ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



OIT: 1.400 MILLONES TRABAJADORES CON EL “SALARIO DEL MIEDO”  

    No menos de 1.400 millones de trabajadores en el mundo reciben y malviven con el “salario del miedo”, que no llega siquiera a los dos dólares diarios, por lo que se encuentran casi sumergidos en una “absoluta pobreza”, según lo confirma el Informe sobre el Empleo 2004-2005 dado a conocer el 7 de diciembre de 2004 en Bruselas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y que contiene las cifras totales correspondientes al año 2003.  

    A pesar de tan escalofriante cifra, pues esos 1.400 millones de personas representan el 50 por ciento de los 2.800 millones que están actualmente empleados, la OIT insistió en que el “número de trabajadores en estado de pobreza ha disminuido, al pasar del 57,2 por ciento registrado en 1990 del siglo XX al 49,7 por ciento en 2003 y puede seguir cayendo hasta el 40 por ciento en el año 2015”.  

    Esa caída, equivalente al 7,5 por ciento, no obstante, continúa causando “preocupación”  por lo escasa a la entidad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), afirmó su Director General, Juan Somavía, para quien “la reducción de la pobreza marca el paso”, pues aunque existe una “lenta disminución del mundo de pobres en todo el mundo”, no es total y plenamente satisfactoria.  

    Para poder alcanzar las cifras prospectadas para dentro de once años y que entonces el número de trabajadores pobres en 2015  sea del 40 por ciento, se necesita que “se mantenga la progresión de los últimos 13 años”, señala la OIT.  

    Este organismo analiza la relación entre “crecimiento, empleo y productividad” para demostrar que una mejora de esa productividad (la cantidad de bienes o de servicios producidos por un trabajador) “es la forma más segura de reducir la pobreza”, aunque el informe reconoce que pueden surgir inconvenientes a corto plazo.  

    Por ello afirma que “a corto plazo, una mejora de la productividad puede traducirse en la pérdida de empleo, en el aumento de los beneficios, aunque no de los salarios, en el deterioro de las condiciones laborales y en el aumento de los horarios de trabajo”, pero subraya que “la historia económica demuestra que, a la larga, el crecimiento de la producción, el empleo y la productividad siguen una misma curva ascendente”.  

    “Lo importante es que los trabajadores puedan acceder a empleos dignos y de mejor calidad para poder reducir la pobreza y aumentar la productividad, piedra angular para conseguir incrementar los niveles de riqueza”, señala Somavía en el estudio, en el que también expresa que “el crecimiento de la productividad es, después de todo, el motor del crecimiento económico que puede permitir a mujeres y hombres obtener ingresos suficientes para salir de la pobreza”.  

    El organismo de la ONU considera que para lograr esos objetivos, en los países en desarrollo deben mejorarse las condiciones de empleo, especialmente en el sector agrícola, que representa “el 40 por ciento de la mano de obra de estas economías” y también orientar el desarrollo en el sector servicios que está considerado como “el principal motor del alza de la productividad”.  

    Según el informe, que consta de 257 páginas, al finalizar el año 2003, mientras los 1.400 millones de trabajadores ganaban menos de dos dólares diarios, otros 550 –y esto es aún más escalofriante- recibían pagas de menos de un dólar por día, lo que significa que ya no viven un estado de pobreza sino en uno de auténtica miseria. Precisamente varios organismos internacionales han fijado el umbral de la pobreza por debajo de ese insignificante dólar diario.  

    El número de parados, además, es bastante significativo ya que mientras hace un año había 2.800 millones de personas trabajando, existían 185,9 millones que estaban en el desempleo en todo el planeta, aunque para Somavía existe un dato significativo que se traduce en que “hay siete veces más personas que trabajan que desempleados, pero viven en la pobreza”.  

    Según este ejecutivo de la OTI, “en China y en otros países de Asia en donde el número de indigentes había disminuido rápidamente en los años 1980, la reducción de la pobreza ha proseguido a un ritmo más lento en la última parte de los años 90”, aunque el estudio considera probable que en el “continente amarillo” se reduzca a la mitad en los próximos años el “número de trabajadores pobres”.  

    Africa, el “continente negro” que afronta también el inmenso y difícil problema del Síntoma de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), en cifras verdaderamente alarmantes porque en la región subsahariana existe un porcentaje equivalente al 60 por ciento de su población infectada, entre los que se cuentan 13,3 millones de mujeres, acusará en materia de empleo nuevas disminuciones, de manera especial en el sur del Sahara, donde actualmente un 76,4 por ciento de sus trabajadores cobra menos de dos dólares diarios.  

    Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), dado a conocer el 17 de diciembre de 2003 en Santiago de Chile, indicó que aunque esta región registró un crecimiento económico del 1,5 por ciento, “volvió a experimentar un aumento de los niveles de pobreza que alcanzan ya al 44 por ciento de su población”.  

     En esta región, cuatro países –Colombia, Costa Rica, Chile y Perú- superaron el 3 por ciento de crecimiento económico, mientras México solamente tuvo una expansión del 1,2 por ciento y Venezuela, por segundo año consecutivo, volvió a ser la “mala de la película” al contraerse un 9,5 por ciento, cifra similar a la registrada en 2002, según la CEPAL que, además dijo que en este país bolivariano, quinto productor mundial de petróleo, el crecimiento de la pobreza continuó en aumento y ya alcanza al 54 por ciento de su población.  

    En Europa, entre tanto, y de acuerdo con el reciente informe de la OIT, se registró durante el año pasado una tasa de desempleo del 6,8 por ciento, aunque en 2004 ya alcanza al 7,9 por ciento, pero hay en el mercado laboral más personas empleadas, con un aumento equivalente al 8,8 por ciento pues de 177 millones se pasó a 192 millones.  

    El mismo informe expresa que desde 1988 los países de Europa occidental han tenido un crecimiento del empleo del 4,3 por ciento, muy por encima del registrado en Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda, donde la cifra únicamente alcanzó al 2,7 por ciento.  

    Irlanda fue el país con mayor crecimiento de su productividad, según la OIT, pues alcanzó al 3,7, mientras Finlandia, Dinamarca, Grecia y Suecia registraron un aumento del 2 por ciento.  

    Para la OIT y Somavía, la productividad es positiva cuando está ligada con los avances tecnológicos que permiten producir más en menos tiempo y a menor costo y al reciclaje continuo de la mano de obra que “debe adaptarse a los cambios”, aunque dicha adaptación “no significa que se apoye la temporalidad sino la estabilidad combinada con la movilidad laboral” para evitar que esa mejoría de la productividad, como a veces ocurre, se haga a costa del empleo, especialmente en el sector de las manufacturas.  

    La negativa cifra de personas que malviven con el “salario del miedo” pero que prefieren tenerlo a no contar con ningún ingreso, constituye uno de los más dolorosos y actuales dramas de la humanidad en donde unos pocos países malgastan sus poderosos presupuestos en conflictos bélicos y despilfarros y otra gran mayoría en acciones corruptas.  

    Si un significativo porcentaje de los dineros utilizados en esas actividades fuese dedicado a la productividad y consiguiente creación de empleo en el mundo, indudablemente mejorarían las retribuciones y mucha más gente ingresaría al mercado laboral. Lo que nadie puede considerar justo es que 1.400 millones de personas malvivan con un salario indecente y que otros 185,9 millones no tengan la más mínima posibilidad y permanezcan también en un indigno desempleo. ¿En dónde está la solidaridad y, por sobre todo, la justicia?

Portada - Indice