicia adecuada y reparación a las víctimas” para evitar una amnistía disfrazada y que les permita eludir responsabilidades a quienes entreguen sus armas y se integren a la vida civil.  

    Aparentemente ese Proyecto incluirá sustanciales rebajas y beneficios a los desmovilizados involucrados en  casos de sangre y tráfico de drogas porque está enmarcado dentro de un proceso de paz y no de la captura directa de los responsables. De todas maneras se cree que autorizará penas de prisión entre 4 y 10 años.  

    Al desmovilizarse Mancuso (“una acción positiva para él porque pondrá entre la espada y la pared al gobierno de Uribe frente al de Estados Unidos”, según un alto militar colombiano) es posible que al Jefe del Estado “le tiemble la mano” para firmar la orden de extradición y que el “comandante” de la banda terrorista pueda quedarse en el país, crear –como dijo- un partido político y entrar en la lucha electoral en el más inmediato futuro.  

    La población colombiana, según diversas encuestas, está dividida sobre el tema, aunque una mayoría -58 por 42 por ciento- expresa que “Mancuso tiene que pagar por todas las atrocidades cometidas y debe ser extraditado”.  

    Además, si Uribe incumple su compromiso ante Estados Unidos perderá con el gobierno presidido por George Bush unos márgenes de confianza que ahora le son favorables ante la propia opinión pública colombiana y si entrega al solicitado narcoterrorista entonces puede ocurrir que el resto de miembros de las Auc que no ha entregado sus armas, resuelva no seguir en las negociaciones de paz. La jugada parece, por ello, que le salió perfecta a Mancuso y que la “patata caliente” está en el tejado del gobierno.

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