ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



VENEZUELA: CHAVEZ QUIERE UNA SEGUNDA CUBA  

    El presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, quiere convertir a su país en una “segunda Cuba” y con la nueva reforma del código penal intenta aumentar la “mordaza” y, una vez más, atentar contra la libertad de expresión y de movimiento para “seguir ejerciendo sus funciones con el sanguinario estilo de su admirado maestro Fidel Castro”, afirmaron en Caracas el 7 de diciembre de 2004, portavoces y miembros de los partidos de la oposición política y de organismos de prensa y empresariales.  

    La aprobación de las reformas del código penal por parte de la Asamblea Nacional, que está dominada por el “chavismo”, se une al reciente ataque a la libertad de prensa, realizado el pasado 20 de noviembre, cuando la misma corporación legislativa dio su visto bueno a la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión.  

    Ambas iniciativas gubernamentales aprobadas por el Parlamento y conocidas ya popularmente en el país como “las mordazas” otorga los más amplios poderes al presidente Chávez, al estilo de los personalistas que detenta desde hace más de 45 años el dictador Castro en Cuba y que únicamente ha originado problemas a sus habitantes, en atención a que la Isla está internacionalmente bloqueada de toda ayuda de los países occidentales e. incluso, de Rusia, que antes fue su aliado.  

    La reforma por la Asamblea Nacional de los 38 artículos del Código Penal dejará a los venezolanos que no apoyen al mandatario totalmente desprotegidos, máxime cuando el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía y el Consejo Nacional Electoral, entre otros organismos, están en manos de confesos “chavistas”, que en los últimos meses han tenido participación especial en los acontecimientos derivados de la crisis política que vive el país desde el 12 de abril de 2002 y que aún sigue vigente a pesar del Referendo Revocatorio del periodo presidencial, celebrado el pasado 15 de agosto.  

    El nuevo Código Penal permitirá a Chávez tener “absolutamente maniatados” a los venezolanos que no le son adictos, como ha ocurrido con los cubanos en la Isla, porque al más puro “estilo castrista”, en el futuro no se podrán incluir caricaturas de humor que, a juicio del mandatario, sean “difamatorias”, porque su autor podrá ser condenado de uno a tres años de cárcel. El gobierno, con el apoyo de los jueces y magistrados “chavistas” la puede considerar como una prueba del delito de difamación o injuria y condenar a quien la compuso y publicó a prisión.  

    “Quien comunicándose con varias personas reunidas o separadas, hubiere imputado a algún individuo un hecho determinado capaz de exponerlo al desprecio público o al odio público, será multado con prisión de uno a tres años”, se dice en la reforma del artículo 444 del Código Penal.  

    Pero el asunto se extiende mucho más, porque el texto reformatorio de dicho artículo prosigue: “En caso de que la difamación se produzca en documentos públicos o con escritos, dibujos divulgados o expuestos al público o con otros medios de publicidad bastará como prueba del hecho punible y de la autoría, el ejemplar del medio impreso, o copia de la radiodifusión o emisión televisiva de la especie difamatoria”.  

    La “mordaza” va mucho más contra los venezolanos porque los tradicionales “cacerolazos”, convertidos ya en una tradición en el país podrán ser, igualmente, penalizados, y cada persona que participe en ellos será arrestada, como mínimo, durante 30 días.  

    Según el artículo 37 del proyecto de reforma, alusivo al artículo 508 del Código Penal, “todo el que, con gritos y vociferaciones, con abuso de campanas u otros instrumentos, o valiéndose de ejercicios o medios ruidosos, haya perturbado las reuniones públicas, será penado con arresto hasta por un mes”.  

    Pero como el gobierno sabe que este fue un instrumento utilizado continuamente y con mucho éxito por sus opositores en el más reciente pasado, entonces lo quiere penalizar mucho más y en caso de reincidencia la pena se duplicará, pero también se cuadruplicará “si el hecho es cometido contra la persona del Vicepresidente de la República, los magistrados del Tribunal Supremo”… o de los ministros, gobernadores, diputados, algún miembro del Consejo Electoral, el Defensor, el Fiscal, El Procurador o el Contralor”.  

    Como Chávez, según los empresarios periodísticos y radiofónicos les prometió una “intensa persecución” tras ganar el referendo, porque no se habían sumado a su campaña proselitista y sectaria, que dejó varios opositores muertos, también la reforma del artículo 446 relacionado con la injuria (“defensa al honor y la reputación de un individuo”) afecta directamente a la prensa.  

    Los “chavistas” consideran, y así lo señala el texto reformatorio, que “el delito también puede cometerse a través de los medios de comunicación”. Actualmente el delito de injuria es castigado con entre 15 días y tres meses de prisión, pero ahora pasa de “uno a dos años”, pues se quiere llegar hasta el cierre de esos medios porque simplemente el “gobierno dictatorial considere cualquier comentario hecho dentro de la libertad de expresión como una injuria”, dijeron legisladores oposicionistas.  

    Sin embargo, los continuos insultos y las numerosas ofensas que Chávez lanza a través de los medios que le son adictos, y especialmente las diatribas y amenazas que semanalmente hace en el programa “Aló, Presidente”, no van a ser cuestionadas ni llegarán a constituirse en delitos porque para ello están jueces como Iván Rincón, presidente del Tribunal Supremo, o el Fiscal General, que se encargarán de torpedear toda iniciativa contra el mandatario.  

    Si el delito llega a ser de índole electoral, entonces se contará con “la eficaz colaboración” del presidente del Consejo Nacional Electoral, Francisco Carrasquero, y de otros dos rectores del mismo, todos confesos “chavistas”  y quienes ya recientemente dieron “muestras de su lealtad y sometimiento incondicional a Chávez, manipulando todo lo relacionado con el referendo de agosto y cometiendo un fraude que nadie ha querido investigar por temor al dictador”, como dijo un antiguo miembro de la Coordinadora Democrática (CD), que reunió a la oposición durante muchos meses.  

    En relación con la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, a la que diversos países democráticos y las organizaciones periodísticas del mundo han rechazado por considerarla “violatoria de la libertad de prensa y de los derechos de opinión” de los venezolanos, el gobierno dictatorial recibe en ella poderes para que “se acallen las críticas de quienes no están de acuerdo con los procedimientos del Ejecutivo”.  

    Esta “Ley mordaza”, como se le conoce popularmente, permitirá a Chávez a realizar una “auténtica caza de brujas contra la independencia de los periodistas” y “avasallar a toda la prensa para que la libertad de expresión tenga una muerte lenta”, como lo señaló en su oportunidad el diputado Alfonso Marquina, del partido Acción Democrática (AD), porque lo que se desea intensamente es que en Venezuela “no exista prensa libre sino una especie de diario al estilo del servil Gramma”.  

    Para la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la situación en Venezuela, antes y después del referendo, “está dando un giro alarmante hacia la restricción e intimidación de la prensa” porque a través de ella se amordazará a los medios de comunicación y le dará al gobierno un “control fundamental sobre la programación y permitirá la censura previa”.  

   Este organismo recordó, además, que “la intimidación contra periodistas (independiente) va en aumento” no solo por parte del gobierno sino del partido Quinta República y del Movimiento Bolivariano. Este último, organizado como una especie de “brazo armado” del “chavismo”, ha “realizado impunemente atentados, asesinatos de ciudadanos y persecución a los opositores sin haber recibido nunca ningún castigo porque el propio mandatario lo respalda y protege”, según Acción Democrática.  

    Cuando un país pierde su confianza en la justicia, como ocurre en Venezuela, es que las cosan “no andan bien”. Hay muchas acusaciones de corrupción de jueces y magistrados y en todas ellas están involucrados miembros del gobierno, especialmente Chávez, el vicepresidente, José Vicente Rangel, a quien se conoce como “un periodista renegado”, y el ministro de Justicia e Interior, Jesse Chacón, como lo han denunciado continuamente Acción Democrática, el Partido de la Democracia Cristiana y organismos de prensa.  

    La “sumisión que Chávez tiene hacia Fidel Castro” es una de las principales causas, de acuerdo con la oposición, para que el ex coronel golpista que preside los destinos de Venezuela, quiera convertir a este país en una “sucursal castrista con los mismos métodos sanguinarios y terroristas que por tantas décadas han estado vigentes en Cuba”, y “haciendo cambiar a su arbitrio y capricho las principales leyes que sustentan un legítimo Estado de Derecho”.

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